Un error clásico en el análisis de las dinámicas sociales consiste en determinar la naturaleza de un proceso histórico en función de sus “resultados”, aunque suponga releer la complejidad del pasado según las exigencias del presente, por buenas o malas razones. Así, a diferencia de sus homólogos internacionales, muchos intelectuales y activistas franceses, especialmente de la izquierda, han rechazado en las últimas décadas el uso del término «revolución» para designar la ruptura con el sistema colonial en Argelia.
Precisamente por ello resulta justificado hablar de revolución -anticolonial, como proponía el historiador René Gallissot en 1984- a pesar de la formación de una burocracia militar-policial durante la lucha de liberación nacional, del mantenimiento de la propiedad privada al producirse la independencia -y a pesar del “socialismo” promovido por las autoridades de 1962 a 1989- de los ataques a las libertades democráticas por los sucesivos gobiernos argelinos, etc.
Sin embargo, es a menudo a partir de estos «fines» – ciertamente lamentables – que algunos han preferido comprender la descolonización argelina a través del prisma de la «guerra de liberación nacional», especialmente desde el reconocimiento por parte del parlamento francés, en 1999, de la «guerra de Argelia» hasta entonces calificada «[de] acontecimientos del norte de África» o «[de] operaciones de mantenimiento del orden», producto de la movilización de antiguos combatientes.
Algunas refutaciones del término «revolución» también expresan cuestionamientos legítimos, situándose incluso en el terreno de la emancipación social -no sin dogmatismo para los leninistas apegados a una lectura esquemática del ejemplo ruso- pero subrayando, entre otras cosas, las continuidades entre los períodos colonial y poscolonial, en lo que respecta al papel asignado a los obreros y campesinos, como explicó el historiador Mohammed Harbi en 1954, la guerre commence en Algérie (1954, la guerra comienza en Argelia) /1. Por su parte, la historiadora Natalya Vince utiliza ambos términos, sin excluirlos /2.
El reto aquí no es abrir una controversia historiográfica destinada a los pocos especialistas en el tema, sino más bien poner de relieve algunos problemas relacionados con la caracterización de esta secuencia histórica que pesa sobre la conciencia de nuestros contemporáneos, tanto en Argelia como en Francia.
Considerar todo el proceso
El historiador Todd Shepard /3 recuerda hasta qué punto el fin de la dominación colonial en Argelia transformó Francia.
Por lo tanto, dar cuenta de la lucha contra el colonialismo francés -un sistema de opresión anti igualitario, racista y violento, hay que recordarlo- en el caso argelino, invita a poner entre paréntesis el resultado tal y como lo conocemos, para considerar todo este proceso en su complejidad, sin excluir lo que podría haber sucedido, en contra de cualquier forma determinismo, etnocentrismo o sectarismo.
Así, el estudio de la revolución argelina invita a sacudir las fronteras geográficas, pero también a cuestionar los límites cronológicos tradicionalmente asociados a esta secuencia histórica, a saber, 1954-1962, ya que es costumbre tomar como punto de partida el 1 de noviembre de 1954 – fecha del desencadenamiento de la insurrección por los fundadores del Frente de Liberación Nacional (FLN) y del Ejército de Liberación Nacional (ALN) – y como punto de llegada el 5 de julio de 1962 – día elegido para celebrar la Independencia, con el fin de cerrar simbólicamente un trágico paréntesis, abierto el 5 de julio de 1830, que corresponde a la toma de Argel por las tropas francesas.
Aunque, de nuevo, apenas hay consenso, aunque solo sea desde el punto de vista del legislador, ya que, en el lado argelino, la ley de 1991 relativa al mujahid (combatiente) y al chahid (mártir) detiene la «guerra de liberación nacional» el 19 de marzo de 1962 – fecha de entrada en vigor del alto el fuego – mientras que, por parte francesa, la ley de 1999 elige el 2 de julio de 1962, es decir, el día después del referéndum que reconoce, con más del 91% de los votos emitidos, la elección para Argelia de un «Estado independiente que coopera con Francia».
Sin embargo, la elección de estas fechas, por principio arbitrario, sigue dependiendo en gran medida de la focalización en la lucha armada, que no deja de ser un aspecto, ciertamente decisivo, de la revolución argelina. Después de todo, el historiador Matthew Connelly /4 demostró que los independentistas argelinos habían logrado su victoria primero en el terreno diplomático más que en el militar.
