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Argelia

El Hirak frente a la trampa

Fuentes: Huffpost Magreb

Traducción de Alberto Nadal

 

RYAD KRAMDI VIA GETTY IMAGES

Hay momentos en los que el abatimiento entra en disputa con la tristeza antes de que una cólera fría surja a la superficie. En estas crónicas, y lo haré tantas veces como sea necesario, he escrito que el sistema que preside los destinos de Argelia es profundamente tóxico. Y si fuera precisa una prueba suplementaria, la muerte en detención del doctor Kamel Eddine Fekhar, al término de una huelga de hambre de 50 días (¡!) es una que no se puede rebatir. En la Argelia de 2019, en esta Argelia en la que el jefe del estado mayor Ahmed Gaid Salah llama «al diálogo» y «a las concesiones», se puede morir en la cárcel por un delito de opinión. En la Argelia de 2019 la muerte de Kamel Eddine Fekhar, nuestro Bobby Sands, es una mancha indeleble en los oropeles ya manchados de nuestro sistema judicial.

Los responsables que están directamente tras el encarcelamiento del difunto militante son los primeros culpables. Pero no son los únicos. Es todo este sistema que las y los argelinos no quieren el que se ha mostrado tal como ha sido siempre y tal como lo sigue siendo. Un sistema capaz de todo y en particular de lo peor. Un sistema poblado de brutos que no tienen ningún respeto por los derechos más elementales de las personas. Es este sistema el que alimenta y encubre actos como la paliza a Ramzi Yettou, muerto a los 22 años por las heridas producidas por policías armados con porras. Es este sistema el que no quiere oír los llamamientos del pueblo que rechaza las elecciones del 4 de julio. Es este sistema el que encarcela a Louisa Hanoune despreciando las leyes porque ha tenido la osadía de evocar las derivas corruptas del entorno de Ahmed Gaid Salah.

La revolución está lejos de haber terminado. Quizás ni siquiera ha comenzado. Sí, por supuesto, el abandono del quinto mandato de Abdelaziz Buteflika es una victoria pero es también un simple ajuste del sistema. Si se muere en Argelia por pronunciar una opinión que ha disgustado al poder, eso quiere decir que el camino es bastante más largo de lo que se pensaba. Y si Kamel Eddine Fekhar ha muerto en estas circunstancias terribles, esto significa también que otras y otros contestatarios corren el riesgo de sufrir la misma suerte. El mensaje está muy claro y la advertencia emitida por el sistema no hay que tomarla a la ligera. Pido a quienes se implican y se exponen que tengan esto presente. La euforia que produce el hirak es algo hermoso pero atención a la pérdida de lucidez. Atención a los depredadores que tiemblan de impaciencia esperando pasar a la acción. Al contrario de lo que esperaba Ahmed Gaid Salah, el movimiento popular, el hirak, no ha perdido su impulso. Las elecciones presidenciales no tendrán lugar el próximo 4 de julio o bien en ellas se presentarán dos desconocidos lo que ridiculizaría para siempre al país. Es un fracaso humillante para el Jefe de Estado Mayor. Por eso la situación es más peligrosa que nunca.

En efecto, cuando el sistema argelino está en un callejón sin salida, solo sabe hacer una cosa: provocar la violencia y golpear duro. La muerte de Kamel Eddine Fekhar no es un accidente. Se le ha dejado morir de forma deliberada. ¿Para dar ejemplo? Sí, pero no solo eso. Es también para que la cólera se exprese en la calle. Es para que el hirak essilmi, pacífico, se enfrente violentamente y que este dolor contenido que retuerce el vientre de los y las argelinas desde hace tanto tiempo se libere de repente. Entonces, se aprovechará la ocasión y como en octubre de 1988, como en enero-marzo de 1992, la represión podrá abatirse. La trampa es inmensa. No se ha dejado de preparar desde el pasado 22 de febrero. Hasta ahora las y los argelinos han sabido desmontarla pero cuanto más pasa el tiempo más crece el riesgo de que las cosas se desborden.

Ahmed Gaid Salah es un digno representante del sistema argelino. Su primer objetivo siempre es ganar tiempo para ver cómo van las cosas, para dotarse de los medios para actuar según su parecer. Hay incluso algo de anacrónico en sus discursos, sus maniobras, sus amenazas más o menos explícitas hacia las y los manifestantes. Es la obsesión de un viejo que desea fijar el tiempo y preservar lo que ha conocido siempre, una maquinaria arcaica que agarrota Argelia y la impide avanzar. La idea misma de un país democrático, pluralista, le produce horror. No es su representación mental. No es su marco de pensamiento.

¿Quiere este hombre, de verdad, dialogar? La semana pasada la presente crónica evocaba el perfil soñado, para él, de sus interlocutores. Gente sumisa que no tendría ni siquiera que disimular y que hará lo que se les exija. Si quiere de verdad dialogar, que el Jefe del Estado Mayor reciba a los colectivos que se forman un poco en todas partes y que ya han dado a conocer sus posiciones y sus propuestas. Y que no se nos diga que eso es cosa del «gobierno». Olvidemos esas tonterías y miremos de frente la realidad del poder. Desde el pasado mes de febrero Ahmed Gaid Salah ha implicado al ejército en la crisis política. Tiene que asumirlo. Para que sea lo mejor para Argelia.

Akram Belkaid es periodista y ensayista. Colabora en Le Monde Diplomatique, en el Quotidien d’Oran, en orientxxi.info así como en la TV5 y Afrique Magazine. Su último libro es L´Algérie, un pays empêché [en 100 questions], abril 2019, ed. Tallandier.

Fuente: https://www.huffpostmaghreb.com/entry/le-hirak-face-au-piege_mg_5cf0e9d0e4b0a1997b685df9?utm_hp_ref=mg-algerie

Esta traducción e puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión.org como fuente dela traducción.