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El golpe de Estado en Malí

Fuentes: WSWS

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Soldados amotinados dirigidos por el capitán Amadu Sanogo tomaron el poder el jueves [22 de marzo de 2012] por la mañana en la capital de Mali, Bamako, y decidieron disolver las instituciones, suspender la Constitución, instaurar un toque de queda y cerrar las fronteras por una duración indeterminada.

Se calcula que el golpe de Estado que empezó el miércoles ha causado cuarenta muertos, varios de los cuales son civiles. Todavía no es seguro que la Junta haya logrado apropiarse de todos los resortes del poder.

El portavoz de la Junta, Amadu Konaré, es teniente; no parece haber oficiales de alta graduación en la Junta ya que o bien han sido detenidos o no ha opuesto resistencia alguna.

Reprochaban al presidente Amadu Tumani Turé, en el poder desde 2002, ser «incompetente» ante la rebelión de los tuaregs del norte del país. Esta rebelión empezó el 17 de enero dirigida por el Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA) y otros rebeldes, reforzado por veteranos de la guerra de Libia del año pasado fuertemente armados que lucharon en favor del dictador Muammar Gadafi.

El 1 de febrero una manifestación de mujeres, esposas y madres de militares muertos durante los combates entre el ejército de Mali y los rebeldes del MNLA, acusaba al gobierno de haber «enviado a sus hombres al matadero sin preparación y sin el material adecuado». El motivo principal de la manifestación fue el anuncio del descubrimiento de una fosa común que contenía los cadáveres de 40 militares, aunque el gobierno solo había anunciado dos muertos en los enfrentamientos.

Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas, los combates entre el ejército maliano y los rebeldes tuareg han desplazado a 206.000 personas desde mediados de enero, sobre todo hacia Mauritania, Níger, Burkina Faso y Argelia.

Turé, entonces general, había llegado al poder gracias a un golpe de Estado en 1991 contra el dictador Mussa Traoré. Entregó el poder a los civiles tras las elecciones de 1992 que llevaron al poder a Alfa Umar Konaré, de la Agrupación Democrática Africana (RDA, por sus siglas en francés), vinculada al PCF. Tras abandonar el ejército, Turé se convirtió en presidente en 2002 por medio de las elecciones.

Si bien los Estados occidentales y la ONU han proferido las recriminaciones habituales, se dejaba ver que la OTAN ya no consideraba a Turé un aliado fiable. El pasado 24 de noviembre L’ Express citaba a un alto responsable francés familiarizado con la región y que conservaba el anonimato, el cual se quejaba: «Estamos muy enfadados con los malianos. Ya se trate de las células de al-Qaeda en el Magreb islámico que operan en el extremo norte del país, de sus relaciones con los tuaregs o del tráfico de cocaína latinoamericana camino de Europa, ya no se trata de la pasividad sino de la complicidad. Tenemos pruebas irrefutables. [Al-Qaeda] es hay más fuerte que antes de que se lanzara en 2008 el Plan Sahel, un dispositivo antiterrorista en el que París ha hecho inversiones enormes».

El mes pasado Turé concedió una entrevista a L ‘ Express en la que declaró: «En relación a las rebeliones árabo-tuaregs locales, Gadafi se había comprometido en la mediación, el desarme y la reinserción. Su caída deja un vacío. […] Desde un principio habíamos avisado a la OTAN y a los demás de los efectos colaterales de la crisis libia, pero no se nos escuchó».

De hecho, Turé mantenía una estrecha relación con Gadafi, de la que no «se arrepiente en absoluto. Libia ha hecho sustanciales inversiones en nuestro país en hoteles, turismo, agricultura y banca, lo que ha contribuido a nuestro desarrollo».

La caída de Gadafi diseminó importantes cantidades de armas en esta región y más allá: el 15 de octubre la prensa dejaba constancia de un primer convoy de 400 veteranos a bordo de 80 vehículos militares que volvía a Mali y al día siguiente un primer soldado maliano había muerto en una emboscada en la región.

También en octubre el periódico alemán Der Spiegel citaba al presidente del Comité Militar de los Países de la OTAN, el almirante italiano Giampaolo Di Paola, el cual explicaba: «Más de 10.000 misiles suelo-aire, que representan una grave amenaza para la aviación civil, podrían salir de Libia y encontrarse en malas manos de Kenya en Kunduz». En junio las fuerzas nigerianas habían interceptado un convoy de más 600 kilos de Semtex procedente de Libia.

Tradicionalmente los tuaregs solo reclamaban una autonomía interna en Mali y solo desde la caída de Gadafi y el establecimiento de unas relaciones supuestamente más estrechas con al-Quaeda reclaman la independencia completa. En reacción a la intensificación de esta lucha los tuaregs que viven en el sur del país son víctimas cada vez más a menudo de agresiones racistas.

La situación económica del norte de Mali explica en gran parte el atractivo que ejerce la rebelión sobre la juventud tuareg. Es uno de los 25 países más pobres del mundo, con un PIB anual de 1.300 dólares por habitante. La tasa de inflación pasó del 1% en 2010 al 3,6% el año pasado. El desierto cubre más de la mitad del país y no contiene petróleo; lo esencial de la actividad económica se concentra en el sur, en torno al río Níger. Los nómadas representan un 10 % de la población.

Para Pierre Boilley, director del Centro de Estudios de los Mundos Africanos (CEMAF, por sus siglas en francés) «esto traduce su amargura concerniente a lo que ellos consideran la marginación de su región y el fracaso de las políticas de integración que se establecieron a su favor en la década de 1990».

En la entrevista concedida a L ‘ Express Turé explicaba que «la pobreza y la precariedad ofrecen un terreno fértil al terrorismo y al integrismo. Los yijadistas avanzan ocultos bajo una cobertura caritativa. Inteligentemente, su objetivo son las familias desfavorecidas o la juventud desocupada. Un chaval roba un 4 X 4 o hace de guía no por adhesión ideológica sino por dinero. Nuestros enemigos se infiltran a través de lo humanitario, hay que responderles por medio del desarrollo».

Lejos de tratar de proteger las vidas de sus hombres, los dirigentes de la Junta se lanzaron a una batalla de envergadura alrededor de Kidal en el noreste contra las fuerzas islamistas tratando de luchar militarmente contra un movimiento cuyas raíces están en la crisis económica y en la desestabilización de la región engendrada por la guerra de la OTAN en Libia.

Fuente: http://www.wsws.org/francais/News/2012/mar2012/mali-m27.shtml

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