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Bush, agente de Al Qaeda

Fuentes: La Estrella Digital

En el diario The Washington Post se reprodujo el texto siguiente, extraído de la plegaria del viernes 11 de junio en una mezquita bagdadí: «Se ha descubierto que, en esta tierra, la libertad no es la nuestra. Es la de los soldados ocupantes que hacen lo que quieren… abusan de mujeres, niños, hombres y ancianos, […]

En el diario The Washington Post se reprodujo el texto siguiente, extraído de la plegaria del viernes 11 de junio en una mezquita bagdadí: «Se ha descubierto que, en esta tierra, la libertad no es la nuestra. Es la de los soldados ocupantes que hacen lo que quieren… abusan de mujeres, niños, hombres y ancianos, que son detenidos al azar sin culpa alguna. Nadie puede preguntarles por lo que hacen, ya que están protegidos por su libertad… Nadie puede castigarles, ni en nuestro país ni en el suyo. Están mostrando su libertad para violar, su libertad para desnudar y para humillar».

Es difícil ignorar las razones de esta alocución, pues se basan en los inocultables desmanes perpetrados en Abu Ghraib, fotografiados para recuerdo y regocijo de los torturadores y que, bien a pesar de Washington, han dado la vuelta al mundo. Algunas de esas fotografías se han hecho tan significativas de la ocupación militar de Iraq, como las imágenes de las Torres Gemelas derrumbándose lo son del terrorismo internacional. Cinco informes han sido ya elaborados y publicados en EEUU sobre la citada prisión, y algunos otros están esperando a ver la luz. Incapaces de desmentir la vergüenza, todo lo más que pretenden es exonerar a algunos sectores de las cadenas de mando y responsabilidad civiles y militares, para no ahondar las heridas internas en estos críticos momentos preelectorales.

Todo eso parece ignorarlo Bush, quien prosigue su campaña electoral en clave «aznarista»: no dar jamás su brazo a torcer ni reconocer error alguno. Esto, aunque sigan muriendo sus soldados, y encerrado en su burbuja informativa, es capaz de asegurar ingenuamente que «la libertad está avanzando en Iraq», cuando lo que allí avanza en realidad es el caos y la desintegración social y política. Así que, con motivo de recibir en la Casa Blanca a su marioneta bagdadí -el primer ministro Ayad Alaui (a quien muchos en Iraq tachan de «paracaidista» enviado sobre Bagdad por el Gobierno estadounidense)-, se ha permitido Bush afirmar que la retirada de las tropas españolas de Iraq «animó a los terroristas». Parece como si alcanzar las altas cumbres del poder diera a quienes por ellas transitan la facultad de pronunciar banalidades sin ser apenas criticados por ello, y menos destituidos por demostrar su incapacidad para hilvanar juicios correctos, lo que debería inhabilitarles para cualquier cargo de responsabilidad.

Del mismo modo que el ex presidente Aznar, en su lección universitaria en Georgetown, fue capaz de divagar, sin la menor base racional ni fundamento histórico, sobre una presunta vinculación entre Al Qaeda y el devenir de las Españas a partir del siglo VIII -la invasión musulmana y posterior reconquista-, el ágrafo presidente estadounidense se ha permitido reprochar a España que, en la más pura ortodoxia democrática, el nuevo Gobierno acatara la voluntad mayoritaria de los españoles y abandonara el sucio y confuso teatro de operaciones iraquí.

Son ya muchos los ciudadanos de EEUU conscientes de que lo que realmente ha dado alas al terrorismo ha sido la invasión de Iraq y la errónea gestión posterior del país ocupado, en la que toda equivocación ha encontrado hueco. No es el momento de repasarlas una por una, pero sí de recordar que, con todas ellas combinadas, el resultado es que ha sido Bush quien más ha animado al terrorismo y le ha regalado un nuevo campo de operaciones: el territorio iraquí, que las tropas de EEUU controlan malamente y sobre el que actúan cada vez con más torpeza.

Varios informes publicados en EEUU aluden con impresionantes detalles a la arbitrariedad y la violencia cotidianas en la represión militar -brutal, por desconcertada y mal informada- de la resistencia iraquí a la ocupación. ¿Es que una situación como la descrita en la plegaria antes citada no es una justa incitación a la rebelión continuada? Pues las palabras arriba reproducidas no son tan exaltadas como las que se escuchan en otras mezquitas, donde crece el espíritu de la resistencia a la ocupación extranjera.

Es cierto que un mínimo pragmatismo exige admitir que «a lo hecho, pecho» y que hay que acometer la solución del grave problema iraquí a partir de los datos actuales, por negativos que sean. Pero tras errores tan acusados y continuados, no es aceptable que Bush convierta su alocución a la Asamblea General de la ONU en una perorata electoral donde se describe un panorama modélico, gracias a su gestión de los asuntos internacionales.

Más acertado, el diario británico The Independent ha publicado una viñeta donde Ben Laden pega sobre un muro desconchado a balazos la pancarta electoral de Bush: «Cuatro años más», ilustrando gráficamente un comentario privado del embajador inglés en Roma, quien afirmó que Bush es «el mejor sargento reclutador» de Al Qaeda.

En tal coyuntura hay que admirar la lúcida y esperanzadora intervención del presidente español en la ONU, recordando que la paz requiere más heroísmo que la guerra e insistiendo en la necesidad de buscar puntos de encuentro y tender puentes, más que en la tendencia a erigir muros y exacerbar antagonismos. Los que le tachan de ingenuo o utópico olvidan que los mismos adjetivos se aplicaban a quienes en 1951, sobre las ruinas de una guerra que había arrasado nuestro continente, empezaban a construir una Europa cuyos estados ya no empuñarían más las armas para resolver sus conflictos.


* General de Artillería en la Reserva
Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM)