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Derechos básicos y caminos hacia la emancipación

Fuentes: TopoExpress

Prólogo del autor al libro Marea Básica. Contra el paro y la precariedad.

«Puede afirmarse tranquilamente que, en la historia del hombre, no ha habido ningún derecho fundamental que haya descendido del cielo o nacido en una mesa de despacho, ya escrito y redactado en los textos constitucionales. Todos son fruto de conflictos, a veces seculares, y han sido conquistados con revoluciones y rupturas, al precio de transgresiones, represiones, sacrificios y sufrimientos.»

Luigi Ferrajoli. Derecho y razón. Teoría del garantismo penal.

Corría el año 1986. En el nº 26 de la revista Mientras Tanto Paco Fernández Buey y yo publicábamos Apunte para un diálogo entre insumisos, un texto escrito en marzo de ese año, tras la celebración del referéndum sobre la permanencia en la OTAN. Se trataba de un intento de contribuir a la reflexión sobre los problemas, retos y dilemas de los movimientos sociales, rebasando la inmediatez en el análisis y las propuestas. En él, tras un repaso a la situación de los distintos movimientos, con especial énfasis en las razones del crítico momento por el que atravesaba el movimiento obrero, planteábamos la necesidad de programas de lucha y de estudio en el marco de los movimientos sociales existentes. Programas que respetasen el carácter heterogéneo y plural de los grupos y colectivos que componían cada uno de estos movimientos. Se trataba de «ir creando una nueva cultura que fuese para los de abajo el equivalente de lo que fue la cultura de las primeras internacionales obreras», decíamos entonces.

Hoy, treinta años después, muchas personas y colectivos seguimos empeñados en esa tarea en un contexto distinto. Los problemas que describíamos en aquel texto subsisten y se han agravado. Pero han irrumpido movimientos que aportan otros enfoques, otras alternativas y una savia nueva a la lucha por la emancipación social. Este es el caso de la Marea Básica contra el Paro y la Precariedad. Un movimiento que defiende un derecho fundamental, que corresponde universalmente a todos los seres humanos: el derecho a una vida digna. Un derecho social que debería ser a su vez una garantía de libertad frente al chantaje y el estigma de la pobreza, la precariedad y la exclusión social.

La Marea Básica contra el Paro y la Precariedad se conformó en marzo de 2015 por la decisión de distintos colectivos que habían participado en el lanzamiento de una ILP por la Renta Básica en julio 2013 y en las Marchas por la Dignidad de marzo de 2014. Su objetivo: la consecución de una renta básica reconocida como un derecho universal e incondicional de todos los ciudadanos. Como lo son ya el derecho a la educación o a la salud. O, en el ámbito político, el derecho al sufragio universal. Un objetivo que en la actividad de los colectivos que componen la Marea se presenta articulado con la defensa de otros derechos básicos como los reconocidos en la Carta Social Europea, a fin de que nadie viva por debajo del umbral de la pobreza.

Teniendo en cuenta algunos de los rasgos principales del contexto histórico en el que estamos viviendo, creo que las características de la Marea Básica contra el Paro y la Precariedad y las actividades desplegadas desde su nacimiento permiten pensar que este movimiento está llamado a marcar un antes y un después en la lucha por la Renta Básica en nuestro país. Dicho sea esto sin desmerecer la labor de los colectivos y personas que vienen defendiendo esta idea desde hace décadas, buena parte de los cuales participan también en esta Marea.

La propuesta de sustituir subsidios y prestaciones discrecionales y selectivas, inscritas en una visión asistencial y paliativa de la pobreza, por una asignación de alcance universal concebida como un derecho humano fundamental no es nueva. Sin remontarnos a los antecedentes más lejanos, descritos por Philippe Van Parijs y Yannick Vanderborght en su libro La renta básica y por los trabajos pioneros sobre este tema en España de Ramiro Pinto Cañón –La revolución del paro y Los fundamentos de la Renta Básica y la perestroika del capitalismo. Teoría alternativa sobre economía política en la sociedad tecnológica y del bienestar, entre otros- y de José Iglesias Fernández –La cultura de las rentas básicas (historia de un concepto), entre otros- cabe recordar que la idea empieza a difundirse entre nosotros a partir de mediados de los años ochenta.

