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Entrevista con Sihem Bensedrine, redactora jefe de Radio Kalima

«En Túnez se asesina, pero sin derramar sangre»

Fuentes: Público

Denuncia la «dictadura» que esconde el paraíso turístico tunecino

Sihem Bensedrine (La Marsa, Túnez, 1950) ya no cuenta las veces que la policía de su país la ha agredido. La periodista y portavoz del Consejo Nacional para las Libertades en Túnez denuncia que incluso han llegado «a manipular los frenos de su coche» con un objetivo que le parece claro: silenciarla. Bensedrine, redactora jefe de la emisora independiente Radio Kalima, ha estado en Madrid para participar en unas jornadas sobre Túnez de la ONG Acsur-Las Segovias. En su intervención, aseguró que el rostro de paraíso turístico que el régimen tunecino ofrece al mundo oculta una dictadura. En su vértice, se encuentra el hombre a quien Europa y las instituciones económicas internacionales ven como un alumno ejemplar: Zine el Abidine Ben Ali, en el poder desde hace 22 años. El 26 de octubre, Ben Ali fue reelegido presidente, oficialmente con el 89,28% de apoyo popular.

¿Cuáles son las dos caras de Túnez?

En Túnez hay un velo que esconde el verdadero rostro del país. En realidad, en mi país hay dos países; el primero es el que viven los tunecinos y el segundo es el país-fachada. Una fachada de democracia y de Estado próspero y estable que se vende a los operadores turísticos y los gobiernos europeos. El país real se puede resumir diciendo que se trata de un Estado de No Derecho, donde ninguna ley se aplica y donde priman las instrucciones. Es la policía la que gobierna y hace lo que le parece sin rendir cuentas a nadie.

Su organización denuncia, entre otros abusos, la ausencia de libertad de expresión.

Sí, por ejemplo, durante la última campaña electoral, las violaciones de derechos humanos contra los periodistas llegaron a su punto máximo. Piense que, a pesar de que el fraude electoral en Túnez es sistemático, ningún país europeo observó el proceso electoral. Por eso, cinco ONG decidimos vigilar al menos la utilización de los medios durante la campaña, y descubrimos que el 97% del espacio mediático había sido acaparado por Ben Ali.

¿Sufrieron persecución por este trabajo?

Al principio no nos prestaron atención, pero después se dieron cuenta del alcance que nuestro trabajo podía tener y entonces empezaron a intentar impedírnoslo. Primero expulsaron a una consultora italiana que trabajaba con nosotros. A mí me pegaron y me sacaron a rastras de nuestro local. Los días siguientes, cada vez que salía de casa tenía a cinco policías y dos motocicletas que me seguían donde quiera que fuese. Cuando acudía a una cita, me encontraba al llegar a un montón de policías delante de la puerta, que me cerraban el paso. Esto era así no sólo en reuniones de trabajo, sucedía lo mismo cuando intentaba visitar a amigos.

¿Qué explicación le daban?

Ninguna. Que tenían instrucciones. En mi país defender los derechos humanos equivale a ser considerado un criminal y un marginado de la sociedad.

¿Cómo se explica la complacencia de la Unión Europea hacia Ben Ali?

Nuestro país es importante desde el punto de vista geoestratégico. Somos un modelo de represión light. Se mata a la prensa, se estrangula el espacio público: se asesina, pero sin derramar sangre. Los estados europeos y la UE están extremadamente preocupados por la agenda de seguridad. De ahí que se tolere la represión en Túnez, porque el régimen de nuestro país es considerado un modelo en cuanto a control del terrorismo y la inmigración.

¿Consideran una paradoja el apoyo europeo a Túnez?

Lo vemos como un increíble acto de racismo y de hipocresía. Por un lado, Europa defiende la retórica democrática y presenta la defensa de los derechos humanos como un valor europeo: por otro, en aras de la lucha contra el integrismo, da su apoyo a quienes pisotean esos derechos.

¿Por qué cree que este apoyo puede ser contraproducente?

Porque Ben Ali, en lugar de tolerar los movimientos islamistas moderados, ejerce una violencia de Estado cuyos resultados son impredecibles. Al reprimir también a las fuerzas democráticas, que son las únicas que podrían tener capacidad para sucederle en el poder, Ben Ali da fuerza a los movimientos mafiosos y radicales.

¿Habla de Estado mafioso a causa de la corrupción?

En mi país la corrupción toca de lleno la gestión de los recursos públicos. La familia de Ben Ali se ha apropiado de bienes públicos que oficialmente han comprado en supuestas privatizaciones. En realidad, no los han comprado, pues han pagado con dinero de los bancos públicos, cuyas arcas ha tenido que llenar luego el Estado aportando nuevos fondos.

¿Qué sucederá cuando Ben Ali deje el poder?

El riesgo es que Túnez se convierta en un Estado mafioso. En 2014, cuando Ben Ali no se pueda presentar de nuevo: ¿quién va a sucederle? Si ahora no se permite a los partidos democráticos trabajar; si ni siquiera tienen el derecho de difundir sus ideas. La estrategia de debilitar a las fuerzas democráticas puede hacer que en Túnez no haya ninguna alternativa democrática cuando se vaya Ben Ali. La supuesta estabilidad que este ofrece está en peligro. La UE sabe lo que está pasando en Túnez. Francia, España, Italia y Alemania, por ese orden, son también cómplices de Ben Ali.

La radio en la que usted trabaja ya no puede emitir.

No, Radio Kalima emitía desde Chipre para Argelia y Túnez a través del [operador francés de satélite] Eutelsat, que cortó nuestra señal, creemos que por presiones de los gobiernos europeos. Lo curioso fue que, al mismo tiempo, Eutelsat protestó porque decía que Irán había censurado varios de sus canales.

Fuente: http://www.publico.es/internacional/318221/tunez/asesina/derramar/sangre