Guadi Calvo es un destacado autor, periodista y analista internacional argentino, reconocido por su profundo trabajo en el estudio de conflictos y dinámicas sociopolíticas en regiones frecuentemente marginadas por los grandes medios. Su labor se centra en África, Oriente Medio y Asia Central, áreas en las que aporta una mirada crítica y documentada, combinando el […]
Guadi Calvo es un destacado autor, periodista y analista internacional argentino, reconocido por su profundo trabajo en el estudio de conflictos y dinámicas sociopolíticas en regiones frecuentemente marginadas por los grandes medios. Su labor se centra en África, Oriente Medio y Asia Central, áreas en las que aporta una mirada crítica y documentada, combinando el rigor periodístico con un compromiso por visibilizar realidades complejas y a menudo silenciadas.
Con una amplia trayectoria en el análisis geopolítico, Calvo ha colaborado de manera destacada con la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI), plataforma que promueve el acceso a la información desde una perspectiva crítica y al servicio de los derechos humanos. Además, su trabajo ha sido difundido en numerosos medios alternativos y comunitarios, tanto de América Latina como a nivel global, consolidándose como una voz de referencia para entender las tensiones globales desde el Sur.
El enfoque de Guadi trasciende la mera descripción de eventos: aborda las raíces históricas, económicas y culturales de los conflictos, con especial atención a los efectos del colonialismo, la injerencia externa y las luchas por la autodeterminación de los pueblos. Esta perspectiva lo ha llevado a cubrir temas como las guerras en el Sahel, las resistencias en Oriente Medio, las dinámicas de poder en Asia Central tras la retirada de Estados Unidos de Afganistán, y el papel de potencias emergentes como China y Rusia en estos escenarios.
Calvo también se ha destacado por su compromiso con el periodismo independiente, defendiendo el acceso a la información como herramienta de transformación social. Su obra, difundida en artículos, ensayos y análisis multimedia, contribuye a desmontar narrativas hegemónicas y a amplificar las voces de comunidades afectadas por conflictos y desigualdades estructurales.
Más allá de su labor informativa, Calvo participa activamente en debates, promoviendo una mirada decolonial en el análisis internacional. Su trabajo refleja una convicción: entender el mundo requiere escuchar a quienes habitan sus fronteras más olvidadas. Por eso, sigue siendo hoy un referente indispensable para quienes buscamos comprender las complejidades globales desde una óptica crítica, ética y profundamente humana. Guadi ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.
– WRS – Guadi, tras la intervención internacional en Mali en 2013, el país ha experimentado una serie de golpes de Estado y una creciente inestabilidad, a pesar de los esfuerzos por restaurar la democracia. ¿Podría explicarnos cómo la intervención inicial y la posterior inestabilidad sentaron las bases para la compleja situación actual?
– GC – Las turbulencias que vivió el país tras el golpe militar contra el presidente Amadou Toumani Touré, en el contexto de la guerra civil que se desarrollaba en Libia, tras el martirio del coronel Gadafi, a donde se habían infiltrado miles de terroristas financiados por las monarquías del Golfo, posibilitaron a los grupos tuaregs, que desde siempre habían reclamado por la creación de un Estado propio conocido como Azawad, un vasto territorio que, a semejanza del Kurdistán, se ha parcelado bajo el control de varios países: Mauritania, Argelia, Níger. Y particularmente las áreas del norte y el centro de Mali.
Rápidamente aquel movimiento fue copado por el ala religiosa más radicalizada de aquella comunidad, que albergaba muchos elementos de al-Qaeda, veteranos de lo que se conoce como la “Década Negra”, refiriéndose a la Guerra Civil argelina (1992-2002), e incluso algunos de ellos ya habían participado en la guerra antisoviética de Afganistán (1979-1989). Esa turbulencia que se afincó esencialmente en el norte de Mali fue incontrolable no solo para las Fuerzas Armadas de Mali (FAMa), sino también para el “Grupo Sahel 5”, fundado en 2014, compuesto por efectivos de los ejércitos de Mauritania, Mali, Níger, Chad y Burkina Faso, que tampoco pudieron hacer gran cosa, por lo que Francia, por entonces potencia regente, dispuso la intervención armada con dos operaciones: la primera, la Serval en 2013, que se limitaba al norte de Mali, y al año siguiente se extendió en alcance y tiempo bajo el nombre de Barkhane, en la que llegaron a participar unos cinco mil efectivos franceses que operaban, como siempre en estos casos, más como una fuerza de ocupación y presión a los gobiernos a los que iban a asistir, que como una verdadera fuerza de contención. Los desaciertos franceses y la pasividad del Gobierno de Ibrahim Boubacar Keïta en la guerra contra el terrorismo fueron los principales alicientes para los golpes militares del 2020 y 2021, encabezados por la oficialidad joven, quienes llevaban el verdadero peso de esa guerra.
