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Zimbabwe

Asalariados atados al microcrédito

Fuentes: IPS

El maestro zimbabuense Johnson Gama sabe muy bien lo que es ser pobre. Es que su salario no le alcanza actualmente para vivir, a diferencia de dos décadas atrás cuando su profesión se incluía dentro de la clase media de este país. El dólar zimbabuense cayó hace más de una década por la crisis política […]

El maestro zimbabuense Johnson Gama sabe muy bien lo que es ser pobre. Es que su salario no le alcanza actualmente para vivir, a diferencia de dos décadas atrás cuando su profesión se incluía dentro de la clase media de este país.

El dólar zimbabuense cayó hace más de una década por la crisis política que afectó al país y creó una crisis fiscal que impactó en los salarios de los funcionarios públicos. Muchas personas como Gama se acercaron a los proveedores de microcrédito, un servicio que proliferó en esta ciudad sudafricana.

«Lo que me permite sobrevivir es el préstamo que solicito todos los meses», se lamentó Gama.

Los maestros están por organizar una huelga nacional en reclamo de un salario de 500 dólares al mes, bastante más que los actuales 200 dólares.

El monto reclamado está por debajo de la canasta básica de Bulawayo, que asciende a 502 dólares por familia de cinco integrantes.

Programas de microcrédito, registrados o no ante las autoridades competentes, ofrecen efectivo a las personas necesitadas. Los periódicos locales siempre tienen alguna publicidad ofreciendo préstamos a bajo interés que no hacen más que crear un ciclo interminable de deuda.

Los servicios de microcrédito fueron considerados por agencias internacionales de desarrollo como uno de los medios para terminar con la pobreza en África subsahariana. Pero es necesario que estén regulados, como lo demuestra el caso de Gama.

Los programas locales fueron pensados para ayudar a los funcionarios de menores ingresos, pero los «esclavizaron», se lamentó.

«Es difícil salir del endeudamiento. Sé que el salario que recibo todos los meses no es mío pues es para pagar y pedir préstamos», explicó. «Todas las personas que conozco y que están en mi situación se quejan de lo mismo», apuntó.

«Es especialmente tentador para las mujeres porque los prestamistas no suelen pedirles garantías», que ellas no tienen porque no son propietarias, indicó la maestra Janice Mbewe. «Pero una vez que recibes el dinero, es difícil salir del círculo», apuntó.

Las instituciones que ofrecen microcréditos suelen apuntar a los funcionarios públicos porque suelen recibir salarios regulares, reconoció Nomusa Phiri, propietaria de una de ellas en el distrito financiero de Bulawayo.

«Reclamamos constancia de ingresos regulares como un recibo. Sabemos que el gobierno paga a los funcionarios civiles y que nunca quebrará», declaró.

Es un argumento muy popular, pese a que el Ministerio de Finanzas dice a los sindicatos que no puede aumentar los salarios porque no hay dinero.

«Si no pagan, sabemos que podemos embargar la propiedad», añadió Phiri.

«El prestatario se expone a la explotación porque las instituciones de microcrédito pueden fijar el monto del embargo de la propiedad por encima de la cantidad adeudada para recuperar su dinero. Los funcionarios desesperados no tienen escapatoria», arguyó el economista Khumbulani Nxumalo, quien trabaja en un banco local.

«Basta mirar las tasas de interés para ver cómo se aprovechan de la desesperación de la gente. La ley debe proteger a los trabajadores necesitados de efectivo», dijo a IPS.

La población tiene una opinión diferente del microcrédito que de explotadores ilegales porque los primeros imponen una tasa de interés de 35 por ciento, en tanto los segundos de 50 por ciento.

La enmienda a la Ley de Finanzas obliga a las instituciones financieras no bancarias a registrarse.

Pero en los últimos años, hubo una proliferación de instituciones de diversos sectores, de la educación a la banca, que operan sin licencia y la población no tiene recursos legales contra ellas.

El sector informal pasó a ser el principal empleador en Zimbabwe desde que la economía colapsó hace más de una década. El ministro de Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes), Sithembiso Nyoni, pidió apoyo al para generar puestos de trabajo.

Pero no hay elementos suficientes para decir que las instituciones de microcrédito ofrecen préstamos a las Pymes.

«El problema es que el dinero no se usa para nada que genere ingresos. Se destina a gastos básicos, lo que asegura que el prestamista vuelva por más», explicó Nxumalo. «Muy pocas personas escapan del círculo de endeudamiento», añadió.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo promueve el microcrédito para impulsar el desarrollo de los países pobres, pero nada capaz de generar ingresos surgió en Bulawayo.

Phiri señaló que también ofrece «préstamos empresariales» de unos 5.000 dólares para empresas informales, pero los interesados no suelen cumplir con los requisitos.

«Mucha gente dice que quiere empezar su propio negocio, pero no tiene propuestas ni cuentas bancarias que aseguren que pagaran el préstamo», señaló Phiri.

A diferencia de los funcionarios con salarios regulares, muchos pequeños y medianos empresarios no pueden hacer frente a las tasas de interés.

«Queremos acceder al microcrédito, pero las tasas de interés son prohibitivas», señaló Robert Komboni, propietario de una pequeña fábrica de muebles en la zona industrial de Bulawayo.

«Nunca nos alcanza el dinero para cumplir nuestros sueños, pero ¿qué podemos hacer?», preguntó.