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Elecciones egipcias bajo mando militar

Únete a nuestra resistencia a la contra-revolución

Fuentes: Rebelión

A todas las personas a cuyo lado luchamos, Desde el comienzo de la revolución egipcia, los poderes han puesto en marcha un círculo vicioso de contrarrevolución para contener nuestra lucha y la subyugan ahogando las voces del pueblo en un proceso de pequeñas reformas políticas sin sentido. Este proceso está destinado a desviar el camino […]

A todas las personas a cuyo lado luchamos,

Desde el comienzo de la revolución egipcia, los poderes han puesto en marcha un círculo vicioso de contrarrevolución para contener nuestra lucha y la subyugan ahogando las voces del pueblo en un proceso de pequeñas reformas políticas sin sentido. Este proceso está destinado a desviar el camino de la revolución y las demandas del pueblo egipcio de «Pan, libertad y justicia social». Sólo 18 días en nuestra revolución, y desde que echáramos a Mubarak del poder, el discurso de las clases políticas y la infraestructura de las élites, incluyendo tanto el Estado como los medios de comunicación privados, siguen privilegiando la dialéctica de la rotación ministerial, las remodelaciones de gabinete, referéndum, comités, constituciones y, lo más evidente de todo, las elecciones parlamentarias y, ahora, presidenciales.

Nuestra elección desde el principio era la de rechazar en su totalidad los intentos del régimen de arrastrar la revolución del pueblo a un diálogo ridículo con la contra-revolución envuelto en el discurso del «proceso democrático». Un discurso que ni promueve las demandas de la revolución ni representa ninguna democracia real. Así, nuestra revolución continúa; y debe continuar.

Los egipcios se encuentran ahora en un momento vulnerable. El discurso político oficial estará haciendo creer al mundo que las tecnologías de la democracia presentan actualmente una elección entre dos males. Estos son: Ahmed Shafiq, que garantiza la consolidación del régimen saliente y su regreso con venganza, prometiendo abiertamente un asalto criminal a la revolución bajo los fantasmas fascistas de «seguridad» y «estabilidad» y la falsa promesa de protección a las minorías religiosas (a las que el régimen asalta y aisla sistemáticamente como parte de sus campañas de tráfico del miedo); y Mohamed Morsi, el candidato de la Hermandad Musulmana, quienes se supone que debemos esperar que puedan «salvarnos» del «antiguo régimen» a través del mito del renacimiento cultural -todo ello mientras se consolida su fortaleza financiera y la hegemonía regional capitalista necesaria para fomentar un clima de explotación desenfrenada de la gente de Egipto y sus recursos-. Esta consolidación, estamos seguros, vendrá acompañada por la movilización del aparato militar para proteger a la envalentonada clase dominante de la Hermandad Musulmana de la ira y la revuelta de sus víctimas: las masas cuyos líderes de la organización han combatido históricamente, condenando y prohibiendo las luchas por la vida, la dignidad y la igualdad.

De acuerdo con los resultados electorales oficiales, la mayoría de los electores (75%) no ha optado ni por Shafiq, ni por Morsi en la primera ronda de las elecciones. Nos negamos a reconocer la elección del «mal menor» cuando estos males se disfrazan de igual forma para el mismo régimen. Creemos que hay otra opción. Y en los tiempos en que el sentido común se percibe tan alejado de la verdad como es posible, nos encontramos con la necesidad de hablar una vez más.

Percibimos el asunto de las elecciones presidenciales en Egipto como un intento de la aún presente Junta Militar y sus fuerzas contrarrevolucionarias para conseguir una legitimidad internacional que consolide el régimen existente y propinar aún más letales golpes a la revolución egipcia. Les pedimos que nos acompañen a resistir la lógica de este proceso que busca afianzar aún más la contrarrevolución.

Nuestra lucha no existe de forma aislada de las vuestras.

