El arquitecto israelí, fundador y director de Forensic Architecture, reconstruye el proceso del genocidio de Gaza en el último siglo, desde los inicios del colonialismo por asentamiento sionista. Lo hace en el libro ‘Ungrounding. The Architecture of Genocide’.
El arquitecto israelí Eyal Weizman (Haifa, 1970) se ha convertido en uno de los grandes investigadores de crímenes de guerra gracias a la metodología que ha desarrollado junto a su equipo en Forensic Architecture. Este grupo interdisciplinar radicado en Goldsmiths, Universidad de Londres, reúne a arquitectos, programadores, juristas y periodistas, entre otras disciplinas, para construir representaciones en 3D con imágenes satelitales, vídeos y fotografías, así como testimonios de testigos de graves vulneraciones de derechos humanos. Entre sus decenas de investigaciones destacan las que realizaron sobre los bombardeos sistemáticos en Siria contra hospitales por parte de las aviaciones rusa y siria, así como los ataques con armas químicas del régimen de Al Asad; la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, en México; el genocidio alemán en Namibia; así como numerosos trabajos sobre la ocupación israelí y el genocidio en curso en la Franja de Gaza, por el que forman parte de la causa presentada por Sudáfrica contra Israel en el Tribunal Internacional de Justicia.
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En 2023 Weizman publicó A través de los muros (Errata Naturae), en el que abordaba cómo el Ejército israelí aplicó las teorías posmodernistas del urbanismo en su forma de hacer la guerra durante la Segunda Intifada, agujereando y atravesando los hogares de los civiles palestinos para evitar las zonas abiertas y convirtiéndolas en una red de pasadizos destinada a ahondar en el control y la ocupación. Tres años después publica Ungrounding, The Architecture of Genocide (Fern Press), un libro excepcional por su capacidad para revelar, de manera científica, humanista e histórica, cómo el genocidio de Gaza es un proceso que el sionismo ha ejecutado durante el último siglo a través del colonialismo por asentamiento y cómo Israel ha transformado el suelo, el subsuelo y el espacio aéreo para cumplir su objetivo final: expulsar al pueblo palestino de su tierra.

Penguin publicará este volumen en España en 2027. El libro, en palabras del escritor y profesor Tareq Baconi, “sienta los fundamentos de la arquitectura de la liberación”. Francesca Albanese ha dicho que “prueba que la descolonización no es revancha, sino una condición de justicia para la liberación de los palestinos e israelíes”. Ilan Pappé, por su parte, lo ha definido como “extraordinario”.
Weizman acaba de presentarlo en Barcelona, aprovechando su participación en el Congreso Internacional de Arquitectura, al que Forensic Architecture aporta, además, una instalación sobre el genocidio de Gaza. Buscando un poco de sosiego, la conversación con él transcurre en una de las escaleras de emergencia del ajetreado Centro de Convenciones Internacionales. Weizman tiene poco en común con la labor de la mayoría de los asistentes. Él se define como defensor de los derechos humanos. La arquitectura es su forma de hacerlo.
En Ungrounding explica y muestra –a través de las reconstrucciones en 3D que hacen en Forensic Architecture– cómo Israel está borrando de distintas formas las pruebas del genocidio y de la existencia misma de la vida en Gaza. Una de ellas resulta especialmente infame, incluso en el marco del peor de los crímenes, un genocidio: explica cómo el Ejército israelí está aplastando con buldóceres los escombros de los edificios destruidos, la vegetación, los cristales, los plásticos, todo, incluidos los restos de las más de 10.000 personas desaparecidas, hasta convertirlos en dunas de arena. Allí se suben los francotiradores y los tanques para atacar. También conforman campos cerrados de interrogatorios y detención, delimitan nuevas rutas y fronteras y, sobre todo, encierran a los 2 millones de palestinos que ya viven hacinados en un 30% de la Franja de Gaza. ¿Cuál es el objetivo de eliminar todo lo que había en Gaza cuando estamos viendo el genocidio en directo?
El genocidio siempre implica varias cosas: un crimen contra las personas, contra el territorio y contra las condiciones que permiten la vida, e implica también una violencia contra las pruebas que demuestran que han ejecutado ese genocidio.
