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Etiopía y la otra cara de la globalización

Fuentes: África en mente

Hace unos días participé en las IX Jornadas sobre África que Umoya organiza en la Universidad de Valladolid. Este año querían ofrecer una mirada «específica» de varios países, sin seguir los estereotipos a los que estamos acostumbrados. A mí me pidieron hablar de Etiopía, había viajado allá 3 semanas. Hubiera sido pretencioso por mi parte […]

Hace unos días participé en las IX Jornadas sobre África que Umoya organiza en la Universidad de Valladolid. Este año querían ofrecer una mirada «específica» de varios países, sin seguir los estereotipos a los que estamos acostumbrados. A mí me pidieron hablar de Etiopía, había viajado allá 3 semanas. Hubiera sido pretencioso por mi parte hablar de un país en el que solo he pasado 3 semanas. Aunque he de reconocer que la mayor parte de lo que sé sobre Etiopía es por mis años de observadora de este y otros países, no por el viaje, quería hablar de algo que hubiera palpado gracias al viaje y no a mi profesión. Gracias al viaje, tuve contacto directo en Etiopía con la otra cara de la globalización, eso me parece bastante interesante para contar y no atiende a estereotipos. Por supuesto que no es lo único digno de contar. Etiopía es un país de inmensa riqueza humana, cultural, histórica, ecológica, política y mucho más que nunca dejará de cautivar al visitante y al estudioso.

Hace tiempo que vengo interesándome por lo que aquí llamamos economía informal, visto como un sistema de vida legítimo. Los manteros del África occidental que extienden su mercancía en las calles de Madrid, nos han abierto los ojos a muchas y a muchos sobre esta realidad. Gracias al periodista Robert Neuwirth, al que he mencionado en algún otro artículo, me sumergí en el estudio de este modo de vida, desde un punto de vista positivo. Llamémoslo a partir de ahora como él: sistema D, que viene de la palabra francesa Debrouillard(e): un hombre o mujer listo, astuta, espabilado o avispada. Mucho más acorde a la realidad. La gente que no tiene cabida o que ha sido expulsada del sistema, se las ingenia para buscarse la propia vida y la de los suyos de forma libre, solidaria, más o menos organizada, sin más capital inicial que su ingenio y su palabra. Es el valioso y loable sistema D que permite vivir con la frente más o menos alta, incluso a veces desarrollarse, a dos terceras partes de la población mundial, es la otra cara de la globalización.

 
Pequeños y grandes negocios por todas partes  

Creo relevante mencionar algunos datos para enmarcar el tema. Por un lado, según el Banco Mundial, en 2030, el 85% de la población del mundo, que ya hoy casi alcanza los 7.000 millones y medio, vivirá en las zonas urbanas de los países en desarrollo. Por otro lado, según la Organización Internacional del Trabajo, la economía informal es responsable de casi las tres cuartas partes del trabajo no rural en el mundo en desarrollo, es decir en sus ciudades.

Como no tengo grandes conocimientos sobre ciencia económica, ante estos datos me surge una duda que es como una ecuación: Entonces ¿nuestra sacrosanta economía «formal» solamente es útil para una minoría ínfima de la población del mundo?, o lo que es lo mismo, la inmensa mayoría de la gente, tres cuartas partes de ese 85%, vive en un mundo paralelo llamado sistema D, en las ciudades de los países en desarrollo ¡Son unos 4.800 millones de personas! ¿Como podemos considerar «ilegal» su modo de vida? Cuánta soberbia. Me hace gracia cuando hablamos de los países en desarrollo con nuestros estrechos parámetros: las cifras del desempleo son astronómicas, «no tienen trabajo», pero ¿cómo que no tiene trabajo? Nadie puede permitirse no trabajar, otra cosa es que su trabajo no encaje en nuestra cuadriculada forma de mirar el mundo. La gente trabaja ¡y mucho! para fraguarse la vida y la de los suyos, ¡sobre todo las y los jóvenes! Otra cosa es que sea terriblemente injusto que tengan que trabajar tanto por tan poco.

 
Emprendedores por todas partes

  No pretendo ni hacer apología de la economía ilegal, ni acusar al sistema capitalista globalizado del auge del sistema D. Este modo de vida, fuera de los corsés de lo que conocemos unos cuantos como economía «formal», no es más que la economía tal y como la ha practicado el ser humano desde la antigüedad. En realidad, es la verdadera economía libre, mucho más natural que la que hoy conocemos como formal. Compensa, y siempre lo ha hecho, los sistemas enfocados a la acumulación de capital o a los beneficios, mientras que el éxito del sistema formal aumenta las desigualdades, el sistema D las reduce. Es decir, en palabras poco eruditas: Cuando los ricos son más ricos, aumenta el numero de pobres. Estos pobres inventan formas de sobrevivir, por instinto natural de supervivencia. Llámalo ilegal, llámalo X… o mejor llamémoslo D.

