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La ONU y los 250.000 muertos somalíes

Crímenes inhumanos en el Cuerno de África

Fuentes: CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

La ONU ha anunciado que entre los años 2010 y 2012, que incluyen el período de la sequía en el Gran Cuerno de África, al menos 250.000 somalíes murieron de hambre.

La mayoría de quienes murieron de inanición eran personas internamente desplazadas a causa, sobre todo, de la invasión militar y la ocupación del sur de Somalia por el ejército etíope con el apoyo de la ONU, ejército al que siguieron los «mantenedores de la paz» de la Unión Africana, alcanzándose en estos momentos la cifra de 25.000 efectivos.

La última vez que escribí sobre el hambre en Somalia expuse que la ONU dedicaba un presupuesto de diez centavos de dólar al día a ayuda alimentaria para dar de comer a cada refugiado somalí. Se denomina «déficit presupuestario», algo así como «queremos ayudar pero sucede que no tenemos dinero».

Sin embargo, durante ese período de hambruna masiva del pueblo somalí, la ONU y sus mandamases occidentales gastaron más de 1.000 millones de dólares para financiar su «misión militar para el mantenimiento de la paz» en lo que quedaba del país.

¿Mil millones de dólares para la guerra y 250.000 somalíes abandonados hasta morir de hambre?

Quizá el hecho de saber que el jefe de la mayor «ONG» de ayuda alimentaria de la ONU en Somalia, la UNICEF, es Anthony «Tony» Lake, ex Asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que fue una vez propuesto para ser Director de la CIA, pueda ayudarles a entender por qué las cosas sucedieron así.

Tony Lake es uno de los que afirmaron miserablemente que «lamentaba» no hacer nada aunque conocía a la perfección los asesinatos masivos que se perpetraron en Ruanda bajo su mirada en 1994 cuando era la mano derecha de Bill Clinton. ¿De la CIA a la UNICEF? ¿Tendríamos que sorprendernos de encontrar una hambruna masiva bajo su mandato en Somalia?

Actualmente, mientras las maquinarias propagandísticas en los medios occidentales hablan de la «paz y democracia que llegan a Somalia por vez primera en toda una generación», algunos olvidan cómo los mismos somalíes llevaron la paz a Mogadiscio en 2006 sólo para ver cómo el apoyo de la ONU a la invasión etíope acababa convirtiendo todo en humo.

Los canales de información de televisión pueden echar mano de unos cuantos somalíes domesticados para que suelten la retórica de que son los «somalíes quienes dirigen el cotarro» mientras detrás de las cámaras están «los mantenedores de la paz» armados hasta los dientes por la ONU con el apoyo de las dictaduras bancarias de Occidente.

El hecho es que ninguna potencia, no importa cuán fuerte sea, puede llevar la paz a Somalia desde fuera, eso es algo que sólo puede conseguir el pueblo somalí si le dejan que resuelva sus propios problemas. En 2006, los éxitos conseguidos por la Unión de Tribunales Islámicos por vez primera en quince años fueron inútiles debido a la intervención armada ordenada por Estados Unidos y sus secuaces en la ONU. Este conflicto armado, financiado y dirigido desde fuera, continúa expulsando a cientos de miles de somalíes de su tierra y hogares dejándoles morir de hambre gracias a la generosidad de los diez centavos de dólar al día de las Naciones Unidas.

Y cuantas más armas fluyan hacia Somalia desde Occidente, con la Pax Americana exigiendo que se levanten todas y cada una de las restricciones que puedan figurar en el papel, todo en nombre de la «guerra contra el terror», una «guerra terrorífica» de verdad prosigue su curso, una guerra contra el pueblo somalí, cuya principal desgracia es la de vivir a horcajadas entre la región del Cuerno de África y la «Puerta de las Lágrimas», Baab Al Mandeb, donde el Océano Índico se funde con el Mar Rojo, vía de la que dependen las mayores economías mundiales para enviar sus productos.

Es muy doloroso seguir teniendo que escribir acerca de los enormes e inhumanos crímenes perpetrados por las Naciones Unidas en el Cuerno de África, pero cuando la ONU envía a sus cabezas parlantes a decirle al mundo que más de un cuarto de millón de somalíes han muerto a causa de la hambruna a lo largo de estos dos útimos años, ¿qué opción le queda a uno sino levantar de nuevo su voz para protestar? Porque desviar la mirada del televisor pretendiendo no haber oído nada es algo con lo que uno no podría vivir.

Thomas C. Mountain es el único periodista occidental independiente en el Cuerno de África. Vive e informa desde Eritrea desde 2006. Puede contactarse con él en: [email protected]

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/05/07/the-un-and-250000-dead-somalis/