Agradezco al profesor de Historia, José Luis Romero, la oportunidad de haber podido exponer esta mañana en la UNED mi visión de la UMD, previa a aquella Transición nada modélica, con sus luces y sus sombras.
Introducción
No soy historiador. Se trata, pues, del modesto testimonio de un militar demócrata, de una época decisiva de la reciente Historia de España.
Fui miembro de la Unión Militar Democrática (UMD). Éramos mayoritariamente jóvenes militares de izquierdas, y, por tanto, desde esa perspectiva orientaré mi charla.
En primer lugar, es necesario tener en mente una realidad fundamental, a saber: que la lucha de clases es el motor de la historia, es decir el motor de las transformaciones sociales.
El nacimiento de la Unión Militar Democrática se dio, precisamente, en un contexto de creciente agudización de la lucha de clases.
La situación en los cuarteles y en los buques durante la Transición
La situación en los cuarteles y en los buques de la Armada durante los últimos años del franquismo fue compleja y estuvo marcada por una contradicción fundamental: mientras la cúpula militar permanecía mayoritariamente fiel a los principios políticos de la dictadura, entre los oficiales jóvenes, suboficiales y, especialmente, entre los soldados de reemplazo comenzaban a penetrar las transformaciones sociales y políticas que estaban movilizando al conjunto de la sociedad española.
Desde una perspectiva sociológica, no puede hablarse de un ejército homogéneo. Existían diferencias importantes entre los altos mandos, las promociones más jóvenes y la tropa.
La Unión Militar Democrática en el contexto de la crisis del franquismo
Cuando se estudia la llamada Transición española, es frecuente encontrar textos que la presentan como un proceso modélico de reconciliación nacional, fruto del consenso entre las principales fuerzas políticas y sociales. Según esta visión, la democratización habría sido el resultado de la voluntad de diálogo de sectores reformistas del franquismo y de una oposición moderada capaz de renunciar a sus aspiraciones más radicales en beneficio de la estabilidad institucional.
A mi parecer, esa interpretación es profundamente errónea.
El análisis materialista de la historia obliga a situar los acontecimientos políticos dentro de las relaciones sociales y de clase que les dan origen. La Transición no puede entenderse únicamente como una negociación entre élites, sino como el desenlace de una profunda crisis del régimen franquista, producida por las transformaciones económicas y sociales experimentadas por España desde los años cincuenta y por la creciente movilización de la clase trabajadora, de los estudiantes, de amplios sectores intelectuales y de los movimientos independentistas en Cataluña, Euskadi y Galicia.
En este contexto fundamos la Unión Militar Democrática.
La UMD fue una organización clandestina formada por oficiales de las Fuerzas Armadas que cuestionábamos la continuidad de la dictadura y defendíamos una democratización del Estado. Aunque nuestro peso numérico fue muy reducido y nuestra capacidad operativa irrelevante, la UMD constituye un fenómeno de gran interés histórico porque refleja las contradicciones internas que atravesaban uno de los principales pilares del franquismo: las Fuerzas Armadas.
Desde mi punto de vista, la importancia de la UMD no reside tanto en su fuerza militar como en lo que revela acerca de la crisis de hegemonía de la clase dominante durante los últimos años de la dictadura. Su existencia prueba que, incluso dentro del aparato coercitivo del Estado, comenzaban a abrirse fisuras provocadas por la presión de las luchas sociales; también, por la incapacidad de la dictadura franquista para ofrecer una solución estable a los conflictos derivados del desarrollo capitalista español.
Para comprender adecuadamente el papel de la UMD en la Historia es necesario analizar primero la naturaleza del franquismo, la evolución de la economía española, la intensificación de la lucha de clases en los años sesenta y primeros setenta, así como la forma en que estas transformaciones afectaron a las instituciones militares.
Posteriormente aparecerían organizaciones como la Unión Democrática de Soldados (UDS), impulsada por el Partido del Trabajo, a la izquierda del PCE; aunque su desarrollo principal se produciría ya durante la Transición y duró hasta principios de los años 80. Estas experiencias fueron pequeñas, pero reflejaban una creciente politización de sectores de tropa y marinería.