…Y entramos en contacto con un caos meticulosamente organizado

Al viajar a Etiopía sin un gran presupuesto, sin guías ni viajes organizados, ademas de disfrutar de las andanzas, en alguna fase del recorrido pudimos entrar en contacto sin haberlo planeado con el mundo real del sistema D. No somos los primeros ni seremos los últimos, ni son sus ciudades las únicas con grandes poblaciones que viven en este otro sistema.

 
Contrastes. Debre Markos

El sistema D da una bofetada al occidental nada más poner el pié en la mayoría de las ciudades de los países en desarrollo, hablo de esa sensación de CAOS que te asalta al llegar, aunque en realidad se trata de un «caos meticulosamente organizado», como lo define Neuwirth.

Es difícil encajar sin más esta bofetada de CAOS, cuando sabes de antes que Etiopía bate récords de crecimiento económico desde hace más de una década, que es el país que más ha crecido en el mundo durante varios años, que su crecimiento en 2015 fue del 9% y, según las previsiones, de aquí a 2025 su tasa de crecimiento estará entre el 8.4 y 9%. Según el Banco Mundial, en los 10 primeros años de crecimiento, su pobreza extrema cayó 14 puntos. En 1995 el 45,5% de su población vivía con menos de dos dólares al día y en 2010 ese porcentaje había bajado al 29,6%. ¿Cómo es posible que sea tan evidente el sistema D en sus ciudades? Todas las personas a las que pregunté lo dijeron, «tanto desarrollo no ha hecho más que aumentar la desigualdad».

Un país con 14 grandes ríos, que lo convierten en una de las mayores reservas de agua del continente, apenas lo aprovecha para regadío y producción de electricidad propios. Sufre sequías recurrentes, incluso en sus regiones más fértiles, que provocan hambrunas. ¿Cómo es esto posible? y sobre todo ¿cómo se puede asimilar esto con sus cifras macroeconómicas que son la envidia del mundo capitalista?

Este año ha llovido poco, ya se prevé hambruna por sequía. Nos lo dijeron tanto en la fértil región del oeste, como en la capital. El gobierno, las instituciones internacionales y no gubernamentales, ya están pidiendo ayuda para la hambruna que se cierne sobre ¡10 millones de etíopes! según Save the children, o ¡15 millones! según Ayuda en Acción. La ONU calcula que se necesitan unos 250 millones de dólares por cuatrimestre para ayudar a estos etíopes, en 2016. Aquí hay factores que no me cuadran, será que no entiendo de economía, pero… ¿En qué se basan las cifras macroeconómicas de su crecimiento ejemplar los últimos 15 años? ¿en dinero o en ilusiones? Si hablamos de dinero ¿A qué manos va a parar el dinero que contabiliza oficialmente en un país donde 10 o 15 millones de su gente no puede ni comer? Es que no me cabe en la cabeza ¿Quien mejor para «ayudar» a estas personas en peligro que el gobierno del país que más ha crecido en esta década? ¡Etiopía! Creo que los niños malnutridos siempre son política, no sequía.

Vi con mis propios ojos la desigualdad obscena y me dolió. Ví tierra fértil, megaproyectos de construcción, militares por todas partes, aldeización en los bordes de las carreteras. Pero lo que más duele es que también vi y hablé con muchísima gente capaz, inteligente, emprendedora, preparada, consciente de todo esto y mucho más, con energía y capacidad de cambiar las cosas mucho mejor desde dentro que desde fuera de su propio país. Tiene una juventud efervescente (el 72% son menores de 30 años). En algún momento, escuchando a profesores, emprendedores y emprendedoras de la calle, de negocios, funcionarios…. me decía a mí misma «pero si Etiopía no necesita nada de nadie ¡lo tiene todo! Ojalá la juventud en España fuera así». Es el sistema global el que constriñe el desarrollo de la otra cara de esta moneda, obliga por la fuerza a la mayoría de las personas del mundo a vivir así. Es el sistema, no su incapacidad ni los fenómenos naturales como se pretende vender. Capacidades, tienen de sobra. Mi conclusión es la de siempre: El problema es el sistema.

