Los frentes en que opera el terrorismo a nivel global, particularmente el que lo hace bajo la cobertura del fundamentalismo islámico, son más activos.
En África, desde al menos una década y media, no pasa un día sin que alguna de las facciones locales asociadas a al-Qaeda y el Daesh realice alguna operación que genere muertos y heridos.
No es necesario repasar a vuelo de pájaro para encontrar lo de siempre: En Nigeria, en la primera semana de febrero, dos ataques coordinados contra los pueblos de Woro y Nuku, en el estado de Kwara en el centro-oeste del país, dejaron cerca de doscientos muertos, con las prácticas habituales: cercar las aldeas, ingresar y disparar contra todo, para después saquear y destruir lo que haya quedado en pie y secuestrar mujeres y niños. Por el lugar donde se han realizado esas dos operaciones, lo más acertado sería considerar que los atacantes han sido bandas criminales locales “contratadas” por alguna de las dos grandes khatibas que operan en Nigeria, Boko Haram o el Estado Islámico Provincia de África Occidental (ISWAP), ya que cada vez son más frecuentes este tipo de joint venture entre bandas del crimen organizado y los fundamentalistas en el noroeste del país. Algo similar ocurrió el pasado sábado 7 en una aldea del estado de Kaduna (noroeste), donde fueron asesinadas tres personas y secuestradas otras once, entre ellas un sacerdote católico, aunque en este caso, por la referencia geográfica, sí podría haber actuado un comando de alguna de las organizaciones wahabitas.
En el vecino Níger, por lo menos un “extraño” episodio se dio en el aeropuerto internacional de Diori-Hamani y la base militar 101, en proximidades de Niamey, el 29 de enero, cuando la seguridad rechazó, aparentemente, un intento de copamiento de las instalaciones que dejó al menos cuatro soldados nigerinos heridos, una veintena de atacantes muertos y once detenidos. Entre ellos uno de nacionalidad francesa. Más tarde el Estado Islámico-Provincia del Sahel (ISSP) asumiría la responsabilidad de la acción, aunque el presidente de la Junta Militar que gobierna el país desde 2023, el general Abdourahamane Tiani, responsabilizó directamente a los presidentes de Francia, Emmanuel Macron, a Patrice Talon de Benín y a Alassane Ouattara de Costa de Marfil de haber instigado el ataque. Ninguna novedad si se lo enmarca en los constantes ataques de las operaciones terroristas contra la Alianza de Estados del Sahel (AES), Burkina Faso, Malí y Níger, donde las milicias del ISSP y los daeshianos del Jamāʿat nuṣrat al-islām wal-muslimīn (JNIM) concentran todo su potencial para desestabilizar los gobiernos de estas tres naciones profundamente anticolonialistas. Desde hace más de un mes la capital de Mali, Bamako, soporta el bloque de JNIM, que impide la llegada de los camiones cisternas para el abastecimiento de combustible y otros insumos básicos para la ciudad, habiendo destruido docenas de camiones y asesinado a sus conductores y escoltas (Ver Mali: la ecuación siria).
En este contexto quizás también tendría que anotarse el reciente magnicidio de Saif al-Islām Gaddafi (ver Libia: el estigma de ser Gadafi), el hijo del coronel, que estaba emergiendo como la figura que podría haber convocado a los cada vez más numerosos sectores desilusionados con la Libia que ha quedado después de haber sido “liberada” de la opresión gadafista. Aunque en este caso no es claro si las acciones encubiertas de la inteligencia occidental cuentan como actos terroristas o no.
En Somalia las acciones terroristas del grupo al-Shabab se han moderado, ya que tras el reconocimiento de Somalilandia por parte de la entidad sionista que ocupa Palestina, Líbano y Siria, lo que anticipa una próxima anexión por lo menos virtual, tanto Mogadiscio y sus socios Turquía y Egipto, entre otros, como el propio al-Shabab se enfrentan a un cambio de paradigma que quizás incluso los obligue a alinearse frente a la próxima invasión. Más allá de que los Estados Unidos continúan bombardeando posiciones terroristas de manera aleatoria.
