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Chad, fantasmas en la frontera

Fuentes: Rebelión

Solo una línea de mil cuatrocientos kilómetros separa a Chad del infierno de la guerra civil sudanesa, que el próximo abril cumplirá tres años.

Si bien es cierto que como en cualquier guerra de la intensidad que ha alcanzado la que libran las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS) y el grupo paramilitar conocido como las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAS), que hasta ahora ha generado cientos de miles de muertos y unos dieciocho millones de desplazados, las fronteras se convierten en muchas cosas menos en un límite impenetrable.

Porque quieran o no, los países vecinos de alguna manera son parte del conflicto y sus poblaciones, cuanto más cerca estén de ese borde, también se convierten en víctimas.

Todas las naciones fronterizas de Sudán se han visto obligadas a ser receptoras de muchos desesperados que se han lanzado a cruzar esas marcas, lo que significa escapar de la muerte al costo de sumergirse en un infierno donde lo único que abunda son las necesidades.

Estos fenómenos incluso agravan los padecimientos de los naturales que por cercanía, interrupción del comercio, ruptura de lazos familiares, clánicos y tribales y otro abanico de razones, ellos también pasan a ser víctimas.

Ningún ejemplo de esto es mejor de lo que sucede en Chad, envuelto, además, en una crisis humanitaria en la que entre un millón y medio y dos millones de refugiados sudaneses que han cruzado en búsqueda de refugio, por cierto muy aleatorio, han profundizado las carencias crónicas de la población nativa.

La constante asistencia militar de los Emiratos Arables Unidos (EAU) a los paramilitares que utilizan el aeropuerto de la ciudad chadiana de Adré, prácticamente sobre la frontera con la región darfurí de Sudán, les está significando graves acusaciones en el plano internacional e incluso una seria advertencia del comandante de las FAS, el general Abdel Fattah al-Burhan, que ha declarado objetivos militares legítimos los aeropuertos de N’Djamena, la capital del Chad y el Amjarass, capital de la región Ennedi, donde los emiratos han levantado en 2023 un gran un hospital de campaña que ha servido por meses como cobertura para disimular el envío de armamento a las FAR en aviones de carga Ilyushin.

Al tiempo que Abu Dabi, de hecho, se ha convertido en uno de los mayores apoyos financieros del siempre necesitado Gobierno del presidente chadiano Mahamat Idriss Déby, atento a que la guerra no atraviese la frontera y encienda el este chadiano.

En este contexto, algunos episodios han escalado la crisis de seguridad en esa frontera el 26 de diciembre. Una serie de ataques con drones provenientes de Sudán, aparentemente de las FAR, atacaron la guarnición militar de Birak en cercanías de la ciudad de Tine Djogorba, matando a dos soldados chadianos y destruyendo vehículos de combate.

El día 15 de este mes una operación de las FAS en esa misma área mató a siete soldados chadianos. A lo que N’Djamena solo reaccionó volviendo a afirmar su “estricta neutralidad” y reclamando a los grupos beligerantes mayor atención.

Los paramilitares se disculparon alegando que fue consecuencia de un “error involuntario», responsabilizando a las FAR de disponer del territorio chadiano como retaguardia para algunas operaciones.

En la región vecina de Darfur del Norte las FAR continúan batiendo los últimos bolsones de resistencia de la Fuerza Conjunta de Movimientos de Lucha Armada, una de las tantas milicias predominantemente negras (Fur, Zaghawa y Masalait) aliadas al ejército del general al-Burhan.

Particularmente los zaghawas, con una fuerte presencia a ambos lados de la frontera en Chad, que conforman el eje central del ejército, además de contar con una fuerte preeminencia política en la sociedad chadiana. Por ejemplo, la familia del actual presidente y de su padre, el mariscal Idriss Déby, quien gobernó el país durante treinta años y murió en combate en 2021 (ver: Chad, la tormenta perfecta), aunque en Sudán están siendo víctimas de un intento de limpieza étnica a manos de las FAR, de origen rizeigats (árabes).

Esto genera al actual presidente del Chad una disyuntiva de hierro, dependiente económicamente de los Emiratos, lo que significa apoyar a los paramilitares que masacran a sus hermanos de raza al otro lado de la frontera.