En cada ciudad que visitamos había muchas personas que sobreviven sin prestar atención a esas cifras macroeconómicas que dicen que son la envidia del mundo. Es impactante sentir la ebullición del sistema D. Te das cuenta de que tiene unas reglas que debes aprender, aquí no eres un cliente bien atendido, aquí eres uno más en una enorme organización humana en la que todo el mundo respeta a los otros y sus modos de ganarse la vida, que no sean robar.

 
Estación de autobuses de Bahir Dar

Te ves forzado a comprender que la eficiencia en nuestro sistema capitalista y el sistema D es radicalmente opuesta. Mientras que aquí, en el sistema capitalista la eficiencia se mide en beneficios, en el sistema D la eficiencia son las personas. Se es más eficiente cuanta más gente pueda vivir de una transacción. Mientras que aquí la transacción es más eficiente cuanto más beneficios reporte, siendo la máxima posible, cuando solo una persona obtiene todo el beneficio.

No es complicado cuando lo vives en las calles de Bahir Dar, Lalibela, Gondar, Addis Abeba… Con la simple transacción de comprar un billete de autobús: No es lo mismo ir a comprar un billete de autobús siguiendo letreros informativos para que lo compres directamente a la compañía, que necesitar la ayuda de una persona -porque no hay carteles que te ayuden a hacerlo solo-, que te ayude a comprarlo en la «sucursal» de otra persona, que se asocia con la compañía para acercar los billetes a los posibles compradores, ayudado por otra u otras personas que se baten con la competencia por los clientes o lo que haga falta. En el primer caso la compañía obtiene todo el beneficio. En el segundo, sacan pequeño porcentaje para vivir -no para enriquecerse-, además de la compañía -la que más gana-, el que te vende la información que no hay en ningún cartel y te lleva a la sucursal, el de la sucursal que está más cerca de ti que la escondida oficina, y los ayudantes que facilitan la transacción de múltiples maneras, desde dándote información, hablar por ti a alguien que no te entiende, o llevarte el bulto. Entre 4 y 6 personas en total, alta eficiencia. El precio de la información o las intermediaciones no suele está cerrado, como siempre en las compra-ventas, es su obligación cobrar el máximo posible y es tu obligación pagar lo mínimo posible.

A quién beneficia tanto desarrollo ¿dónde está el dinero?

El sistema D ha estallado en Etiopía, que tanto ha crecido desde 2004-2005, precisamente por su enorme éxito económico, desde el punto de vista capitalista. Y es que son como dos caras de la misma moneda, para que un inversor maximice sus beneficios, tiene que minimizar sus costes. Este minimizar los costes supone mano de obra barata o esclava, acaparamiento de la tierra por poco o cero dinero, coste bajo o cero en sostenibilidad ambiental, seguridad del personal o sanidad pública, corrupción de los administradores de los recursos públicos para que mire por tus intereses y no los del pueblo…

Llama la atención que Etiopía alcance estas cifras récord de crecimiento macroeconómico siendo la quinta potencia económica del África Subsahariana, porque no es productor destacado de petróleo, ni gas, ni minerales, aunque los produce y tiene exploraciones para aumentar este sector, no son parte significativa en su PIB. Su crecimiento, según el Banco Mundial se debe principalmente a la «expansión de los sectores de servicios y el agrícola» También, gracias a un «modesto, pero destacable» crecimiento del sector manufacturero.

 
El tren ligero recién inaugurado en Addis Abeba

Los megaproyectos de construcción que se ven por todas partes en el país, tanto de infraestructuras, como de viviendas, hoteles y toda clase de edificios, son muy rentables, no cabe duda, pero están en manos de extranjeros, sobre todo chinos e italianos, también de multitud de constructoras europeas que han huido hacia el sur de la crisis del ladrillo en el norte.

Las tierras fértiles y el agua abundante son muy rentables, sí, pero para los extranjeros y las élites de la administración responsables del acaparamiento de tierras por parte de gobiernos y grandes multinacionales extranjeras (que por cierto, serán las que vendan a la ONU y agencias de ayuda los alimentos que se necesitan para combatir la hambruna de los etíopes desplazados a los bordes de las carreteras -aldeización- desde sus tierras, en beneficio de los rentables megaproyectos de agricultura industrializada).