El genocidio israelí en Gaza es parte de una estructura histórica más amplia: el colonialismo por asentamiento. El colonialismo por asentamiento, ya sea el español en América Latina, el australiano o el israelí en Palestina, tiene una lógica de eliminación de lo existente para imponer unos nuevos paisajes, estilos de arquitectura y de infraestructuras, una nueva botánica…
La eliminación de la población indígena no siempre ocurre con grandes masacres, como estamos viendo en Gaza. También puede llevarse a cabo durante décadas, incluso siglos, privándoles de las condiciones necesarias para la vida. Por eso este libro dedica mucha atención al suelo, porque es la condición de la vida indígena, la fuente de toda la agricultura, de los acuíferos. Y el colonialismo por asentamiento sionista y, después, el israelí han estado muy vinculados a la transformación del suelo de Palestina y a la ocupación de aquellos más fértiles, como la cuenca de Wadi Gaza. Al final de la Nakba, Israel expulsó a los agricultores de sus tierras, los desplazó al desierto y borró todas las pruebas de su presencia. El objetivo es que no tuvieran dónde volver, porque todos los pueblos indígenas desplazados intentan regresar a las tierras en las que se forjó su cultura, su identidad y donde tenían su sustento.
Así que la creación de Israel sobre Palestina implicó la destrucción de todas las evidencias de la existencia palestina: demolieron los edificios, araron los campos en la dirección contraria a cómo lo hacían los palestinos, crearon fincas grandes en lugar de las pequeñas explotaciones familiares palestinas y crearon un nuevo espacio que los palestinos no pudieran reconocer como suyo para, en última instancia, que no pudieran reclamar su derecho al retorno.
De hecho, la Convención para la prevención y sanción del delito de genocidio incluye entre sus supuestos el sometimiento intencional de un grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial. Y su libro comienza y acaba explicando cómo en el último siglo Israel ha convertido el medio ambiente y la arquitectura en un arma para destruir las condiciones de vida. ¿Cómo lo está haciendo durante el genocidio?
Hemos recopilado todas las órdenes de evacuación que Israel ha enviado en estos casi tres años. Cada vez que decían que iban bombardear un vecindario y ordenaban a sus habitantes a desplazarse en pocas horas a una supuesta zona de seguridad, les advertían de que si no cumplían la orden, perderían su condición de civiles. Se trata de una más del millón de manipulaciones legales que Israel está empleando para alegar que estaba intentando salvar vidas en el caso presentado por Sudáfrica ante el Tribunal Internacional de Justicia. Al recoger todas las direcciones de los lugares a los que desplazaban a la población durante estos tres años, hemos comprobado que los han ido empujando al suroeste hasta encerrarlos en un campo de concentración situado justo donde acaba la zona fértil y comienzan las dunas de arena. Es decir, que siguen creando las condiciones para provocar la destrucción de los supervivientes. Esta cláusula arquitectónica de la convención es como si definiese el genocidio por desgaste, en el que los pueblos indígenas son asesinados lentamente a través del hambre, de las epidemias, de la pobreza intergeneracional, de la enfermedad… El genocidio sigue en curso.
Divide usted los capítulos de su libro en suelo, subsuelo y espacio aéreo. ¿Por qué es tan importante entender cómo Israel controla estos tres espacio para entender la ocupación y el genocidio?
Necesitamos desarrollar una concepción tridimensional del territorio. Un mapa muestra la superficie, pero debajo hay un paisaje subterráneo variado: arqueología, infraestructura, acuíferos… El espacio aéreo, incluso el de las ciudades palestinas, también está controlado por Israel. Por tanto, tenemos una arquitectura tridimensional que sí ha sido comprendida por los combatientes de la resistencia palestina.
Los agricultores palestinos comprendieron la tridimensionalidad del terreno y fueron los que desarrollaron los túneles, que es la arquitectura de resistencia más extraordinaria. Estos agricultores aprendieron durante siglos a excavar pozos de más de 100 metros de profundidad porque sabían cómo excavar sin apenas oxígeno, a través de la arcilla, de la arena y la arenisca, y cómo reforzar las cavidades en el subsuelo. Cuando les expulsaron de sus tierras y quedaron recluidos en campos de refugiados en las dunas de arena, emplearon ese conocimiento ancestral para excavar túneles y estar en contacto con sus seres queridos, que habían sido desplazados a Egipto. Después, cuando Israel asfixió Gaza con el bloqueo, se convirtieron en vías de suministro para la Franja. Y, por supuesto, se establecieron también como medio de defensa. Cuando Israel cava búnkeres, los palestinos cavan túneles, que además no pueden ser volados tan fácilmente por la fuerza aérea israelí.
Ahora Israel ha declarado que ha destruido el 20% de los túneles. No tiene por qué ser cierto. Si dan ese porcentaje, probablemente sea menor. Pero sí han destruido el 80% del suelo de Gaza, así que debajo existe una matriz social que contiene la memoria de la relación con una superficie tan destruida que es irreconocible.
Hay una guerra tridimensional en la que cuanto más controla Israel el espacio aéreo, más ahonda en el subsuelo la resistencia palestina.