¿Fin de la guerra, fin de la revolución?
Pero, ¿podemos razonablemente hacer coincidir el “fin” de la revolución argelina con la proclamación del Estado Independiente en julio de 1962? Hacerlo, ¿no es consagrar la “salida” nacional estatal como la única concebible o deseable? Haciendo así, ¿no cerramos los ojos a la efervescencia -política, social y cultural- que caracteriza los primeros años de la Argelia liberada del yugo colonial?
No se trata solo de tomar en serio lo que se juega durante el año de transición política desde el punto de vista de los subordinados, como expone la historiadora Malika Rahal /5, sino también de considerar las experiencias emancipadoras llevadas por trabajadores, campesinos, sindicalistas, feministas, etc. – en contacto con sus camaradas franceses e internacionales como relata la periodista Catherine Simon /6 – con el fin de dar un contenido tangible a la independencia, a la revolución o al socialismo, para romper definitivamente con el sistema colonial y sus supervivencias.
Y si tuviéramos que decidir una fecha correspondiente al fin de este entusiasmo popular -de la que la autogestión implementada en 1963 constituye un ejemplo significativo-, sin duda habría que elegir el 19 de junio de 1965, a saber, el golpe de Estado dirigido por el ministro de Defensa, Houari Boumedienne (1932-1978), contra el primer presidente de la República Argelina Democrática y Popular (RADP), Ahmed Ben Bella (1916-2012). Aunque esto no signifique que la lucha de clases termine con lo que fue presentado por el nuevo poder como un “enderezamiento revolucionario”.
El comienzo de la revolución argelina
Dicho esto, ¿qué pasa con el “comienzo” de la revolución argelina? La historiadora Annie Rey-Goldzeiguer (1925-2019) propuso /7 mirar la década anterior al estallido de la lucha armada por el FLN para explicar sus causas, o incluso tomar 1945 como el «ensayo general» de 1954.
De hecho, el año 1945 estuvo marcado inicialmente por una intensa y masiva movilización en torno a los Amigos del Manifiesto y la Libertad (AML), que reunió tanto a los partidarios “radicales” de Messali Hadj (1898-1974) como a los partidarios “moderados” de Ferhat Abbas (1899-1985). Su congreso, celebrado en marzo, cuenta con 500.000 miembros y reivindica un gobierno argelino. Solo que esta fase de radicalización política -que ilustra un nuevo estado de ánimo entre los colonizados, incluyendo todas las clases- es brutalmente interrumpida por la sangrienta represión de mayo, en Sétif, Guelma y Kherratta, que prefigura la acción de la Organización Armada Secreta (OAS), como sostiene el historiador Jean-Pierre Peyroulou /8.
El trauma provocado por las decenas de miles de muertes, principalmente entre la población árabe-bereber, abre el camino a una nueva generación de activistas, decidida a acelerar el uso de la lucha armada para acabar con el colonialismo, partiendo del principio de que el trabajo de agitación política, iniciado durante el período de entreguerras con la Estrella de África del Norte (ENA) en 1926 y luego el Partido del Pueblo Argelino (PPA) en 1937 – debido al despertar de la sociedad civil a nivel artístico, intelectual, espiritual o deportivo -, ya ha dado sus frutos.
Por lo tanto, es a través de este prisma como conviene analizar la revolución argelina (1945-1965), es decir, la movilización de las masas oprimidas, por medios pacíficos o violentos -legales o ilegales-, con el fin de romper con un sistema basado en la sujeción de la mayoría en beneficio de la minoría de origen europeo -una casta privilegiada por el imperialismo. Sin embargo, es imposible pensar en la revolución sin la contrarrevolución que ha revestido varias máscaras y de la que la furia criminal de los ultracolonialistas de la OAS era solo la cara más horrible, mientras que el compromiso de los supletorios del ejército francés (harkis) (argelinos que combatieron con el ejército francés ndt) constituía un lado trágico.
¿Historia de la revolución o historia del FLN?
La historia de la lucha de liberación nacional en Argelia a menudo se amalgama con la de la organización que reclamó y luego detentó el casi monopolio durante la insurrección, a saber, el FLN al que el historiador Gilbert Meynier (1942-2017) dedicó un estudio sustancial. Nada más legítimo que esto, sobre todo porque el FLN sigue siendo el partido único durante las primeras décadas de la independencia. Sin embargo, la innegable preeminencia del FLN en los años decisivos de la revolución argelina no debe ocultar la existencia de un pluralismo político antes de 1954, hasta 1962, o incluso después.
En efecto, desde las masacres de Norte de Constantina (región de Argelia) en 1945 hasta el desencadenamiento de la insurrección en 1954, la reivindicación independentista -todavía marginal en el período de entreguerras- va ganando terreno entre el pueblo colonizado en un contexto de cristalización de las sensibilidades políticas y competencia partidista – a pesar de los repetidos obstáculos de la administración- dentro de lo que se ha acordado llamar el «movimiento nacional» y cuyas etapas esenciales han sido restituidas por el historiador Mahfoud Kaddache /9.
Paralelamente a la vida política animada por la minoría europea – vinculada a las formaciones de la metrópoli, como la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO), analizada por la historiadora Claire Marynower /10, la mayoría «musulmana», discriminada políticamente a través del sistema de la «doble colegio» – antinómico con el principio del sufragio universal «un hombre, un voto» – se agrupa en formaciones que dan protagonismo a sus aspiraciones nacionales, como el Movimiento por el Triunfo de las Libertades Democráticas (MTLD), nuevo nombre del partido messalista después de la Segunda Guerra Mundial. Además, fue en el contexto de una crisis fatal en el MTLD, que se produjo durante 1954 -mientras que los «pueblos hermanos» de Marruecos y Túnez ya recurrían a la acción directa-, cuando surgió el FLN como lo describe Mohammed Harbi en sus obras: Aux origines du FLN. Le populisme révolutionnaire en Algérie et Le FLN, mirage et réalité. Des origines à la prise du pouvoir. 1945-1962 (En los orígenes del FLN. El populismo revolucionario en Argelia y el FLN, espejismo y realidad. Desde los orígenes hasta la toma del poder. 1945-1962)./11
El otro partido emblemático de este período, cuya contribución positiva sigue siendo subestimada hasta la fecha, es la Unión Democrática del Manifiesto Argelino (UDMA), dirigida por Ferhat Abbas, comprometida con el respeto del marco legal y republicano, a imagen de una parte de su base reclutada entre notables./12 Los miembros de la UDMA a menudo actúan en conjunto con los de la Asociación de Ulemas Musulmanes Argelinos (AOMA) /13. La AOMA, con vocación religiosa y cultural, fue fundada en 1931 por Abdelhamid Ben Badis (1889-1940) cuya fórmula «el Islam es mi religión, el árabe es mi lengua y Argelia es mi patria» resume la concepción comúnmente aceptada de la identidad argelina por los diversos componentes del movimiento nacional, con raras excepciones, en particular con la llamada crisis «bereber» de 1949 descifrada por el historiador Ali Guenoun /14.
Por último, dentro de la familia anticolonialista, el Partido Comunista Argelino (PCA) defiende la cuestión social con la mayor claridad /15. A pesar de su alineamiento con Moscú y de las relaciones a veces tensas con el MTLD, algunos de cuyos miembros eran visceralmente anticomunistas, el PCA -que «arabiza» tanto su base como su dirección, permaneciendo abierto a los diversos elementos de la sociedad- promueve una estrategia unitaria con otras organizaciones que se materializa, por ejemplo, a través del Frente Argelino para la Defensa y el Respeto de las Libertades (FADRL) en 1951.
En cierta medida, el FLN aparece como la consagración de los llamamientos a la unión reiterados con fuerza durante una década y proclama, en su primera declaración, su voluntad de obtener la independencia nacional mediante “la restauración del Estado argelino soberano, democrático y social en el marco de los principios islámicos”. Sin embargo, las condiciones de este resultado siguen dependiendo de un contexto deletéreo, moldeado por las disensiones provocadas por la crisis del MTLD – que arroja una luz cruda sobre la ausencia de tradiciones democráticas dentro de la corriente nacionalista -, la represión masiva de las autoridades coloniales -que toma las formas de una verdadera guerra contra el pueblo argelino-, la actitud equívoca del movimiento obrero francés -dentro del cual los anticolonialistas consecuentes (marxistas, libertarios o cristianos progresistas) aparecían muy aislados-, así como el apoyo, lejos de ser desinteresado, de algunos Estados en la época de la Guerra Fría.
