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Víctimas y verdugos. Las mentiras del amianto, las fortunas amasadas, los delitos consumados

Fuentes: Ecoportal.net

A Juan Aguirre, colega y amigo, muerto prematuramente a la edad de 53 años, víctima de un mesotelioma.   Cuando mientas, miente a fondo, y sobre todo no te desdigas de tu mentira. Joseph Goebbels, 12 de enero de 1941, describiendo el arte de mentir… de los ingleses   El centro del problema Opino que […]

A Juan Aguirre, colega y amigo, muerto prematuramente a la edad de 53 años, víctima de un mesotelioma.

 

Cuando mientas, miente a fondo, y sobre todo no te desdigas de tu mentira. Joseph Goebbels, 12 de enero de 1941, describiendo el arte de mentir… de los ingleses

 

El centro del problema

Opino que es importante hablar del sufrimiento físico y de los dolores de los enfermos de amianto (…) Se hace hincapié en los problemas financieros y jurídicos, pero nunca se habla de los inmensos dolores que sufren las personas afectadas. Se silencia el hecho de que este cáncer es particularmente cruel, nadie cuenta cómo los enfermos gritan a causa del dolor. Mi padre ha soportado un sufrimiento atroz y quiero que esto se sepa. Falleció en junio de 2004.

Hoy en día (2006) se sigue exponiendo a los trabajadores a este peligroso material, y todo ello, únicamente, por el ansia de beneficios (Retrato de Víktor Portmann: la muerte atroz) (1)

Si hay amos es porque los sustentan los siervos, si abundan las víctimas es porque existen eficaces verdugos. No es posible concebir a las víctimas sin sus correspondientes verdugos, por mucho que se invoquen relaciones sado-masoquistas. La servidumbre, en alguna medida, es voluntaria. Las matanzas las perpetran sólo quienes pueden. A los verdugos hay que llevarlos a la justicia para poner fin a la impunidad, a las víctimas hay que incitarlas a la rebelión, no al acuerdo, para que derriben las estructuras que las fabrican.

Entre paréntesis, dos casos de negacionismo:

El primero niega la presencia de los verdugos.

Se trata, por ejemplo, de la exposición «Agua, ríos y pueblos», auspiciada por la entidad filantrópica Avina, entre otras, en la que el director de la muestra Pedro Arrojo manifestaba: «… y esta exposición no trata de decir quién tiene la razón o la verdad (…) sino quién tiene el problema, quien sufre las consecuencias» (2) Y para no dejar en suspenso el asunto se admite en el catálogo de la citada «expo»que «la responsabilidad sobre esta situación recae en el conjunto de la sociedad a nivel internacional» (3), es decir en todos y en ninguno.

El segundo niega a las víctimas.

En la visita de Sarkozy a Argelia en julio 2007, éste propone al presidente argelino que se cree una comisión de historiadores argelinos y franceses con la finalidad de esclarecer el pasado. El asunto lo relata Jean Ziegler (4) de la siguiente manera: «Argelia vivió una guerra de liberación de siete años. Más de dos millones de hombres, niños y mujeres árabes, cabilios, mozabitas y chauias fueron quemados, ametrallados, despedazados por las bombas, asesinados mutilados y heridos. Frente a esta posición Sarkozy adoptó la posición confortable del agnóstico: ¿quiénes son los verdugos? ¿Quiénes son las víctimas? Nadie lo sabe».

Fin del paréntesis.

En el caso del amianto, los verdugos están claramente identificados. Los principales son unas cuentas familias ricas europeas de las cuales la de los Schmidheiny es la más notable.

Fortunas y delitos, editado por ediciones del Genal en Málaga, realiza una investigación profunda alrededor de las víctimas del amianto y de sus familiares, a las que escucha y hace hablar; y en torno a la principal familia en el negocio durante 85 años, los Schmidheiny, familia natural de Suiza, país en el que ha radicado el centro de dominación del mundo en lo relativo a este mineral a la vez «milagroso», «mortal» e «invisible», denominado amianto o asbesto y, metonímicamente, uralita en España.

