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Alhucemas, nueve años después del Hirak: las cicatrices de la represión

Fuentes: Viento Sur

En este reportaje, ENASS.ma vuelve a Alhucemas para evaluar qué queda del Hirak del Rif nueve años después de su inicio ¿Cómo vive hoy la ciudad? ¿Qué ha cambiado en los ámbitos económico y social?

Muchos habitantes de la región consideran que el Hirak se ha limitado al hormigón y a las infraestructuras, sin un impacto real en su vida cotidiana.

Nueve años después del Hirak del Rif, Alhucemas se presenta como una ciudad transformada. Las calles que cada noche resonaban con las voces de miles de manifestantes han recuperado la calma, y la mayoría de los signos visibles de uno de los movimientos de protesta más importantes que ha conocido Marruecos desde el Movimiento del 20 de febrero han desaparecido.

Las plazas públicas y las principales arterias se han remodelado, pero las huellas de ese periodo permanecen profundamente arraigadas en la memoria colectiva y siguen marcando tanto los lugares como los relatos de sus habitantes.

Lo que queda del Hirak

Hace nueve años Alhucemas se vio sacudida por una ira sin precedentes. La ciudad, hoy aparentemente tranquila, fue entonces testigo de cómo decenas de miles de personas salían a la calle tras la trágica muerte del vendedor de pescado Mohcine Fikri[1], aplastado en un contenedor de basura mientras intentaba recuperar su mercancía confiscada. Este suceso fue la chispa que desencadenó el Hirak del Rif, convirtiendo a Alhucemas en el símbolo de la protesta social y en el escenario de uno de los episodios más destacados de la historia reciente de Marruecos, tras las manifestaciones del 20 de febrero de 2011.

Aunque el Hirak del Rif ha ido desapareciendo progresivamente de los titulares de los periódicos y del debate público, su presencia sigue siendo palpable en Alhucemas en los más mínimos detalles de la vida cotidiana. La ciudad, que vivió meses de manifestaciones en 2016 y 2017, seguidos de detenciones, juicios y duras condenas, nunca ha pasado realmente página, a diferencia de lo que ha ocurrido en otros lugares.

Aquí, las madres siguen esperando el regreso de sus hijos. Las familias continúan con sus largos desplazamientos hacia las cárceles donde están recluidos. Activistas y defensores de los derechos humanos siguen convencidos de que el caso de los detenidos del Hirak aún no está cerrado, y de que el paso de los años no borra ni la exigencia de libertad ni el sufrimiento de las familias que han pagado —y siguen pagando— el precio de ese periodo.

Esta voluntad de luchar contra el olvido se manifestó con fuerza el 6 de junio de 2026, cuando una caravana de solidaridad llegó a Alhucemas por iniciativa de un colectivo de activistas por los derechos humanos. Periodistas, abogadas, activistas de asociaciones y defensoras de los derechos humanos procedentes de varias ciudades marroquíes participaron en esta iniciativa para manifestar su apoyo a las familias de los detenidos del Hirak del Rif y renovar su llamamiento a su liberación, «por fidelidad a los valores de solidaridad y dignidad, y en apoyo a la voz de las madres que, desde hace años, soportan el peso de la ausencia, el dolor y la espera». Las participantes decidieron, antes de pronunciarse públicamente, llamar a las puertas de las familias. Lejos de las tribunas y los discursos oficiales, han escuchado relatos que se repiten desde hace casi una década: los de los interminables viajes a prisiones lejanas, de la espera convertida en parte de la vida cotidiana, y de las madres que han envejecido, a menudo afectadas por la enfermedad, mientras sus hijos siguen cumpliendo duras penas de prisión.