– WRS – La salida de las fuerzas francesas y la retirada de la misión de la ONU (MINUSMA) han reconfigurado el panorama de seguridad. ¿Qué significó esta disminución de la presencia internacional para la transición y el control territorial en Mali?
– GC – Es claro que el gran “negocio” de Francia era continuar no solo en Mali, sino en todo lo que se conoció con el término “Françafrique”, un sistema poscolonial con que la vieja metrópoli mantuvo el control de sus antiguas colonias más allá de los procesos independentistas de los años sesenta, preservando su injerencia política, militar y fundamentalmente económica. Lo que le permitió a lo largo de prácticamente sesenta años controlar los resortes de la producción, particularmente en materia de hidrocarburos y minería.
Este fenómeno es lo que ha hecho eclosión, iniciando una oleada anticolonial que comenzó en Mali a comienzos de esta década, y que enseguida desbordó a Burkina Faso (2022) y Níger (2023). Y alcanzó a contenerse en Chad antes de que fuera finalmente detenida. La expulsión no solo de Francia, sino también de los Estados Unidos, junto a algunas otras operaciones financiadas por las Naciones Unidas, dejó frentes abiertos que los terroristas de al-Qaeda y el Daesh han sabido penetrar y que la presencia de empresas de seguridad rusas como el Grupo Wagner, más tarde conocido como el Africa Corps, no ha podido cerrar. Si bien es imposible acceder a pruebas al respecto, no es necesario ser un experto para “sospechar” que organizaciones como el Grupo de Apoyo al Islām y a los musulmanes, la franquicia de al-Qaeda y el Estado Islámico en el Gran Sahara, tributarios del Daesh. No solo reciben financiación desde las monarquías del Golfo, sino también inteligencia y asistencia técnica de potencias occidentales. Y en el caso de la actual crisis de Mali, desde Ucrania.
– WRS – Los golpes militares de 2020 y 2021, liderados por el coronel Assimi Goïta, disolvieron los gobiernos de transición. ¿Cómo afectaron estas intervenciones militares a las aspiraciones democráticas y a la situación humanitaria del país?
– GC – Nunca, a excepción de Sudáfrica, y no tanto, ha funcionado el sistema democrático en ningún país del continente africano. Y solo ha quedado en aspiraciones; las razones de este fenómeno se apoyan en la creación colonial de estos países. Su construcción se ha levantado en los pantanosos terrenos de las profundas diferencias tribales y étnicas que tenían las más de diez mil naciones que existían en el continente hasta la llegada de los europeos, a consecuencia de los acuerdos de la Conferencia de Berlín de 1884-1885, cuando un puñado de países europeos se repartieron el continente. Al irse a comienzos de los sesenta, dejaron menos de treinta países donde se reunían grupos tribales, clanes y etnias que habían estado enfrentados entre sí por milenios, con la misión de crear Estados y aplicar un sistema de representación a imagen y semejanza de los occidentales.
No solo todo eso fue imposible, sino que incluso no se han podido mantener unidos, por lo que hoy existen 54 y nadie podría aseverar con seriedad que ese número no se continúe incrementando, casi de inmediato, ya que la actual guerra civil de Sudán solo se podrá resolver con la partición de al menos dos nuevos estados. Hacia ese mismo destino marcha Sudán del Sur, que solo lleva quince años como nación independiente de Sudán, y no sería extraño no poder contener la actual ola terrorista en Mali, que esta nación también se balcanice. Esto solo geográficamente, ya que observando los procesos en que se han embarcado muchas democracias asentadas y en perfecto funcionamiento de Occidente, que están haciendo preguntar a muchos si este sistema no se ha agotado, ¿estamos en condiciones de exigir a África que aplique la receta que ha comenzado a fracasar en Occidente?
– WRS – Tras los golpes, Mali ha entrado en un Gobierno militar de facto, con una creciente cooperación con Rusia, incluyendo la presencia del Grupo Wagner. ¿Podría detallarnos la historia y las diferencias fundamentales entre las fuerzas armadas malienses y los grupos mercenarios que operan en el país, y cómo su colaboración ha impactado la seguridad?