Qué es la revolución, sino el inmediato e incondicional rechazo de la situación actual: un poder militarizado, explotación, estratificación de clases y violencia policial incesante -pornombrar solo algunas de las características más básicas y cancerosas de la sociedad presente-. Estas realidades estructurales no son exclusivas de Egipto o de la revolución egipcia. Tanto en el Sur como en el Norte, las comunidades resisten a lo que se supone que debemos aceptar sin cuestionar, en contraposición con la limitada perspectiva realista que nos dice que la democracia se limita a elegir el menor de los «dos males», y que la elección de cualquiera de los dos representa una opción de gobierno en lugar de lo que es: una afirmación del único gobierno que existe, el de las relaciones capitalistas salvajes, represivas y deshumanizazoras. Estamos en solidaridad con las masas de personas precarias y amenazadas que han elegido defender su ser de un agresivo sistema global que está en crisis; de hecho, un sistema pulverizador que, en sus horas crepusculares, alcanza niveles sin precedentes de vigilancia, militarización y violencia para reprimir nuestras insurrecciones.

Debemos dejar claro que, a pesar de la alabanza del establishment internacional a la naturaleza «democrática» de la primera ronda de las elecciones presidenciales egipcias, rechazamos con fuerza y categóricamente el resultado de estas porque no representan los deseos de los egipcios que lucharon en la Revolución del 25 de enero.

Además rechazamos categóricamente las elecciones en si mismas por los siguientes motivos:

1 – Incluso para los estándares de los fallecidos e irrelevantes sistemas de representación que alguna vez existieron en el hemisferio norte, ningunas «elecciones libres y justas» pueden llevarse a cabo bajo la supervisión de una junta militar sedienta de poder. Una junta que lucha sin descanso por la continuidad de la dominación política y la protección de su vasto imperio económico. Lucha tan implacable que incluso no existe constitución alguna que defina los poderes de cualquier presidencia. ¿Cómo podemos tolerar la supervisión de una dictadura militar a cualquier proceso político, cuando miles de egipcios continúan languideciendo en las mazmorras militares después de que los han sometido a la detención arbitraria, tortura sistemática y tribunales militares excepcionales?

2 – El abuso de la ley en favor del poder de los ávidos generales militares en el gobierno: con la finalidad de hacer participar al candidato preferido de la junta, el exprimer ministro Ahmed Shafiq, la Comisión Suprema Electoral de las Presidenciales ha hecho simple y descaradamente caso omiso de la ley de exclusión política, recientemente aprobada con el fin de prohibir la candidatura de los miembros del régimen de Mubarak en las elecciones presidenciales.

3 – Lo absurdo de un poder ilimitado concentrado en las manos de una comisión electoral compuesta por figuras centrales de la era Mubarak, quién se supone deben supervisar un proceso «democrático».

4 – Los vagos programas comercializados por los candidatos con más respaldo van en contra de los valores y el objeto de la revolución. La verdadera razón por la que tenemos siquiera estas elecciones hoy y la causa por la cual más de mil mártires dieron su vida: «Libertad, pan y justicia social».

Si estas elecciones tienen lugar y son reconocidas a nivel internacional, el régimen habrá recibido el sello mundial de homologación para vaciar por completo todo por lo que lucha la revolución. Si estas elecciones pasan mientras permanecemos en silencio, creemos que el próximo régimen tendrá licencia para darnos caza, bloquearnos y torturarnos en un intento de acallar todas las formas de resistencia como es su misma razón de ser.

Seguimos en nuestro camino revolucionario, comprometidos con la resistencia al gobierno militar para poner fin a los tribunales militares que actúan sobre los civiles y para liberación de todos los detenidos en las prisiones militares. Seguimos luchando en los puestos de trabajo, en las escuelas y universidades y en los comités populares de nuestros vecindarios. Pero nuestra lucha es tanto contra los gobiernos como contra los sistemas de apoyo al régimen que nos reprime. Estamos decididos a auditar los contratos de préstamo que se hicieron y se siguen produciendo entre las instituciones financieras internacionales o gobiernos extranjeros con un régimen que pretende representarnos, mientras prospera en nuestra explotación y represión. Hacemos un llamamiento a que nos acompañen en nuestra lucha contra los refuerzos de la contrarrevolución. ¿Cómo vais a solidarizaros con nosotros? Si estamos bajo ataque, también lo estáis vosotros, puesto que nuestra batalla es global contra las fuerzas que buscan nuestra obediencia y supresión.

Estamos con la revolución en curso, una revolución que sólo se hará realidad a través de la fuerza, la comunidad y la persistencia de la gente, no a través de un tóxico referéndum a favor del régimen militar.

Lxs camaradas de El Cairo
([email protected])

rCR