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Asesinato de Estado de una activista

Fuentes: TeleSur

El asesinato de Sandra Bland expone la impunidad de la policía de Estados Unidos más crudamente que nunca. Para hoy, los hechos son bien conocidos por millones, pero vale la pena revisarlos nuevamente. El 10 de julio, una mujer de 28 años, activista del movimiento Black Lives Matter, que se había trasladado recientemente a Texas […]

El asesinato de Sandra Bland expone la impunidad de la policía de Estados Unidos más crudamente que nunca. Para hoy, los hechos son bien conocidos por millones, pero vale la pena revisarlos nuevamente.

El 10 de julio, una mujer de 28 años, activista del movimiento Black Lives Matter, que se había trasladado recientemente a Texas para un nuevo trabajo en una universidad, estaba siendo seguida muy de cerca por un auto a toda velocidad en una autopista. Ella cambió de carril para salir del camino del conductor, y ese debería haber sido el fin de la historia, nada más que un evento sin importancia en su vida. Pero el conductor, Brian Encinia de 30 años, era un oficial de policía, prendió las luces intermitentes e hizo que Sandra se detuviera.

Tres días más tarde ella estaba muerta en una celda de la cárcel del Condado. Me enteré de la muerte de Sandra Bland después de ver el video de su detención y el abuso por parte de Brian Encinia. Cuando lo vi, pensé que era otro ejemplo de abuso policial rutinario y de violencia contra las mujeres negras en los EE.UU., como el enloquecido ataque de Eric Casebolt en junio, a una niña de 14 años que estaba en una fiesta en la piscina (también en Texas: https://www.youtube.com/watch?v=t8fJgR6fjKo

En cambio, resultó que yo estaba viendo el comienzo de una larga secuencia de tortura y asesinato. Asesinato es la única palabra para describir esta situación, ya que, aunque la historia, muy inverosímil, de su suicidio resulte ser cierta, no hubiera manera de que ella esté muerta si no hubiera sido detenida. Nada diferente de la muerte de Eric Garner, por un grupo de policías en Nueva York el año pasado, siendo los principales asesinos Daniel Pantaleo y Justin Damico del Departamento de Policía de Nueva York. O el asesinato de Walter Lamer Scott, cometido por Michael Thomas Slager, que mató a tiros al hombre mientras huía.

Estos son sólo una fracción de los casos que han sido destacados por el movimiento Black Lives Matter (que contaba a Sandra Bland entre sus activistas). El Movimiento Black Lives Matter, mientras acumula quejas y eleva una crítica sistémica, puede solamente centrarse en una fracción de las cientos de personas asesinadas cada año por las fuerzas del orden en los EE.UU.

Los homicidios cometidos por la policía de Estados Unidos son mucho más altos que en la mayoría de otros países occidentales. Hay diferentes formas de contar, y diferentes instituciones que realizan el conteo. Pero ya sea que se fijen en la base de datos de The Guardian, de Killedbypolice.net, de Fatal Encounters Data Base, o de alguna otra institución, parecería que estamos viviendo en medio de un recrudecimiento de asesinatos de la policía, especialmente a ciudadanos negros desarmados, hombres o (ahora) mujeres. Viendo los vídeos de estos asesinatos, se destacan varias cosas: la extraordinaria cobardía de los policías, que atacan a gente completamente indefensa desde una posición de total seguridad; la cuidadosa atención de encubrir, que comienza inmediatamente después o incluso durante el ataque; y la constante, metódica  agudización de la situación por parte la policía, hasta llegar al punto del ataque.

Por todas estas cosas, el video y la transcripción de la detención de Sandra Bland por el agente Brian Encinia, así como la operación de encubrimiento, es el ejemplo más notorio. Encinia está en completo control de la interacción en cada momento. Él la obliga a detener el auto, ella obedece. Él le pregunta que está mal, ella le dice que está molesta por haber sido detenida, y él utiliza esta información para agravar la situación («¿Ya terminaste?», le pregunta). Entonces él le dice que apague su cigarrillo, algo que ella sabe que no tiene que hacer, pero parece hacerlo de todos modos. Ella acepta la citación que él le dio, y el vuelve a agudizar la situación. En poco tiempo la puerta del auto está abierta y comienza el ataque, en el que por varias ocasiones le dice que se mueva y luego le dice que no se mueva.

