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Nuestro pueblo aún no ha dicho la última palabra

Felipe VI, coronado pero no legitimado

Fuentes: Socialismo XXI

Declaración de Socialismo XXI

Mientras bancos y multinacionales aumentan sus beneficios de manera escandalosa, se expande la pobreza, nos despojan de derechos democráticos, nos bajan salarios, empeoran las condiciones de trabajo y se profundizan las divisiones entre la ciudadanía: entre mujeres y hombres, entre trabajadores precarios y fijos, entre los pueblos del estado, entre emigrantes y nativos…

En este paisaje desolador, ha ido quedando patente el profundo desprecio del jefe del estado respeto sus súbditos. Mientras imponen la ley del aborto a las mujeres, él se ha dedicado a ostentar múltiples amantes en una vida de lujo de la que no se salvan ni los elefantes; mientras imponen recortes sanitarios a los enfermos, él desprecia la sanidad publica con un uso desaforado de la sanidad privada; mientra recortan las pensiones, su familia muestra una tendencia sin freno al latrocinio; mientras recortan las prestaciones de la ley de la dependencia, aumenta el presupuesto de la casa real; mientras que los recursos públicos no alcanzan para la escolarización o la correcta alimentación de un tercio de nuestros niños, los negocios privados del monarca quedan exentos del pago de impuestos; y finalmente mientras decenas de piqueteros de la última huelga general son condenados a largos años de cárcel, el rey abdicado se hace aprobar una ley de inmunidad hecha a su medida.

Por supuesto la Casa Real no son los únicos parásitos de este país, pero quizás si su referente más visible, que sirve de cobertura y pretexto al resto de banqueros ladrones, empresarios vampiros y gansters del sector inmobiliario.

Desde el 15M se ha ido haciendo visible el descontento de nuestro pueblo. Nuestra indignación se ha ido convirtiendo en contestación activa y organizada, tal como mostraron las marchas sobre Madrid del pasado 22 Marzo. También el modelo político y monetario europeo ha ido desvelando su verdadero rostro, que pretende someternos a la dictadura de la Troika y nuestras gentes han empezado también a darles la espalda en las elecciones europeas con una enorme abstención y con la irrupción de nuevas fuerzas confrontadas con el actual estado de desorden. Po r primera vez el bipartito financiado por los banqueros ha perdido la mayoría electoral. En el palacio se han empezado a encender las luces rojas y el propio sistema ha empujado a la dimisión del viejo rey a la espera de que cambie todo, para que no cambie nada

Tras un bombardeo mediático loando las supuestas virtudes de los soberanos impuestos al pueblo, después de silenciar las innumerables manifestaciones de contestación republicana en cientos de ciudades, han conseguido imponernos un nuevo rey. Pero es una coronación casi clandestina, sin jefes de estado ni reyes del resto del mundo, que pretende reinventar una legitimidad, que desde luego el pueblo no le hemos dado en forma alguna.

No serán las brigadas especiales que han tomado Madrid, las que puedan proteger eternamente un sistema impuesto sobre la población, negándole su derecho a decidir. Nuestro pueblo lejos de resignarse, hoy debe empezar a poner en marcha un proceso constituyente que exija poder decidir como quiere ser gobernado, decidir que sociedad, solidaridad, derechos, garantías sociales queremos. Que defina como los representantes del pueblo soberano rinden cuentas ante el, para servirle.

La coronación no sera el final de la respuesta cívico-republicana, sino el principio. Proponemos iniciar pueblo a pueblo un proceso de referendums locales que permitan forjar un encuentro para ejercer el derecho a decidir de la ciudadanía. Un proceso unitario en que fuerzas políticas democráticas, movimientos sociales, corrientes culturales y fuerzas sindicales construyan procesos de participación, impulsen debates y erijan una fraternidad que establezca un programa de empoderamiento lugar a lugar, de manera que las próximas municipales sean digna emulación, de las de 1931.

Nos han impuesto una corona, persiguiéndonos por las calles y plazas, contaminando la televisión y los periódicos, pero no nos habéis convencido. El mañana empieza hoy, cuando en los mejores balcones de nuestra tierra empiezan a ondear la esperanza de la enseña tricolor, pregonando nuevos tiempos, que llegaran más pronto que tarde

19 de junio de 2014