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El centro de Argel tomado por la policía

Fuentes: En Lucha

Al igual que ocurriera el pasado día 12, Argel amaneció este sábado 19 literalmente tomada por las fuerzas policiales. Varias horas antes del inicio de la manifestación convocada por la Coordinación Nacional por el Cambio y la Democracia, decenas de camionetas de la policía y vehículos militares ya se habían desplegado en la capital argelina. […]

Al igual que ocurriera el pasado día 12, Argel amaneció este sábado 19 literalmente tomada por las fuerzas policiales. Varias horas antes del inicio de la manifestación convocada por la Coordinación Nacional por el Cambio y la Democracia, decenas de camionetas de la policía y vehículos militares ya se habían desplegado en la capital argelina.

Más de un millar de manifestantes que, imitando las revueltas que sacuden el mundo árabe, coreaban «Argelia libre y democrática», «Fuera la corrupción» o » El pueblo quiere la caída del régimen» fueron duramente reprimidos por las fuerzas de seguridad cerca de la Plaza del Primero de Mayo, donde la marcha tenía previsto su comienzo a las 11h. A empujones y porrazos fueron conducidos hacia el patio de un complejo de edificios residenciales, donde fueron rodeados por cientos de policías.

Un miembro del partido de Asociación para la Cultura y la Democracia (RCD), Tahar Besbes, resultó gravemente herido. Según Rafid Hassan, portavoz del RCD, Besbes «Fue golpeado en el estómago por un policía y al caer su cabeza golpeó el pavimento, quedando en estado de coma».

La convocatoria ha contado con el apoyo del Comité Nacional por la Defensa de los Derechos de los Parados, que ha denunciado la utilización por parte del Gobierno de jóvenes parados para ‘romper’ las manifestaciones.

El gobierno ha respondido a las convocatorias de la oposición anunciando para final de mes el levantamiento del estado de emergencia declarado en 1992 como parte de la lucha contra la insurgencia islamista, así como varias medidas económicas relativas a la vivienda, el empleo, la gestión de la administración, la bajada de los precios de algunos productos básicos y el aumento de las importaciones de trigo.

¿Por qué no se produce el contagio de las revueltas de Túnez y Egipto?

Pudiera pensarse que es el miedo a la confrontación física con el aparato policial lo que impide una participación masiva de las masas populares en la protesta. En opinión de Nadir Djermoune, del Partido Socialista de los Trabajadores, las razones son otras y las expone en un artículo titulado Manifestación víctima de la demagogia:

«En primer lugar, el miedo a un futuro incierto, el miedo a un resultado desconocido de una guerra civil de más de una década que ha dejado a los argelinos anémicos y poco dispuestos a levantarse contra un régimen que todavía se legitima en su triunfo sobre el islam radical a costa de decenas de miles de muertos.

En segundo lugar, la situación económica. La crisis no es tan aguda en Argelia como lo es en la vecina Túnez o Egipto. La economía de estos dos últimos países se centra principalmente en el turismo. Con otros dos sectores clave de la agricultura y los textiles, totalmente orientados hacia el mercado europeo. La apertura completa y esta lealtad absoluta al mercado europeo han hecho que estas economías sean vulnerables a la crisis financiera que conoce el capitalismo global y especialmente en Europa. La concentración del comercio con Europa coloca a Túnez en una crítica situación de dependencia. Justo lo contrario de la economía argelina.

El desahogo financiero debido al petróleo y gas coloca a las autoridades argelinas con un cierto grado de autonomía vis-à-vis a las presiones del capitalismo global y la presión popular interna. La debilidad de las exportaciones fuera de los productos energéticos y la ausencia de un consumo turístico orientado fuera de la economía argelina es inmune a las fluctuaciones de las finanzas mundiales.

Pero este problema de salud puramente financiero a nivel macro no elimina las desigualdades sociales y las inconsistencias en los países en desarrollo. Hay muchas contradicciones, tanto en el desarrollo de sectores como en el desarrollo global.

En tercer lugar, y en el terreno político, los mecanismos del poder en Argelia son diferentes de sus vecinos en su forma de expresión y sus mecanismos de gestión. El poder despótico en Túnez, como en Egipto, se concentraba en manos de una persona. El Raïs egipcio centraba todo el odio y el rencor; la autocracia de Túnez, junto con la participación de prácticamente todos los de la familia de Ben Ali en el saqueo del país, ofrece un blanco fácil para vendeta popular.

Sin embargo, el despotismo de la burocracia es ‘colectivo’. La tormentosa historia de las crisis sucesivas del gobierno argelino, la marginación de Chadli, el asesinato de Boudiaf, la dimisión de Zeroual, hasta la llegada de Bouteflika, muchos episodios que no permiten una constitución en el poder, por no hablar de su consolidación en tan poco tiempo, una familia aristocrática o regional.

El gobierno argelino se parece más a una coalición burocrática de las clases propietarias que tiene una base más amplia que las dictaduras personalizadas de Túnez y Egipto. Por lo tanto, menos vulnerable. Las dictaduras ‘diluidas’ son más difíciles de derribar que las que ofrecen un escaparate al resentimiento popular, como fue el caso del Sha de Irán. Los ingresos del petróleo pueden mitigar la ira del pueblo y aplazar su radicalización, al menos mientras la burocracia encabezada por la jerarquía militar sigua siendo poco visible en la política y capaz de integrar a una parte de las maquinarias políticas sometiéndolas al juego de la cooptación.

Pero todo esto no excluye la posibilidad ni la necesidad de reanudar la construcción de una alternativa democrática y popular. Reducida a revueltas y disturbios, la insolencia radical popular necesita una política creíble».

Xoán Vázquez es militante de En Lucha.

En este enlace aparece el artículo original y varias fotos de las protestas:

http://enlucha.org/site/?q=node/15759