Durante las oscuras horas en que se realizaba la “Operación Resolución Inmediata”, con la que los Estados Unidos consiguió secuestrar al presidente Nicolás Maduro tras asesinar a unos cuarenta miembros de su custodia, abriendo una infinidad de incógnitas acerca de si la “genialidad” de la acción del Grupo Delta fue por obra de su pericia, o Maduro fue entregado por alguno de sus camaradas aburrido de sus torpezas y bailecitos estúpidos, a más de siete mil kilómetros de distancia del fuerte Tiuna se producía algo que tiene un fuerte aire de familia.
El pasado 7 de enero, por medio de comunicado, el Ministerio de Seguridad de Burkina Faso informó acerca de que parte de los fondos utilizados para el plan de desestabilización-setenta millones de francos de África Occidental (CFA), aproximadamente ciento veinticinco millones de dólares-, que se intentó implementar en el país para alentar un golpe que incluía el asesinato del presidente de la junta militar, el capitán Ibrahim Traoré y de otros altos integrantes del Gobierno, tanto funcionarios civiles como militares, procedían de Costa de Marfil.
Desde Uagadugú, también se informó que continúan las operaciones para localizar a algunos de los implicados que aún no han sido detenidos.
Todas las sospechas apuntan a que el cabecilla del frustrado punch fue el ex jefe de Estado teniente coronel Paul-Henri Sandaogo Damiba, quien, en enero del 2022, lideró el golpe de Estado de los jóvenes oficiales burkineses del Movimiento Patriótico para la Salvaguardia y la Restauración (MPSR) contra el Gobierno civil encabezado por Roch Marc Christian Kaboré, por su responsabilidad no solo por el mal manejo de la guerra contra las khatibas terroristas que operaban en el norte del país. (Ver: Burkina Faso: ¿Más coroneles para África?), sino también por las sospechas de que los fondos destinados para la guerra eran desviados a sus cuentas y a las de otros funcionarios de ese Gobierno.
El MPSR, que firmemente seguía los pasos de sus camaradas malíes, que habían hecho lo propio el año anterior exactamente por las mismas razones, la corrupción del entonces presidente Ibrahim Boubacar Keïta y su erróneo manejo de la lucha contra los terroristas. (Ver: Golpe en Mali, una postal africana). A estas dos naciones, en 2023 se le sumaría Níger, donde también había sido depuesto el presidente “democrático” Mohamed Bazoum por el Consejo Nacional para la Salvaguardia de la Patria (CNSP), encabezado por el general Abdourahamane Tchiani (ver Níger: Un fantasma recorre el Sahel), también arguyendo las mismas razones de los dos movimientos precedentes, impericia en el manejo de la guerra y corrupción por parte de Bazoum, quien permanece detenido afrontando serios cargos por las razones mencionadas.
Las revoluciones incruentas que se dieron en estas tres naciones, las que se dieron por razones idénticas, trazaron también un destino común anticolonialista que se corporizó con la creación, meses después de la última asonada en Níger, de la Confederación de Estados del Sahel (CES), una alianza esencialmente militar de autodefensa, aunque también tiende a realizar acciones conjuntas en lo comercial y diplomático, algo inédito para el continente que fue el sueño del coronel Gadafi y del propio presidente Nasser, entre otros muchos luchadores anticoloniales como Lumumba, Cabral, Sankara y un trágico y sangriento etcétera.
Sin duda, el fracaso del intento de golpe del pasado día 3 contra el capitán Traoré, líder de la CES, tiene que ver con estos tres procesos descritos, que a simple vista podrían conectarse a los más de doscientos que se han producido en el continente desde la retirada de las potencias imperiales (Francia, Reino Unido, Bélgica, Italia, Portugal y España) que ocuparon el continente hasta los años sesenta, gracias a los acuerdos alcanzados por la Conferencia de Berlín (1884-1885), donde esas naciones se dividieron el continente a su antojo.
