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Entrevista a Alfredo González Ruibal, arqueólogo y escritor

«La arqueología demuestra que el franquismo intentó quitar la condición humana a los vencidos»

Fuentes: Naiz

En su nuevo libro, Alfredo González Ruibal expone 20 años de excavaciones sobre la guerra civil y la dictadura. Critica que el relato de la Transición ha ignorado a quienes resistieron en las décadas previas y alerta de que el PP «sigue anclado en la memoria franquista».

El libro viene a ser broche de oro de dos décadas de intensa indagación por un período de enorme sufrimiento social. ‘Un país en ruinas’ (Ed Crítica, 2026) es la nueva publicación del arqueólogo Alfredo González Ruibal, un activista de la memoria histórica y uno de los divulgadores en esta materia más reconocidos del Estado.

Doctor por la Complutense e investigador del CSIC, combina viajes por Africa y Medio Oriente para descubrir viejas civilizaciones con una intensa indagación en fosas comunes, trincheras, campos de concentración y chabolas del período de la Guerra Civil y toda la dictadura franquista.

En entrevista con NAIZ, comenta por qué elige contar su historia familiar en el libro, explica desde lo arqueológico la asimetría de recursos que hubo entre los soldados golpistas y los republicanos y pide a la clase política más valentía para profundizar el trabajo de campo y la visibilidad de las huellas que aquel tiempo ha dejado.

Lo de relatar la historia de su abuelo, beneficiado económico del franquismo, es una sorpresa. ¿Por qué este acto de sinceridad tan personal?

Bueno, normalmente cuando se piensa en la gente que nos dedicamos a la memoria histórica y a recuperar la memoria de ese periodo del franquismo, automáticamente se piensa que lo hacemos mas allá de por el desempeño profesional, por algo personal, por una especie de reivindicación personal, pero no es mi caso.

Mi familia por ambos lados era una familia muy conservadora y a la que que le fue muy bien después de la Guerra Civil. En el caso de mi abuelo materno, él participó de manera entusiasta en la represión y mi abuelo paterno se benefició directamente del primer franquismo, del período de ‘boom’ de construcción. Hablar de esto no era una expiación personal porque yo no soy responsable ni culpable sino mas bien una forma de naturalizar que se pueda hablar de los antepasados que no lo hicieron bien. Parece que en España hay una especie de pudor, que no se puede hablar de los que no lo hicieron bien. Pues que se fastidien, yo no siento que traiciono a mi familia.

En el caso de mi abuelo paterno, siento afecto por él y he convivido con él pero hay que poder separar lo personal de la parte política. Lo de mis abuelos estuvo mal desde valores puramente democráticos y creo que está bien hablar de eso. El hecho que en España no se haga al contrario de Alemania o Argentina tiene que ver con la Transición, haber pasado de puntillas con todo esto, haber transmitido que todas las historias son legitimas. No es así.

Cuente para que el lector sepa; ¿qué hicieron sus abuelos?

Mi abuelo materno era fiscal y antes de poder ejercer tuvo un período de prueba. Pasado ese plazo uno accedía al puesto pleno y a mi abuelo la Guerra Civil lo cogió en ese estadio de prácticas y él escribió al general encargado de Galicia para solicitar el ascenso para poder participar en la represión. 

Mi abuelo González nunca fue un franquista acérrimo, hoy sería un votante de PP y no de Vox, y de hecho él dejó una memoria muy positiva en la región de la que venimos de Galicia, la gente lo recuerda bien, tenía ese aspecto paternalista de pagar buenos salarios y buscarle empleo a la gente. Esto tiene que ver con los matices de grises que hay. Él se benefició del régimen franquista, tuvieron mano de obra esclava, se aprovecharon de los presos políticos republicanos. Así somos los seres humanos. hay figuras intermedias.

La cara contraria de ello es su suegra, María, a la que le dedica el libro

Sí, mi suegra nació en la inmediata posguerra y representa a las mujeres que experimentaron el franquismo desde el lado de los vencidos. Tuvo una vida prototípica de mujeres que sufrieron hambre y pobreza, que trabajaron muchísimo, con familiares represaliados, y que sin embargo han permanecido en silencio. No se beneficiaron de la victoria simbólica que han tenido los hombres, han sido condenadas al silencio.

¿Por qué este libro? ¿Qué representa para la memoria histórica excavar el franquismo?

Yo empecé a excavar la Guerra Civil y el franquismo hace 20 años, Esto es un poco el aniversario de mi inicio de investigación, después de mi primera década publiqué ‘Volver a las trincheras’ y ahora publico un intento de contar el franquismo desde el punto de vista de la arqueología, es una forma de cerrar este ciclo.

