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Tras seis años de procesos judiciales, se hace público el documental que denuncia las «chufas de sangre»

Fuentes: El Salto [Foto: Mujeres realizando la labor de recogida de la Chufa en África (Fotograma del documental Tigernut, La patria de las mujeres íntegras. El Salto País Valencià)]

El horchatero Andoni Monforte viajó a África y relató en el filme las duras condiciones de trabajo en los campos de chufa de Burkina Faso y la presunta trama de estafas en la que participaban empresas como la valenciana Tigernut Traders, la mayor importadora del mundo del tubérculo.

Más de seis años después de su estreno y tras sufrir una dura persecución judicial, el documental Tigernut, la patria de las mujeres íntegras por fin se hace público y de acceso libre. Coincide con su emisión en la Casa de Valencia de Madrid ayer, sábado 24 de febrero a las 20.15h, promovida por la Asociación Escuela Sansana, la Asociación Burkineses de Barcelona, CIM Burkina y la Asociación Nourdine. Se zanja así un largo periplo repleto de presiones de todo tipo por denunciar las “chufas de sangre”.

En la película se narra el viaje que emprendió a Burkina Faso un pequeño horchatero de València, Andoni Monforte, para conocer las duras condiciones de trabajo en los campos de chufa del Sahel y con el que acabó desvelando una presunta trama de estafas en la que estaría detrás, entre otros, la mayor empresa importadora de chufas del mundo: la valenciana Tigernuts Traders.

Creación de una cooperativa de chufa de comercio justo

La nota más positiva de la difusión del documental es que ha ayudado a mejorar las condiciones laborales de muchas trabajadoras de la chufa en África. Por un lado, establecieron contacto con agricultores valencianos, quienes ayudaron a herreros locales a hacer unas herramientas que facilitan la cosecha que se utilizaban antaño en la Huerta de València.

Por otro, las comunidades locales se han organizado alrededor de la cooperativa Mousso Faso, que vende su cosecha a un precio justo y sin intermediarios. Se creó tras la realización del documental, en 2018, y tuvo una primera campaña (2019-2020) con muchas dificultades por la pandemia mundial del coronavirus, que hizo que se perdiera mucha cosecha. El año siguiente tampoco fue bien porque hubo lluvias torrenciales antes de recoger la chufa y mucha se echó a perder.

Fue a partir de la campaña 2021-2022 cuando las cosas comenzaron a funcionar y, un año después, ya estaban recogiendo 30 toneladas. En la presente campaña 2023-2024, que es la quinta, han duplicado la cosecha hasta llegar a las 60 toneladas de chufa gracias a la incorporación de nuevos miembros a la cooperativa. En la actualidad trabajan en ellas unas 700 personas y la mayoría son mujeres y tienen una compradora. La cooperativa paga a las familias en cuanto cosechan. Como cada vez son más y prevén seguir incrementando la producción, están buscando nuevos compradores internacionales que “quieran chufa cultivada en condiciones dignas”.

Lo explican responsables de la entidad valenciana sin ánimo de lucro CIM Burkina, que les apoya desde sus inicios, fundamentalmente en la búsqueda de financiación para infraestructura. Con su ayuda, han construido hangares para el triaje a la sombra, pozos de agua, canalizaciones, zonas de lavado y secado, almacenes con energía solar, maquinaria y herramientas y una escuela, entre otras cosas. “Estamos contentas porque es un proyecto que genera trabajo y creemos que será sostenible y autónomo en un tiempo razonablemente corto. Los proyectos de cooperación como este son apoyo hasta que se profesionalicen, cojan fuerza y funcionan de forma autónoma, no es caridad”, sostienen.