La victoria franquista y la derrota histórica del movimiento obrero
La Guerra Civil española no fue simplemente un enfrentamiento entre dos concepciones políticas, constituyó de hecho en una lucha de clases de enorme intensidad.
El golpe militar de julio de 1936 fue la respuesta de las clases dominantes españolas -terratenientes, alta burguesía, jerarquía eclesiástica, así como sectores monárquicos y fascistas del ejército- frente al avance del movimiento obrero y campesino durante la Segunda República.
La respuesta de la clase trabajadora al fallido golpe militar, en numerosas regiones del Estado español, fue la revolución. Se desarrollaron experiencias que cuestionaban directamente la propiedad privada de los medios de producción: colectivizaciones industriales, ocupaciones de tierras y formas de poder popular emergieron en numerosas zonas en las que fracasó el golpe militar.
La victoria franquista tres años después del fallido golpe militar significó la derrota de estas experiencias y la destrucción física y política de las organizaciones obreras.
Miles de militantes fueron ejecutados, encarcelados o enviados al exilio. Los sindicatos de clase fueron ilegalizados. Los partidos obreros fueron perseguidos sistemáticamente.
El régimen franquista fue una dictadura genocida, impuesta militarmente, para garantizar la restauración y defensa del poder de las clases dominantes, tras el fracaso de las vías parlamentarias para contener la movilización de la clase trabajadora.
El ejército como columna vertebral del régimen
El ejército ocupó una posición central en esta estructura política.
No era simplemente una institución estatal más. Había sido el instrumento fundamental de la contrarrevolución.
Los altos mandos militares adquirieron un enorme poder político, económico y simbólico. El propio dictador genocida Franco era un militar monárquico y gran parte de la legitimidad del régimen se fundamentaba en la victoria militar de1939.
Ese es también el origen y la pretendida legitimidad de la actual monarquía parlamentaria: las leyes de sucesión decretadas por Franco.
Durante décadas, las Fuerzas Armadas se presentaron como guardianas de la unidad nacional, del orden social y de los principios ideológicos del franquismo.
La educación militar inculcaba una visión profundamente anticomunista y autoritaria. La Guerra Civil era interpretada como una cruzada salvadora frente al marxismo y la anarquía.
Por ello, cualquier cuestionamiento interno dentro del ejército poseía una importancia política considerable.
Del aislamiento autárquico al desarrollo capitalista
La dictadura atravesó distintas etapas. Durante los años cuarenta predominó una política autárquica caracterizada por la intervención estatal, la escasez económica y el aislamiento internacional tras la derrota del nazismo en 1945.
Sin embargo, a finales en los años 50 se produjo un giro significativo.
El acuerdo de Franco con los EEUU, permitiendo la instalación de bases militares extranjeras en España, transformó al país en un “protectorado” de los USA. El Plan de Estabilización de 1959, abrió la economía española al capital extranjero y favoreció una rápida industrialización.
Este proceso transformó profundamente la estructura social del país.
Millones de personas emigraron desde el campo hacia las ciudades industriales. Se expandieron sectores como la metalurgia, la construcción, la automoción y la industria química. Aparecieron nuevas concentraciones obreras en Madrid, Barcelona, Bilbao, Vigo, Sevilla y otras ciudades.
La nueva clase obrera industrial
Desde el punto de vista democrático, este fenómeno tuvo consecuencias decisivas.
El crecimiento económico fortaleció precisamente a la clase social potencialmente más peligrosa para la estabilidad de la dictadura: el proletariado industrial. Las grandes fábricas reunían a miles de trabajadores en espacios comunes donde podían desarrollar formas de organización colectiva.
Las condiciones laborales, los bajos salarios y la ausencia de libertades sindicales generaban conflictos permanentes.
Aunque el régimen mantuvo estructuras represivas criminales, cada vez resultaba más difícil controlar a una clase obrera creciente, concentrada y relativamente joven.
El propio desarrollo capitalista impulsado por el franquismo estaba creando las condiciones sociales que terminarían erosionando la estabilidad política de la dictadura.