A menudo, la prensa occidental presenta a los colonos como un grupo radicalizado y fuera del control del Estado israelí. Pero como bien explica en su libro, los colonos son el pilar del Estado israelí desde su fundación, algo lógico si tenemos en cuenta que se trata de un proyecto colonial. ¿Cuál es el plan israelí para Gaza y qué papel juegan los colonos en él?
El objetivo de Israel con el genocidio no era matar a todos los palestinos, sino los suficientes para que el resto huyese a Egipto y cerrar las puertas de Palestina tras ellos. Pero Egipto mantuvo la frontera cerrada y lo que Israel persigue ahora es lo que llama la transferencia silenciosa o voluntaria por parte de los palestinos. Israel mantiene Gaza en unas condiciones tan difíciles para que los palestinos dejen de resistir, para que se marchen a cualquier país que les dé un visado y terminen por renunciar a su derecho al retorno. Y la arquitectura y la reconstrucción juegan un papel importante en el objetivo de la limpieza étnica.
Ni el estúpido plan de Trump de la Riviera de Oriente Próximo, que nunca se va a desarrollar, ni el egipcio de construir viviendas de forma masiva tienen que ver con la reconstrucción, sino con el desplazamiento. Ambos son una vía para forzar a los palestinos a irse mientras, supuestamente, se levantan los edificios nuevos. Pero Israel nunca les permitiría regresar. Como dijo un ministro israelí, las fuerzas del mercado harán lo que el Ejército israelí no pudo hacer: la limpieza étnica total de los palestinos de la Franja de Gaza. Es decir, Israel emplea la arquitectura para continuar con el genocidio por otros medios. Pero el pueblo palestino tiene memoria de la Nakba, del 47 y del 48, de los años cincuenta, de los sesenta y de todas las campañas por medio de las cuales Israel ha intentando expulsarles. Por eso, tantos no se fueron de sus casas, y por eso, también, muchos siguen viviendo entre los escombros de las mismas.
A menudo pensamos que el envilecimiento de la mayor parte de la sociedad israelí, así como la deshumanización que ha desarrollado contra el pueblo palestino, son el resultado de los sistemas y políticas que han hecho posible casi 80 años de ocupación. Sin embargo, en su libro vemos que los patrones de odio y crueldad que nos horrorizan hoy ya los empleaban las milicias sionistas en los primeros años de ocupación. ¿Cómo podían emplear esa maldad desde el principio tras la experiencia tan reciente del Holocausto?
El colonialismo de asentamiento se basa en la deshumanización de los palestinos. La noción misma del Estado de Israel como un Estado judío significa que ese lugar es solo para los judíos y que todos los demás son solo visitantes –ya sean del pasado, del presente o del futuro– y que no serán concebidos como personas conectadas con ese territorio. Nunca han aceptado la relación de los palestinos con Palestina, ni su arquitectura o su agricultura como algo valioso. La deshumanización de los palestinos es total y opera en todos los ámbitos. Así podemos entender también por qué la deshumanización operó en la dirección contraria el 7 de octubre de 2023 y por qué surgió esa crueldad contra los civiles capturados en los kibutz. Aun así, me inspiraron mucho las relaciones humanas que se establecieron entre algunos secuestrados y los palestinos, los testimonios en los que israelíes contaban cómo compartían la comida, sus despedidas conmovedoras… No he visto que esto ocurra en el sistema penitenciario israelí, donde tantos palestinos son violados y mueren por las torturas.
Creo que esos momentos de humanidad y cuidado son los que hay que perseguir para que Palestina vuelva a ser un lugar respetuoso y democrático en el que todas las religiones convivan y tengan los mismos derechos. Y ninguna frontera va a lograr eso. Necesitamos luchar por la descolonización de Palestina y desmantelar el régimen de apartheid, que es el motor del colonialismo de asentamiento que busca que la tierra palestina sea transferida a los judíos. Hay que democratizar ese lugar a través del derecho al retorno.
Pero según varias encuestas, como la que realizó por el Penn State Institute y publicó el diario Haaretz, el 80% de los israelíes judíos encuestados apoya la limpieza étnica de Gaza. ¿Cómo se puede recuperar a una sociedad tan radicalizada en el odio?
Cuando un Estado se basa en la discriminación, en la supremacía judía, cuando todo el sistema educativo está orientado a la deshumanización, la deshistorización, la despolitización de la sociedad palestina, no puede sorprender que el 80% de los israelíes persiga la expulsión de los palestinos. Para desmantelar ese pensamiento hay que hacerlo en todos los ámbitos.