Aparece entonces en algunos textos, como en uno de Van Parijs en 1986 en el número de la revista Mientras Tanto antes citado, que contenía un epígrafe, La asignación universal y la transición a corto plazo, en el que planteaba «una asignación de alcance universal concedida a todo el mundo -cualesquiera que sean su edad, su estado civil y su situación económica-, asignación cuyo importe dependería únicamente de la edad y, llegado el caso, del grado de invalidez.» Una propuesta que no era nueva, pero sí ajena a la mayoría de los movimientos sociales existentes.

También se plantea en los congresos de Los Verdes a principios de los noventa y en las coordinaciones contra el paro, la pobreza y la exclusión social que estuvieron en el origen de Baladre. En 1989 la Fundación de Investigaciones Marxistas organizó un seminario con el título «Una vía capitalista al comunismo: el salario social garantizado», al que siguieron sucesivas jornadas de reflexión y debate sobre el tema de la renta básica y el reparto del empleo.

De aquellos años recuerdo el interés suscitado por un artículo de José Iglesias Fernández, Del reparto del trabajo al reparto de la renta, escrito en junio de 1994 y publicado en el nº 61 de la revista mientras tanto. Tras una introducción con cifras sobre la magnitud alcanzada por el paro y la pobreza, su autor pasaba a analizar las estrategias posibles: el reparto del empleo y el reparto de la renta. Describía con detalle la propuesta ya denominada como Renta Básica evaluando sus pros y contras, para rematar el texto con este párrafo: «sería un gran error contemplar ambas propuestas, reparto del trabajo y reparto de la renta, como dos esquemas compitiendo entre sí. Las condiciones a las que parece encaminarse la sociedad moderna van a exigir la existencia de múltiples fórmulas para gestionar la nueva situación estructural del mercado de trabajo y las transformaciones que las mismas implican respecto a la distribución del producto social. Una sociedad rica, que pretenda adentrarse en el siglo XXI en condiciones que respeten mínimamente las condiciones de vida de la mayoría de la población, muy probablemente tendrá que disminuir sustancialmente la jornada de trabajo, aunque solo sea para compensar los aumentos logrados en la productividad en los últimos veinticinco años. Simultáneamente, tendrá que conceder el derecho a la percepción de ciertas rentas, recurriendo a procedimientos ajenos al mercado de trabajo, como propugnan los defensores de la renta básica.» Este debate sigue vigente en nuestros días. Una posición similar a la citada la expresa, por ejemplo, Luis Fernando Medina Sierra, presentándola en forma de ameno diálogo no exento de sentido del humor en su artículo Renta Básica y Empleo Garantizado: Un Diálogo sobre el No Poder, publicado en enero de 2017 en la revista digital Contexto.

Luego vendrían varios encuentros de colectivos en Málaga y Barcelona y las Primeras Jornadas sobre el Derecho Ciudadano a la Renta Básica celebradas en noviembre de 1998. En 2001 se puso en marcha la Asociación Red Renta Básica, impulsada entre otros por Daniel Raventós y David Casassas, que celebró su primer simposio en junio del mismo año. La conexión con la dimensión internacional de este movimiento, ya existente desde antes, quedó bien plasmada en la celebración en Barcelona del X Congreso de la Red Global de Renta Básica (BIEN), en septiembre de 2004, con la asistencia de personas y colectivos de los distintos países que forman parte de esta red internacional. Las semillas de la renta básica estaban ya sembradas en pequeños núcleos de académicos y activistas en España y en buena parte de Europa.

Estas breves pinceladas sobre los orígenes de la propuesta de la renta básica y los colectivos y personas impulsores de la misma en nuestro país no se proponen solo para facilitar algunas referencias a quienes estén interesados en rastrear el recorrido inicial de la idea. Permiten también constatar el salto dado desde los momentos descritos hasta el presente. Un presente en el que la gravedad y persistencia del paro y el aumento de la precariedad en las condiciones de vida y de trabajo de amplios sectores sociales han colocado en primer plano la urgencia de nuevas respuestas, distintas a las repetidamente fracasadas de las políticas públicas impulsadas por los partidos que se han turnado en el poder en las últimas décadas aquí y en el conjunto de la Unión Europea.

No hay más que ver las cifras actuales de paro, precariedad y pobreza y tener algo de sensibilidad y los ojos abiertos a nuestro alrededor para reconocer y comprobar el dolor, el sufrimiento de tantas personas que no tienen a su alcance ya no una vida digna, sino los mínimos vitales para subsistir. A ello hay que añadir la inseguridad y angustia de quienes tienen hoy un empleo sin ninguna garantía de seguir manteniéndolo mañana.