A pesar de la pretensión hegemónica de la mayoría de sus dirigentes, el FLN nunca pudo ni supo lograr la unanimidad entre una población argelina mayoritariamente rural, una parte creciente de la cual se estableció en la metrópoli para huir de la miseria y enfrentarse al racismo cuya expresión paroxística coincide con la masacre de octubre de 1961./16 De hecho, los partidarios de Messali Hadj se agruparon en el Movimiento Nacional Argelino (MNA) tras la disolución del MTLD en noviembre de 1954. La negativa del MNA -implantado en las ciudades argelinas y entre la emigración obrera- a disolverse en el nuevo frente provoca una «lucha fratricida», particularmente mortal. Por su parte, el PCA consigue, no sin dificultades, mantener su autonomía política. Prohibido por las autoridades francesas en septiembre de 1955, fue nuevamente prohibido en noviembre de 1962, pero esta vez por el gobierno argelino.
Triunfo y límites de la revolución argelina
Sin embargo, a pesar de muchos obstáculos, la revolución argelina triunfó. En efecto, el colonialismo francés fue derrotado gracias a la determinación de las masas plebeyas, a la esperanza de la mayoría expropiada y a la combatividad de las capas subyugadas que hicieron oír su voluntad -a costa de tantos sacrificios-, a pesar de sus autoproclamados líderes.
Sin embargo, la atención dedicada a la dimensión estrictamente política de esta historia, a menudo reducida a unos pocos «líderes históricos», «crisis decisivas» u «organizaciones infalibles», tiende a excluir el contenido social y cultural de la revolución argelina. Así, las luchas obreras, algunas de las cuales tuvieron un “carácter pre-insurreccional” /17, se ven relegadas a un segundo plano, igual que las huelgas llevadas a cabo por los estibadores de Orán en febrero de 1950, los mineros de Timezrit en enero de 1951, los trabajadores agrícolas de Mitidja en abril de 1951, etc.
Al mismo tiempo aparece una nueva generación de novelistas argelinos, en primer lugar Mouloud Feraoun (1913-1962), Mohammed Dib (1920-2003), Mouloud Mammeri (1917-1989), Kateb Yacine (1929-1989) o Assia Djebar /18. En su caso, el lenguaje del colonizador se utiliza no para glorificar la “misión civilizadora” sino, por el contrario, para describir mejor los tormentos de sus compatriotas, aunque eso suscite malentendidos entre sus lectores tanto argelinos como franceses.
Sin embargo, la cuestión que ilumina de la manera más significativa el alcance y los límites de la revolución argelina sigue siendo sin duda la de las relaciones sociales de género. De hecho, las mujeres argelinas fueron oprimidas en más de un sentido, no solo como colonizadas, sino también como mujeres enfrentadas al patriarcado y como proletarias explotadas por el capitalismo.
Así, antes de tomar las armas /19, muchas mujeres argelinas se unieron a las filas de la Unión de Mujeres de Argelia (UFA), creada en 1943 en la órbita del PCA, o a las de la Asociación de Mujeres Musulmanas Argelinas (AFMA), fundada en 1947 en el seno del MTLD. A pesar de estos marcos restrictivos, porque estaban subordinados a la lógica de los aparatos controlados por hombres, y sin olvidar los obstáculos de la vida cotidiana, las pioneras del feminismo argelino encuentran en ellos una forma de expresar sus propias aspiraciones.
Prueba de que la marcha hacia la emancipación no se detiene con la proclamación de la independencia, la manifestación del 8 de marzo de 1965 en Argel da lugar a un desbordamiento por parte de las mujeres que rechazan las consignas oficiales, ocupan el espacio público -para consternación de los hombres que se cruzan en su camino- y desafían a los partidarios del poder. Sin embargo, este surgimiento feminista en la Argelia liberada del colonialismo se salda con repudios o violencia. Incluso hay quienes lo vieron como una de las causas del golpe de Estado del 19 de junio de 1965: los reaccionarios no podían soportar un cuestionamiento del patriarcado.
