En estos momentos la atención geopolítica está centrada en Ucrania, por el viraje brusco por parte de Estados Unidos, lo cual significa reconocer la derrota de la OTAN, la victoria de Rusia y hacer un control de daños por el decante imperio. Mientras tanto, el genocidio del pueblo palestino no se detiene, aunque no sea noticia, por el vuelco del foco informativo a Ucrania y por el peso de la falsimedia sionista. Ese genocidio se mantiene, porque nada cambia en Washington con relación a Israel con el advenimiento de Trump II. Desde allí se arma, apoya, financia y respalda a los asesinos de Israel, continuando con la línea genocida del dúo Joe Biden-Kamala Harris.
EL GENOCIDIO WOKE DE BIDEN Y COMPAÑÍA
La fase actual del genocidio en la Palestina histórica se acentuó después del 7 de octubre de 2023. La administración Biden-Harris es responsable directa de ese genocidio porque en un año le concedió a Israel, para masacrar a los palestinos, una ayuda financiera de 18 mil millones de dólares y todo tipo de armas, incluyendo aviones, tanques, drones, carros blindados, misiles, helicópteros, destructoras de búnkeres, bombas, sistemas de defensa antimisiles, vehículos acorazados, sistemas de detección nocturna, radares, sensores… El significado de esta cifra se rebela al saber que Estados Unidos había aprobado un paquete de ayuda a Israel de 38 mil millones de dólares por diez años, un promedio de 3800 millones de dólares por año, una cantidad que se quintuplico en solo un año en el gobierno de Biden.
Con el aval de Estados Unidos, secundado por sus perros falderos de la Unión Europea, Israel materializó el genocidio, ha asesinado unos cien mil palestinos, entre ellos niños y mujeres, dejo heridos y lisiados y enterró bajo tierra a otros miles, destruyó el 90 por ciento de casas e infraestructura en Gaza (escuelas, hospitales, universidades, museos, teatros, parques…), expulsó a dos millones de sus habitantes, a los cuales bombardeó sin misericordia. Simultáneamente, Israel está matando de hambre a los habitantes de Gaza al impedir la entrada de alimentos y destruir las fuentes de agua potable.
Gaza quedó convertido en un cementerio de 50 millones de toneladas de escombros, sin agua potable, sin servicios sanitarios, donde miles de cadáveres se descomponen entre las ruinas, repleto de municiones sin explotar que siguen matando a las personas que han regresado a lo que eran sus casas. Se propagan enfermedades, como la hepatitis A, que produce el consumo de agua contaminada, la sarna, la desnutrición…
En ningún momento el gobierno de Biden detuvo la entrega de armas ni actuó para detener el genocidio, antes, por el contrario, bloqueó los intentos del Consejo de Seguridad de la ONU para ponerle freno, con sus continuos vetos a resoluciones que instaban a Israel a cesar la masacre.
El genocidio de los palestinos ha corrido por cuenta de Estados Unidos e Israel, ya que este último por sí solo no lo hubiera podido llevar a cabo. Biden reconoció, en un discurso pronunciado veinte días después del comienzo de la actual fase genocida: “Estoy seguro de que se ha matado a inocentes, y es el precio de librar una guerra”. Biden se convirtió en un difusor de las mentiras propaladas por Israel al dar crédito a los embustes sobre bebes decapitados y violaciones por Hamas, todo lo cual es falso.
En su acción genocida Biden contó con el apoyo de altos funcionarios de su administración, entre los cuales sobresalen Kamala Harris, vicepresidenta y candidata presidencial, Antony Blinken, Secretario de Estado y Lloyd Austin,Secretario de Defensa (¡!), todos ellos criminales de guerra Made in USA. Debe resaltarse el nefasto papel de Kamala Harris, mujer, de padres migrantes, de piel negra y propulsora de la política woke [lo político correcto e inclusivo] de pretendida diversidad sexual y cultural, que nunca titubeo en su apoyo a Israel. Todos ellos son mataniños, como bien lo dijo Yousef Munayyer, un analista político palestino-estadounidense: “Demasiados niños siguen vivos en Gaza para el gusto de Joe Biden. Esta es una administración de cobardes y criminales y pasará a la historia como la peor”.
El genocidio de Biden, Kamala Harris y compañía se ha hecho al estilo woke, con discursos inclusivos, con la participación de USAID y ONG seudohumanitarias, con el mantra de que Israel es la única democracia de Oriente Medio y es una sociedad pluralista y tolerante. Las bombas que masacran a los palestinos tienen el sello woke de Kamala Harris, quien confesó que “todo el mundo necesita ser woke” y, siendo candidata presidencial, no dudó en respaldar a Israel: “no vamos a poner condiciones al apoyo que estamos dando a Israel para que se defienda. No le estamos diciendo a Israel cómo debe llevar esta guerra”.
Kamala Harris, con su pluralismo woke aplaude el estilo israelí de matar y masacrar a los palestinos, un estilo políticamente correcto de asesinar según la vicepresidenta de Biden, una admiradora del wokismo de Israel. Así lo confesó su amiga Anita Friedman del lobby sionista de Estados Unidos, quien realizó un viaje con aquélla a Israel: “Cada día, durante ese viaje, [Harris] me contaba cuánto más se había enamorado de Israel, cuánto más apreciaba la impresionante belleza, los valores democráticos, la asombrosa diversidad, las complejidades, las luchas, los miedos, las esperanzas y las posibilidades que se entretejen en la trama del Estado judío, cuánto más visceralmente comprendía la necesidad histórica de autodeterminación del pueblo judío, así como la difícil situación de Israel en un barrio peligroso”.
