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Cuando la historia se repite

Fuentes: Editorial del Partido Workers World-Mundo Obrero

Una ola de calor extremo provocó la cancelación de lo que habrían sido repugnantes muestras públicas de patriotismo y chovinismo en Washington D. C., Filadelfia y otros lugares. El motivo era el 250.º aniversario de la denominada fundación de los Estados Unidos con la proclamación de la «Declaración de Independencia» el 4 de julio de 1776.

A pesar de la expectativa generada en torno a eventos como este, los aniversarios vienen y van. Sin embargo, su legado no puede ignorarse.

En este caso, cuando se firmó la Declaración, los pueblos indígenas ya habían sufrido durante siglos un atroz robo genocida de sus tierras en todas las Américas, que tuvo su origen en el explorador criminal Cristóbal Colón. Asimismo, en el momento de la firma, casi 50 de los firmantes, encabezados por Thomas Jefferson, eran esclavistas de pueblos africanos secuestrados.

Como afirmó el difunto cómico con conciencia social George Carlin en uno de sus brillantes monólogos, existía un «doble rasero» por parte de los firmantes, que deseaban liberarse del dominio colonial británico al tiempo que defendían la institución de la esclavitud. Esto no puede subestimarse. Además, muchos de estos firmantes se convirtieron en acaudalados propietarios gracias a las tierras indígenas robadas.

Eso fue entonces, pero ¿qué ocurre 250 años después? ¿Cuál es hoy el legado de lo que ocurrió hace 250 años? ¿Se han erradicado las relaciones de clase, incluidos el racismo y la opresión nacional? ¡La respuesta es un rotundo NO!

El gobernante n.º 47 es un acérrimo supremacista blanco, misógino, xenófobo, belicista y anti obrero. Ha intentado promover una versión edulcorada de los horrores de la esclavitud en los parques federales y otras instituciones nacionales. Su administración dio luz verde a cientos de fascistas blancos —muchos de ellos partidarios del grupo MAGA del n.º 47— para que desfilasen por las calles de Washington D. C. el 4 de julio, mezclando banderas estadounidenses con las de la Confederación de los esclavistas, con el rostro completamente cubierto. No hubo informes de que la policía acosara a ninguno de estos fascistas, como suele hacer con los manifestantes en una marcha antirracista.

Hace un siglo, el 4 de julio de 1926, tuvo lugar una marcha similar organizada por el Ku Klux Klan en Washington, D.C., cuando el supremacista blanco Calvin Coolidge era presidente. Vaya si la historia se repite.

El 47.º jefe del Estado capitalista estadounidense también ha desatado a sus matones fascistas, los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), contra los migrantes, especialmente los procedentes del Sur Global. Esta guerra racista ha provocado oficialmente la muerte de más de 50 migrantes desde 2025, principalmente en centros de detención opresivos. Si bien un presidente republicano es responsable de estos crímenes, no debe olvidarse jamás que, cuando el presidente demócrata Barack Obama ocupaba el cargo, su administración deportó a una cifra récord de 2 millones de migrantes —otro ejemplo de cómo la historia se repite.

Obtener enormes beneficios mientras los trabajadores sufren

Además de toda la represión que el n.º 47 ha desatado, otro delito es la suma de 2.000 millones de dólares que él y su familia han amasado desde que comenzó su segundo mandato, abusando del poder presidencial. Ha incrementado la fortuna familiar principalmente gracias a las inversiones realizadas en su criptomoneda especulativa denominada $TRUMP —unos 636 millones de dólares solo procedentes de $TRUMP—. Muchos otros inversores perdieron dinero con el mismo esquema especulativo.

Quizá esta gran estafa sea la razón por la que declaró públicamente que le encanta la inflación —el aumento de los precios que ha rebajado el nivel de vida de los trabajadores.

El n.º 47 es multimillonario desde la década de 1970, pero la principal diferencia ahora es que es un multimillonario que ocupa la Casa Blanca. Entre sus principales funciones se encuentra la de administrar el enorme aparato estatal capitalista, que incluye el Pentágono, el Departamento de Seguridad Nacional (incluidos el ICE y la Patrulla Fronteriza) y el Departamento de Justicia, entre otros.

No es el único que posee esta riqueza. Las masivas protestas «No Kings» del último año se han centrado en los delitos del n.º 47 como multimillonario a título individual, pero forma parte de la clase multimillonaria que, colectivamente, mueve los hilos políticos del aparato estatal, independientemente de si es un republicano o un demócrata quien ocupa la Casa Blanca. Su sistema capitalista da prioridad a los beneficios a costa de satisfacer las necesidades de los trabajadores y los pueblos oprimidos.

No es de extrañar que el entusiasmo de la población estadounidense por el 250.º aniversario fuera menor de lo que esperaban los gobernantes. Millones de personas comparan el genocidio sionista en curso contra el pueblo palestino, respaldado por EE. UU., y la guerra contra Irán con la exagerada propaganda sobre la «independencia», y se dan cuenta de quién es el criminal. Y otras decenas de millones de personas han comenzado a darse cuenta de que están pagando por estas guerras criminales.

Es hora de que los trabajadores y los oprimidos reconozcan que el n.º 47 no es la única causa de estos crímenes, sino que es toda la clase multimillonaria y su sistema podrido lo que debe ser erradicado.

Fuente: https://www.workers.org/2026/07/93795/