Hay una frase dicha por usted muy elocuente: «El franquismo trató de destruir la humanidad de los vencidos». ¿Eso se percibe en el trabajo arqueológico?

Sí, se ve bien en dos contextos distintos. En las fosas comunes, con su propia existencia, lo que se hizo es destruir la humanidad no solo por acabar con su vida sino porque acaba con algo propio de los seres humanos, con la memoria e identidad. se aniquila su memoria, esta gente no existe, no tienen derecho a un recuerdo digno.

Por otro lado está el campo de concentración, todo ese universo de finales de los 30 y los 40. El régimen pretende clasificar y educar a estas personas y también aniquilarlas como personas, reducirlas a estado de animalidad. Se ve en la propia lógica de los campos, que no eran espacios regulados con barracones, eran solo espacios abiertos con cercas en el campo, sin ningún tipo de orden,

En la mayor parte de los casos se reutilizaron edificios pero no fue la mayoría, la idea es convertir a la gente en masa, al contrario que una cárcel donde hay una celda para los presos. Esa comparación no es inocente porque los campos lo que hacen es producir al sujeto como desecho, como animal. En el campo de Castuera, que lo excavamos, había un descampado con letrinas sin cañerías, zanjas a cielo abierto. 

Alfredo González-Ruibal. (Europa Press)

Dice que la dignidad de las víctimas siempre estuvo, pero ocultada o ignorada «porque se estaba muy ocupado en los grandes hombres que trajeron la democracia»

Creo que el relato que se ha construido de la Transición, incluso también desde las izquierdas, se ha hecho en clave heróica, siempre se necesitan personajes con nombre y apellido. Puede ser Felipe González o Marcelino Camacho, pero siempre son individuos particulares, casi siempre hombres, los que traen la democracia. Y nos olvidamos toda esa cantidad de gente que hizo la democracia posible. Si no hubiera habido esa masa de personas que luchó por la democracia durante la dictadura, no hubiera sido posible. Hay que reivindicar más el papel de la gente de a pie, que participan de sindicatos o partidos o también con la micropolitica, esos actos pequeños de resistencia y solidaridad que son fundamentales para mantener un espíritu democrático. Y muchas veces esos actos dependen de mujeres o personas que estaban en los margenes.

En el libro habla de las «estructuras negativas y positivas» en arqueología y cómo algunas negativas también lo son desde lo moral. ¿Puede comentarlo?

Lo cierto es que coinciden mucho las estructuras que excavamos del franquismo y el carácter negativo moral que tiene el franquismo. Para crear una estructura negativa es necesario extraer algo, por ejemplo una fosa común o una trinchera; tienes que excavar, no agregas, quitas, a diferencia de las estructuras positivas. Las fosas comunes, las canteras del valle de los Caídos, ese gran movimiento negativo se expresa en una relación negativa con la tierra y con el paisaje.

Un ejemplo elocuente y metafórico en su excavación es lo de la esvástica entre huesos de rata en el asilo Santa Cristina

Sí, lo encontré yo, es una de las cosas que me parece maravillosa. La metaforización viene después, sí, pero ¡qué símbolo descubrimos! Fue en una cloaca de la Guerra Civil donde tiraban la basura los legionarios, allí iban las ratas a comer los desechos. La esvástica estaba hecha de lata reaprovechada, creo que del forro de las cajas de munición, también aparecieron insignias de la Falange. Era de un español, seguro, pero los destacados en ese asilo eran en parte marroquíes. Los legionarios eran un cuerpo muy motivado, no eran soldados de leva.

El libro narra cómo la arqueología demuestra el estreñimiento en las filas republicanas y el buen comer en el bando golpista

En las posiciones republicanas, al fin de la Guerra Civil aparecen bastantes frascos de complementos alimenticios, vitaminas y etcétera, porque no tenían acceso a alimentos frescos. Y nos encontramos frascos de medicamentos laxantes y aguas minerales purgantes, porque no tenían acceso a alimentos con fibras y eso generaba problemas intestinales. En el caso de la Guerra civil tenemos muy pocas cartas de combatientes y bastantes pocos testimonios, muchas veces este tipo de cuestiones las podemos saber por documentación oficial o bien por la arqueología. No comían bien, la ingesta calórica era inferior a la necesaria y ademas eran alimentos de mala calidad, sin verduras ni fibra.