Así, Israel puede matar y masacrar al pueblo palestino porque eso forma parte de su “derecho a la autodefensa” disfrazado con tolerancia woke.
GENOCIDIO INVERSIONISTA Y TECNODIGITAL DE TRUMP, MUSK Y COMPAÑÍA
Joe Biden fue el intendente general de la acción genocida de Israel, pero su actuación dejó una herencia: la alevosía criminal de romper todas las reglas humanitarias y permitir a Israel una masacre planificada a la vista de todo el mundo, sin cortapisas ni límites. De esa forma, abrió el camino a su sucesor, para que este acentué ese legado genocida.
Donald Trump, acompañado de Elon Musk, continua con la política genocida de su antecesor, respalda al criminal de guerra Benjamin Netanyahu y como prueba ha presentado su plan de convertir a Gaza en “la Riviera de Oriente Medio”, con su estilo de capitalista e inversor inmobiliario. Según él en las ruinas de Gaza se va a construir una Riviera paradisiaca para el disfrute de turistas millonarios, un lugar de descanso con balnearios, piscinas, campos de golf y hoteles de lujo. Los habitantes ancestrales de la región, los gazatíes, serán expulsados de sus tierras hacia países vecinos.
En un video generado con inteligencia artificial, que dura 33 segundos, Donald Trump y Elon Musk presentan lo que, para ellos, va a ser un idílico rincón de Gaza. El video comienza con una rápida postal de escombros ‒como está ahora Gaza‒ y luego una seguidilla de imágenes paradisiacas surrealistas: las personas salen de la imagen de destrucción y entran a un túnel que termina en una playa de aguas turquesas, rodeada de palmeras y rascacielos, hoteles y mercados para turistas. Elon Musk aparece en un restaurante en la playa y lanza billetes al aire y Donald Trump está al lado de una exótica bailarina y en otra escena se encuentra en la playa en compañía de Benjamín Netanyahu. Algunos niños corren felices por una playa soleada y automóviles marca Tesla ‒propiedad de Musk‒ transitan por una avenida bordeada de palmeras. Un niño eleva un globo formado con la imagen de la cabeza de Trump. El video se cierra con el primer plano de un hotel de la cadena Trump y una gigantesca estatua en oro del actual inquilino de la Casa Blanca. En un hotel se venden souvenirs con la figura de Trump. El video está animado por música y frases en las que se repite “Trump Gaza brilla intensamente”, Trump Gaza número uno”. Y se asegura que en Gaza ya no habrá ni miedo ni túneles.
La política actual de Trump, camuflada con fantasías futuristas, es abiertamente genocida y favorable a Israel. Así lo evidencian tres medidas: sancionar a la Corte Penal Internacional por investigar a los genocidas de Israel; revocar el Memorándum de Seguridad Nacional (NSM-20), en el cual se solicitaba, a los países que recibían ayuda militar de los Estados Unidos, garantías de que no iban a emplear ese material para violar derechos humanos; y enviar otro paquete de armas a Israel por un monto de 8 mil millones de dólares.
Trump anunció que Gaza es un “sitio de demolición” y que la región será ocupada por Estados Unidos. Esto supone expulsar a dos millones de palestinos a países árabes vecinos y dejar la reconstrucción en manos de Estados Unidos. Es un colonialismo abierto, propio del siglo XIX, encubierto como inversión económica e inmobiliaria, bajo control de Estados Unidos. Está claro, los palestinos ya no caben en sus tierras y se les “invita” a que se vayan “voluntariamente”. Para que no quede duda del colonialismo propuesto, Trump señala que si el ejército yanqui debe intervenir en Gaza lo hará.
Es el intento de consolidar el despojo de un pueblo a nombre de la modernización y el desarrollo económico e inmobiliario. Es un llamado a que Israel termine su tarea asesina y, por eso, Netanyahu, el genocida mayor del sionismo, ya se reunió con Trump en el palacio universal del genocidio, la Casa Blanca. Allí sostuvo que la propuesta del magnate era “extraordinaria” y anunció que el ejercito sionista tiene un plan para impulsar la “salida voluntaria” de los habitantes de Gaza.
Y ahora, Israel reivindica lo que nunca han aplicado en las zonas ocupadas de los Palestinos, que son cárceles a cielo abierto, al sostener que «se debe permitir que la gente de Gaza disfrute de la libertad de movimiento y la libertad de inmigrar, como es costumbre en todo el mundo». Esto lo informó con cinismo nada disimulado el ministro de Defensa israelí, Israel Katz.
Trump le da vía libre a Israel para que continue con el genocidio y la limpieza étnica, porque ha dicho que Israel le entregará la franja de Gaza a Estados Unidos para desarrollar sus proyectos futuristas luego de que termina la guerra, es decir, en un tiempo indeterminado que puede durar décadas. Este es un llamado a que Israel termine su tarea genocida y haga efectiva la Solución Final, un sueño nazisionista de vieja data.
En conclusión, Trump es la continuación genocida de Biden por otros medios y lo que les ofrece a los palestinos es más de lo mismo: su negación como pueblo, normalizar la barbarie israelí, gentrificar la región, robarles sus tierras e intentar materializar la Solución Final, que no es otra cosa sino la expulsión del último palestino de sus territorios. Todo para satisfacer el apetito sionista de urbanizar Gaza y poblarlo con sus asesinos, los colonos sionistas que matan niños y mujeres, con la aquiescencia de los genocidas en jefe, radicados en la Casa Blanca.
Publicado en papel en Periferia (Medellín), marzo de 2025.
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