Esta encrucijada obliga al presidente Déby a un muy difícil equilibrio entre el descontento de la élite zaghawa, a la que pertenece, y los beneficios económicos que el contrabando del armamento que los emiratíes derivan a las FAR, en el que están involucrados poderosos generales chadianos en la ciudad de Abéché, una de las ciudades más importantes del país, capital de la prefectura de Ouaddaï, desde donde, además, se maneja y distribuye el contrabando del combustible. Por lo que se observa a diario, decenas de vehículos cargados de bidones de gasolina se dirigen al puesto fronterizo de Adré, desde donde son traficados a Sudán, donde su valor original se multiplica por tres, generando en Abéché, con cien mil habitantes, una grave faltante para los vehículos locales, a pesar de que semanalmente llegan quince camiones cisternas cargados de combustibles enviados desde N’Djamena.

El retorno de los viejos amigos

La confusa y difícil situación en que ha quedado Chad ha provocado el interés de N’Djamena por retornar tímidamente a restablecer las relaciones con Francia, la vieja potencia colonial. Históricamente Chad fue, hasta la asunción del actual presidente, una de las naciones del continente africano más allegadas a Francia tras declaraciones de independencia en los años sesenta. Incluso sostuvo en innumerables oportunidades al presidente Idriss Déby, al que finalmente instaló como el gran gendarme de sus antiguas posesiones en África occidental, cumpliendo una función clave en la asistencia a la presencia militar francesa en la región del Sahel hasta su muerte en 2021. Recordemos que para sus funerales Emmanuel Macron fue el único presidente occidental que asistió a N’Djamena.

Después de la expulsión de sus tropas de Mali, Burkina Faso y Níger a partir de los movimientos anticolonialistas que se dieron en esas tres naciones, hoy parte de la Confederación de Estados del Sahel (CES), y con el advenimiento del general Déby (h) al poder, las relaciones con París entraron en un periodo de franco deterioro, después de que Chad desistiera de manera taxativa de la cooperación militar francesa en noviembre de 2024, la que permitía al Eliseo una fuerte incidencia en las decisiones políticas, económicas, militares y diplomáticas de la nación saheliana a lo largo de sus sesenta y cuatro años de constante presencia.

En el “venturoso” encuentro entre Macron y Deby Itno en París el pasado jueves 22 de enero, ambos jefes de estado acordaron reactivar las relaciones, que habían quedado muy lastimadas.

Para N’Djamena reactivar la influencia económica de París, particularmente en áreas como energía, tecnología digital y agricultura, es fundamental para sostener el Gobierno, en una situación no solo difícil por lo que se vive en la frontera con Sudán, sino también por el abuso de poder que los militares cometieron contra la oposición y la presencia cada vez más activa de las bandas terroristas provenientes de Nigeria en la región del Lago Chad.

Si el plan de Francia es retornar a la situación anterior de 2024, tendrá que colaborar fuertemente con el ejército chadiano para desarticular la presencia de los paramilitares sudaneses, que han expandido sus “negocios” a lugares bastante lejanos de su frontera, como sucede en la ciudad de Abéché, a ciento cincuenta kilómetros de Sudán, donde las FAR no disimulan su presencia; vestidos de civil, realizan visitas familiares amparados en que la mayoría étnica de la ciudad es rizeigats, por lo que se han registrado numerosos casos de chadianos provenientes de estas regiones que luchan con sus hermanos de las FAR.

Estos milicianos se mueven sin disimulo en los barrios árabes de Abéché, asistiendo tanto a fiestas como a funerales, mientras el Gobierno del presidente Deby mira hacia el lado para no molestar a los emiratíes, que se han convertido en comisarios políticos en el este de Chad, presionando a fuerza de sus infinitos recursos económicos.

Si en verdad Francia considera la posibilidad de una rentrée en el Sahel, bajo la sempiterna excusa de colaborar con alguna de sus viejas colonias, será prácticamente tomada como una declaración de guerra por la Confederación de Estados del Sahel, naciones hostigadas no solo por el terrorismo wahabita, sino también por naciones de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), abiertamente hostil a cualquier posibilidad de establecer una cabecera anticolonialista en la región.

Por lo que quizás el fantasma que persigue a Chad desde la frontera de Sudán sea el menor de los problemas a los que se podría estar por enfrentar el presidente Mahamat Idriss Déby.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.