En las trincheras republicanas vimos es que no había prácticamente huesos de animales. En cambio, en las trincheras franquistas aparecen muchos más, y restos de alimentación más variada. El hecho de que las filas franquistas tuvieran mucho más acceso a la carne nos hace pensar que tenían más acceso a más y mejores alimentos. Los franquistas tenían acceso al crédito de los alemanes. Aunque los republicanos se quedaron con los mejores terrenos agrícolas, los fueron perdiendo.

De todo lo que ha encontrado o visto en el trabajo de campo, ¿qué es lo que más lo ha dejado boquiabierto?

Mmm (piensa), hay una serie de objetos que son capaces de contar toda una historia y que ocupan un rol central en el libro. Hago siempre mención a las tazas-lata, latas de conserva transformadas para ser utilizadas como una taza. En principio puede parecer poco relevante pero la historia que cuenta es tremenda porque nos habla de una gente que no tenia acceso a nada, que tiene que vivir de la basura y toda su cultura material, los objetos que tienen son desechos. Hicieron cucharas de lata, platos de lata, se atan los pantalones con trozo de alambre… es una cultura de la basura y a la vez es una muestra de dignidad enorme, gente que no quiere ser reducida a la animalidad.

La lata les permitía seguir comiendo y viviendo como seres humanos. Los carceleros les querían convertir en bestias, les hacían comer de ollas colectivas, les lanzaban alimento al suelo y ellos se resisten utilizando estos objetos que les permite seguir sintiéndose humanos. Recordemos que lo que nos separa de los australopitecus es que los seres humanos fabricamos utensilios. Todo esto lo veíamos en los campos de concentración.

¿Cree que hay déficit de arqueología del franquismo comparado con otros países como Alemania, Portugal o Argentina?

En Alemania y Argentina se ha hecho muchísimo mas que en España, sobre todo en esto de los centros de detención. En España, en fosas se podría decir que es el país líder de exhumaciones pero en estos fenómenos de la represión vamos muy por detrás, se han excavado unos siete campos de los 300 que hubo. Y a eso habría que añadir destacamentos penales y batallones. Muchos nunca se podrán estudiar porque eran espacios reutilizados, con lo cual no han dejado huella, pero hay otros que sí y hay trabajo enorme por hacer. Hay un trabajo patrimonial pendiente de identificar estos lugares, hacerlos visitables.

¿Por qué no se avanza?

En los últimos años se ha avanzado más en esta cuestión memorial, en el Gobierno de Sánchez ha habido un cambio con respecto a los otros gobiernos del PSOE. Pero el problema fundamental es que el PSOE ha tratado siempre de evitar el conflicto con este tema, buscar una postura ecuménica, y eso ha impedido que se hayan desarrollado políticas de memoria. Hay un porcentaje de personas a las que no te tiene que importar molestar y de hecho tienen que sentirse molestados con las políticas de memoria; los que se identifican con los perpetradores. Y el PSOE ha sido poco valiente. El gesto de sacar a Franco del Valle de los Caídos fue el mas radical, pero la actitud siempre fue templar gaitas. La política de las fosas ha sido mas decidida ahora pero siempre hay una inercia a intentar evitar intervenciones más radicales.

Hay un pulso entre el PP de Ayuso y el Gobierno de Sánchez por poner una simple placa recordatoria en la Real Casa de Correos de Puerto del Sol para recordar que allí se torturó y se tuvo cautivos a presos políticos. Como arqueólogo y activista de la memoria histórica, ¿qué le parecen este tipo de pulsos?

Me genera muchísima impotencia y frustración. creo que lo que demuestra es que hay una parte de la derecha española, la más institucional y convencional, que sigue anclada en la memoria franquista y la sigue defendiendo. Es diferente en otros contextos pero es más claro en Madrid. No habría que tolerarlo. Con estas cosas siempre digo ‘vamos a ponernos a pensar si fueran víctimas de ETA, que pasaría si en este lugar alguien se negara a poner una placa diciendo aquí hubo víctimas de un atentado de ETA’… sería impensable y en Madrid produciría un escándalo. Sin embargo, se hace con victimas del franquismo, no del 36 sino qde gente ue murió o fue torturada en los 70, que ahora son jubilados, que son nuestros padres, no es  el Pleistoceno, es un insulto para esta gente y para los familiares. Se insulta la memoria de la gente que luchó por la democracia. El mensaje que deja es peligroso y horrible.

Fuente: https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20260830/la-arqueologia-demuestra-que-el-franquismo-intento-quitar-la-condicion-humana-a-los-vencidos