Como bien se sabe, más allá de esos procesos, en su gran mayoría acordados, en que los países africanos se independizaron de sus metrópolis, el poder colonial, salvo alguna excepción, siguió rigiendo hasta la actualidad, continuando los procesos de espolio de sus recursos naturales, lo que evitó que algunas de esas naciones europeas hoy tuvieran estándares de vida como mucho de países latinoamericanos. Por lo que las tres naciones miembros de la CES han implementado de manera idéntica la expulsión de sus territorios, tanto de empresas que tengan que ver con las antiguas metrópolis imperiales y sus socios actuales (Estados Unidos) y la presencia militar enmascarada con el rótulo de operaciones de ayuda o entrenamiento, como la Barkhane, Serval o la Sabre, además de obligar a los Estados Unidos a abandonar en octubre de 2024 el Complejo 201, una base de drones cercana a Agadez, en el centro de Níger. (Ver: Níger: preámbulos para una guerra impensada), provocando la reacción manipulada por el Departamento de Estado de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), que amenazó con invadir Níger y reponer en su cargo al presidente Bazoum. Ya que, para el poder en el continente aliado a los Estados Unidos y Francia, la Confederación de Estados del Sahel es el peor ejemplo.
Detener y desarticular
El Ministro de Seguridad nacional, el comisario Mahamadou Sana, en una entrevista televisiva volvió a denunciar al complot que su principal objetivo era el de asesinar al capitán Traoré, a lo que seguiría una intervención militar terrestre por parte de fuerzas extranjeras, sin especificar a los países a los que se refería, aunque para quienes siguen la coyuntura africana es claro que no puede ser otros que Costa de Marfil y Nigeria, las dos naciones que se habían mostrado más activas en octubre del 2023, cuando la CEDEAO, entonces presidida por el presidente de Nigeria Timbu Bola, amenazó a Níger.
Según el ministro Sana, el teniente coronel Damiba, quien gobernó desde enero a septiembre de 2022, cuando fue desplazado por sus compañeros, y tras exiliarse en Togo, publicó en las redes sociales que “deseaba mucho éxito a su sucesor” (Ibrahim Traoré); sería quien trazó el plan y organizó las operaciones, movilizó recursos financieros y reclutó tanto a civiles como a militares, cuya tarea consistía en distribuir armamento a los grupos ya formados por militares en actividad, retirados, que ya tenían misiones asignadas, al tiempo que grupos civiles debían agitar a la población para respaldar a los militares cuando se desencadenara el golpe a la medianoche del día 3.
El ministro informó que los responsables, a los que no mencionó, serán llevados ante la justicia. Tanto en la ciudad capital, Uagadugú, como en el interior del país, la situación se mantenía “bajo control”, por lo que la ciudadanía debía mantenerse en calma, máss allá de las multitudinarias manifestaciones en apoyo del capitán Traoré. Finalmente, el ministro Sana llamó a “unidad nacional, cohesión social y vigilancia”.
Estas maniobras golpistas utilizan la crítica situación en el norte del país que las khatibas de al-Qaeda, el Grupo de apoyo al islām y los musulmanes y del Daesh para el gran Sahara, con un inusitado refuerzo armamentístico que se cree podría provenir directamente de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) a cuenta y orden del Departamento de Estado norteamericano y su par francés, el Ministère de l’Europe et des Affaires étrangères.
Incluso algunas versiones indican que tropas de élite del ejército burkinés junto a efectivos de los comandos rusos conocidos como spetsnaz (comando general para fuerzas especiales militares y policiales), encargadas de la seguridad del capitán Traoré, habrían rechazado la incursión de comandos no identificados transportados en helicópteros en cercanías del palacio presidencial.
Lo que sí el Ministro de Seguridad ha confirmado es la detención de varios insurgentes, entre los que hay militares y numerosos civiles. Se cree que algunos han sido manipulados por los diversos operadores. Pese a ello, el comisario Sana adelantó que son penalmente responsables Recalcando a la población que no se dejara engañar con promesas, que jamás serán cumplidas, por los mismos elementos que desde el interior del país y el extranjero han instalado acusaciones sobre las apetencias dictatoriales del capitán Traoré, afirmando que su Gobierno no solo reprime a la disidencia, sino que se efectúan detenciones ilegales y desapariciones forzadas.
Acontecimiento como el recientemente sucedido en Burkina, lejos de ser una rareza, se ha convertido en el pain quotidien de estas tres naciones, acosadas del mismo modo por el terrorismo wahabita, la presión de la CEDEAO y de las potencias occidentales, lo que, si se lo coteja con los recientes sucesos de Venezuela y sin descartar las nuevas protestas alentadas por el Mossad y la CIA en Irán, les da un innegable aire de familia.
Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC
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