La agudización de la lucha de clases en los años sesenta y setenta
Durante los años sesenta y primeros de los setenta se produjo un crecimiento sostenido de la conflictividad laboral, produciéndose un ascenso significativo de las huelgas obreras.
Las reivindicaciones inicialmente económicas comenzaron a adquirir progresivamente un contenido político. Los trabajadores exigían no sólo mejoras salariales, sino también libertades sindicales, derecho de reunión y democratización del sistema político.
La aparición de las Comisiones Obreras constituyó uno de los fenómenos más relevantes de este periodo.
Aunque surgieron inicialmente como organismos de representación en conflictos concretos, terminaron convirtiéndose en una amplia red de organización obrera clandestina. La influencia del Partido Comunista de España fue particularmente importante en su desarrollo.
Movimiento estudiantil y oposición intelectual
Paralelamente, las universidades se transformaron en focos de oposición.
Miles de estudiantes cuestionaban la legitimidad del régimen. Las movilizaciones universitarias adquirieron una dimensión masiva en numerosas ciudades. Sectores significativos de profesores, intelectuales y profesionales comenzaron también a contestar el franquismo.
La hegemonía ideológica de la dictadura se resquebrajaba.
Los movimientos nacionales periféricos
En Cataluña y Euskadi reaparecieron con fuerza movimientos que reclamaban derechos nacionales y autonomía política.
La represión franquista había intentado eliminar las identidades nacionales no castellanas. Sin embargo, estas reivindicaciones resurgieron vinculadas frecuentemente a demandas democráticas y sociales más amplias.
En Euskadi, además, la actividad armada de ETA introdujo nuevos elementos de inestabilidad política.
Crisis internacional y radicalización
La década de los setenta estuvo marcada por un contexto internacional de creciente conflictividad.
El Mayo francés de 1968, la oposición a la guerra de Vietnam, las luchas anticoloniales y las movilizaciones obreras europeas influían en amplios sectores de la juventud española. La crisis económica internacional de 1973 agravó las tensiones existentes. El crecimiento económico comenzó a ralentizarse. La inflación aumentó. El desempleo empezó a convertirse en un problema significativo. La lucha de clases se intensificó.
La crisis del franquismo fue una crisis de hegemonía
Antonio Gramsci (1891-1937) utilizó el concepto de crisis de hegemonía para describir situaciones en las cuales las clases dominantes tienen dificultades crecientes para mantener el consenso social necesario para su dominación.
Los últimos años del franquismo prueban dicha tesis. La dictadura conservaba importantes recursos represivos. Sin embargo, cada vez encontraba más dificultades para obtener legitimidad social. Las movilizaciones obreras crecían. La oposición política se fortalecía. Las divisiones internas entre sectores inmovilistas y reformistas se hacían más visibles.
El problema sucesorio
La avanzada edad de Franco planteaba además el problema de la sucesión. ¿Cómo garantizar la continuidad del sistema tras la desaparición del dictador?
No existía una respuesta clara.
Algunos sectores defendían la perpetuación del franquismo sin Franco. Otros consideraban necesaria una reforma controlada para evitar una ruptura revolucionaria.
Estas tensiones afectaban también a las Fuerzas Armadas.
Origen de la Unión Militar Democrática
La Unión Militar Democrática la creó en septiembre de 1974 un grupo de oficiales del Ejército, tras la Revolución de los Claveles en Portugal, que derribó mediante un golpe militar la dictadura portuguesa, aliada de Franco.
Entre sus principales impulsores destacaron los entonces comandantes Juli Busquets en Cataluña y Luis Otero en Madrid, y el capitán Xosé Fortes en Galicia, preocupados por la amenaza que representaba el ejército de Franco para el futuro del país.
Inspirados parcialmente por la experiencia portuguesa del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), que había protagonizado la Revolución de los Claveles en abril de 1974, defendíamos una democratización política de España.
No se trataba de una organización revolucionaria. Nuestros planteamientos eran esencialmente democráticos y reformistas. Sin embargo, cuestionábamos elementos fundamentales del régimen franquista.
Proponíamos:
- Democratización del Estado.