Las víctimas están bien establecidas: cada cinco minutos muere una persona a causa de una enfermedad provocada por el amianto; según un estudio de la Unión Europea, de aquí al 2030 medio millón de personas morirán en Europa de un cáncer causado por el amianto; cada año van a morir unas 140.000 personas en el mundo que hace treinta o cuarenta años estuvieron expuestas a este mineral, bien por su trabajo o por su proximidad a los trabajadores o a las fábricas, y en total con lo que llevamos tragado de las fibras microscópicas del mismo unos 10 millones seremos sus víctimas en 2030 (según el doctor James Leigh, director del Centro de Salud Ocupacional y Ambiental de la Escuela de Salud Pública de Sidney, Australia). Y a toda esta matanza hay que añadir los inenarrables y atroces sufrimientos de los afectados y de sus familiares. No es sólo la primera causa de muerte profesional sino también, desde el punto de vista de las aseguradoras, el siniestro más importante de todos los tiempos. (5)

La serie de horrores continuará porque si en la «civilizada» Europa se prohibió el mineral casi totalmente desde 2005, en Canadá y en los países emergentes (China, India, Brasil, México…) la extracción y consumo van en aumento. (6)

También, la principal familia responsable de esta catástrofe humanitaria, que muchos califican de genocidio por ser una de las mayores, sino la mayor, de todas las masacres industriales jamás conocidas, está bien delimitada. Los Schmidheniy, que desde principio de siglo XX dominan este negocio en el mundo, han pasado en cuatro generaciones de ser descendientes de un sastre a tener en sus filas en la actualidad a dos de los magnates mayores del planeta: Thomas y Stephan. El amianto-cemento constituye su secreto. El municipio suizo de Niederurnen no sólo ha sido la sede de su negocio de amianto en Suiza, con el nombre de Eternit, sino que llegó a convertirse en uno de los centros mundiales del amianto-cemento. Desde el holding de los Schmidheiny se controlaban las fábricas en dieciséis países con 23.000 personas empleadas. Fue la sede de la SAIAC el cártel del amianto que ha controlado precios, volúmenes, técnicas, presiones políticas y silencios bien gestionados sobre la letalidad del mineral. (7)

Para hacerse una idea de un orden de magnitud de lo que hablamos, bastará contemplar a esta familia controlando el 90% de las actividades productivas del amianto importado en Suiza, por las que desde 1945 a 1985 han pasado unos 10.000 trabajadores de manera intensiva (cada día y sostenida durante años) y otras 100.000 que sufrieron exposiciones ocasionales pero repetidas. Si, como admite el neumólogo de la clínica Hirslanden de Zurich, «una sola fibra inhalada es ya demasiado», todos los 110.000 expuestos peligran, y no saben ni el día ni la hora, por lo insidiosa que es la enfermedad específica denominada mesotelioma: no da apenas síntomas y una vez emergida supone la muerte en pocos meses y entre atroces sufrimientos. Otro orden de magnitud de sus responsabilidades lo proporciona el hecho de que en 1985, entre esta familia y otra belga dominaban el 25% de todo el amianto-cemento del mundo. De esta tremenda magnitud se deriva la presunción de genocidio que se adjudica a los Schmidheiny.(8)

Se estima que entre un 6 y un 11% de los trabajadores expuestos al amianto son víctimas del mesotelioma cada año, enfermedad casi exclusiva y específica del contacto con este mineral. En el caso del amianto azul (unas de las variedades del mineral) una exposición muy corta (de unas semanas), e incluso una sola fibra, puede provocar este tumor maligno. Las compañías de seguros sólo reconocen unas cuatro enfermedades provocadas por le amianto pero la ciencia reconoce muchas más, fundamentalmente cánceres de todo tipo.(9)