Las familias de los presos, nueve años de espera

La caravana de solidaridad también transmitió un mensaje claro contra las campañas de difamación que, en los últimos meses, han tenido como objetivo a varias familias de presos, en particular a Zoulikha Ziach, madre de Nasser Zefzafi, que se ha convertido en uno de los principales símbolos de la resistencia de las madres del Rif. Las participantes consideraron que atacar a las madres e intentar empañar su imagen era una prueba casi tan dolorosa como los propios años de encarcelamiento. Recordaron que mostrarles solidaridad equivalía también a defender el derecho a la dignidad y una memoria colectiva que se niega a convertirse en un mero recuerdo del pasado.

En la familia de Nasser Zefzafi, al igual que en los hogares de otros presos, el tiempo parece pasar más rápido fuera que entre las paredes de esas casas sumidas en la espera. Al recibir a las participantes, Zoulikha Ziach se limitó a decirles: «Gracias por haber venido… Estoy agotada de tanto viajar a las cárceles». Una frase breve que resume años de desplazamientos entre ciudades, de espera interminable y de un cansancio que ha acabado afectando tanto al cuerpo como a la mente. Por su parte, la madre de Nabil Ahamjik, conocida en el Rif con el cariñoso apodo de «Khalti Alia» («tía Alia»), pronunció una plegaria cargada de todo el sufrimiento acumulado: «Señor, devuélvenos a nuestros hijos… Los años y la espera nos han agotado».

«Estamos cansadas de los caminos que llevan a las cárceles»

La tía Alia no habla solo de su hijo. Habla de todas las madres de los detenidos del Hirak del Rif. Según ella, el camino hacia las cárceles forma ya parte integrante de su vida desde hace casi nueve años. Viajes interminables, idas y venidas sin fin, en las que cada visita hace renacer la esperanza antes de que el regreso a casa, sin sus hijos, reavive el dolor. «Estamos cansadas de los caminos hacia las cárceles», dice con voz agotada. Añade que estos años no solo les han robado una parte de su vida, sino que también han minado su salud y les han llenado el corazón de pesadumbre. La madre se niega rotundamente a que su hijo y sus compañeros sean considerados traidores. A su juicio, no son más que jóvenes que amaban profundamente su ciudad y su país, y que deseaban que Alhucemas y Marruecos fueran mejores. Se pregunta con amargura: «¿Cómo es posible que reclamar dignidad y desarrollo haya dado lugar a condenas de hasta veinte años de cárcel?».

Un sufrimiento que va más allá de los reclusos

Para la tía Alia, el sufrimiento no se limita a los muros de la cárcel. También evoca los años perdidos por las familias que se han quedado fuera. Recuerda que Nasser Zefzafi perdió a su padre mientras estaba encarcelado, mientras que su madre, tras años de traslados entre centros penitenciarios, padece hoy graves problemas de salud. También cita el caso de Mohamed El Haki, que perdió a su madre y a su padre mientras aún se encontraba entre rejas. Para la madre de Nabil, no se trata simplemente de un expediente judicial. Es una herida abierta que nunca se ha cerrado. Por eso considera que el cierre del expediente del Hirak del Rif y la liberación de los detenidos no son únicamente una reivindicación de las familias afectadas. En su opinión, se trata de un paso indispensable hacia una verdadera reconciliación con la región, pero también de un requisito previo para cualquier debate serio sobre la justicia y la equidad en Marruecos.