Duras condiciones de trabajo en el cultivo de la chufa

Como relata Monforte, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Chufa de València le pidió en 2016 que investigara el origen de una falsificación del sello de Chufa de València con la que se comercializaron en Japón toneladas de chufa africana. Hoy podemos encontrar muchas sin el sello de la DO, desde la Hacendado de Mercadona hasta la de Mercader, la “horchata premium” de Polo (Or Xata) o la “bebida de chufa” (sin azúcar) de Terra i Xufa. Pese a ello, la mayoría emplea simbología valenciana en sus bricks, como una barraca o Jaume I con una mujer vestida de valenciana.

Hasta entonces, la procedencia africana de mucha de la chufa empleada era un secreto a viva voz en la huerta valenciana, pero nadie había investigado su origen geográfico exacto. El documental reveló que ese pequeño tubérculo tan apreciado llamado ‘nuez de tigre’ (en inglés, tigernut), se cultivaba también en Burkina Faso, Malí y Nigeria.

Pero se hacía en condiciones durísimas de semiesclavitud, con muchas horas de trabajo bajo el sol, sobre todo de mujeres que respiran polvo sin parar, sin protección y sufriendo picaduras constantes de escorpiones y serpientes por un euro y medio al día. Como denuncia una de las trabajadoras en el filme: “Eso no es nada aquí. No nos llega para alimentarnos decentemente. Pero, ¿qué vamos a hacer?”.

Una presunta red de estafa de “un rey de la chufa” valenciano

A lo largo del documental se va destapando la presunta red de estafa de “un rey de la chufa”, que realmente es el valenciano Ramón Carrión, de la empresa Tigernuts Traders SL, con sede en L’Eliana (Valencia). Sobre él llegó a pesar una orden de búsqueda y captura en Malí, como consta en un documento del Tribunal de Primera Instancia de Sikasso de 2009; también hizo una declaración ante la Gendarmería de Ouagadougou (Burkina Faso) en calidad de detenido.

La película cuenta que algunas familias africanas pactaron un precio justo con un intermediario de la empresa valenciana para plantar únicamente chufas en sus tierras, en lugar de diversificar los cultivos. En el momento de la cosecha, sin embargo, les habrían forzado a vender por debajo del precio de coste. Si no vendían, no podían dar salida a tanta producción y sus familias no comerían más que chufas durante un año entero.

Por otro lado, el documental también salpica al Ministerio de Sanidad español. El sector se organizó hace 20 años en cooperativas con el apoyo de las instituciones africanas y decidieron marcar un precio justo de la chufa en África para contrarrestar estas prácticas, con las que lograron subir de los 15 céntimos que se pagaban entonces a los 40 céntimos. Después de llegar a nuevos acuerdos con los importadores españoles, enviaron 200 toneladas en diez contenedores a Barcelona. Una de las empresas se quedó con cuatro, que pasaron la aduana sin problemas; al resto (seis), a nombre de otra empresa, se les exigió un control sanitario de aflatoxinas y dieron un nivel superior al permitido.

Las actas de inspección, según el documental, presentan algunas incoherencias e irregularidades, como que los precintos de los contenedores eran los mismos, lo que hacía sospechar que no los habían abierto ni analizado. Aun así, el Ministerio decretó una alerta sanitaria que obligó a los seis contenedores restantes a volver a África.

Los cooperativistas contrataron a una empresa suiza de inspección, que para su sorpresa, les dio unos resultados negativos en aflatoxinas. Un año después, los españoles pidieron las mismas chufas supuestamente contaminadas y finalmente entraron en el mercado. Según denuncian los trabajadores africanos, fue “una trampa” para obligarles a malvender el producto.

La tensa entrevista con los Carrión en la sede de Tigernuts Traders

El documental incluye una entrevista de Andoni Monforte con el empresario y con el actual propietario, su hijo Daniel Carrión. Para hacerla, se pusieron cuatro “condiciones”: que acudiera el director y no ninguno de sus colaboradores, que se realizara en las instalaciones de la empresa, que ellos también grabaran la entrevista y que les mandaran las preguntas por adelantado.