La llegada invisible

Hans von Ah pasó tres años en los talleres de la compañía de ferrocarriles suizas, la CFF, en Zurich. Está seguro de haber respirado allí también el polvo mortal. Dice que «durante la fase preliminar de la enfermedad, a menudo me acordaba de aquellos años como aprendiz durante los cuales estuve en contacto con este material mortal». En otoño de 2000 (a más de 45 años de su primer contacto con el amianto) cuando visitó a su médico a causa de una ligera irritación en la zona de los pulmones no se esperaba para nada aquel diagnóstico. Pero cuando la palabra «mesotelioma» surgió en la conversación Hans von Ah lo comprendió todo inmediatamente. Hasta ese momento el jubilado no había sentido ningún dolor (…) Un equipo de médicos del Hospital Universitario de Berna le extrajo el pulmón izquierdo, atacado por el cáncer, y la pleura en una operación que duró varias horas. A continuación, los médicos recubrieron sus bronquios amputados con lóbulo muscular. Tras la operación estuvo a punto de fallecer a causa de una infección y, durante meses, tuvo que tomar antibióticos. Su tubo digestivo, muy deteriorado por la toma de todos esos medicamentos, reacciona ahora de forma hipersensible (…) Tras la operación cayó en una gran depresión. (Retrato de Hans von Ah: «Ya no tengo fuerzas para defenderme») (10)

Hans von Ah, curiosamente, en 2006, fecha en que fue entrevistado por Roselli, seguía con vida. Un caso entre mil pues el mesotelioma causa la muerte en muy poco tiempo, en el 95% de los casos. Ha sido el suyo el de ese 5% de supervivientes.

La conspiración del silencio

Cuando éramos niños, mi hermano, mi hermana y yo misma trabajamos en Eternit (en Niederurnen, Suiza) durante las vacaciones escolares. Era típico de aquella época. En la fábrica nos contaban que por la noche no deberíamos quitarnos el polvo de la ropa con la ayuda de la tubería de aire comprimido, porque si teníamos una herida una burbuja de aire podría entrar directamente en el organismo. No nos decían que la razón del peligro era el amianto(…) Al principio se consideraba que el amianto era un producto milagroso. Si sabiendo que es peligroso se decide trabajar allí, cada uno es libre de asumir el riesgo, pero es injusto que nos ocultaran la verdad. Me pregunto cómo puede vivir la familia Schmidheiny sabiendo cuántas personas han muerto por culpa del amianto. Algunas de ellas ni siquiera habían trabajado allí. (…) Mi padre murió en 1989, fue contratado por Eternit en Niederurnen con catorce años. Mi madre también murió por mesotelioma en 2002, trabajaba como asistenta en las oficinas. Ahora (2006) a mi hermano le han descubierto placas pleurales que se deben, igualmente, al amianto (tiene 49 años y está enfermo desde hace cuatro) (…) Todo este asunto no me deja tranquila. Y la familia Schmidheiny simplemente vende la empresa, saca beneficios, y sale airosa sin asumir sus responsabilidades. Si tuvieran un ápice de conciencia no renegarían de su pasado. (Retrato de Rita Feldmann: «La duda me atormenta») (11)

La mentira ha sido la norma por parte de las empresas en la tragedia del amianto, pero también la censura y la tergiversación. En una Conferencia sobre el amianto celebrada en el Parlamento Europea, en septiembre de 2005, convocada por el grupo de la Izquierda Unitaria Europea, podemos leer:

Eternit goza de una enorme influencia en Bélgica. Se había previsto que la publicación de un artículo titulado «El valle del silencio en Bélgica» coincidiese con la Conferencia Europea sobre el amianto. Sin embargo el artículo nunca vio la luz. Su supresión demuestra que, en 2005, la censura y la influencia corporativa sigue teniendo más fuerza en Bélgica que la que la libertad de expresión y la democracia.(12)

Pero hay mucho más: En el juicio penal que se celebra en Turín contra Stephan Schmidheiny, en que se le acusa de «desastre ambiental doloso permanente y omisión dolosa de las normas de seguridad», por el que se le piden 13 años de cárcel e indemnizaciones que pueden llegar a cinco mil millones de euros, en un extracto de prensa, con motivo de la vista celebrada en octubre del presente año, se ha podido saber que:

Según ha manifestado Paolo Revilla, consejero de la acusación, «hemos descubierto que entre 2001 y 2005 Stephan Schmidheiny, ha pagado un millón de euros a la agencia de Milán MS & L Bellodi para organizar una red de informadores capaces de manipular la información sobre el amianto». Igualmente se ha sabido que el fiscal Guarinelli ha sido objeto de una atención particular de parte del sistema de vigilancia de la multinacional. Digamos que el fiscal ha sido «espiado». Bruno Pesce -animador continuo de la asociación de Víctimas del amianto de Casale- ha manifestado, al hilo de estas declaraciones, que el «espionaje» no se ha parado en la persona de Guarinelli porque «hemos descubierto que un periodista que había frecuentado nuestras iniciativas durante 16 años estaba pagado por Bellodi».