En este sentido, la acelerada automatización de los procesos de trabajo mediante el desarrollo e implantación de la robótica y de la inteligencia artificial comportará mayores pérdidas de empleos, como recoge un reciente estudio de la OCDE que cifra en el 12% los que pueden estar en riesgo en España en los próximos tiempos. La eurodiputada Mady Delvaux, del Partido obrero socialista luxemburgués, adscrito al Partido Socialista Europeo, ha presentado como ponente un informe al Parlamento Europeo sobre normas de derecho civil sobre robótica en el que plantea que «a la luz de la repercusión que la robótica y la inteligencia artificial podrían tener en el mercado de trabajo, debería considerarse seriamente la posibilidad de introducir una renta básica universal, e invita a todos los Estados miembros a que reflexionen sobre ello.» Su propuesta no ha sido recogida en la resolución sobre el tema aprobada por el Parlamento el 16 de febrero de 2017.

Este panorama no sería completo si no insistiéramos en un elemento clave antes aludido: el del rotundo fracaso de las políticas públicas de creación de empleo y de lucha contra la pobreza. El fiasco de estas ya no puede achacarse sobre todo a la mayor o menor cuantía de los recursos destinados a crear empleos o a combatir la pobreza. A día de hoy ya son numerosos los trabajos que ponen en evidencia el fracaso de las rentas mínimas de inserción en nuestro país. Las evaluaciones externas del Programa Interdepartamental de la Renta Mínima de Inserción (PIRMI) no dejan lugar a dudas. Lo mismo que las de la eficacia del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y de los Servicios Públicos de Empleo de las Comunidades Autónomas, continuadores del desaparecido y anquilosado INEM. Datos recogidos para evaluar los efectos de la Renta Mínima de Inserción muestran resultados de signo contrario al esperado por las instituciones: su cobertura disminuye cuando se producen los incrementos de las situaciones objetivas de necesidad. Lo mismo ocurre con otros programas, tal y como recoge el Consejo Económico y Social en su informe Sobre políticas públicas para combatir la pobreza en España del 25 de enero de 2017: «Por otro lado, los programas puestos en marcha para paliar las situaciones de desempleo más preocupantes, como el Programa de Activación para el Empleo (PAE), el Prepara o la Garantía Juvenil, tampoco están dando el resultado esperado.»

Claro que las políticas neoliberales tienen que ver con ello. Pero no sólo. La crisis civilizatoria en la que nos encontramos va mucho más allá de señalar el fracaso del neoliberalismo en el ámbito de satisfacer las necesidades sociales básicas y garantizar la sostenibilidad de la vida en el planeta. Es una crisis de valores, de proyecto civilizatorio, que obliga a replantear los modos de producir, consumir y vivir, de organizar la sociedad si queremos que los derechos humanos fundamentales no se conviertan en reliquias del pasado esculpidas en las declaraciones universales, cartas sociales y constituciones que los proclaman.

En este contexto no se trata de buscar paliativos, actitud en la que cabe situar iniciativas como la presentada en el Congreso de diputados en febrero de este año por parte de los sindicatos mayoritarios para el establecimiento de una prestación de ingresos mínimos de 426 euros para las familias sin recursos. Ante esto un comunicado de la Marea Básica contra el Paro y la Precariedad planteaba -acertadamente en mi opinión- que no puede existir otro criterio de suficiencia para sobrevivir de modo digno que el umbral de la pobreza; plantear una renta mínima por debajo de dicho umbral supone contravenir la Carta Social Europea. España, como firmante de dicha Carta debe cumplirla y trasladar a la legislación lo que en ella se dispone. Según las últimas estadísticas disponibles de EUROSTAT el umbral de la pobreza está fijado en nuestro país en 663,31(hoy 684) euros. No es por tanto de recibo elaborar una Ley de Renta Mínima que no tenga en cuenta este requerimiento.

De lo que se trata es de cambiar de paradigmas. Algo a lo que se resisten tenazmente economistas, instituciones públicas y fuerzas políticas que siguen encadenadas a los marcos obsoletos de políticas fracasadas. Es necesario un cambio en el sentido común dominante, un nuevo modo de pensar que supere muchas inercias y prejuicios. Romper moldes, revisar axiomas, supone reconocer, por ejemplo, que el derecho al trabajo ya no es en la actualidad garantía del derecho a la subsistencia. La satisfacción de las necesidades básicas no viene garantizada hoy por el derecho al trabajo. Ello implica revisar ideas vinculadas a la cultura del trabajo dominante en el movimiento obrero tradicional.

