1.-La producción material es la base de todas las sociedades por las que se ha deslizado la humanidad. En nuestro caso, esta materialidad viene conformada por el modo de producción capitalista que se estructura fundamentalmente en torno a dos clases sociales, una minoritaria, propietaria de los medios de producción y otra mayoritaria que es la que produce con su trabajo los bienes y servicios. En las sociedades capitalistas, la producción de bienes y servicios no está organizada para la satisfacción de las necesidades y lograr el bienestar de los seres humanos, sino que su naturaleza tiene por esencia la obtención del máximo beneficio, que se concentra para su disfrute en los dueños de los instrumentos de producción. Las estructuras estatales de la sociedad capitalista garantizan que estos últimos, empresarios, banqueros, accionistas de las grandes corporaciones, mantengan indefinida y establemente su posición privilegiada en esta construcción económica y social. De aquí, que las diferentes instancias políticas, económicas y culturales y sus representantes en ellas siempre estén trabajando para impedir que los sectores más conscientes de los explotados y oprimidos organicen y acumulen el poder suficiente para destruir la organización estatal existente y simultáneamente ser capaces sobre bases materiales diferentes de levantar una nueva edificación política y social.
2.- La necesidad de movimiento del capital conduce al desarrollo y la extensión mercantil, a la conquista de nuevos territorios rompiendo las barreras y fronteras que aislaban y separaban las culturas y costumbres de diferentes regiones del mundo. El capitalismo en su colonización e invasión del Sur Global saquea y arrasa poblaciones y recursos naturales de aquellas regiones provocando la inmigración, un proceso que no ha dejado de crecer desde los primeros años del siglo XX; estos movimientos masivos de personas huyen de la miseria, la guerra y de la pobreza hacia el mundo occidental soñando en mejorar sus condiciones de vida. Estos desplazamientos ponen en contacto a las clases explotadas en diferentes localidades y centros de trabajo del planeta, unificando y creando una clase obrera internacional. En este punto recordamos a Lenin que señalaba como el capitalismo era dialéctico. Las potencias occidentales y sus corporaciones industriales y financieras se agrandan y enriquecen, invadiendo, saqueando y empobreciendo a los pueblos de los países conquistados, pero al mismo tiempo van unificando a la clase obrera, poniendo en contacto a trabajadores de diferentes países que se han visto obligados a la inmigración. El capital va creando la clase obrera internacional, un ejército único del proletariado en la que los sectores más conscientes se organizan, asumiendo el deber de acoger y educar políticamente en la necesidad de la revolución a sus hermanos y hermanas proletarias.
3.- En este marco social de lucha de clases, las burguesías nacionales incitan a los obreros de una nación contra los de otra en el esfuerzo por dividirlos y mantenerlos desunidos. Mientras que es primordial que los obreros con conciencia de clase tomen por bandera la tarea de ayudar y organizar a los compañeros de trabajo procedentes de los países atrasados y saqueados. Los sectores más conscientes de la clase obrera, tienen que explicar la necesidad de la unidad proletaria contra la explotación del capital, acabar con la propiedad privada de los medios de producción, avanzar hacia una sociedad más justa y solidaria. Es esencial contrarrestar a la burguesía y sus propagandistas que recurren a todos los métodos de propaganda para persuadir a la clase trabajadora de que la mayor amenaza para sus vidas no es el capital monopolista, la especulación financiera, la desindustrialización, el empleo precario, las guerras imperialistas ni la dictadura del poder corporativo, sino una supuesta amenaza socialista y comunista.
4.- Los poderosos medios de desinformación al servicio de los capitalistas utilizan su influencia pública para dividir e impedir la integración en las luchas de los trabajadores nativos e inmigrantes. Por lo que es imprescindible que nos esforcemos en señalar que la unidad de la clase obrera está en respetar todas las diferentes culturas y costumbres, sin imponer el predominio de ninguna de ellas sobre las demás, y que ninguna diferencia cultural o de costumbres debe impedir el acceso a todas las personas nativas o inmigrantes a los derechos que tienen como seres humanos. En la actualidad, la inmigración es el chivo expiatorio más utilizado para ganar réditos electorales por las políticas reaccionarias y racistas del PP y VOX. Estas son apoyadas por intelectuales que con sus artículos en los medios de comunicación e intervenciones en las redes sociales logran que penetre la fobia al inmigrante en ciertos sectores de la población trabajadora. En unos casos, insisten en que la presencia de los trabajadores inmigrantes produce rebajas en los salarios; en otros casos, se les criminaliza porque como receptores de ayudas sociales o de servicios públicos dificultan el acceso de la población española a estas prestaciones. También comenzamos a ver artículos en las redes sociales de sectores que se consideran de izquierdas que muestran la fobia al inmigrante desde la negatividad a asimilar la cultura y la significación multicultural como elementos que rompen la cohesión social.