Pero como el amianto sigue permitido en muchos países aún, el lobby de este mineral sigue haciendo uso de los viajas artimañas a las que se recurrían en Europa hace treinta o cuarenta años. Se siguen presentando estudios «científicos» que afirman la inocuidad el amianto blanco; se celebran simposios para extender la mentira del «uso controlado», y por tanto sin riesgos, de este mineral. Aparecen «sindicatos amarillos», controlados por los empresarios, que defienden igualmente el uso inicuo del amianto. Los canadienses, uno de los principales países en minería del amianto (que exportan casi toda la producción) han creado el Canadian Chrysotile Institue, en nombre del lobby canadiense del amianto… «La mentira del amianto es resistente: indestructible, incorruptible, para toda la Eternidad» (13)

La lucha por la justicia

Pese a sus 53 años y no haber estado nunca en contacto directo con el amianto -simplemente había vivido de los ocho a los dieciocho años al lado de la fábrica en Niederurnen-, Marcel Jann sabía que le quedaban sólo unos meses de vida. Un día de otoño de 2004, aquel maestro apasionado a la montaña y a la bicicleta, tuvo tales dificultades para respirar que creyó ahogarse. (…) Después de una quimioterapia complicada, en la primavera de 2005 le extrajeron el pulmón derecho, incluida la pleura, así como el diafragma, una costilla y el pericardio a lo largo de una operación que duró siete horas. Diez días después precisó de una intervención de urgencia… (recuperado)» su lucha por la justicia», como el la llamaba, se convirtió en su razón de vivir. Dirigió muchas cartas a Stephan Schmidheiny pidiéndole que se disculpara y exigiéndole indemnizaciones, pero con la venta de la empresa todo había sido transferido. ¡Schmidheiny ya no se consideraba responsable! Continuó luchando hasta los últimos meses de sus vida – falleció en octubre de 2006. Afirmó que no podía aceptar esa enfermedad mortal sin rechistar, mientras le llevaban a Glarus-Suiza a hacer su declaración ante el juez de instrucción, enchufado en su botella de oxígeno y acostado sobre una camilla (Retrato de Marcel Jann: «La lucha por la justicia») (14)

La contaminación ambiental es muy corriente. Este ha sido el caso de Cerdanyola -España- en que han contraído enfermedades no sólo los trabajadores de las fábricas de amianto sino los familiares y los vecinos cercanos a las factorías. El pasado mes de julio, un juzgado de Madrid ha sentenciado que Uralita debe indemnizar a 45 vecinos de Cerdanyola y Ripollet con 3,9 millones de euros por las afecciones que les ha provocado las fibras de amianto que se desprendían de la factoría situada en esa primera población.

La explotación extrema

Dos de las peores situaciones que se han dado en el siglo XX, desde el punto de vista humanitario y de respeto a derechos universales, se han correspondido con la Alemania nazi y con el régimen de apartheid de África del Sur. De ambas situaciones la familia Schmidheiny ha sabido sacar mucho provecho, dejando los escrúpulos y la ética para mejor ocasión.

– ¿Cuáles eran las condiciones de trabaja en las fábricas Everit, propiedad de los Schmidheiny?

– Era completamente terrible: había polvo por todas partes y nadie nos decía que fuese mortal: Cuando alguien enfermaba lo enviaban a su «homeland» (15), pero nadie sabía de qué morían nuestros compañeros.

– ¿Tenían los trabajadores un contacto directo con la dirección de la empresa?

– Durante años nos hicimos la siguiente pregunta ¿por qué la dirección de la empresa, en especial los directores venidos de Suiza, evitan ir a las naves de trabajo? Fue mucho tiempo después cuando comprendimos que no querían respirar el polvo; sabían desde el principio que era mortal

-¿Explicó la dirección de la empresa suiza por qué vendió la fábrica en 1992?