– GC – Muchos de los líderes militares que hoy gobiernan Mali han pasado en su tiempo de formación militar por diferentes institutos y escuelas militares rusas, desde donde se trajeron no solo una formación diferente de las escuelas europeas y estadounidenses, y allí radica la razón de que, al hacerse con el poder, con el que intentarían cambiar el presente colonial de sus países y al tiempo que debían enfrentar estos grupos insurgentes que llevaban casi una década afincados en su territorio, gracias al fracaso, pongámosle si ese fracaso no fue en sí mismo premeditado, las operaciones militares de París y Washington no dieron resultados concretos, por lo que los jóvenes oficiales malíes comprendieron que no podrían aplicar las mismas fórmulas de siempre para tener resultados diferentes y de ahí es que buscaron el respaldo en Rusia y el famoso Grupo Wagner, que tras el extraño “minué” que terminó con la vida de su líder, Yevgeny Prigozhin, en 2023, obligó a Rusia a una profunda restructuración de la empresa de mercenarios que ahora sí opera bajo el mando directo del Ministerio de Defensa ruso, manteniendo una presencia discreta en Mali.
– WRS – El conflicto en Mali, particularmente en las regiones del norte y centro, ha generado una crisis humanitaria masiva. ¿Cuáles son las consecuencias más apremiantes para la población civil en términos de desplazamientos, acceso a recursos básicos y seguridad?
– GC – La población civil de Mali vive la misma realidad que otras naciones del continente y no son pocas, empezando por Sudán, Sudán del Sur, sectores de Etiopía, Burkina Faso, Níger, amplias regiones de Nigeria, al igual que el Chad, norte de Mozambique, el este de la República Democrática del Congo, Libia, el Sinaí egipcio, norte de Togo y Benín, y me detengo en esta enumeración no por regodeo, sino para dar contexto a la brutal realidad que vive el continente, que apenas es soslayada por la prensa de Occidente Y aquí, como un perverso déjà vu que se repite igual en los diferentes escenarios: desplazamientos masivos que solo en Sudán llegan a los 14 millones, además de hambrunas, ejecuciones masivas, etnocidios, saqueos, la destrucción de miles de aldeas y millones de hectáreas cultivables, violaciones masivas instrumentadas como un arma más de guerra y la aparición constante de fosas comunes, lo que hace imposible tener la verdadera magnitud de la ACTUAL tragedia de África, de que Mali, al igual que cualquier otro país del continente, no está exento. Sin ningún tipo de posibilidad para acceder a agua potable, alimentos y atención médica, por lo que la educación y la prevención de enfermedades son más utópicas que la paz.
– WRS – Se han documentado numerosos abusos y violaciones de derechos humanos por parte de diversos actores en el conflicto. ¿Qué mecanismos existen o deberían existir para abordar estas violaciones y buscar justicia en Mali?
– GC – Aquello de que en la guerra la primera baja es la verdad, en conflictos tan remotos y tan poco cubiertos como este se hace ferozmente cierto. Por lo que a cualquier información y más en este tipo de afirmaciones, chequear la autenticidad de crímenes tan aberrantes como asesinatos masivos de población civil y la violación de todo tipo de derechos humanos, son particularmente ocultados. Por lo que es prácticamente confirmarlos. Pero sí podemos recurrir a la memoria y analizar cómo han accionado los fundamentalistas en otros teatros de operaciones. Recordar las aberraciones que ejecutaron en Siria, en las que participaba fervorosamente el actual presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, hoy aplaudido por Occidente como un verdadero héroe, a pesar de que su gente arrancaba y masticaba, frente a las cámaras de videos, corazones de enemigos. Entre otras maneras de exterminar prisioneros que van desde electrocuciones, ahogamientos, quemar a gente viva dentro de una jaula, detonar vehículos cargados de personas y ni hablar de decapitaciones rituales. De este tipo de acciones hemos sabido en todos y cada uno de los lugares donde milicianos wahabitas han operado. Por lo que solo queda preguntarse por qué estos crímenes no los iban a realizar milicianos salafistas en el corazón remoto de Mali.
Respecto a los mecanismos que pudieran o deberían existir para evitar y condenar este tipo de violaciones, formalmente funcionan tribunales como la Corte Penal Internacional, que no operan más allá del discurso contra genocidas como Netanyahu, por lo que qué sentido tendría hacerlo contra un pobre muchacho que pasa hambre y privaciones de todo tipo desde hace generaciones, al que en mezquitas y madrazas financiadas por Arabia Saudita se lo ha sometido a verdaderos lavados de cerebro, con interpretaciones infundadas del Corán.