El resultado es prácticamente un monólogo de Ramón Carrión en el que defiende que opera dentro de la “legalidad”. En interrupciones constantes al entrevistador, le interroga sobre cómo se ha enterado de los detalles de su negocio, le acusa de no tener “ni puta idea” de la realidad y de investigar un asunto de “chiquilicuatres” que versan sobre “chismorreos de cantamañanas” y “literatura barata”.

“Nosotros somos los más poderosos”, espeta Ramón Carrión en un momento de la entrevista, visiblemente molesto por el reportaje. Acto seguido, amenaza al director: “Voy a publicar con más fuerza de la que publicas tú porque tenemos más fuerza e influencias que tú. No te quepa la menor duda”.

“Gracias a nosotros el mundo de la chufa de València se va a hacer mucho más grande. Gracias solo a nosotros, ni al Consejo Regulador ni a ningún comerciante”, dice sobre el futuro de la chufa, que ve en plena expansión. “Fondos internacionales que se han fijado en la chufa están con nosotros, de momento”, asegura.

El director del documental, Andoni Monforte, destaca que su objetivo no es desprestigiar la chufa africana para favorecer a la valenciana. Considera que la actual “demanda mundial” deja “espacio para todos”, pero lamenta que “en los últimos 40 años la africana ha llegado a unos precios ridículos porque se ha estado estafando y explotando a niños y a mujeres”, lo que ha hecho “una competencia muy desleal a la chufa de València”. Por tanto, cree que si en África logran un “precio digno, justo y certificado” ganarán ellos, pero también los agricultores valencianos porque “no sufrirán tanto esos precios basados en el expolio, exactamente igual que sucede con tantos otros cultivos”.

Presiones al documental

La película que trata sobre una especie de “chufas de sangre” ha vivido toda una odisea con presiones políticas, empresariales y judiciales desde que se estrenara en noviembre de 2017 en el Festival de Cine de Derechos Humanos de Barcelona. Desde entonces, se ha proyectado en innumerables festivales por todo el mundo, en los que ha cosechado hasta diez premios en Londres, Colorado, Bogotá o Quito.

En el Estado español, sin embargo, ha tenido muchos obstáculos. El director del Festival de Cine de Derechos Humanos de Barcelona, Toni Navarro, aseguró a El Salto haber recibido presiones para evitar su visionado: “Esto es una situación inaudita. He visto a directores de documentales pasar por situaciones semejantes en Pakistán, Turquía o Marruecos. En España, aún con temáticas más controvertidas, nunca había tenido noticia de que los responsables de un documental tuvieran que vivir situaciones tan lamentables y represoras”.

Por otro lado, el presidente de la ONG Escuela Sansana, Fernando Alonso, intentó proyectar el documental en la Casa de Valencia de Madrid. Justo antes de comenzar, dice que le llamó el propio Ramón Carrión para advertirle de que no lo podían reproducir porque era “todo mentira” y le amenazó con denunciarlo: “Me dijo que si lo poníamos, me arriesgaba a algo muy grave”. El empresario le avisó, además, de que “había una persona en la sala que iba a tomar nota de todo lo que se hablara”. Finalmente no lo pudieron proyectar por problemas técnicos, pero lo hicieron en otra ocasión. “Trató de amedrentarme, pero no lo consiguió”, aseguró a este medio.

En València, cuna de la chufa, tardó meses en ser proyectado. Aunque los agricultores dieron apoyo expreso al documental en un pleno del Consejo Regulador de la DO Chufa de València en Alboraia, la Concejalía de Agricultura del Ayuntamiento —entonces en manos de Consol Castillo, de Compromís— no mostró interés en él; además, el filme, que ha sido seleccionado en 28 festivales de cine de todo el mundo, fue descartado en el DOCS València. “No tengo la más mínima duda de que hubo presiones de poderes políticos y empresariales para que el documental no se emitiese en DOCS València ni en espacios que se supone luchan a favor de la huerta de València. Afortunadamente, todos los agricultores que han visto el documental nos han brindado todo su apoyo al descubrir que sus enemigos no son las familias agricultoras africanas como ellos creían, el enemigo está aquí en casa”, afirma el director.