Para superar estos marcos y cambiar modos de pensar muy enraizados en amplios sectores sociales hacen falta sujetos colectivos con capacidad de librar la batalla de ideas que permita modificar dichas mentalidades y actitudes aún muy extendidas. Y a su vez, brindar alternativas que vayan tomando cuerpo y siendo asumidas por mayorías sociales. Tal es el envite en el que se inscribe la tarea de un movimiento como la Marea Básica contra el Paro y la Precariedad.

Esa batalla de ideas se libra en el conjunto de la sociedad. Se trata de mostrar, por ejemplo, que una herramienta como la Renta Básica es deseable desde un punto de vista ético, consistente desde un punto de vista programático, socialmente necesaria y urgente, políticamente posible y económicamente sostenible. Para ello conviene leer y divulgar trabajos como los del eminente jurista Luigi Ferrajoli, quien lleva más de veinte años planteando que uno de los principales derechos sociales es el derecho a la subsistencia, y que este quedaría garantizado mediante la concesión a las personas de un salario o renta básica. (Ferrajoli ha desarrollado su argumentación sobre este asunto en múltiples artículos y conferencias así como en varias de sus principales obras como Los fundamentos de los derechos fundamentales, Principia Iuris, vol. 2, y Democracia y garantismo. Pueden consultarse al respecto varios de sus textos en la web de Sin Permiso. Entre otros, La renta básica, un derecho fundamental, breve llamamiento redactado para apoyar una movilización europea en 2011).

Para avanzar en esta dirección, además de fraternidad y buenas razones, hace falta fuerza social. De ahí la necesidad de vertebrar un movimiento de mujeres y hombres capaces de lograr el interés, la aceptación y el respaldo activo de amplios sectores sociales.

En este movimiento hay personas con una dilatada trayectoria de integridad y lucha de más de veinte y treinta años. Otras, más jóvenes, han irrumpido en calles y plazas en la década actual. Biografías y trayectorias diversas unidas por valores, objetivos y actitudes comunes, para quienes el paro y la precariedad no son un «objeto de estudio», sino una realidad cotidiana vivida en carne propia. Un movimiento así construye sus saberes a partir de su propia experiencia personal y colectiva, convierte en conocimiento y en poesía el dolor, el sufrimiento, la dignidad y la esperanza.

A través de los textos aquí presentados se puede obtener una información de primera mano sobre las características de los colectivos que conforman la Marea Básica. Se podrá apreciar que quienes narran sus vivencias de lucha no son académicos ni profesionales de la escritura: son los hombres y mujeres que padecen las injusticias y la marginación en sus carnes. Algunos de ellos, con buena pluma y alma de poeta y todos con un corazón enorme y una gran densidad de sentimientos fraternales y solidarios que van aflorando según relatan sus experiencias.

Se trata de un movimiento compuesto por personas que viven al límite, muchos de ellos desempleados ya sin prestaciones o con ingresos que los sitúan por debajo del umbral de la pobreza. Personas que saben bien lo que es vivir en el borde de la subsistencia, sufrir con los apuros de la pobreza para ir sorteando abismos de miseria mediante la creación de nuevos lazos sociales, no competitivos, solidarios, basados en la ayuda mutua. Estas voces de los de abajo se expresan habitualmente mediante la oralidad. Aquí podemos sentir la vibración poética de sus textos, conocer el contenido de sus pensamientos escritos por ellos mismos.

Otra rara singularidad de estos textos se encuentra en su afán de contar la verdad desnuda de sus reflexiones y opiniones. Sin lenguaje diplomático, sin edulcorar los contrastes y diferencias. Una transparencia no tan frecuente cuando los colectivos se disponen a contar sus experiencias de puertas a fuera de las organizaciones. Así, unos reconocen que los activistas resultan escasos en algunos momentos. Otros no eluden manifestar que se saben en minoría en la defensa de ciertos planteamientos dentro de la Marea Básica. Pero todo ello expresado llanamente, sin reproches a los demás ni segundas o terceras intenciones. El cultivo de la fraternidad está a la orden del día en la Marea Básica, como lo pude apreciar en persona durante su Escuela de Formación realizada en julio de 2016 en Valladolid. Un claro contraste y un excelente ejemplo para los sectarismos y cainismos que tanto daño han hecho y siguen haciendo a los movimientos sociales y fuerzas políticas que en la lucha por la libertad y la igualdad se han dejado por el camino la fraternidad entre unos y otros. Claro que para eso quizás ayude el que no haya poder en disputa, ni cargos, ni salarios de «liberados»… Y sí en cambio práctica de comunidad y ayuda mutua en múltiples formas, como lo relatan aquí los Parados en Movimiento de Valladolid, los Campamentos de la Dignidad de Extremadura y los demás colectivos.