Setenta años después de la insurrección del 1 de noviembre de 1954, ya es hora de escribir y pensar la historia de la revolución argelina, finalmente entendida en sus dimensiones sociales, políticas, culturales o sexuales. Esta secuencia determinante del siglo pasado, de la que no hemos aprendido todas las lecciones, no ha dejado de alimentar el imaginario tanto de quienes buscan preservar un orden social obsoleto como de quienes desean transformarlo -para mejor-, a ambos lados del Mediterráneo.
Notas
1/ Mohammed Harbi 1954, la guerre commence en Algérie. Ed. Complexe, 1984.
2/ Natalya Vince The Algerian War, The Algerian Revolution. Editions Palgrave MacMillan, 2020.
3/ Todd Shepard, Comment l’indépendance algérienne a transformé la France. Ed. Payot, 2008.
4/ Matthew Connelly, L’arme secrète du FLN. Comment de Gaulle a perdu la guerre d’Algérie. Ed. Payot, 2011
5/ Malika Rahal Algérie 1962 : une histoire populaire. Ed. La Découverte, 2022.
6/ Catherine Simon, Algérie, les années pieds-rouges. Des rêves de l’indépendance au désenchantement. 1962-1969. Ed. La Découverte, 2009.
7/Annie Rey-Goldzeiguer, Aux origines de la guerre d’Algérie, 1940-1945. De Mers-el-Kébir aux massacres du Nord-Constantinois. Ed. La Découverte, 2002.
8/ Jean-Pierre Peyroulou, Guelma, 1945. Une subversion française dans l’Algérie coloniale. Ed. La Découverte, 2009.
9/ Mahfoud Kaddache, Histoire du nationalisme algérien. 1919-1951. Ed. SNED, 1980.
10/ Claire Marynower, L’Algérie à gauche. 1900-1962. Ed. PUF, 2018.
11/Mohammed Harbi Aux origines du FLN. Le populisme révolutionnaire en Algérie. Ed. Christian Bourgois, 1975. Mohammed Harbi Le FLN, mirage et réalité. Des origines à la prise du pouvoir. 1945-1962. Ed. Jeune Afrique, 1980
12/Malika Rahal, L’UDMA et les udmistes. Contribution à l’histoire du nationalisme algérien. Ed. Barzakh, 2017.
13/ Charlotte Courreye, L’Algérie des Oulémas. Une histoire de l’Algérie contemporaine. 1931-1991. Editions de la Sorbonne, 2020.
14/ Ali Guenoun, La question kabyle dans le nationalisme algérien. 1949-1962. Editions du Croquant, 2021.
15/ Lire à ce sujet Alain Ruscio, Les communistes et l’Algérie. Des origines à la guerre d’indépendance, 1920-1962. Ed. La Découverte, 2019.
16/ Neil MacMaster et Jim House, Paris 1961. Les Algériens, la terreur d’État et la mémoire. Ed. Tallandier, 2008.
17/ Nora Benallègue-Chaouia, Algérie : mouvement ouvrier et question nationale. 1919-1954. Ed. OPU, 2004.
18/ Mouloud Feraoun, Le Fils du pauvre. Cahiers du nouvel humanisme, 1950. Mohammed Dib, La Grande maison. Le Seuil, 1952. Mouloud Mammeri, La Colline oubliée. Plon, 1952). Kateb Yacine, Nedjma. Ed. Le Seuil, 1956. Assia Djebar, La Soif. Julliard, 1957.
19/Natalya Vince, Our Fighting Sisters. Nation, Memory and Gender in Algeria. 1954-2012. Manchester University Press, 2016.
Nedjib Sidi Moussa es politólogo, profesor y autor de varios libros, entre ellos Algérie, une autre histoire de l’indépendance (Puf, 2019) et La Fabrique du musulman (Libertalia, 2017).
Texto original: https://lanticapitaliste.org/actualite/histoire/dialectique-de-la-revolution-algerienne
Traducción: Faustino Eguberri para viento sur
Fuente: https://vientosur.info/dialectica-de-la-revolucion-argelina/