- Profesionalización del ejército.
- Neutralidad política del ejército.
- Respeto a las libertades públicas.
- Integración de España en los sistemas democráticos europeos.
Composición social
La composición de la UMD resulta particularmente interesante. Muchos de sus miembros pertenecíamos a generaciones que no habíamos participado en la Guerra Civil. Nuestra experiencia histórica difería de la de los altos mandos franquistas. Habíamos crecido en una España más urbanizada, más industrial y conectada con Europa.
En muchos casos manteníamos contactos con sectores profesionales, universitarios e intelectuales que cuestionaban la dictadura. Desde una perspectiva sociológica, esto refleja cómo los cambios en la estructura social del capitalismo español comenzaban a producir efectos incluso dentro del aparato militar.
La UMD como síntoma de las contradicciones del Estado franquista
Una de las enseñanzas fundamentales del marxismo es que el Estado, aunque actúa en defensa de los intereses generales de la clase dominante, no constituye un bloque completamente homogéneo.
Las distintas fracciones de la burguesía pueden entrar en conflicto. Los aparatos estatales pueden experimentar tensiones internas. La aparición de la UMD confirma esta tesis.
El ejército seguía siendo mayoritariamente franquista. Sin embargo, una pequeña minoría comenzábamos a percibir que la continuidad de la dictadura era inaceptable para amplias masas de la población, e incluso para sectores reformistas del régimen, que temían el efecto de su continuidad sobre la estabilidad institucional del sistema de producción capitalista.
El impacto de la Revolución portuguesa
La Revolución de los Claveles tuvo un efecto psicológico importante. Portugal había vivido una larga dictadura similar a la española. La caída rápida de la dictadura portuguesa mostró que estas podían derrumbarse incluso cuando parecían sólidas.
Para muchos militares españoles, aquello constituía una advertencia. Si no se impulsaban reformas controladas, la acumulación de conflictos sociales podía desembocar en una situación imprevisible.
Descubrimiento y desarticulación de la UMD
La organización fundada en septiembre de 1974 fue descubierta en 1975. Las autoridades franquistas reaccionaron con dureza y planearon atentar contra sus dirigentes, asesinándolos. Finalmente desistieron y varios de nuestros compañeros fueron detenidos a finales del mes de julio de 1975, procesados en consejos de guerra sin ningunas garantías jurídicas y expulsados del ejército.
Al capitán de reactores José Ignacio Dominguez no pudieron detenerlo porque se encontraba en el extranjero y paso a ser el portavoz de la UMD en el exilio. A su regreso a España, tras la muerte de Franco, fue procesado en consejo de guerra, condenado y expulsado del ejército a finales de diciembre de 1977. Se daba la circunstancia de que ya hacía seis meses que los Señores Diputados ocupaban sus escaños en el parlamento de la monarquía.
Ninguno de los miembros de la UMD condenados y expulsados del ejercito fue entonces amnistiado, aunque sí lo fueron los crímenes del franquismo. Mientras tanto, las víctimas de la dictadura, y nuestros queridos compañeros, eran cobardemente olvidados por esta democracia.
La represión prueba hasta qué punto el régimen seguía considerando intolerable cualquier disidencia dentro de las Fuerzas Armadas. Incluso en los últimos meses de vida de Franco, la prioridad seguía siendo preservar la disciplina militar y evitar cualquier fisura interna.
Significado político
Desde un punto de vista estrictamente militar, la UMD era débil. Nunca estuvimos en condiciones de organizar un golpe contra la dictadura similar al portugués del 25 de abril de 1974, ni de alterar significativamente la correlación de fuerzas.
Sin embargo, su importancia simbólica era considerable. Era la prueba de que el consenso franquista se estaba erosionando, incluso dentro de una institución identificada con la dictadura.
La muerte de Franco y la Transición
Franco murió de muerte natural el 20 de noviembre de 1975. Pocos meses antes había firmado las últimas penas de muerte de la dictadura contra cinco jóvenes antifranquistas, que fueron fusilados el 27 de septiembre de 1975. La cuestión central pasó entonces a ser cómo gestionar la crisis política abierta por su desaparición.
