El grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) se hizo con El Fasher, la capital de Darfur del Norte, en octubre del año pasado después de 18 meses de asedio.
Con esto terminó de conquistar la totalidad de la región de Darfur a fines de octubre último. Frente a lo previsible, su ofensiva continuó hacia la región de Kordofán, rica en yacimientos petrolíferos y con grandes áreas cultivables, además de ser fronteriza con la de Jartum, a donde evidentemente intentan regresar después de que las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS) los expulsaran en marzo del año pasado tras la toma de la ciudad de Jartum, la capital del país, junto a sus ciudades satélites de Omdurmán y Bahri, que conformaban una de las áreas metropolitanas más grandes del continente, que antes de la guerra tenía diez millones de habitantes y la que desde entonces fue sometida a incalculables ataques aéreos, duelos de artillería pesada e innumerables enfrentamientos de infantería, por lo que se estima que debajo de sus escombros se pueden encontrar todavía miles de cuerpos (Ver: Sudán: La batalla de Jartum).
Entre las primeras víctimas de la guerra se encuentra el Museo Nacional de Sudán, donde se guardaba la memoria cultural milenaria del país. El edificio fue utilizado por las FAR como base desde donde atacaban al ejército. Tras la retirada de los paramilitares, se había perdido casi el setenta por ciento de su acervo, entre otras todas las piezas de oro de los faraones de Kush, jarrones, esculturas y frisos antiquísimos.
Es en este contexto el despliegue sin precedentes que milicianos de la FAR han establecido en los alrededores de el-Obeid, la capital de Kordofán del Norte, con numerosos combatientes llevados desde Darfur y Kordofán Occidental, vehículos blindados y artillería pesada, dispuestas en proximidades de las líneas defensivas del ejército, plegados alrededor de la ciudad. Este movimiento producido en las primeras horas del lunes 15, según han interpretado diversas fuentes locales, indica que los paramilitares de Hemetti Dagalo preparan un asalto terrestre definitivo para las próximas 72 horas.
Las FAR han aplicado el recurso del cerco que en El-Fasher les dio importantes resultados, también en El-Obeid en los primeros meses de la guerra, abril del 2023, afectando no solo la seguridad de la ciudad, sino también las condiciones elementales de vida de sus quinientos mil pobladores.
En febrero de 2025 el ejército regular del general Abdel Fattah al-Burhan había conseguido romper el cerco para convertir a la ciudad en un punto estratégico para sus operaciones, tanto en Kordofán como en Darfur.
La ciudad de El-Obeid se ha convertido en un punto de distribución de miles de desplazados que escapan de las áreas controladas por los paramilitares y sus aliados del Movimiento de Liberación del Pueblo Sudanés, en Kordofán Occidental y del Sur para llegar o bien a Jartum o seguir camino hacia el estado del Nilo Blanco, donde todavía continúa la guerra, que ya ha producido quince millones de desplazados, otros cuatro refugiados en países vecinos, particularmente en Chad, donde se estima la cifra alcanza los dos millones. Mientras que cifras estimadas por Naciones Unidas hablan de unos 34 millones de personas, casi dos de cada tres sudaneses, que requieren asistencia alimentaria y sanitaria.
Sin que se haya podido llegar a una cifra de muertos y será muy difícil que alguna vez se conozca, aunque nunca podría ser menor al cuarto de millón, ya que se ignora la cantidad de fosas clandestinas, que continúan sin ser descubiertas. En algunas de las halladas, se han encontrado hasta más de cien cuerpos, la mayoría en regiones controladas por las FAR.
Mientras que los paramilitares habían mantenido el control en importantes zonas de Kordofán del Norte, con excepción de las estratégicas localidades de Sheikan, Um Rawaba y Al-Rahad, ubicadas a lo largo de la ruta que conecta a Kordofán del Norte con el estado del Nilo Blanco y la ciudad de Jartum.
Las fuerzas de Hemmetti se han posicionado en una media docena de áreas en torno a El-Obeid, entre ellas las ciudades de Nahud y al-Khuwei, Um Samima y Abu Ga’oud, por las que, a finales de mayo, las FAR libraron asoladores combates por su captura. Los paramilitares también han aumentado su presencia en Kazgail y Al-Rayash, al sur de El-Obeid, y en Bara y Jurayjikh, al norte, lo que supone una ofensiva desplegada desde varios ejes.