No sé cuándo ocurrirá la descolonización, puede venir por presiones externas o por la implosión de la sociedad por sus propias contradicciones. Los choques entre la extrema derecha y la derecha menos extrema están desgarrando la sociedad israelí. En Israel, apenas una quincena de parlamentarios apoya un Estado palestino con las fronteras de 1967 modificadas por acuerdo. Así que no hay nada en el sistema político actual que represente la posibilidad de un cambio real. Pero ningún poder fascista, racista o colonialista dura para siempre. No puedo saber cuándo llegará su fin, pero como investigador debo insistir en las conexiones a pequeña escala de humanización y de convivencia.
¿Cómo está cambiando y dificultando el trabajo de Forensic Architecture este borrado del territorio que está llevando a cabo Israel durante el genocidio?
Israel no permite que los investigadores de derechos humanos entren en Gaza y ha asesinado a cientos de periodistas. Y aun así, los palestinos se arriesgan a grabar sabiendo que los soldados israelíes tienen la política de disparar contra cualquiera que les enfoque con una cámara. Lo hacen para que veamos lo que está ocurriendo. Así que tenemos el deber ético de examinar cada vídeo con mucho cuidado para ver dónde están, cómo se conecta con otros vídeos, con otros testimonios, con el flujo de documentación que nos llega de ese genocidio. Y necesitamos comprobar que es auténtico, dónde y cuándo fue filmado, para presentarlo como prueba en el caso de genocidio de Sudáfrica contra Israel. Y mes tras mes, año tras año, Gaza está desapareciendo: los edificios que aparecían al fondo de un vídeo ahora son dunas serpenteantes. Tenemos gazatíes trabajando con nosotros que no pueden reconocer Gaza.

Se ha demostrado que Gaza está usando la inteligencia artificial (IA) para acelerar el genocidio, ¿pero cómo la está usando para borrar las pruebas?
Todo el mundo sabe que Israel está usando la IA para seleccionar objetivos, pero no debemos exagerar su importancia porque Israel quiere dar la impresión de que utiliza los mejores medios para distinguir entre los operativos de Hamás y la población civil; la realidad es que lo ha destruido todo. Hay cerca de 100.000 muertos, además de los desaparecidos, y ciudades enteras borradas del mapa. ¿Qué tiene que ver eso con el uso de la IA?
Nuestro trabajo consiste en escuchar testimonios, analizar las pruebas e identificar lo que está sucediendo. No tiene cabida la IA más allá de la catalogación del material. Yo diría que Forensic Architecture es un trabajo del corazón, así como una ética de la precisión y de la identificación. Miramos los vídeos como si nos los enviara un ser querido, escuchando, mirando y compilando vídeo por vídeo un archivo del genocidio.
En el libro, además de explicar los mecanismos de borrado de Palestina, la reconstruye a través de personas que sufrieron el destierro de la Nakba. ¿Por qué es tan importante ese proceso de reconstrucción?
Mapear las aldeas de donde fueron expulsados es una forma de honrarles a través de la precisión y de la belleza de reconstruir un pozo, su casa, en un paisaje que ya no existe. Porque lo opuesto a desenraizar es volver a enraizar, reescribir el paisaje con lo que era, mientras se acepta la herida y se trabaja por el retorno de los refugiados.

¿Cómo fue su toma de conciencia de la cuestión palestina?
Soy de Haifa, una ciudad un poco singular porque no todos los palestinos fueron expulsados de ella en 1948. Crecí teniendo contacto con palestinos y con la determinación de ser arquitecto. Así fue como empecé a ver que las ruinas que quedan de la vida palestina, cómo los barrios judíos israelíes rodean a los palestinos, cómo se divide la tierra. La arquitectura me abrió los ojos a la lógica colonial de asentamiento de la ocupación israelí.
Usted reside en el Reino Unido, donde se ha criminalizado la protesta contra el genocidio y donde la organización Palestine Action ha sido ilegalizada. En Alemania, sufrió un fuerte un señalamiento cuando fue a dar una conferencia sobre el genocidio con la relatora Francesca Albanese. ¿Cómo ha afectado a Forensic Architecture su trabajo sobre Palestina?
Hemos perdido financiadores. Muchos de los que pensábamos que eran liberales y defensores de los derechos humanos, cuando empezamos a trabajar sobre el genocidio y el apartheid, nos dijeron: «Oh, eso es demasiado, no deberíais trabajar en eso». Necesitamos encontrar nuevos financiadores, pero es muy difícil.
Nuestra sede en Alemania casi tuvo que cerrar y la policía alemana me ha designado como alguien a quien hay que vigilar. ¿Cómo es posible que un defensor de los derechos humanos, un defensor israelí de los derechos humanos, miembro de una familia superviviente del Holocausto, esté señalado en Alemania por antisemitismo? ¿Cómo hemos llegado a esto?
Fuente: https://www.lamarea.com/2026/07/01/eyal-weizman-gaza/