La Transición representó una operación de reforma destinada a garantizar la continuidad fundamental el modo de producción capitalista y sus relaciones de explotación. Cambió la forma política del Estado, pero no la estructura económica básica. La propiedad de los grandes medios de producción permaneció intacta. Las élites económicas franquistas conservaron posiciones decisivas. El aparato estatal fue reformado, no destruido.
El papel de la movilización popular
No obstante, reducir la Transición a un simple pacto entre élites sería erróneo. La presión popular desempeñó un papel esencial. Las huelgas, manifestaciones y movilizaciones democráticas obligaron a las clases dominantes a aceptar reformas que inicialmente no deseaban. La apertura política fue una respuesta a una correlación de fuerzas determinada por años de lucha social.
La UMD y la Transición
La influencia directa de la UMD sobre el proceso político fue reducida. La organización había sido prácticamente desarticulada con la detención de parte de nuestros dirigentes, antes de la muerte de Franco. Las afiliaciones se frenaron en seco. Carecíamos de capacidad institucional significativa. Por ello, no puede afirmarse que condicionásemos decisivamente la Transición.
Influencia indirecta
Sin embargo, nuestra existencia tuvo efectos indirectos importantes. Contribuyó a mostrar que el ejército no era completamente monolítico. Ayudó a debilitar la imagen de unanimidad franquista dentro de las Fuerzas Armadas. Representó una referencia para sectores democráticos preocupados por la posibilidad de una intervención militar contra el proceso reformista.
Además, anticipó debates que posteriormente adquirirían gran relevancia: profesionalización militar, subordinación al poder civil y neutralidad política de las Fuerzas Armadas.
La UMD no era una organización revolucionaria
Desde una perspectiva revolucionaria, la UMD presentaba límites evidentes. No aspirábamos a transformar las relaciones de producción. No cuestionábamos el capitalismo español. No defendíamos un proyecto de cambio en la propiedad de los medios de producción. Nuestro horizonte era la instauración de una democracia parlamentaria semejante a las existentes en Europa occidental. Por tanto, no representábamos una alternativa revolucionaria.
Importancia histórica
A pesar de ello, su importancia histórica no debe subestimarse. La UMD constituye un indicador de la profundidad de la crisis del franquismo. La aparición de una oposición organizada dentro de las Fuerzas Armadas revela hasta qué punto las contradicciones sociales habían alcanzado al propio aparato estatal.
Desde un análisis sociológico, las instituciones no existen al margen de la sociedad. Cuando las tensiones de clase se intensifican, estas tensiones terminan reflejándose también dentro de los organismos encargados de mantener el orden establecido.
La UMD fue precisamente una expresión de este fenómeno.
Conclusión
La Unión Militar Democrática fue una organización minoritaria y políticamente moderada, pero surgió en un momento de extraordinaria importancia histórica. Su aparición sólo puede comprenderse en el contexto de la crisis estructural del franquismo, del desarrollo capitalista español y de la intensa lucha de clases que caracterizó los años sesenta y primeros setenta.
La Transición no fue simplemente el resultado de acuerdos entre dirigentes políticos, sino la respuesta de las clases dominantes a una situación en la que la continuidad de la dictadura se volvía cada vez más difícil. La movilización obrera, estudiantil y democrática había alterado profundamente la correlación de fuerzas.
La UMD reflejó esas transformaciones dentro de una de las instituciones fundamentales del régimen. Aunque no desempeñó un papel decisivo en la dirección de los acontecimientos, su existencia evidenció que incluso el ejército comenzaba a verse afectado por las contradicciones sociales generadas por el propio desarrollo histórico del capitalismo español.
En última instancia, la relevancia de la UMD reside en que permite observar cómo la crisis del franquismo no afectó únicamente a la sociedad civil, sino también a los aparatos del Estado. Su historia constituye una ventana privilegiada para comprender las complejas relaciones entre lucha de clases, poder estatal y cambio político en la España contemporánea.
Manuel Ruiz Robles. Capitán de Navío de la Armada (retirado), exmiembro de la UMD.
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