El 17 de agosto recibimos la triste noticia de tu muerte, tras una caída mientras participabas en la Kantujira, recorriendo los barrios y cantando en euskera. Tú, cómo siempre, tomando la calle.
Nos duele aceptar tu marcha de esta Tierra que tanto has defendido. Para nuestra organización has sido un referente de libertad, de ecologismo social y especialmente de desobediencia civil y de noviolencia activa. Siempre dispuesto a tender puentes, tu ejemplo nos cautivó desde que te conocimos. Es imposible no acordarse hoy de tu humanidad, tu cariño, tu sencillez, tu calidez y tu templanza.
En el mundo que dejas hacen más falta que nunca tus propuestas radicalmente pacifistas, tus ganas de dialogar y de entender. Y sobre todo, tu capacidad para no rendirte nunca, por más que la cosa pinte complicada.
Te llevaremos siempre en la memoria para seguir redirigiendo la historia a base de acciones noviolentas.
Un gran abrazo, compañero.



