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Ventas de armas estadounidenses: el presidente Bush arma globalmente a sus colegas tiranos

Fuentes: Global Research

Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos

Según un reciente informe (enero-febrero), «El control de armas hoy», publicado en internet por la Asociación de Control de Armas (ACA), «en los últimos seis años Washington ha aumentado sus ventas y transferencia de armas de alta tecnología, adiestramiento militar y otro tipo de ayuda militar a gobiernos sin tener en cuenta su respeto a los derechos humanos, los principios democráticos o la no proliferación. Lo único que cuenta es que ha prometido asistencia en la guerra global contra el terrorismo».

Usted está leyendo bien. El régimen de Bush ha estado utilizando el 11 de septiembre como excusa para la temeraria venta de armas por todo el planeta, con unas ventas en nuevos negocios de armas en 2006 de 16.900 millones de dólares, el 41.9 % del total mundial. Detrás de Estados Unidos, las ventas de Rusia han sido de 8.700 millones de dólares y las de Gran Bretaña de 3.100 millones de dólares, escribe Rachel Stohl, analista del Centro para la Información de Defensa (CDI, en sus siglas en inglés), que hace un seguimiento de estos datos.

A déspotas a los que una vez se les prohibió obtener armas y adiestramiento estadounidenses ahora les están lloviendo ambos. «Al proporcionar ayuda militar despreciando las condiciones de los derechos humanos, Estados Unidos no sólo está abandonando la oportunidad de utilizar la asistencia militar como una influencia para mejorar las condiciones de los derechos humanos, sino que también está recompensando por sus acciones desaprensivas a gobiernos que los violan», escribe Stohl.

Tras señalar que la ayuda estadounidense aumenta «al tiempo que empeoran las condiciones de los derechos humanos» Stohl cita el ejemplo de Etiopía, «que está llevando a cabo una brutal campaña contra la insurgencia dentro de sus propias fronteras» y Nepal, cuyas fuerzas de seguridad «disparan a huelguistas pacíficos y a manifestaciones en contra del gobierno». Bush también está entregando millones de dólares a Uzbekistán, donde miles de musulmanes han sido encarcelados sin juicio y muchos de ellos torturados hasta la muerte .

Un escándalo digno de un titular es, por supuesto, los 10.000 millones de dólares de los impuestos estadounidenses que Bush ha entregado a los militares paquistaníes desde el 11 de septiembre, un país en el que el general Pervez Musharraf normalmente hace desaparecer a sus enemigos políticos y donde recientemente invocó el estado de emergencia, suspendió la constitución y encarceló a miles de personas. Bush dio el visto bueno a la multi-milmillonaria venta a Musharraf de aviones de combate F-16 que pueden albergar cabeza nucleares, al igual que dio su visto bueno a venderlos a India, con lo que aumentó la capacidad de estos dos países enemigos desde hace mucho tiempo para infligir atrocidades espantosas en caso de que entren en guerra.

Desde 2001 el CDI ha seguido la pista al desorbitado aumento de la ayuda militar estadounidense a los siguientes 25 países que «tienen un papel único en ‘guerra contra el terrorismo’ gracias a los servicios estratégicos que proporcionan a Estados Unidos»: Armenia, Azerbaiyán, Georgia, India, Nepal, Pakistán, Indonesia, Filipinas, Tailandia, Bahrain, Omán, Yemen, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Argelia, Chad, Malí, Mauritania, Níger, Djibuti, Etiopía y Kenya.

El CDI documentó que las ventas de ayuda militar estadounidense a estos 25 países ascendió un 400% respecto a los cinco años anteriores al 11 de septiembre. Y ello a pesar de que en 2006 el Departamento de Estado estadounidense encontró «serios», «graves», o «significativos» abusos cometidos por estos países contra sus propios ciudadanos.

El CDI resume que «Estados Unidos está enviando unos niveles de asistencia militar sin precedentes a países a los que al mismo tiempo critica por su falta de respeto a los derechos humanos y, en algunos casos, por procesos democráticos cuestionables».

Según Rachel Stohl, lo que Estados Unidos anuncia como «adiestramiento contraterrorista» con frecuencia no nada más que «adiestramiento contrainsurgencia». El resultado de ello, afirma, es que Estados Unidos «se está implicando en conflictos internos por todo el mundo y en la práctica está animando a los países a continuar con sus luchas internas anteriores al 11 de septiembre de 2001».

El presidente Bush acaba de volver de su gira por Oriente Próximo donde predicó las bondades de la «democracia». Sin embargo, sus ventas de armas traicionan su lengua viperina.

Sherwood Ross es un escritor residente en Miami que cubre temas militares y políticos. Contacto con él: [email protected]

Enlace con el original: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=7850