5.- Estos argumentos parten de cuestiones muy obvias: que el modo de producción capitalista hace coincidir en los territorios del mundo occidental a inmigrantes con diferentes culturas que, en muchos casos, tienen poco interés en asimilar nuestras costumbres y tradiciones, determinando con estas actitudes una ruptura de la cohesión social del país. Es decir, se parte de la idea concreta de que ser español no depende sólo de vivir, trabajar y cotizar en España. En tal sentido se afirma “la necesidad de la asimilación de la cultura autóctona y el conocimiento de una historia compartida como la única vía para garantizar una sociedad cohesionada. Y sobre esa base, será posible construir el horizonte de transformación social que necesitamos”. Sin embargo, la cuestión está en saber qué cultura es la que produce la cohesión social y tienen que asimilar los inmigrantes; de quien se trata de la cultura burguesa o la cultura obrera, porque no hay una cultura neutra en el mundo en donde reina el capital. En las sociedades capitalistas nunca puede haber una cohesión social, la división forma parte de su naturaleza, por tanto, hablamos de cultura burguesa o de cultura proletaria.
6.- El sentido de quienes se refieren a la cohesión social en el mundo capitalista no es entendible, sino es en la lógica nihilista que niega la lucha de clases, y presenta a quienes vienen a nuestro territorio como seres pasivos con la obligación de integrarse asimilando nuestros criterios culturales y costumbristas, es decir, nuestra españolidad. No queremos especular lo que se debe hacer en el caso de que no haya asimilación cultural. Con frases como “la asimilación de la cultura autóctona y el conocimiento de una historia compartida es la única vía para garantizar una sociedad cohesionada”, nuevamente tenemos que preguntar qué cultura y qué historia tenemos que asimilar y compartir, la cultura y la historia que nos presenta la burguesía o la que atraviesa la lucha de clases. En todo caso, estas frases nos traen al recuerdo la historia de las colonizaciones y los presupuestos prácticos que definían el comportamiento de aquellos descubridores españoles y europeos cuando llegaban a los lejanos territorios americanos, africanos o asiáticos, no respetaban las costumbres de los nativos, sino que, por diferentes procedimientos, por lo general, no muy pacíficos, trataban de imponer su cultura, religión, costumbres y tradiciones.
7.- Esta forma de entender la cohesión social revela la actitud de servicio intelectual a una clase dominante cada vez más consciente de que, bajo la frustración social producida por el capitalismo, subyace la posibilidad de que millones de trabajadores reconozcan su poder colectivo, se organicen de forma independiente y comiencen a cuestionar el sistema mismo. La burguesía y sus lacayos temen la posibilidad histórica que representan las crisis económicas que educan y forman a la clase obrera. Cada huelga, cada lucha en el lugar de trabajo y cada acto colectivo de resistencia enseña a los trabajadores a la unidad, a la fuerza que nace de su acción colectiva, lecciones que ninguna clase dominante desea que aprendan: que la riqueza de la sociedad se crea con el trabajo, que la explotación no es ni natural, ni eterna, ni inevitable, y que el orden existente depende, en última instancia, de aquellos a quienes explota.
8.- Consideramos que el movimiento obrero debe luchar por una sociedad que respete todos los aspectos culturales, costumbres y valores humanos de los inmigrantes, y porque ninguna de estas diferencias, ni normas políticas, legales, administrativas o del tipo que impidan o nieguen que una persona que llegue desde Libia, Siria, Senegal o cualquier otra región del planeta acceda a los derechos laborales, civiles, administrativos, sanitarios, educativos, etc. que como ser humano les corresponden. Ninguna sociedad, cualquiera que sea, puede imponer la asimilación forzada de sus costumbres, tradiciones o culturas a los inmigrantes. La cohesión y solidez de una sociedad será mucho mayor en la medida que valore y respete todas las diferencias de las poblaciones allí existentes, y les facilite el acceso a todos los derechos humanos, laborales, civiles, económicos, que deben tener las personas. No se trata de españolizar a todo el mundo, la cohesión social no viene de la homogeneidad social, sino de la construcción de una sociedad en la que, respetando todos los derechos, todas las culturas, lenguas y costumbres, la producción material de bienes y servicios esté dirigida a la satisfacción de las necesidades y al bienestar de las personas cualquiera que sea su origen, procedencia, raza, color o religión.
En todas las fases de la producción material por las que ha pasado la humanidad, la sombra de la clase dominante se ha extendido sobre los aspectos de la vida tratando de que sus intereses particulares sean considerados como los intereses generales de la sociedad. En el momento actual, tenemos que desarrollar el combate contra una clase imperialista que hace todos los esfuerzos posibles para tratar de impedir la posibilidad de que la fuerza de trabajo tome conciencia de sus intereses, y decida rebelarse y destruir este sistema social.
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