Si de una cosa se habla mucho en este país, es de soluciones para la crisis habitacional actual, cosa evidente para la ciudadanía y sobre todo para quien sufre esa violencia inmobiliaria: las clases populares más pobres.
Esta crisis ha roto el paradigma de «la sociedad de los propietarios» construido por el franquismo desde 1959: «no queremos una España de proletarios, sino de propietarios» en el primer Congreso de los Agentes de la Propiedad Inmobiliaria -API- que babeaban ante el negocio que les iban a regalar con el esfuerzo presupuestario estatal.