Tampoco se omiten en sus textos las críticas a otros movimientos o fuerzas políticas aliadas. Eso sí, en un tono de respeto, sin la displicencia ni la presunta superioridad tan frecuentes en este tipo de observaciones cuando las hacen ciertos académicos u organizaciones que se creen investidas de poderes superiores y funciones iluminadoras autoasignadas.

La Marea Básica contra el Paro y la Precariedad se halla inmersa en la construcción de una ética de lo colectivo, una ética de la resistencia compartida en nuevos espacios de organización y resistencia, espacios de emancipación quizás podíamos llamarlos, resultado de relaciones y prácticas sociales autónomas, que son a la vez espacios de supervivencia y de acción sociopolítica en los que se apunta al establecimiento de relaciones sociales no capitalistas. De esta forma, los espacios de emancipación acogen las prácticas liberadoras de las que emergen los nuevos saberes para la emancipación emanados de movimientos sociales como la Marea Básica.

Por eso la comunicación y difusión de estas experiencias puede verse como una contribución práctica a la reinvención de la emancipación social. De ahí la importancia de que las experiencias alternativas circulen, se conozcan y compartan, para enfrentar el clamoroso silencio mediático tejido con el fin de hacerlas invisibles y de evitar que el conocimiento de su existencia y actividades pueda servir de ejemplo y estimular su extensión.

El cultivo de la dignidad ocupa un lugar central en la acción sociopolítica iniciada desde los márgenes que caracteriza a este movimiento. Aunque operando en contextos distintos, hay rasgos que ofrecen semejanzas con los que podemos observar en movimientos como los sin tierra brasileños, los zapatistas mexicanos o los de los barrios populares de Caracas, entre otros. Al situar en primer plano la bandera de la dignidad, todos ellos han emprendido caminos de autoconciencia, de comprender y nombrar lo que se es y se está haciendo, por decirlo con una expresión utilizada por Raúl Zibechi en sus reflexiones sobre estos movimientos en América Latina. (Zibechi y Ana Esther Ceceña, entre otros, han desarrollado interesantes trabajos sobre estas características presentes en movimientos sociales latinoamericanos).

Hoy ya no basta con aceptar que la dignidad es el valor básico fundante de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales reconocidos en Declaraciones, Pactos Internacionales y Constituciones. No hay dignidad humana sin eliminación de la miseria, escribía Ernst Bloch. Por eso, para garantizar los derechos inviolables que son inherentes a la dignidad de la persona, como reza el artículo 10.1 de la Constitución Española, es preciso empezar por garantizar el derecho a la subsistencia, a una vida digna. Sin ello, el libre desarrollo de la personalidad, invocado en el mismo artículo, se queda en agua de borrajas.

La historia enseña que tampoco basta con invocar garantías jurisdiccionales para lograr hacer efectivos los derechos más elementales. Cabe reconocer que se va avanzando en la reclamación de exigibilidad de los derechos económicos y sociales para que estos se sitúen a la par con los derechos civiles y políticos en lo que respecta a asegurar su universalidad. Pero aún queda mucho por recorrer en esta dirección. Para lograr el reconocimiento efectivo de estos derechos no hay más camino que luchar por ellos, organizar la fuerza social para conquistarlos, una fuerza traducible luego en fuerza política capaz de realizar los cambios jurídicos que conviertan los derechos básicos defendidos en leyes de obligado cumplimiento. Sin una fuerza social externa al sistema político que ejerza como un auténtico contrapoder social capaz de presionar y movilizar no se pueden conquistar nuevos derechos, ni siquiera garantizar el cumplimiento de los ya reconocidos.

De ahí la importancia de extender y consolidar la fuerza social de un movimiento como el de los colectivos que conforman la Marea Básica contra el Paro y la Precariedad. Un movimiento con una gran diversidad de procedencias sociales y culturales y un buen caudal de sabiduría acumulada a partir de sus experiencias de lucha. Un movimiento que se afana día tras día en transformar el desencanto en esperanza, el sufrimiento y la desazón en rabia e indignación, la soledad en apoyo mutuo, la vergüenza en dignidad, la impotencia individual en fuerza colectiva.