Un desarrollo con fachada de hormigón

A mediados de la década de 2010 el Estado puso en marcha el programa «Faro del Mediterráneo» (Manarat Al Moutawassit), presentado como el proyecto de desarrollo más ambicioso jamás llevado a cabo en la provincia de Alhucemas tras décadas de marginación. El programa contaba inicialmente con un presupuesto de 6500 millones de dirhams y debía ejecutarse entre 2015 y 2019. Incluía 644 proyectos que abarcaban, entre otros: infraestructuras viarias, hospitales, centros de formación, equipamientos turísticos y proyectos agrícolas. El objetivo declarado era rediseñar la región e impulsarla hacia una nueva dinámica de desarrollo. Sin embargo, lo que se presentó como una iniciativa estratégica se topó rápidamente con una realidad muy diferente. En su informe entregado al rey Mohammed VI en octubre de 2017, justo cuando se iniciaba en Casablanca el juicio contra los líderes del Hirak, el Tribunal de Cuentas reveló que el ritmo de ejecución de los proyectos sufría importantes retrasos. Aunque las administraciones implicadas alegaron varias explicaciones —entre ellas, la falta de programación presupuestaria o las dificultades relacionadas con los terrenos—, el Tribunal consideró que estos argumentos no bastaban para justificar la magnitud de los retrasos. El informe señalaba, en particular, una falta de coordinación entre los distintos actores, así como una gobernanza insuficiente y ausencia de mecanismos eficaces de seguimiento y evaluación. El Tribunal no detectó ni malversación de fondos ni irregularidades financieras. En cambio, criticó la falta de rigor en la gestión del programa y recomendó acelerar las obras, al tiempo que se reforzaban los mecanismos de control y supervisión.

Un desarrollo impugnado

Ocho años después, las autoridades ofrecen una visión sensiblemente diferente de la situación. Según los datos oficiales, el programa «Faro del Mediterráneo» se había ejecutado en casi un 98 % en marzo de 2022, mientras que su coste total ascendía a 7200 millones de dirhams.

Las instituciones públicas destacan una serie de logros que, en su opinión, han transformado profundamente Alhucemas, entre los que se incluyen: el Gran Teatro, el Instituto de Música, el hospital provincial de Aït Youssef Ou Ali o la ciudad deportiva, así como nuevas vías de comunicación y proyectos de abastecimiento de agua potable en numerosos núcleos rurales. Las autoridades estiman que estas inversiones han permitido mejorar la conectividad de la región, reforzar su atractivo turístico, crear puestos de trabajo y desarrollar la oferta hotelera.

Sin embargo, esta visión no es compartida de forma unánime en el Rif. Mientras que los informes oficiales destacan las elevadas tasas de ejecución, muchos habitantes consideran que el desarrollo se ha traducido esencialmente en la construcción de infraestructuras, sin mejorar de forma tangible sus condiciones de vida. Cierto es que se han construido hospitales, pero siguen adoleciendo de una falta crónica de médicos y personal sanitario. Han surgido nuevas infraestructuras, sin que ello haya frenado el desempleo. Al mismo tiempo, varios presos del Hirak han permanecido encarcelados durante largos años, lo que lleva a una parte de la población a considerar que la crisis no era únicamente una cuestión de desarrollo económico, sino también una crisis política y social.

Aunque el programa «Faro del Mediterráneo» figura entre los grandes proyectos de desarrollo de la región de Tánger-Tetuán-Alhucemas, la ausencia de una evaluación independiente y exhaustiva de sus resultados dificulta cualquier valoración definitiva de su impacto real. Entre, por un lado, un discurso oficial basado en los índices de ejecución y el volumen de inversiones y, por otro, las voces locales, que consideran que los logros se inscriben más bien en un «desarrollo cosmético», incapaz de abordar las causas profundas de las fragilidades sociales y las desigualdades económicas, la cuestión planteada por el Hirak sigue sin respuesta: ¿Bastan, por sí solas, las infraestructuras y los grandes proyectos para garantizar un desarrollo social justo y sostenible?

Nueve años después, las mismas reivindicaciones

Para Mohamed El Mejjaoui, apodado «el sabio del Rif» y antiguo preso del Hirak, la liberación de una parte de los presos no ha puesto fin a la tragedia. Según él, mientras seis de los principales líderes del movimiento sigan cumpliendo condenas de hasta veinte años de prisión, es imposible considerar que se haya pasado página. En cuanto a los que han recuperado la libertad, se han topado con otro tipo de dificultades. «A muchos se les ha privado de su derecho al trabajo. Algunos eran titulados universitarios e iban aprobando sus oposiciones, pero sus nombres acababan siendo eliminados en las últimas fases del proceso», afirma.

