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El pueblo y la historia los absolverá

Fuentes: Rebelión

Este lunes ha comenzado en la Audiencia Nacional el juicio contra 16 vascos y vascas por la organización de un recibimiento popular.

La larga sombra de la Audiencia Nacional en Euskal Herria hace temblar a cualquier vasco o vasca. Son muchos los capítulos represivos que protagoniza este tribunal de excepción; nosotros y nosotras también hemos tenido la oportunidad de conocer de primera mano la frase tan acogedora como cruda de “tranquilo, todo ha terminado, niégalo todo ante el juez” que se ha escrito o tallado en las paredes de sus calabozos; aztnugal; la bolsa; la bañera; los macrosumarios…

Serán bastantes quienes, nada más oír el nombre de la Audiencia Nacional, rememorarán el insomnio de las noches de los lunes o las noticias de las mañanas de los martes en la radio (para quien tuvo la suerte de no ser detenido), algo que hoy día sigue insertado en la cultura política de Euskal Herria.

Fragmentos de realidad incrustados en la memoria de un pueblo oprimido.

Si algo hemos aprendido durante todo ese tiempo es que no podemos esperar un juicio justo en la Audiencia Nacional. A pesar de las consideraciones que en general podamos tener sobre el sistema judicial, las características propias de la Audiencia Nacional son las que hacen que este juzgado una institución de excepcionalidad, el buque insignia de la represión contra Euskal Herria durante décadas.

Quienes ejercemos la abogacía conocemos bien lo que significa defender este tipo de asuntos en cualquier juzgado. La defensa de cuestiones relacionadas con la militancia política o las luchas populares lleva a prejuzgar a quienes defendemos, lo que supone emprender el juicio desde la posición del perdedor. Esta es la relación de poder que se establece en el sistema judicial.


Queda poco margen, en caso de haberlo, para los códigos de relación y la ética que se desarrolla en el seno de las luchas populares. El cuidado mutuo, la solidaridad colectiva, el trabajo militante, la legitimidad concedida a otra autoridad y la disciplina ante ella… no tienen cabida en los juzgados donde la ley es un dios.

Quienes aquí firmamos tenemos claro que la ley no es neutra; algo que, más allá del contexto sociopolítico, marca el límite inamovible entre lo bueno y lo malo. Por eso nos parece peligroso, tomar la ley como único argumento y solventar cualquier tipo de debate político o social sin conocer las complejas dimensiones del mismo.

Eso mismo se multiplica en la Audiencia Nacional. Además de ser el citado buque insignia de la represión, o precisamente por eso mismo, la actitud hacia la actividad de las personas que defendemos es de sospecha. Hemos asistido a la criminalización de dinámicas arraigadas en la cultura política vasca: txoznas, rifas, reivindicaciones en las camisetas, dinámicas solidarias con los oprimidos, conciertos, movilizaciones, expresiones de ternura con los presos, defensa de la lengua…

Todo ello han sido indicio suficiente para llevar a las entrañas de este tribunal de excepción a miles de personas de este pueblo, para juzgarlas y castigarlas. En definitiva, la Audiencia Nacional ha criminalizado y castigado las manifestaciones de la propia dinámica política de Euskal Herria.

Y así acudimos una vez más, desde la posición del perdedor en ese terreno, pero teniendo claro que los hechos juzgados no son delito y a proporcionar una defensa digna a quienes defendemos. Vamos a desenmascarar la contradicción intrínseca en este juicio, a reivindicar que Euskal Herria tiene su propia dinámica política y a defender que tiene la necesidad y el derecho de desarrollarla sin injerencias externas.

Por eso tenemos claro que este juicio no se va a resolver realmente en la Audiencia Nacional, sino en Euskal Herria.

Cualquiera que viva aquí tiene claro que recibir a amigos y compañeras que han salido de la cárcel es un acto político; es algo que ha ocurrido durante décadas. Una dinámica inserta en la tradición política y militante de un amplio sector de Euskal Herria. No vamos a negar que es doloroso, incómodo o políticamente inadecuado para muchos, lo tenemos claro. Pero no es un delito.

Fidel Castro, ante el tribunal que lo condenaría como criminal, proclamó que la historia lo absolvería y la historia y el pueblo cubano le dieron la razón.

Este juicio debe remover nuestras conciencias y por tanto debemos proclamar bien alto que las 16 personas que están sentadas estos días en la Audiencia Nacional como acusadas no son culpables de nada. No podemos quedarnos callados, que el pueblo hable.

Este escrito lo firman los y las siguientes abogadas:

– Aratz Estonba Iturriza (Abogado de la defensa)

– Garbiñe Gómez Pérez (Abogada de la defensa)

– Diego Catriel Herchhoren Alcolea (Abogado de la defensa)

– Santiago González Arias (Abogado de la defensa)

– Miguel Castells Artetxe

– Ainhoa Altzuguren Mitxelena

– Nora Morales Cardador

– Miguel Ángel Gatón Revilla

– Aretx García Gallastegui

– Tareq Khalaf Alonso

– Iker Etxeberria Amondarain

– Irati Agirre Egia

– Julio Sánchez González

– Saioa Vera Ranea

– Laura Díaz de Tejada Sasiain

– Iker Gómez Sáez

– Alvaro Reizabal Arruabarrena

– Zigor Reizabal Larrañaga

– Gorka Itxaso Arriola

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de las y los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.