Si bien la guerra en el este de la República Democrática de Congo (RDC), o mejor dicho el nuevo tramo de la eterna guerra que se libra, no puede achacarse plenamente a la acción del fundamentalismo wahabita del grupo Allied Democratic Forces (ADF) o la franquicia del Estado Islámico en África Central (IS-CAP), que por años han tenido en jaque a las provincias de Kivu del Norte, del Sur e Ituri, desde que a fines de enero del año pasado el Movimiento 23 de enero (M-23) tomara la ciudad de Goma, capital de Kivu del Norte, iniciando una guerra proxy a cuenta y orden de Burundi, que desde entonces continúa, como continúan todas las guerras en el este de la RDC. (R. D. Congo: Todos los caminos conducen a Goma).
Sin olvidar en esta rápida lista el intermitente conflicto del norte de Mozambique, donde los muyahidines del Ahlu Sunnah Wa-Jamo (Seguidores del Camino Tradicional o Defensores de la Tradición), que desde 2017 han puesto cabeza bajo el norte del país índico, particularmente la provincia de Cabo del Norte, donde los ataques y las tomas momentáneas de las principales ciudades han desarmado por proyectos extractivistas os de las grandes energéticas occidentales, particularmente los de la francesa TotalEnergies SE.
Aquí no podremos anotar novedades acerca de lo que sucede en la Península del Sinaí, que desde el inicio de la Operación Sinaí 2018, las tropas del presidente Abdel Fattha al-Sisi, que allí combaten al grupo Wilayat Sinaí, la franquicia de al-Qaeda para Egipto, se mantiene cerrada a cal y canto sin conocerse siquiera la suerte de la población local que, como siempre en estos casos, es la víctima propiciatoria de ambos bandos.
Sudán con punto seguido
Por la dimensión que ha tomado la guerra civil que desde abril del 2023 libran las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS) y el grupo paramilitar Fuerza de Apoyo Rápido (FAR), han producido la mayor crisis humanitaria que vive el mundo desde la Segunda Guerra Mundial, con cerca de quince millones de desplazados, cientos de miles de muertos y la destrucción de prácticamente toda la infraestructura del país, por lo que pasarán décadas para volverla a levantar, si alguna vez esto sucediera.
Las acciones de ambos bandos parecen diseñadas más para definir un ganador o llegar a un statu quo que los obligue a negociar por lo menos un alto el fuego que nunca se pudo lograr desde el comienzo del conflicto.
Hasta hace unas pocas semanas, después de la caída de la ciudad de El-Fasher, la última capital de la región del Darfur que no estaba bajo el control de los paramilitares, muchos creímos que con esto el líder de las FAR, Mohamed Hemetti Dagalo, se conformaría con hacerse fuerte en esa región de donde es nativo y de alguna manera buscar el reconocimiento internacional como una nación independiente de Jartum, la capital federal del país (Ver: Sudán, los desastres de la guerra). Pero no, las tropas paramilitares continuaron su avance hacia el Kordofán, aplicando la misma estrategia que les posibilitó la caída de al-Fasher, reforzando el sitio a principios de diciembre las ciudades de Kadugli y Dilling, dos de las más importantes de la región de Kordofán, después de haber tomado Babanusa y Heglig, un yacimiento petrolífero clave por el que pasa el crudo bombeado desde Sudán del Sur hacia los puertos de Sudán, en el mar Rojo.
Hacia finales de enero, el comando del ejército sudanés anunció haber roto el cerco a la ciudad de Dilling.
Con un rápido avance al este de Diling, las FAS consiguieron despejar el camino hacia la que es la segunda ciudad más grande del Kordofán del Sur.
Con esta victoria el ejército ha quitado parte del impulso que los paramilitares habían tomado desde la caída de el-Fahser a finales de octubre, alcanzando otra vez a equilibrar las fuerzas en Kordofán, que permite el reabastecimiento de la ciudad y enviar refuerzos a Dilling, y profundizar la avanzada hacia Kadougli, la ciudad que también se encuentra cercada por la RFS y milicias aliadas.
En este nuevo contexto, el Kordofán se convierte en el frente más activo de la guerra sudanesa, que parece estar diseñada para ser eterna.
*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC
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