Una juventud empujada al exilio

«La liberación de una parte de los detenidos del Hirak del Rif no ha puesto fin a la tragedia». Según Mohamed El Mejjaoui, esta situación ha llevado a muchos jóvenes de Alhucemas a abandonar la región. Algunos se han marchado en busca de trabajo. Otros han solicitado asilo en Europa, especialmente en España «Encontrar a un joven de la generación del Hirak que siga viviendo aquí se ha convertido en algo rarísimo. La mayoría, se han marchado». En su opinión, la emigración ya no es una elección individual, sino una vía de escape colectiva que ha vaciado la ciudad de gran parte de su juventud y ha modificado profundamente su composición demográfica.

Nueve años después de los acontecimientos, Mohamed El Mejjaoui considera que Alhucemas sigue viviendo lo que él califica de «una especie de asedio«. Desde que terminaron las manifestaciones, la ciudad no ha vuelto a conocer ni concentraciones ni movimientos de protesta, a pesar de que el derecho a manifestarse está garantizado por la Constitución marroquí. Sin embargo, en su opinión, las causas profundas de la contestación nunca han desaparecido: el desempleo, el aumento del coste de la vida y sobre todo, su deterioro. Advierte de las consecuencias de la clausura del espacio reservado a la contestación pacífica: «No se puede impedir indefinidamente que la gente exprese sus reivindicaciones». El Mejjaoui insiste en que los habitantes del Rif no buscan un nuevo enfrentamiento con el Estado. Desean, ante todo, soluciones concretas. «No queremos que esta ciudad siga generando más víctimas ni más detenidos. Amamos este país, y precisamente por eso alzamos la voz. Sabíamos que todo movimiento de protesta tenía un precio, pero esperábamos que condujera a resultados positivos, y no únicamente a la continuación de un enfoque basado en la seguridad». El sabio sostiene que las reivindicaciones que llevaron a los manifestantes a salir a la calle en 2016 siguen estando plenamente de actualidad. El sector sanitario, que ocupa un lugar central en las reivindicaciones del Hirak, sigue siendo motivo de especial preocupación.

Y es que la provincia de Alhucemas presenta una elevada prevalencia de varias enfermedades, entre ellas el cáncer, lo que hace que las necesidades de atención especializada sean aún más urgentes. A pesar de las inversiones anunciadas, la población sigue sufriendo: falta de personal médico, insuficiencia de equipamiento hospitalario y ausencia de un verdadero servicio de urgencias que responda a las necesidades de la población. Así, muchos pacientes se ven obligados a desplazarse a Ajdir, Tetuán, Tánger u Oujda, incluso en situaciones de urgencia. Esta situación no se limita al sector sanitario.

Sostiene Mohamed El Mejjaoui que la economía local también atraviesa dificultades. Alhucemas, ciudad que durante mucho tiempo dependió de la pesca marítima, ha visto cómo esta actividad ha ido decayendo, lo que ha traído consigo una disminución de las oportunidades de empleo. Resume la situación en una frase: «Después de todos estos años, las reivindicaciones siguen siendo las mismas: el derecho a la salud, el derecho al trabajo y el derecho a vivir con dignidad». Y finalmente, añade que muchos jóvenes ya no ven Alhucemas como un lugar donde construir su futuro. Para muchos de ellos, marcharse se ha convertido en la única perspectiva.

La reconciliación, aún en suspenso

Han pasado nueve años, pero para muchos habitantes de Alhucemas, el Hirak del Rif aún no es cosa del pasado.

