Recomiendo:
0

27F de 1989 y rebeliones en el mundo árabe

Fuentes: Rebelión

La semana pasada discutía con algunos compañeros sobre las rebeliones populares que tienen lugar en el mundo árabe (Túnez, Egipto, Libia, Argelia, Omán, Yemen, Baréin, Marruecos…), y alguien puso sobre la mesa la posibilidad de establecer algún tipo de analogía con el 27F de 1989. Esto fue lo que escribí entonces: 1.- Dima Khatib, hija […]

La semana pasada discutía con algunos compañeros sobre las rebeliones populares que tienen lugar en el mundo árabe (Túnez, Egipto, Libia, Argelia, Omán, Yemen, Baréin, Marruecos…), y alguien puso sobre la mesa la posibilidad de establecer algún tipo de analogía con el 27F de 1989.

Esto fue lo que escribí entonces:

1.- Dima Khatib, hija de refugiados palestinos y, como ustedes saben, corresponsal de Al Jazeera para América Latina, lleva semanas relatando con detalle las rebeliones en los países árabes a través de su cuenta Twitter. Khatib no ha parado de subrayar el carácter novedoso y sorpresivo de las revueltas. Hoy mismo, y aun cuando ha denunciado de manera reiterada el esfuerzo que están haciendo tanto Estados Unidos como el resto de las potencias occidentales por torcer a su favor el rumbo de los acontecimientos, escribía: «Las revoluciones en el mundo árabe son actos espontáneos. Son una explosión natural del pueblo. No son revoluciones de color made in USA».

No creo que se trate de una declaración ingenua. En todo caso, lo de «actos espontáneos» puede traducirse como un reconocimiento del carácter imprevisible de los acontecimientos: ninguna fuerza política, ningún partido, ni siquiera el Imperio más poderoso en la historia de la humanidad, tiene la capacidad para organizar o conducir revueltas de tal naturaleza. «Actos espontáneos» porque en cada país, todas las fuerzas políticas, sin excepción, están involucradas, pujando en una dirección u otra, estableciendo alianzas más o menos circunstanciales, pero el verdadero sujeto de la revuelta es algo más que la suma de las partes, es algo que sobrepasa los cálculos políticos e incluso militares de las fuerzas que intentan capitalizarla. Tal como sucedió el 27F.

Naturalmente, una o más fuerzas, con mayor o menor apoyo extranjero, terminarán imponiéndose, y la situación tenderá a la «normalidad». Es previsible que, sobre todo en el corto plazo, incluso parezca que nada ha cambiado realmente, porque identificaremos claras de líneas de continuidad entre los viejos regímenes y los que han surgido a partir de las rebeliones. Pero, ¿acaso no fue esto lo que sucedió con el 27F?

Creo que, sin duda alguna, se está produciendo un importante «quiebre» histórico, de profundas e imprevisibles implicaciones geopolíticas. Hay un antes y un después de estas rebeliones. Por esto, insisto, es necesario tomar nota de su carácter novedoso y sorpresivo. No renunciando, de ninguna manera, a la necesidad de comprender lo que está sucediendo, sino sentando posición frente a las interpretaciones maniqueas e interesadas sobre las revueltas (que también prevalecieron en el caso del 27F). Si no reconocemos las serias limitaciones de nuestros esquemas de interpretación, corremos el riesgo de ocultar la potencia de los acontecimientos. Con todo y las reservas que cualquiera pueda tener con algunos aspectos de su análisis, me quedo con una frase de Toni Negri: «La cultura de la impotencia ha sido abatida con fuerza en las calles de Túnez».

2.- Lo anterior quiere decir, entre otras cosas, que es una impostura abusar del discurso anti-imperialista. No se trata de dejar de exigir el cese de la injerencia estadounidense en la región. De hecho, esta exigencia debe hacerse. Lo que bajo ninguna circunstancia podemos permitirnos es atribuirle a Estados Unidos mayor influencia de la que realmente tiene (que ya es mucha). En primer lugar, porque implicaría desconocer la lucha de millones de personas, de múltiples sujetos, que han salido a las calles a manifestarse, dando una extraordinaria e impresionante demostración de fuerza. Y en segundo lugar, porque implicaría «reconocer» que Estados Unidos tiene el poder se suscitar tales manifestaciones, lo que no es de ninguna manera cierto.

Durante las últimas semanas, y en líneas muy generales, he percibido en el chavismo una tendencia a sobredimensionar el papel desempeñado por Estados Unidos (en radio y televisión, en artículos de opinión, etc.). No me atrevería a decir que es la tendencia predominante, pero sin duda tiene mucha fuerza. A mi juicio, se caracteriza no sólo por su maniqueísmo, sino por su paranoia. Además, es francamente derrotista, está fundada en la impotencia, en la medida en que supone que, a fin de cuentas, pase lo que pase, terminará de imponerse la voluntad del Imperio. Implica, además, la renuncia al pensamiento, al ejercicio reflexivo y crítico, al análisis de situaciones concretas: basta apelar al monstruo imperial para explicarlo todo, y para no tener que hacer el trabajo de investigar qué es lo que realmente sucede. Pero lo peor de todo es que estamos hablando de rebeliones en acto, de pueblos que siguen luchando. ¿Resultado? Los verdaderos protagonistas quedan relegados al papel de actores secundarios, en muchos casos «manipulados», simples títeres de la puesta en escena imperial.

