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Túnez

A la izquierda, las brechas abiertas de Kaïs Saïed

Fuentes: Viento sur [Imagen: En el centro el dirigente del Frente Popular y Secretario General de Hamma Hammami el 14 de enero de 2019 Fethi Belaid/AFP]

Aunque no ha dejado de dividirse desde el día después de las elecciones de 2014, la izquierda tunecina parece hoy más amenazada que nunca por el autoritarismo de Kaïs Saïed. Más que por las detenciones en sus filas, Saïed siembra la discordia atacando frontalmente a su enemigo histórico, el partido islamista.

Con la detención de Rached Ghannouchi el 17 de abril de 2023, la izquierda tunecina parece haber recibido el tiro de gracia. Enemigo número uno de las diferentes corrientes que lo componen, el líder del partido islamista Ennahda está considerado como el principal culpable del naufragio político del país. Además, gran parte de la izquierda lo acusa de ser el responsable de la muerte de Chokri Belaïd, líder del Partido de los Patriotas Demócratas (Watad), y de Mohamed Brahmi, líder del partido Corriente Popular, ambos figuras destacadas de la coalición Frente Popular entre 2012 y 2013, asesinados el 6 de febrero y el 25 de julio de 2013 respectivamente.

De hecho, las reacciones a lo que un miembro del partido nacionalista árabe Movimiento Popular calificó de «no acontecimiento» han puesto de manifiesto otra fractura – sin duda la más profunda- en el seno de este movimiento. Si son escasas las figuras y partidos que rechazan las detenciones políticas que se han producido desde el 11 de febrero de 2023, considerándolas arbitrarias y peligrosas para el estado de las libertades y la democracia, son sin embargo muchos más los que consideran a Ghannouchi como un criminal que merece ser castigado.

El golpe de Estado, un filtro democrático

Esta división entre una izquierda apegada a los principios democráticos y otra capaz de ignorar algunos de ellos cuando se trata de luchar contra el islamismo político,

se puso de manifiesto con el golpe de Estado del 25 de julio de 2021. Aunque en un principio el golpe pudo parecer legal y muy popular, el Decreto 117 emitido el 22 de septiembre de 2021 selló el destino de la transición democrática y puso a Túnez en la senda de la dictadura, con la suspensión de la Constitución de 2014.

Al día siguiente de la maniobra de Kaïs Saïed, surgieron dos polos. Por un lado, los opositores a la exégesis presidencial de la Constitución. Así, el Partido del Trabajo y Al-Joumhoury fueron de los primeros en calificar de golpe de Estado en sus comunicados la iniciativa del inquilino de Cartago. Los partidos socialdemócratas de la Corriente Democrática y del Foro Democrático por el Trabajo y las Libertades (Ettakatol) fueron menos virulentos, aunque expresaron su rechazo y su desacuerdo con el enfoque adoptado por el Presidente de la República. Su posición evolucionará rápidamente, también en este caso, hacia una oposición frontal. Estos cuatro partidos forman con Qotb un frente progresista de oposición a Kaïs Saïed, apodado en Túnez «el Quinteto».

En el otro lado, encontramos a los partidarios del Presidente. Se trata principalmente de partidos de obediencia nacionalista árabe, como el Movimiento Popular, la Corriente Popular, pero también y sobre todo de personalidades del Watad, como Mongi Rahoui, que goza de un importante peso simbólico en el seno de la izquierda tunecina. Este último había provocado la implosión de la coalición del Frente Popular en 2019, cuando decidió presentarse a las elecciones presidenciales contra Hamma Hammami, líder de la coalición. Estos primeros partidarios del presidente creen que la transición democrática en curso desde 2011 es una farsa, y piden el fin de lo que llaman «la década negra». Paradójicamente, todos ellos fueron actores de esta década, participando en las distintas elecciones, ocupando cargos electos locales y nacionales en distintas asambleas, y algunos incluso ocuparon el puesto de ministro.

Los islamistas como única brújula

En realidad, no es tanto la transición democrática como la presencia del partido islamista Ennahda en el poder durante todos estos años lo que explica la adhesión de esta parte de la izquierda al autoritarismo de Kaïs Saïed. Se actualiza así, una vez más, el conflicto histórico en el mundo árabe entre la izquierda y los islamistas, como fue el caso de la izquierda nacionalista árabe bajo Gamal Abdel Nasser en Egipto o, de forma más exacerbada, bajo Hafez Al-Assad en Siria.

En Túnez, las dos corrientes políticas y filosóficas se enfrentan en los campus universitarios desde los años ochenta. La revolución permitió que estos enfrentamientos se produjeran a plena luz del día y se convirtieran en una de las escisiones estructurantes del paisaje político. Dentro de la izquierda, la pregunta sigue siendo: ¿se puede vivir en democracia con un partido islamista? Los diferentes actores de este movimiento político llevan mucho tiempo divididos al respecto, entre los que consideran que hay que erradicar a los islamistas para vivir en democracia y los que piensan que pueden seguir formando parte del paisaje pluralista. Sin embargo, los años de gobierno de Ennahda no han ayudado a responder a esta pregunta.