– La razón era evidente: con el final del apartheid ya no podían seguir explotando a los negros a los que pagaba mucho menos que a los blancos… a nosotros nos metían en aquellas terribles casas obreras, en las que tuvimos que vivir durante décadas sin nuestras familias (…) Esta es la razón por la que Stephan Schmidneny abandonó su negocio con Sudáfrica. Puso pies en «polvorosa» antes de que el nuevo gobierno le obligara a asumir sus responsabilidades. Le escribimos a Suiza informándole con claridad que debía hacer frente a sus responsabilidades e indemnizar a los enfermos y a las familias de los fallecidos. No contestó, recibimos una carta de la dirección de su nuevo holding, en la que nos comunicaban que habían actuado en todo momento según las leyes sudafricanas vigentes (las del apartheid) y que por tanto no tenían ninguna responsabilidad ni en el plano jurídico ni en el moral -La ley sudafricana no permite que los trabajadores demanden a sus antiguos patronos- (Entrevista a Fred Gonna, sindicalista sudafricano que trabajó 25 años en una fábrica de los Schmidheiny. «Nos trataron como a niños») (16)

Desde 1942, y bajo el régimen del apartheid, trabajaron unas 55.000 personas para las distintas empresas de los Schmidheiny, la mayoría negros sin derechos. Stepahn Schmidheiny se formó en la gestión empresarial en la firma sudafricana Everite, perteneciente a la familia. Durante los años setenta estuvo al mando de todas las fábricas Eternit que poseían en el mundo y fue unos de los mayores accionistas de la empresa sudafricana Everit en los peores años del apartheid, en la época en que el aparato racista de represión no escatimaba ningún medio para mantener en el poder. Eran propietarios de minas de crocidolita (amianto azul) que destaca por su potencial cancerígeno (17)

El otro episodio siniestro de los Schmidheiny se escribe en Alemania en la época nazi. Durante la segunda Guerra Mundial unos 9 millones de personas, procedentes de campos de concentración o prisioneros de guerra, fueron explotados como trabajadores forzados (esclavos), de los que un tercio eran mujeres. La empresa de los Schmidheiny en Alemania se beneficiaba de ese tipo de trabajadores, aunque ellos lo niegan en sus hagiografías.

María Roselli, en su exhaustiva investigación, ha encontrado documentos que certifican el uso por parte de los suizos de los trabajadores forzados (18), y ha logrado encontrar a una superviviente de aquella época. Se trata de Nadja Ofsjannikova, con 85 años cumplidos, que vive en la actualidad en Riga, Letonia y que por casualidad se encontró con un médico de Berlín, al que habló de su estancia de trabajadora forzada en Berlín y la volvió a traer a esta ciudad.

En 1942, cuando tenía 19 años, fui llamada por la comandancia militar y hacinadas y pasando mucho frío nos transportaron a Alemania (…) a una fábrica de amianto-cemento. Allí nos alojaron en barracas. El trabajo en ese campo era superior a nuestras fuerzas. La nave en la que trabajábamos no tenía tejado y el frío era terrible. En ocasiones sólo deseaba morirme. Lloré muchísimo. La fábrica en que trabajaba se llamaba Eternit (…) era igual que un campo de concentración, llevábamos números y teníamos que enseñar nuestra ficha continuamente. (…) teníamos que trabajar aun estando enfermos, doce horas al día, seis días a la semana. En una ocasión cogí una neumonía, peo no pude guardar cama (…) la alimentación en el campo era pésima: para desayunar nos daban sopa de harina, a mediodía sopa de remolacha y por la tarde cien gramos de pan con un poco de margarina (…) la vigilante de la barraca nos observaba todo el tiempo y cuando no obedecíamos nos molían a palos. A veces me pregunto cómo pude soportar tanto sufrimiento (…). En Abril de 1945 volvieron a bombardearnos, pero por suerte pudimos refugiarnos en el sótano(…) En 2000, cuando me enteré que las personas que habían sido forzadas a trabajar recibían una indemnización me dirigí al Archivo pero allí constaba que yo había ido voluntaria al campo. Envié una carta a la fábrica Eternit, pero no recibí contestación alguna. (Retrato de Nadja Ofsjannikova: «Trabajar hasta el agotamiento») (19)

Se sabía todo sobre la peligrosidad del amianto

1. En 1889, en Inglaterra, un Informe oficial señalaba los efectos nocivos de la fibra de amianto.

2. En 1900, en Londres, el médico H. Montague obtiene la primera evidencia patológica de una asbestosis.

3. En 1906, el médico italiano L. Scarpa, hizo un seguimiento a 30 trabajadores del amianto y supuso que su enfermedad era la tuberculosis.

