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Conflicto en Somalia

Estado sin Estado

Fuentes: Umoya

En los últimos días del 2006 las tropas del Gobierno provisional de Somalia se establecieron en la capital, Mogadiscio, con la ayuda del ejército etíope. Mientras, las milicias de los Tribunales Islámicos, que desde junio dominaban la ciudad, huían hacia el sur con la supuesta idea de reagruparse ante una posible intervención. Otra vez la […]

En los últimos días del 2006 las tropas del Gobierno provisional de Somalia se establecieron en la capital, Mogadiscio, con la ayuda del ejército etíope. Mientras, las milicias de los Tribunales Islámicos, que desde junio dominaban la ciudad, huían hacia el sur con la supuesta idea de reagruparse ante una posible intervención. Otra vez la maquinaria mediática mundial pone momentáneamente el ojo en el cuerno de África, dando la típica imagen de una situación caótica, de vacío de poder y de posibilidades de reaparición de luchas armadas entre grupos clánicos liderados por los Señores de la Guerra. Los Estados Unidos respiran tranquilos al ver como el intento de crear un estado islámico en África Oriental fracasa, gracias en gran parte a la intervención militar de su aliado Meles Zenawi, Primer Ministro de Etiopía. A la cabeza del nuevo poder establecido en Mogadiscio encontramos a Yusuf Ahmed, líder de la zona autónoma de Puntland que, con fama de autoritario, le otorgan la responsabilidad de poner orden a la capital. El último episodio bélico vivido en Mogadiscio difícilmente acabará con un conflicto que se arrastra formalmente desde hace 16 años cuando, para la mayoría de especialistas, el estado somalí se colapsó y cayó en manos de la lucha entre los Señores de la Guerra. Ciertamente esta lucha ha existido y existe todavía, pero no en todo el territorio ni tampoco sin unas causas realmente profundas que nos transportan directamente a la naturaleza del estado somalí.

Perspectiva histórica del conflicto

El territorio que ocupa hoy el estado de Somalia, aunque culturalmente se le puede considerar bastante homogéneo, ha tomado fisonomías diferentes en su evolución histórica. Bien conectado con las corrientes comerciales del Índico, por las cuales quedó inserida al mundo islámico, socialmente y durante siglos ha predominado una estructura clánica sin un poder centralizado que dominara el territorio. La colonización europea rompió este panorama debido a que el territorio quedó repartido entre italianos, ingleses y franceses, que utilizaron el sistema de clanes y subclanes para asentar su poder, modificando los equilibrios sociales existentes. Con la llegada de la independencia en 1960 se creó un estado somalí sobre las bases de las antiguas colonias británica e italiana, mientras que quedaban fuera del nuevo estado territorios culturalmente somalíes, principalmente los de Ogadén en Etiopía. Pasada una primera década de pax democrática, el estado somalí, como la mayoría de estados africanos, cayó en manos de un poder dictatorial. El general Syad Barre se mantuvo en el poder hasta principios de 1991, pasando del socialismo científico con el apoyo de la Unión Soviética en los años setenta a la órbita occidental con los Planes de Ajuste Estructural del FMI en la década de los ochenta.

Un estado exhausto de recursos se hizo adicto a los créditos capitalistas al mismo tiempo que adoptaba una estructura neopatrimonial, donde el hecho de pertenecer o no al clan establecido en el poder fijaba la posibilidad de acceder a las riquezas del estado. Por lo tanto el estado somalí, en vez de unir el pueblo somalí bajo en mismo paraguas, aumentó su división rivalizando la relación entre grupos y eliminando las formas tradicionales de mediación. Cuando Siad Barre dejó el país en 1991, el panorama político fue ocupado por esta rivalidad. Algunos territorios, como el noreste, se reformularon alianzas y dinámicas sociales entre clanes que llevaron a la autoproclamación de la independencia de Somaliland, territorio que hoy en día funciona con cierta normalidad y de forma independiente, aunque internacionalmente no sea reconocido como un estado. En el noroeste, la región de Puntland también proclamó su autonomía el 1998, pero sin renunciar a formar parte de un estado somalí unitario. En el centro y el sur del país las rivalidades no encontraron ninguna forma de consenso y se criminalizaron, dando lugar a un sanguinario conflicto. Es este conflicto el que ha dado el imaginario de guerra irracional generalizada, más aún cuando intervinieron los Estados Unidos en 1992-93 y la ONU entre 1993-95 con éxitos más que dudables.

La situación de guerra permanente en esta zona se ha prolongado hasta la actualidad, convirtiéndose en un modus vivendi para ciertas facciones en lucha (lo que se conoce con el nombre de Economía Política de la Guerra), y aunque la Comunidad Internacional ha promovido intentos de formar Gobiernos de Unidad Nacional o de transición, el último de los cuales es el que ocupa hoy el poder, éstos han sido incapaces de controlar el territorio.

El pasado junio del 2006, líderes de organizaciones islamistas impusieron cierto orden dentro de Mogadiscio ofreciendo protección dentro de la ciudad ante los constantes ataques, hecho que les hizo ganar cierta reputación social

¿Hace falta un estado somalí?

Ante esta situación parece poco probable que el actual Gobierno instaurado en la capital consiga refundar un estado somalí unitario que genere propuestas efectivas de paz, más teniendo en cuenta las dinámicas autónomas del norte del país. Los responsables políticos somalíes, y también la Comunidad Internacional, podrían reflexionar acerca de la adecuación de establecer una estructura política rígida y exógena como es el estado moderno webberiano.

Seguramente produce esquizofrenia plantearse una pregunta tan irreverente como ésta teniendo en cuenta que el estado se mantiene como el paradigma de organización política, asociado además a conceptos como el bienestar y la democracia, valores hechos con un patrón fijo occidental pero hoy en día exportados a todo el mundo. Pero en Somalia, el estado tal y como lo concebimos hoy en día, sólo ha traído consigo guerra y criminalización de las relaciones sociales. La ley marcial decretada por el Gobierno provisional apunta hacia una decisión autoritaria: control como sinónimo de paz. En Mogadiscio este esquema puede ser válido pero, ¿y en el resto del territorio? Tendremos que esperar para ver como este Gobierno provisional se gana la legitimidad. Algunas voces discordantes ya han empezado a sonar en su seno, sobretodo por el papel que debe jugar Etiopía en el proceso de reconstrucción. Sin duda el futuro se presenta del todo incierto. La población ansía la paz, pero esta depende, de momento, de excesivos factores.