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Obiang se mostró satisfecho del trato que le dan las autoridades españolas, desde el Gobierno hasta la oposición, pasando por el Rey

El Ministro de Asuntos Exteriores español promete tratar a Guinea como a un «hermano»

Fuentes: Público

La política de Estado de España ante Guinea Ecuatorial podría resumirse así: el dictador Teodoro Obiang abrazado al ex ministro franquista Manuel Fraga en el palacio presidencial ante la mirada satisfecha de Miguel Ángel Moratinos. Naturalmente, también existe otra posibilidad, más ajustada a la versión oficial: España logró hoy abrir una nueva etapa en Guinea […]

La política de Estado de España ante Guinea Ecuatorial podría resumirse así: el dictador Teodoro Obiang abrazado al ex ministro franquista Manuel Fraga en el palacio presidencial ante la mirada satisfecha de Miguel Ángel Moratinos.

Naturalmente, también existe otra posibilidad, más ajustada a la versión oficial: España logró hoy abrir una nueva etapa en Guinea Ecuatorial, la pujante ex colonia que gracias al boom petrolero crece a un ritmo del 15% anual, los empresarios españoles han dado un pasito para entrar en este mercado y España ha recuperado algo de influencia que le permitirá en un futuro empujar hacia la democratización.

Ambos escenarios son ciertos y sucedieron ayer simultáneamente en Bata, la capital continental de Guinea Ecuatorial, donde hoy concluye una ambiciosa visita oficial encabezada por el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, que ha viajado acompañado por una treintena de empresarios y representantes de todos los partidos, salvo IU.

La «nueva etapa» fue sellada con un brindis entre Moratinos y Obiang en el palacio presidencial en Bata tras un ágape con toda la delegación, amenizado por canciones cuya letra ensalzan a Obiang y le prometen lealtad. Ambas partes las autoridades de España y de Guinea Ecuatorial solemnizaron que, efectivamente, se trata de un momento «histórico» en el que ambosquieren volver a empezar de nuevo y dejar de darse la espalda.

Un metafórico Obiang

Obiang utilizó la metáfora del reencuentro entre el padre y un hijo desobediente y descarriado, sin que quedara claro quién había desobedecido a quién. Y Moratinos matizó que, en realidad, lo ideal era verse como «hermanos» y prometió el «respeto» del Gobierno español hacia Guinea Ecuatorial, que calificó como «un modelo para África».

Que la visita es histórica y no mera cháchara lo quiso demostrar el propio Obiang con un gesto insólito, sin precedentes en su gestión: reunió a toda la prensa española, a la que percibe como hostil, y se sometió a un interrogatorio de 50 minutos en una sala del mismo palacio. Sus colaboradores quisieron controlar de forma férrea el cuestionario, pero Obiang aceptó entre sonrisas todo tipo de preguntas: sobre el petróleo, sobre los derechos humanos, sobre la corrupción. Sobre todo.

Derechos humanos

Visiblemente relajado, el presidente se definió como «dictador» en la medida en que «dicta las normas», pero aseguró que su régimen es completamente democrático, que reparte la riqueza del petróleo «salvo entre los holgazanes», precisó, negó cualquier corrupción o atropello de los derechos humanos «aquí no se tortura prácticamente» y puso mucho énfasis en que «no entiende» por qué las empresas españolas no están más presentes.

Obiang se mostró satisfecho del trato que le dan las autoridades españolas, desde el Gobierno hasta la oposición, pasando por el Rey, y sólo se quejó de la prensa, pese a lo cual prometió otorgar acreditaciones para que puedan informar sobre los comicios presidenciales de finales de año, a los que volverá a presentarse. Para sellar definitivamente esta «nueva etapa», Obiang hizo una petición concreta a Moratinos: quiere que José Luis Rodríguez Zapatero visite el país antes de que acabe el año.