– WRS – El conflicto en Mali tiene repercusiones significativas para la estabilidad regional, especialmente en el Sahel. ¿Cómo afecta esta situación a los países vecinos y a la geopolítica de la región?
– GC – Ya estamos viendo cómo han comenzado a intervenir los Estados Unidos junto a Nigeria, que acaba de eliminar a uno de los principales líderes del Daesh a nivel global, Abu Bilal al-Minuki, quien según Trump es “el terrorista más activo del mundo” En una operación a orillas del lago de Chad, que se va a continuar con una posible invasión terrestre a Mali para combatir al terrorismo.
Que no es otra cosa que un intento de desarticular a la Alianza de Estados de Sahel que conforman Mali, Burkina Faso y Níger, con posturas profundamente anticolonialistas y políticas muy cercanas a Moscú. Reactivando un proyecto del presidente de Nigeria, Bola Timbu, quien, apenas desplazado el presidente de Níger Mohamed Bazoum por la junta militar que de inmediato anunció su voluntad de unirse a los militares de Bamako, pretendió que la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) invadiera Níger para reponer a Bazoum en el cargo. Mali hoy está en el ojo de la tormenta, una tormenta que sin duda se continuará extendiendo.
– WRS – Ante el fracaso de múltiples mediaciones y la compleja dinámica geopolítica, ¿cuál es su perspectiva sobre las posibilidades de alcanzar una solución política sostenible para Mali, o cree que el país está condenado a un ciclo de violencia prolongada?
– GC – El fenómeno del terrorismo integrista, cuando llega a un país es muy difícil extirparlo. Pensemos los 20 años de ocupación norteamericana en Afganistán, donde hoy son poder, igual que en Siria. Mientras en otros países como Irak, Pakistán, Libia, en la Cachemira india o Egipto, todavía perduran con un importante poder de fuego. Ya ni hablar de Boko Haram y sus variantes en Nigeria y en otras tantas naciones. Por lo que considero que Mali no va a ser la excepción a esa regla de hierro, a lo que hay que agregar Burkina Faso y Níger, a lo que habría que considerar como una “única” crisis. Por lo que seguramente Mali está condenada a que el terrorismo perdure por lo menos mientras sus financiadores de Medio Oriente y sus intereses occidentales que los instrumentan según sus necesidades estratégicas en la región, preparémonos para un ciclo constante de insurgencia fundamentalista.
– WRS – Algunos analistas sugieren que la participación de actores externos, como Rusia y otros grupos mercenarios, puede complicar aún más la situación en Mali. ¿Cuál es su opinión sobre la influencia de estos actores en el futuro del país?
– GC No es justamente la presencia militar de Rusia y comercial de China lo que profundiza la tragedia de Mali y otros países de la región, sino las operaciones de sus enemigos globales, empezando por los Estados Unidos, Francia, Reino Unido y ahora también Ucrania, que se está convirtiendo en un jugador importante ya no solo en Mali, sino también en Libia y en el conflicto de Sudán.
– WRS – En el contexto de las relaciones internacionales, ¿qué papel debería jugar la comunidad internacional para fomentar la estabilidad y el desarrollo en Mali, y cuáles serían las acciones más efectivas a corto y largo plazo?
– GC – Desde hace mucho tiempo, sostengo que esa entelequia a la que llamamos “comunidad internacional”, como factor de presión, ha desaparecido, al tiempo que entidades como Naciones Unidas se han degradado al nivel de oficina de operaciones del Departamento de Estado norteamericano.
Y la comprobación “científica” de esto se constata con la tragedia de Gaza, donde desde hace casi tres años se realiza un genocidio a cielo abierto frente a todas las cámaras del mundo y nada, absolutamente nada, ha hecho la llamada “comunidad internacional” por detener esa locura, que ahora se replica también en el Líbano. Por lo que, si nadie ha conseguido evitar la locura de Trump-Netanyahu, que dio como consecuencia inmediata la clausura del estrecho de Ormuz, con la importancia para la economía global que eso conlleva, nadie de esa llamada “comunidad internacional” estará dispuesto a arriesgar nada para revertir la tragedia que se abisma sobre el Sahel.
Wilkins Román Samot, Doctor de la Universidad de Salamanca, donde realizó estudios avanzados en Antropología Social y Derecho Constitucional.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


