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¿Del descenso gradual al declive precipitado?

Fuentes: La Jornada

Un análisis de la política internacional de EE.UU.

Agregando a sus graves dificultades político-electorales domésticas, la política exterior de Estados Unidos encuentra dificultades ante la dinámica multipolar en la proyección económica y militar de China y Rusia que debilita su capacidad para gravitar sobre la enorme fluidez geoestratégica del liderato eurasiático, con una población brutalmente agredida en lo militar y económico por las guerras antiterroristas.

Una investigación sobre esas guerras del Instituto Watson, de la Universidad Brown, calcula los costos en 8 billones de dólares y cerca de 900 mil muertos civiles bajo bombas y balas de EE.UU. en Afganistán, Irak y Siria, pero si se conjuntan las cifras de muertos a nivel regional, serían de mayor volumen. Refiriéndonos a sus expresiones a nivel mundial se contabilizan bajo un enorme conjunto de rótulos (guerra contra el narcotrafico, contra el crimen organizado, Plan Colombia, Iniciativa Mérida, entre otros) utilizados en las masacres en curso, la mortandad aumenta.

El lunes 13 The New York Times informó sobre estas guerras, mientras desde el sitio Common Dreams, Medea Benjamin, del Grupo Code Pink, recordó que EE.UU. acaba de celebrar los derechos humanos con bombo y platillos (por no decir con bombas y balas) en una Cumbre de Democracias convocada por Biden, la cual excluyó a China y Rusia, sin que nadie sepa ¿quién va a juzgar a Biden ante los muertos civiles en Siria por los bombardeos y ametrallamientos vía drones que ordenó poco después de asumir la presidencia imperial?

La compleja dinámica ruso-germana en relación con EE.UU. se hace presente no sólo en las urgencias invernales europeas por abastecimiento de gas natural seguro y barato, disponible en el gasoducto North-Stream 2, sino también por las amenazas de EE.UU. con unilaterales sanciones económicas por la puesta en marcha del ducto, lo que más que exasperar, sobrepasó la tolerancia euro-rusa ante un acto de guerra agravado por una agresiva OTAN empeñada en colocar en Eurasia el campo de batalla de la Tercera Guerra Mundial (TGM). Como esta vez el orden de magnitud sería terminal –por la alta probabilidad, casi certeza de intensificación bélica hasta el armamento químico, biológico, nuclear y termonuclear– la agresividad de la OTAN, desplegando operativos y armamento nuclear en países cercanos a Rusia y en aguas marítimas de China, resulta insostenible, igual que la postura estratégica de corte omnicida que se está configurando mientras procede el colapso bioclimático capitalogénico, las dos amenazas existenciales que afloran en el siglo XXI.

Resalta la irresponsabilidad en la toma de riesgos de TGM como ingrediente de política exterior junto a la institucionalización de la posposición de toda regulación de los gases de efecto invernadero (GEI) que siguen calentando al planeta.

No hay cambio alguno ante el aumento en la temperatura, acelerándose hacia arriba, entre sube-bajas insignificantes.

Esa posposición omnicida de toda regulación a los GEI, que según la comunidad científica del orbe ya es de urgencia mayor y debe ser drástica ante un riesgoso calentamiento abrupto hacia una condición de catástrófica.

El deterioro ocurre junto a una ampliación del área afectada. Desde estos ángulos de riesgos existenciales se comprenderán mejor las fricciones trasatlánticas entre Estados Unidos y Europa, ya de por si conflictivas por las enormes torpezas de Trump, por ejemplo al declarar a la industria automotriz alemana como “problema de seguridad nacional para EE.UU. o la ausencia de consulta o acuerdos de Biden con Europa sobre la alianza EE.UU. -Australia-Inglaterra en torno al negocio –despojado a la industria náutica (submarinos) de Francia– o el despliegue, con China en mente, de esos submarinos nucleares en el Pacífico-Sur.

Sin dejar a un lado el poderío económico y bélico-industrial de EE.UU., y mucho menos la muy alta calidad de su comunidad tecno-científica y aun artístico-cultural, su liderato político, además de mostrar excesiva prepotencia y muy riesgosa falta de tacto multipolar, reniega de la tradición westfaliana presente en la articulación de las instituciones ONU, como resultado profundamente negativo de las guerras desatadas bajo la cubierta de una cruzada antiterrorista por los ataques del 11-S.

En nada ayuda la incorporación en la política internacional de seguridad de EE.UU. la doctrina adoptada por el nacional socialismo nazi de la autodefensa anticipatoria.

La catástrofe terminal se está gestando desde operativos de unilateralidad agresiva, de alta explosividad en un contexto multidimensional crecientemente multipolar.

Eso y el abandono por los sucesores de Bush padre del compromiso con Gorbachov de no mover a la OTAN ni una pulgada hacia el Este es junto al traslado de fuerzas la OTAN a las proximidades de Rusia –y de China–,como advirtió George Kennan, la potente y explosiva receta hacia una Tercera Guerra Mundial terminal.

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Fuente: https://www.jornada.com.mx/2021/12/16/opinion/023a1eco