En todo momento, Sandra habla con Encinia como un ser humano a otro, diciéndole el daño que le está haciendo a sus brazos, a su oído, a la cabeza, sobre sus condiciones médicas; y también le recuerda el marco jurídico en el que se supone que deben estar funcionando. Encinia simplemente continúa con su asalto.

Mi conclusión de este video es que no había absolutamente nada que Sandra pudiera haber hecho para salvar su vida. Desde el momento que Encinia decidió detener su auto, él podía haber mantenido la situación en calma, en cualquiera de los veinte o treinta minutos. Es fácil imaginar que la misma dinámica continuó en la cárcel del Condado de Waller, donde estuvo detenida durante tres días, después de lo cual las autoridades de la cárcel entregaron su cuerpo, junto con una serie de fotos improbables, videograbaciones editadas, tonterías sobre una supuesta depresión de Sandra, y autopsias mediocres que están diseñadas para garantizar que nadie sea castigado por su asesinato. El Sheriff del Condado está investigando las causas de su muerte; el mismo Sheriff del Condado es el que dirige la cárcel donde Sandra murió.

Las discrepancias en los informes y videos que se han presentado hasta la fecha, sin sonrojarse, son, si se toman en su valor nominal, una declaración asombrosa de incompetencia. La explicación alternativa obvia es que estamos presenciando el desarrollo de un encubrimiento. A pesar de la presencia en los medios de comunicación de gente como Harry Houck, que defenderá cualquier acto de violencia por parte de la policía, Sandra Bland es una persona extraordinariamente difícil de presentar como una amenaza física a un agente armado de la policía. Lo mejor que Houck pudo decir para defender el asesinato, fue acusar a Sandra de «arrogante». Arrogante mientras era arrestada, luego y de repente, deprimida y suicida, según la policía.

Lo que el caso de Sandra Bland demuestra es que las mujeres negras son tan víctimas como los hombres negros, que el no ser una amenaza, no te salvará, que el conocimiento de la ley y hacer valer tus derechos, no te salvará, que el marco jurídico que se supone gobierna y limita las interacciones de la policía con la gente, y las investigaciones de estas interacciones después de que se convierten en mortales, son vistas por la policía como opcionales.

¿Cuán ampliamente este punto de vista, de que la ley es opcional para la policía, es compartido por el público de Estados Unidos? Este punto de vista parece ser sostenido por la policía, como grupo, así como por la mayor parte de los medios de comunicación que los defienden. Pero, ¿qué piensa la gente? Los icónicos videos del movimiento Black Lives Matter sobre la Policía generan un bien merecido miedo, desprecio y repulsión. Pero los cuerpos de Policía también son destinatarios de una solidaridad generalizada, no merecida, que les ofrecen sin ninguna condición, ya sea desde dentro de su grupo como dentro de la sociedad. Gran parte de esta solidaridad es debido al racismo. Parte también se debe al respeto a la ley y la legitimidad de las instituciones, que trabajan mejor para unos que para otros. Una sociedad que ofrece su solidaridad incondicional generalizada a la policía, terminará tolerando lo intolerable, y así ha sido. La idea de Black Lives Matter es que esta solidaridad incondicional puede ser resquebrajada si los hechos llegan a ser escuchados. Tal vez, incluso, podría ser sustituida por la solidaridad con las personas comunes y corrientes que, más que nunca después del asesinato de Sandra Bland, se les dice que vivan con el miedo de que la policía pueda matarles con total impunidad.

Fuente: http://www.telesurtv.net/opinion/Estados-Unidos-asesinato-de-Estado-de-una-activista-20150728-0026.html