Un largo proceso judicial

Poco después de la presentación de Tigernut, la patria de las mujeres íntegra, en 2018 la empresa Tigernuts Traders demandó penalmente a los autores —al director Andoni Monforte y a las supervisoras del guión, Llanos Rodríguez y Eva Fernández— con el objetivo de “secuestrar” el documental. Además, medios de comunicación y entrevistados de África manifestaron sufrir “presiones”; lo mismo ocurrió con Monforte, que tras interponer varias denuncias ante la Policía Nacional por amenazas, se vio obligado a mudarse de València.

En 2019 se conoció el primer auto, al que ha accedido este medio. En él, el magistrado manifestó que “el documental es veraz y de indudable interés público” y que “las críticas vertidas recaen sobre el abuso que las empresas occidentales llevan a cabo en África, poniendo como ejemplo a las empresas querellantes”. Y zanjaba que “el consumidor tiene derecho a conocer el origen del producto, así como la aplicación o no de criterios de Comercio Justo”. Todos los recursos posteriores a la sentencia fueron desestimados.

Paralelamente, las denuncias de Andoni Monforte acabaron llevando a juicio a Ramón Carrión, a su abogado Valentín Serrats y al conocido “funcionario fantasma” de la Diputación de València, Carlos Recio, que estuvo 10 años fichando sin trabajar y cobrando 50.000 euros al año del erario público. Se les acusaba de delitos de amenazas, revelación de secretos y contra la administración de justicia. Finalmente, y en contra del criterio de la Fiscalía que solicitaba años de prisión para todos ellos, el juez absolvió a los dos primeros y condenó a Recio a dos años de prisión por un delito de descubrimiento y revelación de secretos, ya que acompañó dos días a Monforte en Burkina Faso en calidad de testigo periodístico del diario Levante-EMV y le grabó con cámara oculta, lo que después utilizó para intentar chantajearle. La sentencia ha sido recurrida y no es firme. “Tras el acto de conciliación previo a la querella penal el abogado de Ramón Carrión, Valentín Serrats, advirtió a mi abogado, por decirlo de una forma suave, que o dejaba a un lado el documental, o harían públicos videos gravísimos míos que Recio me había grabado”, señala el director.

Además de mencionar dichos vídeos, Ramón Carrión, en su declaración como investigado ante el juez, aseguró que el 98% de su chufa procede de África y que el 95% que comercializa los vende en el exterior. En el texto solo señala a una empresa que le hace “un pedido o dos al año” con los que suma “tres o cuatro mil kilos de chufa”: Terra i Xufa, del empresario Enric Navarro, también expresentador del programa Terra Viva de À Punt y que ha sido representante de Compromís en el Consejo de Administración de MercaValència o en el Consell Agrari Municipal. Según el relato en sede judicial, habría sido Navarro quien habría avisado personalmente a Carrión de que se estaba repartiendo el Informe Monforte en un acto político de Compromís, un burdo panfleto que desprestigia a Andoni Monforte y que no tuvo ningún tipo de repercusión mediática.

Tras la difusión del documental, la empresa Tigernuts Traders ha perdido un sello de comercio justo que lució apenas tres meses y ha cambiado la página web en diversas ocasiones. Si hace años hacían alusión al origen valenciano de su chufa (sin especificar que solo lo era una pequeña parte), en la actualidad señalan que proviene de Níger.

El director del documental, concluye: “Solo deseo dos cosas. La primera, que a las familias agricultoras de chufa africanas y valencianas les traten con dignidad y les paguen un precio justo por el sudor de su frente. La segunda, que estas empresas me dejen en paz. Solo quiero pasar página y seguir con mi vida. Desgraciadamente, no sé si me van a dejar”.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/cine/documental-chufas-sangre-proceso-judicial