4. En 1918 una importante compañía aseguradora (La New Yorker Prudencial I. Co.) se negó a contratar seguros de vida con los trabajadores del amianto.

5. En 1924 aparece el informe «Fibrosis pulmonares debidas a la inhalación de polvo de asbesto» de W.E. Cook, con los resultados de una investigación médica seria sobre las enfermedades causadas por el amianto.

6. En 1938 por trabajos realizados en EEUU y Sudáfrica se estable la relación entre el amianto y el mesotelioma. Probada definitivamente en 1960.

7. En 1939 La Caja Nacional de Seguros de Accidentes de Suiza (SUVA) reconoce un caso de abestosis profesional.

8. En 1960 C. Wagner concluye su famoso estudio por el que establece la relación del amianto con el mesotelioma y de que el amianto no sólo era peligroso para los trabajadores sino también para los habitantes de las proximidades y para las familias.

9. En 1965 Selikoff presenta en un Congreso su estudio epidemiológico referido a 1.522 hombres que habían trabajado realizando aislamientos con amianto, la frecuencia del cáncer de pulmón era siete veces superior a la del grupo de control y concluía el estudio que una fuete exposición al amianto durante tan sólo un mes puede provocar un mesotelioma (que se manifiesta décadas más tarde)

10. En 1973 la OMS reconocía que la exposición al amianto causaba mesotelioma y cáncer de pulmón

11. En 1978 en Parlamento europeo declaraba el amianto como cancerígeno laboral, pero muchos estados fueron anestesiados por los lobbies industriales y financieros y hasta 27 años después, en 2005, no se prohibía en la Unión Europea.

Podemos concluir diciendo que: «Desde mediados de los cuarenta quedó demostrado científicamente que la abestosis puede desencadenar un cáncer de pulmón y desde los comienzos de los sesenta que una exposición al amianto puede provocar un mesotelioma maligno. Ninguno de los responsables de la época puede afirmar, si pretende ser tomado en serio, que no sabía nada acerca de los riesgos del amianto para la salud» (20).

La pirueta filantrópica

Como la situación de Stephan Schmidheiny era muy comprometida, intenta una estrategia de huida de la «polvareda» en la que está metido.

Se construye una hagiografía en la que se auto jalea: «me considero como un pionero que abandona por su cuenta el amianto antes que le sea exigido por la ley» y «tomé la decisión de salir del asbesto, basado en los potenciales problemas humanos y ambientales basados en el mineral. Pero también consideré que en una época de creciente transparencia, y crecientes preocupaciones por los riesgos de la salud, sería imposible desarrollar y mantener un negocio exitoso basado en el asbesto» (21)

Vende o cierra las empresas de amianto en todo el mundo en la década de los noventa.

Y trata de ser recordado en la posteridad como un gran mecenas ambiental. Para ello crea la fundación Avina en 1994, y en 2003 crea Viva Trust que es una institución que va a proporcionar la financiación a la anterior fundación. La publicidad de este fideicomiso se hace a bombo y platillo en Costa Rica, invitando a unas 200 personalidades seleccionadas de todo el mundo entre las que se encuentran el presidente del Banco Mundial, el embajador de EEUU en Costa Rica, Hernando de Soto, B. Drayton (fundador de Ashoka), Oscar Arias, ex-presidente del país y Pedro Arrojo de la Fundación Nueva Cultura del Agua con sede en Zaragoza, entre otros.