El partido islamista no ha abandonado el poder desde 2011. Tras haber resultado vencedor en las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente de octubre de 2011, estuvo al mando hasta la crisis del verano de 2013. Si durante más de un año, el relevo estuvo asegurado por un gobierno de tecnócratas, la cosa se hace con su aprobación. En las elecciones legislativas de 2014, el partido quedó segundo por detrás de su oponente Nidaa Tounes de Béji Caïd Essebsi, pero los dos partidos decidieron unir sus fuerzas para gobernar gobernar durante cinco años. Finalmente, en las elecciones legislativas de 2019, el partido quedó primero pero con menos del 25% de los votos, lo que solo le dio una exigua mayoría en la Asamblea. También en este caso, los islamistas consiguieron, mediante un juego de alianzas, mantenerse en el poder hasta el golpe de Estado de julio de 2021.

Entre escándalos de corrupción de dirigentes y acusaciones de complacencia -o incluso de complicidad- con el terrorismo, el anti-islamismo erradicador ha encontrado bastante de lo que alimentarse. El año 2013 representa un punto de inflexión importante desde este enfoque, con los asesinatos políticos de Chokri Belaïd y Mohamed Brahmi. Inmediatamente, las miradas se vuelven hacia Ennahda y su líder Rached Ghannouchi, acusados de ser cómplices, cuando no de haber orquestado estos asesinatos.

Diez años después, la convicción de la culpabilidad de Ennahda sigue viva. El 7 de marzo de 2023, durante una manifestación organizada por la Unión General Tunecina del Trabajo (UGTT), los manifestantes volvieron a corear el lema de 2013, «Ghannouchi asesino».

Hamma Hammami, presente en ese momento, declaró que «no es el momento» de revivir este eslogan, considerando que el único objetivo de esta marcha debía ser denunciar el autoritarismo del Presidente de la República. A esto siguió toda una campaña de acoso e insultos contra el líder del Partido de los Trabajadores, dirigida por un sector de la izquierda bajo el hashtag «no es el momento», y acusándole de haber traicionado a sus camaradas asesinados.

Sin embargo, desde su golpe de Estado, Kaïs Saïed no ha dejado de explotar este odio, sobre todo en este tema concreto. Así, el 6 de febrero de 2022, día de la conmemoración del asesinato de Chokri Belaïd, anuncia la supresión del Consejo Superior de la Magistratura, al que acusa de corrupción y de fidelidad al partido islamista.

La inencontrable tercera vía

Aunque de forma diferente, la cuestión de la relación con los islamistas también atraviesa el campo de la oposición democrática, que intenta desesperadamente encontrar su camino.

La oposición a Kaïs Saïed se resume en tres grandes bloques: el Parti Destourien Libre (PDL) de Abir Moussi, un nostálgico del antiguo régimen; el Front du Salut National, una coalición cuyo principal componente es el partido islamista, con importantes personalidades procedentes de la izquierda como Ahmed Nejib Chebbi, y por último el Quinteto.

Si el PDL parece prestar poca atención a la democracia y, sobre todo, quiere ir por libre, la cuestión de un acercamiento entre el Quinteto y el Frente de Salvación Nacional atormenta a la coalición de fuerzas progresistas. Incluso ha provocado una escisión en el seno de la Corriente Democrática, con la salida de varios de sus dirigentes, entre ellos su secretario general Ghazi Chaouachi, encarcelado desde febrero de 2023. El partido Al-Joumhouri, cuyo secretario general Issam Chebbi también está en prisión, también abandonó la coalición, probablemente por las mismas razones.

No es la primera vez que la cuestión de la alianza entre la izquierda y los islamistas se plantea en las filas de la oposición. El 18 de octubre de 2005, con motivo de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI) organizada en Túnez, se formó una coalición sin precedentes de fuerzas de izquierda e islamistas bajo el nombre de «Frente 18 de octubre». Varias personalidades famosas como Ahmed Nejib Chebbi, Hamma Hammami o Samir Dilou (Ennahda) iniciaron juntos una huelga de hambre para denunciar la dictadura de Zine El-Abidine Ben Ali.

Sin embargo, si en 2005 la alianza era posible, las secuelas de la década de transición democrática y las múltiples batallas que han enfrentado a los dos campos hacen que la hipótesis de tal acercamiento sea mucho menos realista. La izquierda democrática se debate así entre una alianza con sus antiguos enemigos, que para algunos es sinónimo de traición a sus viejas luchas, y una oposición solitaria e ineficaz al enemigo de hoy. Solos, los partidos del Quinteto no tienen capacidad de movilización, como demuestra el escaso número de manifestantes en las concentraciones que han convocado.Sin embargo, la coalición de partidos progresistas se mantiene y, a pesar de todas las turbulencias, sigue avanzando. En vísperas del tercer congreso de la Corriente Democrática (28-30 de abril de 2023), la hipótesis de una renovación generacional en el seno de estas formaciones sería la única esperanza para esta izquierda de poder tener peso algún día en el paisaje político.

HAKIM FEKIH, activista político tunecino.

Texto original: https://orientxxi.info/magazine/tunisie-a-gauche-fractures-ouvertes-face-a-kais-saied,6410

Traducción de Viento Sur

Fuente: https://vientosur.info/a-la-izquierda-las-brechas-abiertas-de-kais-saied/