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Los magnates que hacen excursiones ‘solidarias’ a África pretenden que las farmacéuticas no apliquen su misma receta neoliberal

El sida y el cuento del sida

Fuentes: Rebelión

La hipocresía y el sida Cuando vemos a determinados millonarios de la prensa rosa hacer campañas solidarias por los enfermos del Tercer Mundo y dicen -se lo dicen a la gente con ingresos normales- que hay que hacer un esfuerzo por ayudar a estos desgraciados, hay quien se pone enfermo pero de rabia ante tanta […]

La hipocresía y el sida

Cuando vemos a determinados millonarios de la prensa rosa hacer campañas solidarias por los enfermos del Tercer Mundo y dicen -se lo dicen a la gente con ingresos normales- que hay que hacer un esfuerzo por ayudar a estos desgraciados, hay quien se pone enfermo pero de rabia ante tanta hipocresía. Viajan en un jet privado con un séquito de fotógrafos y maquilladores para posar junto a moribundos atacados por el sida en Kenia o Tanzania. Reclaman tratamiento médico para todos. Así, para todos, como médicos y medicamentos caídos del cielo o, lo que es lo mismo, de la caridad.

El modelo de organización social y económica que hemos escogido los países ricos para este planeta es el que permite que estos millonarios puedan disfrutar de sus enormes fortunas -trabajando a destajo o robando, es igual en este caso- obtenidas de la competitividad extrema y de la ley del más fuerte. Este modelo que les permite crecer hasta límites imperiales es el mismo que, con todo derecho, reclaman las grandes compañías farmacéuticas para investigar y comercializar medicinas a cambio de beneficios y con el único objetivo que los beneficios. Ellas no van a ser menos que los famosillos magnates de algunas ONGs que se hacen fotos junto a esqueletos que no volverán a visitar jamás.

Son peregrinaciones inmorales para justificarse, peregrinaciones innecesarias si visitan algunos de los barrios de sus propias ciudades, en las que cada día aumentan las desigualdades y la precariedad porque cada día hay más gente con muchísima pasta, menos clase media y más abandonados.

Si algún día llegásemos a comprender que los enfermos de sida de África no mueren por azar sino porque se ha creado una situación social -subsanable, esta es la clave de la idea- que propicia este drama vergonzante, seríamos capaces de señalar con el dedo a todos y cada uno de los gobiernos occidentales como responsables directos -por supuesto, hay que insistir en que son responsables morales directos- de millones de muertos no atendidos por no crear un sistema sanitario que tenga por lema que cada ser humano, por el hecho de existir, tiene un mínimo de derechos que han de atenderse antes que cualquier otra necesidad de ningún Estado del mundo. Cubiertas estas prioridades, que cada uno vaya adonde quiera con su jet privado, si es que tras el reparto llega para tanto.

Al sida -una enfermedad más- se le añade además una carga de prejuicios basados en valores puramente religiosos que manchan a buena parte de la sociedad. Estos días, un un informativo local, la presentadora fue capaz de leer toda la noticia relacionada con esta enfermedad sin pronunciar la palabra ni una sola vez. Le llamo de todo -VIH, plaga, problema, pandemia, etc- pero no mencionó sida ni una vez, como si fuese un pecado sonoro. Se ahogó en eufemismos, como los aprendices de ‘Lady Di’ que al final se domicilian en Andorra para escapar del fisco con el que se hacen los hospitales y se pagan las medicinas para los enfermos de sida. Y de tantas y tantas otras penurias.