La fundación Avina se dedica a tratar de hacer negocio con los pobres, que según sus pensadores son «el negocio de los negocios», porque son 4 mil millones y todos los días consumen algo, y porque los ricos «tienen el derecho de hacerse aún más ricos». Con esta filosofía y un recubrimiento de verde andan por España y Latinoamérica cooptando socios-líderes y penetrando los movimientos sociales para irlos desactivando y descafeinando. Pero no le han salido las cuentas y en 2009 han anunciado una profunda reestructuración que es una especie de desmantelamiento, a la par que venden la mayor parte de las empresas que le sirven de financiación. Schmidheiny está ahora centrado en que los juicios que se le avecinan le hagan el menor daño económico y moral posible. Por eso se gaste los millones en empresas de imagen como hemos visto. Falta le hace.

Dice Roselli que «este empresario convertido a filántropo a tiempo completo sigue sin querer pronunciarse sobre su pasado como director de Eternit pese a las demandas reiteradas de la que es objeto. Se estima que su fortuna alcanza la cifra de 5.000 francos suizos, una suma amasada sobre el capital de partida proveniente del amianto» (22). El cineasta Kurosawa diría que se ha alzado a un «trono de sangre»

Las víctimas reclaman justicia e indemnizaciones. Todos los ciudadanos reclamamos una desamiantización del mundo con el criterio que sea el contaminador el pagador, y no que se sufrague con el dinero público de los impuestos.

Coda

Juan Aguirre a quien he dedicado este trabajo, estudió conmigo e hicimos muy buena amistad. Ha muerto prematuramente por un cáncer debido al amianto. En 1965, una vez terminados los estudios de Peritaje Industrial entró a trabajar en Sevilla, en la fábrica de Uralita. Yo terminé con él y como en esos años el trabajo era escaso bien pudo mi amigo Juan haberme recomendado en su trabajo y hubiese sido muy probable que hubiese aceptado. Hoy ya no podría contarlo. Soy pues una víctima virtual de mesotelioma.

Por eso no lo olvido, por eso estoy embarcado en esta lucha por la prohibición, por la justicia y la reparación, como tantos otros en el mundo. Por eso no olvido.

http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Contaminacion/Victimas_y_verdugos._Las_mentiras_del_amianto_las_fortunas_amasadas_los_delitos_consumados

Paco Puche – Librero y ecologista – España – Diciembre del 2010

Referencias y notas:

(1) Roselli, M. (2010). La mentira del amianto. Fortunas y delitos. Edic. del Genal, Málaga, pp. 38 y ss.

(2) Diario Sur de Málaga, Medio Ambiente , Europa Press: 12.06.09

(3) Catálogo de la Exposición «Agua, ríos y pueblos», FNCA, 2009, p.4

(4) Ziegler, J. (2010), El odio a Occidente, Ediciones Península, pp. 89 y 90

(5) Íbidem, p. 187

(6) Íbidem, pp. 15,17 y 23

(7) Íbidem, p. 17

(8) Íbidem, pp.217 y 233 y Puche. P (2010), «Amianto, una fibra mortal e invisible, Ecologista, nº 66, otoño, p.54

(9) Roselli, M. (2010), o. cit., pp. 25, 27 y 28

(10) Íbidem, p. 30 y ss.

(11) Íbidem, p. 55 y ss.

(12) Laurie Kazan-Allen (2005), Amianto. El coste humano de la avaricia empresaria, Izquierda Unitaria Europea y otros, p. 10

(13) Roselli, M. (2010), o. cit., pp. 240, 241 y 247 «amianto», del latín amiantus, quiere decir sin mancha, incorruptible, «asbesto», del griego asbestos, quiere decir indestructible, «Eternidad», neologismo de «Eternit», eterno. Invento de Hatschek del amianto-cemento que por su duración lo llamaron Eternit, eterno

(14) Roselli, M. (2010), o. cit., pp 71 a 75

(15) En Sudáfrica, durante el apartheid, se estableció una delimitación de zonas territoriales en función de las razas. De esta manera se expulsó a los negros que residían en zonas blancas a los homelans, especie de estados independientes para negros.

(16) Roselli, M. (2010), o. cit., pp 118 y 119

(17) Íbidem, p. 120

(18) Íbidem, pp.90,92,93,94 y 102

(19) Íbidem, pp.103 a 108

(20) Íbidem, p.66

(21) Schmidheiny, S. (2006), «Mi visión- Mi trayectoria, Viva Trust: www.vivatrust.com. p.9

(22) Roselli, M. (2010), o. cit., p. 178