Sospecho que la incipiente industria manufacturera se refiere al traslado de grandes marcas internacionales de ropa, muebles, complementos, etc, desde China y otros países de Asia a países africanos como Etiopía, debido al surgimiento de sindicatos obreros en Asia que han luchado por aumento de salario y derechos de los trabajadores. Ganan más dinero aquí de lo que ganaban en China o Bangladesh, porque pagan menos salarios e invierten menos en seguridad y condiciones laborales, por eso sus grandes beneficios se notan en las estadísticas oficiales.

En cuestión de inversión, no olvidemos algo muy importante que casi nadie menciona: desde 2001, la guerra del terror -me niego a llamarlo guerra contra el terror, porque provoca terror, no lo combate- también es muy rentable para quien sea amigo o proxy de los Estados Unidos. Es sabido por Wikileaks y otras fuentes la extraordinaria «ayuda» que Etiopía presta a la guerra del terror estadounidense. Solo en 2015 el país africano recibió más de 500 millones de ayuda, nada comparado con los casi 1.000 millones de dólares que recibía en 2008, 2009 y 2010. Cuando Obama viajó a Etiopía este verano, entre sus «vagas homilías», como definió algún periodista, sobre democracia y derechos humanos, afirmó alegremente «No es necesario enviar a nuestros marinos aquí a entrar en combates, porque los etíopes son unos combatientes muy duros», es decir, luchan por nosotros en la región, Si no lo hicieran, mandaríamos a nuestros marines. En este viaje Obama se comprometió a «intensificar la lucha contra el terrorismo en el África oriental, aumentando el apoyo financiero, de entrenamiento, de armamento y personal, en Etiopía, Kenia y Somalia. Recientemente, Estados Unidos ha anunciado un incremento de 96 millones de dólares para ayuda alimentaria, porque es una país amigo y no escatima en nada.

Pueden llegar a parecer infinitos los programas que reciben ayuda exterior en Etiopía, de muchos países y organismos como en Banco Mundial y el Fondo Monetario internacional, si se mira con detenimiento, es incluso irónico que Estados Unidos ayude con armas en el programa de lucha contra el terrorismo, pero también donó casi 4 millones de dólares a dos programas de «Combating Weapons of Mass Destruction» (combatir las armas de destrucción masiva) en el mismo año 2015. O que la misma semana que Etiopía recibe x millones de ayuda para paliar una de sus cíclicas hambrunas, compre armamento pesado por el mismo valor o superior. Se calcula que operan en Etiopía un centenar de compañías de seguridad privada. En fin, podría decirse que es un estado policial muy bien financiado. Hay mucha gente en Etiopía, de allí y de fuera que lo defiende «Gracias su fuerte militarización no tiene atentados como los de Kenia, ni deja contagiarse por la inestabilidad de Sudán del Sur o Somalia. No me extenderé más sobre este tema que me enciende, porque solo quiero mencionarlo cuando se habla de riqueza en Etiopía. Sí, llegan millonadas de dólares en múltiples formas, y creo que influyen en la economía «oficial» del país, aunque no beneficie a todos los etíopes.

Humanidad a raudales, sin tonterías

Y por todo esto, el sistema D es una bendición, una solución humana autocreada de forma organizada por mucha gente pequeña que se afana por sobrevivir en lo que podría parecer un mundo paralelo al que relatan las estadísticas, pero que cuando te acercas a pisar sus calles, te das cuenta de que esto no es un mundo paralelo, esto es el mundo real y es excitante, humano y digno. Es el mundo en el que vive la mayoría de la gente del planet

 
Jueventud efervescente y emprendedora

Nadie estorba, nadie es menos que nadie, volviendo al ejemplo autobús, si un ciego o un paralítico quiere subir a pedir unas monedas a los pasajeros que ya están sentados antes de partir, el revisor no le despreciará ni le echará de allí como esperarías en Europa, todos respetan su business, sea cual sea, nadie se enfadará con él, nadie protestará. «Aquí cabemos todos», parece ser la regla de oro del sistema D, aquí cabemos todos y nadie es más que nadie. Los vendedores de comida, de pastillas sueltas, de bendiciones divinas o de chicles sueltos esperarán a que el anterior termine lo que está haciendo para sobrevivir y luego subirán ellos. Y saben qué, se rasca el bolsillo mucha más gente de la que lo hace en España. Y mientras todo esto sucede a tu alrededor, los más descarados se acercan a preguntarte de dónde eres y qué se cultiva en España, a qué has venido, o qué haces tú para vivir. Lejos de ser una vida triste es vibrante y rezuma humanidad sin tonterías.

Fuente: http://africaenmente.blogspot.com.es/2016/03/etiopia-y-la-otra-cara-de-la.html