Al tiempo la Fuerza Aérea de las FAS ha producido constantes oleadas de ataques contra posiciones fijas de los paramilitares, al tiempo que se conoce que también lo hicieron contra columnas en pleno desplazamiento en cercanías de dichas localidades, para impedir que se sigan aglutinando, para disponerlos en una próxima ofensiva.
Según las fuentes, las Fuerzas de Apoyo Rápido anunciaron que, con el fin de desgastar a las FAS en la región y agotar las reservas de combustible y suministros militares, en los últimos días, mediante la utilización de drones, habían destruido al menos ocho gasolineras y habían atacado camiones cisterna en cercanías de al-Rahad y Um Rawaba. Además de destruir arsenales y grandes cantidades de armamento, tras un ataque contra el cuartel general de la 5.ª División de Infantería.
La nueva forma de matar
La guerra de Sudán, quizá como ninguna antes, convirtió los drones en el arma más efectiva de la panoplia de la que hasta ahora se disponía, convirtiéndolos en el arma más destacada del conflicto en Sudán. Solo en los primeros cinco meses de este año han sido asesinadas más de mil personas por ese medio. Al tiempo que, según señala el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, su dependencia ha verificado no solo un importante aumento de los ataques con drones, sino también violaciones masivas.
Durante el año pasado se ha podido constatar la muerte de 2.670 personas, incluidos combatientes y civiles, registrando un aumento del 600% en bajas relacionadas con el uso de drones.
El más reciente de este tipo de ataques se registró la semana pasada, perpetrado por el Grupo de Apoyo Rápido, que mató a cerca de veinte personas en un cementerio y una gasolinera en la ciudad de El Obeid.
Aunque es cierto que no son solo las FAR la fuerza que dispone de esta clase de armamento, en su caso provisto por los Emiratos Árabes Unidos (EAU), la potencia extranjera más involucrada en el conflicto, sino también las FAS, que utilizan drones cargados con explosivos contra infraestructura civil, incluidos mercados, escuelas, hospitales, presas, centrales eléctricas y campamentos de desplazados.
Según afirman las Naciones Unidas, de no revertirse esa tendencia, la crisis humanitaria se agravará todavía mucho más.
Mientras que la Corte Penal Internacional advierte que los informes llegados desde la ciudad sudanesa de El-Fasher sobre asesinatos en masa, ejecuciones sumarias, violaciones generalizadas “podrían constituir crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad”.
El-Fasher no es la excepción, ya que lo mismo se ha extendido a prácticamente todo el país, donde cada vez son más las denuncias que se conocen sobre detenciones arbitrarias, torturas y desapariciones forzadas. Más allá de que el acceso a los núcleos de combates está restringido para la prensa, miembros de organizaciones humanitarias, activistas políticos, líderes religiosos y comunitarios, quienes podrían enfrentar graves cargos, sino es la muerte sumaria de no atenerse a estas limitaciones.
En otra gama de delitos recientemente conocidos y cometidos por los paramilitares y algunas milicias aliadas, está la detención seguida de coacción y extorsión, obligando a las familias de sus víctimas a pagar sumas de hasta 25 millones de libras sudanesas o unos 40.000 dólares estadounidenses, a cambio de la libertad de su familiar. Un ejemplo de esto son los setenta trabajadores humanitarios en mayo pasado en la ciudad de El Geneina, capital del Estado de Darfur del Oeste, por parte de inteligencia militar de FAR, de los que desde entonces no se ha tenido información, aunque podría ser posible que se esté negociando bajo cuerda con las familias o las instituciones para las que trabajaban.
Se sabe que los paramilitares tienen miles de detenidos en la atroz prisión de Nyala (Darfur del Sur), la más célebre por las bestiales condiciones a las que se encuentran sometidos los internos, llegados desde todos los rincones de Darfur y otras áreas bajo control de las Fuerzas de Apoyo Rápido.
Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalG
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