Entrevista a Isabelle Defourny, directora de Operaciones de MSF

Burkina Faso: una emergencia humanitaria sin precedentes en el país

Fuentes: MSF

Isabelle Defourny, directora de Operaciones de Médicos Sin Fronteras, acaba de regresar de Burkina Faso y alerta sobre la situación humanitaria en las áreas más afectadas por el conflicto en el país africano

¿Cuál es el alcance de la crisis humanitaria y la violencia en Burkina Faso?

Los primeros ataques reivindicados por grupos yihadistas en Burkina Faso tuvieron lugar en 2015 y en los últimos dos años, el extremadamente rápido deterioro de la situación de seguridad ha sumido al país en una crisis sin precedentes.

En las zonas más afectadas, las regiones Norte, Centro Norte y Sahel, apenas pasa un día sin violencia. Además de los enfrentamientos entre los grupos armados opositores y el ejército nacional y sus aliados, la población civil es víctima de incidentes violentos como saqueos, asesinatos y masacres. El último ejemplo son los ataques a tres pueblos en la provincia de Yatenga, en la región Norte, el 8 de marzo, donde 43 personas fueron asesinadas según el gobierno.

La mayoría de las víctimas eran de comunidades Fulani, cuyos miembros son regularmente marginados y atacados por otras comunidades que, en una fusión peligrosa, los asimilan o acusan de colaborar con organizaciones yihadistas. Nuestros equipos, que ayudaron a tratar a los supervivientes de esta ola de ataques en el hospital de Ouahigouya, proporcionan consultas médicas y distribuyen agua a miles de personas que han buscado refugio en la ciudad principal de la provincia de Yatenga.

El creciente número de personas obligadas a huir de sus hogares es una señal de una escalada mortal que también afecta a otras comunidadesen todo el país. A finales de 2018, había cerca de 48.000 desplazados internos. A finales de 2019, eran 560.000 y hoy su número aumenta a 780.000. Algunos pronósticos indican que en los próximos meses el número de desplazados alcanzará el millón.

¿La asistencia brindada por MSF y otras organizaciones es suficiente para satisfacer las necesidades básicas de las personas afectadas por esta situación? ¿Qué hacemos en este tipo de contexto?

La rapidez con la que se ha desarrollado esta crisis ha sorprendido a las organizaciones de ayuda desplegadas en el terreno, y es evidente que no hay suficiente ayuda. La presencia masiva de desplazados está presionando la infraestructura en las ciudades donde se han refugiado. Por ejemplo, en Titao ya no hay suficiente agua para todos. Nuestros equipos han perforado pozos y transportan agua para distribuir a alrededor de 10.000 habitantes locales y 20.000 desplazados desde noviembre de 2019, pero el umbral de 5 litros de agua diarios por persona todavía no está garantizado. Nuestros equipos también distribuyeron 3.600 kits con artículos de primera necesidad enTitao y Ouindigui. Las autoridades y el Programa Mundial de Alimentos comenzaron las distribuciones de alimentos en el país, pero hasta ahora estas distribuciones han llegado solo a una parte de los afectados y contienen pocos alimentos para prevenir un deterioro nutricional.

El sistema de atención médica está prácticamente de rodillas, y la mayoría de las infraestructuras médicas en las regiones de Sahel, Norte y Norte Centro han cerrado o apenas pueden funcionar. Brindamos atención médica en lugares como Barsalogho, Djibo, Ouahigouya, Titao y Ouindigui, pero debido a problemas de seguridad, realizar nuestras operaciones puede ser extremadamente difícil.

Trabajamos con equipos pequeños, y algunos están confinados en algunas localidades porque no pueden ir a ningún otro lado. Otras áreas son más fáciles de acceder: Boucle du Mouhoun, por ejemplo, donde planeamos llevar a cabo una campaña de vacunación contra el sarampión para 120.000 niños en los distritos de Dédougou y Boromo. Sin embargo, en cualquier momento la situación podría deteriorarse.

Por último, gran parte de la población está expuesta a la violencia. Viven en áreas con actividad militar intensa a las que simplemente no podemos llegar. Ni siquiera tenemos las garantías de seguridad más básicas requeridas para evaluar las necesidades y establecer una respuesta adecuada. Bahn y Solé al norte de Titao, cerca de la frontera con Mali, son dos ejemplos.

La situación humanitaria ya es alarmante, y es muy probable que empeore con el inicio del pico estacional de la malaria y desnutrición en junio. Un escenario catastrófico, pero ¿es evitable?

Trabajar para prevenirlo es nuestra prioridad. Por supuesto, debemos consolidar nuestra presencia y garantizar la proximidad a la población para tratar de asegurar el acceso a más áreas y proporcionar ayuda donde sea necesario. Pero ahora podemos llegar a cientos de miles de personas en diferentes pueblos y ciudades. La gestión de la seguridad es un problema, pero aún es posible desplegar ayuda humanitaria en esas áreas.

El periodo entre junio y octubre es siempre el más crítico para los niños pequeños en la región de Sahel. Es difícil imaginar las campañas de distribución de medicamentos de este año (llamadas quimioprevenciónpara la malaria estacional) que generalmente se implementan en Burkina Faso para evitar que una explosión en los casos de malaria continúe como de costumbre. No debemos olvidar que la mayoría de las 780.000 personas desplazadas han tenido que dejar todo lo que tenían atrás: sus terrenos, su ganado y sus recursos; y están sufriendo severas dificultades económicas que les dificultará hacer frente al siguiente periodo de escasez de alimentos. El impacto del conflicto en la agricultura y el comercio es muy dañino. Las comunidades locales que acogen a los desplazados también se encuentran bajo una presióncreciente.

Así que sólo hay una ventana de unos pocos meses para desplegar un esfuerzo efectivo de ayuda de emergencia a gran escala y evitar la ola de mortalidad que probablemente comience en junio. Esto implica proporcionar agua en cantidades suficientes, realizar distribuciones de alimentos con suplementos nutricionales y garantizar el acceso a la atención médica. Aún hay tiempo. El esfuerzo de la ayuda, y esto incluye la asistencia de MSF, debe incrementarse ahora.

La primera muerte de un paciente con coronavirus en el África subsahariana se reportó en Burkina Faso. ¿Es esta otra gran preocupación?

Los primeros casos aparecieron en Uagadugú el 9 de marzo, de personas que habían sido contagiadas con el virus en Francia, y fueron seguidos rápidamente por otros, al menos 27 a 18 de marzo. Esto es muy preocupante ya que el país ya se enfrenta a una crisis humanitaria sin precedentes que ha debilitado su sistema de salud.

Nuestros equipos están en contacto con las autoridades para evaluar cómo ayudar a contener el brote de COVID-19 y detectar y gestionar casos. En este tipo de epidemias, los trabajadores sanitarios están en la primera línea. Es vital asegurarse de que estén protegidos nuevamente contra el riesgo de contagio y reciban atención médica adecuada cuando sea necesario.

Las restricciones de viaje y otras medidas para detener los movimientos de personas también son un desafío para nosotros. Pueden limitar nuestra capacidad de desplegar personal experimentado en Burkina Faso, cuya presencia ahora se necesita para permitir un aumento de la ayuda humanitaria en las próximas semanas.

Fuente: https://www.msf.mx/article/burkina-faso-una-emergencia-humanitaria-sin-precedentes-para-el-pais