La Marea Básica contra el Paro y la Precariedad sabe que la dignidad humana solo puede garantizarse de un modo universal, para todos los seres humanos, si se garantizan las condiciones materiales de una vida digna para todos. Y eso empieza por garantizar el derecho universal a la existencia, condición de una libertad real para todos. Por eso lucha por conseguir un respaldo social cada vez mayor para el establecimiento de una renta básica, como el mejor instrumento para lograr dicho objetivo. Y enlaza la lucha por la conquista de este nuevo derecho social fundamental con la exigencia simultánea del cumplimiento de derechos reconocidos y vulnerados, como el de que ninguna renta mínima puede estar por debajo del umbral de pobreza, tal y como plantea el Comité Europeo de Derechos Sociales al amparo de lo estipulado en la Carta Social Europea firmada por España.

La Marea Básica es una marea viva; una expresión novedosa en la larga marcha histórica de los movimientos sociales por la conquista de derechos fundamentales. Uno de sus colectivos, los Campamentos Dignidad, lo enuncia así: «los Campamentos Dignidad, como las PAH, las corralas, las asambleas de parados y precarios, las sillas del hambre o la diversidad de colectivos que componen la Marea Básica o las redes de solidaridad popular son expresiones de esa radical novedad. Son herramientas colectivas que producen comunidad y esperanza, que generan «empoderamiento popular», que construyen pueblo, en definitiva.» Las páginas que siguen muestran que las mujeres y los hombres de la Marea Básica saben bien que el pueblo se construye en movimiento y desde abajo.

En 1872 uno de los mayores filósofos del derecho europeo, Rudolf von Jhering, tras advertir de que «solamente luchando alcanzaremos nuestros derechos», concluía su opúsculo La lucha por el derecho con esta cita del Fausto de Goethe que me gustaría dedicar aquí a todas las personas y colectivos que empuñando las armas de la fraternidad, la pasión, la razón y la dignidad contribuyen a labrar sin descanso los caminos hacia la emancipación:

«es la última palabra de la sabiduría, que solo merece la libertad y la vida el que cada día sabe conquistarlas».

REFERENCIAS y BIBLIOGRAFÍA BÁSICA EN CASTELLANO

Páginas digitales de movimientos y colectivos citados:

Marea Básica contra el Paro y la Precariedad: http://mareabasica.es/ Red Renta Básica: http://www.redrentabasica.org/rb/ Renta Básica de las Iguales: http://rentabasicadelasiguales.coordinacionbaladre.org/ Red Global de Renta Básica (Basic Income Earth Network): http://basicincome.org/

Blogs personales:

Ramiro Pinto Cañón: https://ramiropinto.es/ José Iglesias Fernández: http://www.rentabasica.net/

Libros básicos, citados cronológicamente:

Ramiro Pinto La revolución del paro. Ed. Cardeñoso, 1998.

Daniel Raventós. El derecho a la existencia. Ed. Ariel, 1999

José Iglesias Fernández (coord.) Ante la falta de derechos, ¡Renta Básica Ya! Ed. Virus, 2000

Ramiro Pinto. Los fundamentos de la Renta Básica y la «perestroika» del capitalismo. Teoría alternativa sobre economía política en la sociedad tecnológica y del bienestar. Ed. Entinema, 2003.

José Iglesias Fernández. Las Rentas Básicas. El modelo de implantación territorial. Ed. El Viejo Topo, 2003

Daniel Raventós. Las condiciones materiales de la libertad. Ed. El Viejo Topo, 2007

Van Parijs y Vanderborght. La Renta Básica. 2006. Reedición, con un nuevo e interesante prólogo de Félix Ovejero, en Ed. Ariel, 2015

David Casassas- Daniel Raventós. La renta básica en la era de las grandes desigualdades. Ed. Montesinos, 2011.

Daniel Raventós. ¿Qué es la Renta Básica? Preguntas (y respuestas) más frecuentes. Ed. El Viejo Topo, 2012

AA.VV. Renta básica de las iguales y feminismos. Ed. Zambra, 2014

Cive Pérez. Renta Básica Universal. Ed. Clave Intelectual, 2015

Prólogo de Marea Básica. Contra el paro y la precariedad.

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/derechos-basicos-y-caminos-hacia-la-emancipacion/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.