3.- Tampoco es cierto que se trata de rebeliones Twitter o Facebook. Es imposible negar la importancia de la convocatoria de las protestas a través de las redes sociales, como quedó en evidencia en el caso de Egipto. La argentina Sandra Russo ha escrito un buen artículo sobre este punto:

«Es un dato duro de la realidad que el de Mubarak era un régimen de esa especie [opresivo], pero no es un dato más blando que ese régimen viniera aplicando a rajatabla las recetas económicas del FMI. Lo curioso es que la prensa hegemónica internacional se limite a recargar el sentido de la crisis egipcia en la demanda ciudadana de libertades políticas y civiles, y que recorte el capítulo en el que los egipcios gritan a viva voz que quieren también y en concordancia otra política económica. No bien asumió el actual gobierno militar, los egipcios volvieron a salir a la calle para pedir aumentos salariales. Como eso no encaja en el relato sobre el autarca derrocado, sino más bien echa luz sobre el tipo de autocracia que llevó adelante Mubarak, esos reclamos no son televisados: el foco pasa directamente a la plaza ya vacía por la fuerza, y se hace silencio sobre el estado de la economía egipcia, tan neoliberal como fue la de Menem, Bucaram, Collor de Melo, Fujimori o Carlos Andrés Pérez. Las coberturas sobre Egipto replican ahora ese relato, que no es antojadizo ni inocente, sobre millones de ciudadanos de clase media que merced a las redes sociales lograron imponer su voluntad democrática a un régimen cuya naturaleza dictatorial fue no obstante negada, tapada, encubierta y eclipsada por sus socios mundiales. Pese a que las coberturas de los grandes medios no abundaron en esos detalles, pudo saberse, como informó el sitio canadiense The Global Research, levantado a su vez por el periódico digital Rebelión, que Estados Unidos no fue tomado por sorpresa, sino que más bien fue un actor importante en los movimientos políticos egipcios. En un artículo titulado ‘Los dictadores no ordenan, obedecen’, se indicaba que desde noviembre de 2010, el Departamento de Estado venía manteniendo reuniones con la oposición a Mubarak, y el Freedom House, incluso, capacitó a decenas de los blogueros que luego fogonearon la protesta. Ahora se menciona como un posible candidato a la presidencia al director de Google regional. Quizá tenga que ver. La protesta no fue inventada, claro. Y los millones de egipcios que salieron a la calle y los centenares de muertos que dejó atrás el régimen dan sobradas muestras del caldo de cultivo extraordinario que había en ese país. La pregunta es quién capitalizará esa fuerza política sin líderes claros por el momento, y de qué manera intentará Washington que cambie el gobierno pero no la política neoliberal que llevaba adelante Mubarak. Lo que aparece claro en África del Norte es la anticipación en el uso de las nuevas tecnologías, un globo de ensayo para instalar en ellas discursos y relatos que encaucen voluntades de un modo que ya no pueden conseguir los medios de comunicación tradicionales, toda vez que en todo el mundo los ciudadanos son cada vez más conscientes de que no es de ellos de donde proviene la información, sino que apenas son transmisores de intereses».

También habría que tomarse la molestia de leer lo que ha escrito gente como Vicenç Navarro: «Así, la imagen general promovida por aquellos medios es que tal evento se debe a la movilización de los jóvenes, predominantemente estudiantes y profesionales de las clases medias, que han utilizado muy exitosamente las nuevas técnicas de comunicación (Facebook y Twitter, entre otros) para organizarse y liderar tal proceso, iniciado, por cierto, por la indignación popular en contra de la muerte en prisión, consecuencia de las torturas sufridas, de uno de estos jóvenes. Esta explicación es enormemente incompleta. En realidad, la supuesta revolución no se inició hace tres semanas y no fue iniciada por estudiantes y jóvenes profesionales. El pasado reciente de Egipto se caracteriza por luchas obreras brutalmente reprimidas que se han incrementado estos últimos años».

4.- Pero tampoco se trata de «revueltas obreras», en sentido estricto. Es decir, no sólo los obreros se han rebelado, ni son ellos los que han asumido la vanguardia. Tampoco se trata de «revueltas de hambre», como lo sostiene alguna intelectualidad «progre». El término «revueltas de hambre» proviene de la historiografía marxista inglesa, y remite a los «motines» protagonizados por los hambrientos y descamisados europeos de los primeros tiempos del capitalismo. Por tratarse de revueltas que tuvieron lugar, principalmente, antes de la consolidación del capitalismo «moderno», se les considera como pre-modernas, pre-capitalistas o pre-políticas.

Tal fue, por cierto, la interpretación que predominó entre la intelectualidad de izquierda (y no tanto) en Venezuela, a propósito del 27F. El caso es que no podemos seguir estableciendo analogías entre las rebeliones «tercermundistas» (como la del 27F, pero también las que tienen lugar actualmente en los países árabes) y las rebeliones europeas de los siglos diecisiete o dieciocho, con todo lo que esto tiene de reproducción de la lógica occidental del progreso: salvajes/civilizados, atrasados/desarrollados, etc. En otras palabras, las «revueltas de hambre» son las que ocurren en los países «salvajes» o «atrasados», y es a los países «modernos» y «democráticos» a quienes correspondería establecer el «orden», la «democracia» y el «progreso».

http://saberypoder.blogspot.com/