Sus consecuencias siguen siendo visibles tanto en la vida cotidiana como en la memoria colectiva de una ciudad que aún no ha encontrado el camino hacia una verdadera reconciliación con ese periodo. Aunque se liberara a todos los detenidos, las personas con las que hemos hablado consideran que esta medida no sería más que un comienzo, y no la culminación del proceso «El hecho de que varios líderes del Hirak sigan detenidos dificulta hablar del fin de este periodo o de una verdadera reconciliación». El Mejjaoui considera qie el hecho de que varios líderes del Hirak sigan detenidos impide considerar que esta etapa haya concluido definitivamente. «Mientras el caso del Hirak del Rif siga abierto, Alhucemas no recuperará su esplendor», afirma. Sin embargo, insiste en un punto: la liberación de los detenidos no debería marcar el final del proceso, sino su comienzo. En su opinión, la provincia necesita una nueva visión basada en el diálogo, en la que la protesta se reconozca como una forma legítima de expresión ciudadana y no como una fuente de confrontación. «Lo que hace falta no es solo la liberación de los detenidos. Sobre todo, hay que encontrar respuestas que impidan que lo ocurrido se repita, para que, dentro de unos años, no nos encontremos en la misma situación». Considera que el tiempo transcurrido debería haber permitido aportar respuestas políticas y de desarrollo reales. Sin embargo, según él, lo securitario sigue siendo predominante.

Miloud, un vecino de Alhucemas, comparte esta idea, aunque ofrece una definición más amplia de la reconciliación. Según él, esta no se reduce a poner fin a los procedimientos judiciales, sino que comienza cuando las y los habitantes tienen la sensación de que el Estado ha escuchado realmente las reivindicaciones expresadas por la población de la región. «La reconciliación consiste en garantizar que ninguna otra generación tenga que pagar el mismo precio. Es permitir que las reivindicaciones sociales se debatan en el marco de un diálogo, y no en los tribunales ni en las cárceles». Todas las personas entrevistadas abundan en la idea. El futuro de Alhucemas depende, según ellas, de dos condiciones esenciales: la liberación de los líderes del Hirak que siguen encarcelados, por un lado, y por otro, la capacidad del Estado para construir una nueva relación con el Rif, basada en la confianza, la escucha y el diálogo. Consideran que es necesario sacar el asunto del Hirak de una lógica exclusivamente de seguridad para situarlo en una perspectiva más amplia, a la vez política, social y de desarrollo.

Nueve años después del inicio del Hirak del Rif, Alhucemas se presenta como una ciudad transformada desde el punto de vista urbanístico, pero aún marcada por las heridas de su historia reciente. Las infraestructuras se han multiplicado, los espacios públicos se han remodelado y las autoridades destacan las inversiones realizadas en el marco del programa «Faro del Mediterráneo». Sin embargo, para una parte de la población, estos logros no han respondido a las expectativas que alimentaron la movilización de 2016.

El desempleo, las dificultades para acceder a la asistencia sanitaria, el éxodo de los jóvenes y el mantenimiento en prisión de varios líderes del Hirak siguen alimentando la sensación de que las causas profundas de la crisis persisten. Tanto para las familias de los detenidos como para muchos de los habitantes con los que nos hemos reunido durante este reportaje, la liberación de los presos constituiría un paso importante, pero insuficiente por sí solo. Una verdadera reconciliación supondría también un diálogo político, el reconocimiento de las heridas que dejó ese periodo y respuestas duraderas a las reivindicaciones sociales que impulsaron el movimiento.

Nueve años después, el Hirak del Rif no es solo parte de la historia: sigue marcando el presente de Alhucemas y planteando una pregunta que sigue sin respuesta: ¿cómo construir un futuro común cuando las heridas del pasado aún no han cicatrizado?

Nota:

[1] Ver, entre otros artículos, el relato en viento sur del estallido del Hirak del Rif en https://vientosur.info/mohcine-fikri-nacido-en-1985-soltero-vendedor-de-pescado-muerto-por-el-makhzen/ (N. de la t.)

Texto en francés: Enass. Traducción: viento sur

Fuente: https://vientosur.info/alhucemas-nueve-anos-despues-del-hirak-las-cicatrices-de-la-represion/