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¿Por qué los demócratas no hacen algo por detener a Trump?

Fuentes: Rebelión

Más preocupante que los asaltos a la democracia, la constitución y los derechos humanos que están llevando a cabo los republicanos en Estados Unidos, es la pasividad de los demócratas como supuestos aliados de los ciudadanos estadounidenses en general, y de los progresistas en particular, pues parecen ser simples testigos de la debacle global.

De nuevo un ciudadano estadounidense ha sido asesinado en Minneapolis, esto como consecuencia de su resistencia a los ataques de la policía migratoria a cualquier persona que a su parecer luzca como inmigrante indocumentado. No es ni el primero, ni siquiera el segundo, pero los muertos hasta ahora habían sido irrelevantes por no ser caucásicos.

Sin embargo la respuesta de los demócratas deja mucho que desear, no sólo siete de sus integrantes de la cámara baja votaron a favor de mantener los recursos para el servicio de inmigración y control de aduanas (ICE por sus siglas en inglés), además la mayoría sólo hace declaraciones sin mayor compromiso, como si ante el poder presidencial nada pudieran hacer.

Dar declaraciones sirve de muy poco cuando enfrente tienen a un personaje que le da muy poco peso a las palabras, empezando por las suyas propias. Es un hecho que el único lenguaje que Trump entiende es el del dinero, así que fácilmente una movilización tendiente a afectar los intereses económicos de sus patrocinadores tendría un efecto casi inmediato.

A riesgo de sonar trillado, una huelga seguro afectaría los intereses de los empresarios estadounidenses y con ello limitaría notablemente el poder de acción de Trump y el resto del aparato republicano.

Pero el gran problema es que esos patrocinadores de los republicanos también patrocinan a los demócratas y molestarlos sería detener el flujo de esos recursos.

Por ello es que jamás veremos al Partido Demócrata liderando realmente una protesta efectiva de ese tipo. Esa es la gran desgracia de la clase trabajadora -y por tanto de la mayoría de los estadounidenses- pues su dirigentes están realmente comprometidos con los empresarios más nunca con los trabajadores.

Este modelo de política se ha recrudecido con el neoliberalismo, particularmente a partir de la era Clinton, cuando los demócratas decidieron que el modelo propuesto por Reagan -libertad total para el capital y precariedad para los trabajadores- era un modelo al que podían ajustarse simplemente reduciendo un poco las tensiones con algunas dádivas a las clases populares.

Cuando en la década de los 60 Martin Luther King lideró la lucha por los derechos civiles, no sólo el mismo King estaba poco preocupado porque sus acciones podían molestar al gran capital, entre sus allegados había dirigentes comunistas y socialistas que estaban convencidos de la necesidad no sólo de incomodar, sino de destruir al capital.

Hoy los políticos de supuesto corte progresista se mantienen dentro del espectro neoliberal, considerando el equilibrio macroeconómico y el bienestar empresarial como su principal objetivo, más cuando han cooperado para precarizar tanto a las clases trabajadoras, que es imposible que de ellas puedan obtener recursos para la acción política.

Esta decisión ha resultado en la salida de las clases trabajadoras -sobre todo las blancas- de los partidos que en otro tiempo las representaban, y caer rendidos a los brazos de los populistas de derecha, quienes fingen hablarles sin rodeos y al menos con sus estridencia les hacen creer más que en aquellos que tanto cuidan la corrección política.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.