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Fin de la globalización financiera y sus cuatro grupos de riesgo

Fuentes: La Jornada

Los reportes recientes de la economía rusa son favorables. En tanto, Moscú padece las temperaturas más altas en 130 años. Este otoño, que será candente en geofinanzas y en geopolítica (el Medio Oriente está que arde, como acabamos de corroborar en nuestro reciente recorrido durante un mes por Grecia, Líbano y Turquía), los grandes actores […]

Los reportes recientes de la economía rusa son favorables. En tanto, Moscú padece las temperaturas más altas en 130 años.

Este otoño, que será candente en geofinanzas y en geopolítica (el Medio Oriente está que arde, como acabamos de corroborar en nuestro reciente recorrido durante un mes por Grecia, Líbano y Turquía), los grandes actores se preparan a la inevitabilidad de la segunda ola de la crisis multidimensional de la globalización financierista, como Bajo la Lupa había adelantado con bastante antelación.

Después de realizar un excelente análisis de las irrecuperables finanzas y economía de Estados Unidos -en similitud a Gran Bretaña (GB)-, la revista mensual rusa VVP (14/7/10) -muy cercana al premier Vladimir Putin- plantea escenarios -escritos por Alexei Perochinny y otros miembros del portal económico Global Adventure ([email protected])- difíciles de adelantar, debido a la falta de precedentes históricos cuando el desplome del sistema financiero global constituye un raro evento.

Aun durante la Gran Depresión solamente algunos de sus nodos fueron destruidos, como el sistema financiero de la Alemania de Weimar con su hiperinflación.

Hoy la diferencia yace en que en la década de los años 20 del siglo pasado, el sistema financiero del planeta era enteramente diferente, cuando no existía la globalización financiera, cuyo nodo principal está destruido y corre el riesgo de arrojar al suelo a todo el sistema financiero: la suerte de la Alemania de Weimar amenaza a la mayor parte del planeta, con la excepción (¡súper sic!) de países individuales que han sido capaces de preservar su soberanía (¡extra súper sic!) en materia de política financiera y que sean capaces de lanzar salvavidas rápidamente, es decir, lanzar sólidas divisas regionales (sic) y cerrar sus fronteras al papel chatarra de los sistemas agónicos. Por cierto, todo lo contrario al México neoliberal y su inherente sistema financiero fallido.

VVP comenta que algunos expertos piensan que la analogía histórica más cercana a los eventos presentes es la bancarrota del rey Eduardo II de Inglaterra (súper sic) en 1345, cuando se colapsó su pirámide de deuda, después de haber succionado parte significativa de todos los ahorros en Europa, lo cual provocó un efecto dominó de quiebras en el entero sistema bancario europeo y un colapso económico a gran escala».

VVP se cuida de extrapolar la analogía de 1345 cuando no existían arsenales de destrucción masiva, aunque se pueda esperar que la escala de eventos sea comparable cuando el crash de la globalización financiera desemboque tanto al caos del comercio internacional como a la revisión de las existentes cadenas de distribución para las cosas (sic) de valor económico».

Serán afectados aquellos países que expongan un amplio déficit en su comercio internacional, así como niveles críticos de dependencia en sus importaciones de energía y alimentos.

Identifica cuatro grupos de mayor a menor riesgo:

1) El grupo de la muerte (¡súper sic!): Japón, GB, Irlanda y Grecia; a quienes agrega ciertos vecinos rusos: los países bálticos, Kirguistán y Tayikistán.

Aduce que este grupo enfrentará probablemente procesos reales (sic) de choque, cuando no se pueden descartar hambrunas masivas, aniquilamiento (sic) de la infraestructura social y epidemias.

2) Grupo de alto riesgo: Estados Unidos, Italia, Ucrania, Francia, India, Portugal, España y Holanda, con un declive monumental de sus niveles de vida. No se pueden eliminar golpes de Estado y cambios en los gobiernos. En caso de que la sociedad se vuelva ingobernable, tales países pueden moverse al grupo 1.

3) Grupo de riesgo moderado: Alemania, China, Brasil, Austria y Bélgica. Su riesgo principal es su dependencia en importación energética. En caso de perder sus fuentes de energía, no se descartan movimientos a los grupos 1 y 2″.

y 4) Grupo de bajo riesgo: Rusia y Kazajstán. Estos países son autosuficientes en energía, alimentos y defensa (¡extra súper sic!) y no se encuentran sobrecargados con deuda foránea y tienen excelentes (sic) balances comerciales, por lo que sus oportunidades para evitar el caos son elevadas, aunque sus riesgos principales están asociados con amenazas provenientes de quinta-columnas, coordinadas desde el exterior (¡ultra sic!), así como con la desviación de capacidades y recursos a conflictos en la periferia. En caso de que Rusia pueda evitar revueltas internas, así como la destrucción de los sistemas económicos y políticos de sus vecinos clave (sic), como China y Alemania, entonces tendrá el derecho de contar con el estatuto de líder del nuevo mundo, en asociación con ellos (¡súper sic!).

Llama la atención tanto el liderazgo de Rusia como la conformación de un G-3 en asociación con China y Alemania, pero sin Estados Unidos, sobre lo que ya habíamos alertado (ver Bajo la Lupa, 18/7/10).

Baste asombrarnos sobre India y Bélgica, a las que coloca respectivamente en los grupos 2 y 3, cuando el gigante asiático (miembro notable del BRIC) se desempeña adecuadamente en el rubro económico y militar -con notable excepción, desde luego, de su enorme dependencia tanto energética como alimentaria-, mientras el segundo se encuentra al borde de la balcanización.

También sorprende la colocación de Rusia junto a Kazajstán, autosuficiente en energía y alimentos, además de contar con baja deuda y una pequeña población.

No es gratuito que después de su viaje a Rusia y China, la canciller alemana Angela Merkel haya también visitado Kazajstán, relevante abastecedor de gas.

No todo es color de rosa cuando la dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña intenta(rá) impedir con todos los medios a su alcance el proyecto del G-3: la oligarquía de GB y Estados Unidos (Nota: llama la atención su secuencia taxonómica) constituye actualmente la mayor amenaza a la civilización, por lo que el escenario de una hiperinflación controlada del dólar es la más favorable a éstos, ya que ello les permitiría evitar la nacionalización y concentrar así el máximo de acciones de los activos reales en sus manos.

La nueva Operación Barbarossa (Nota: la anterior fue el código de la invasión nazi a la URSS) consiste en la hiperinflación del dólar, instalación de una dictadura en Estados Unidos, esclavitud (sic) de los países vecinos (Canadá, Centro y Sudamérica) y caos en el resto del planeta, al que, en lo posible, inducen a sucumbir a sus rivales, y la repetición de un Plan Marshall con el fin de conseguir controlar aquellos que sobrevivan.

Pese a lo que suceda en Estados Unidos, el caos global beneficia a la oligarquía financiera porque le permitirá conservar buena parte del poder, ya que la mayoría del planeta estará en peores condiciones.

Concluye que «una atención especial deberá ser puesta al Medio Oriente, que sirve como la batería de la economía euroasiática. Un estallido del Medio Oriente empujaría al caos a la mayoría de Eurasia», lo que significa ausencia de futuro, lo cual representa el curso más probable de los eventos.

Con certeza (sic) VVP aduce que el carnaval de otoño llamado globalización financiera está llegando a su fin, y el planeta se encuentra en el umbral de un invierno severo.

¿Se piensa quedar el subrepticio G-3 (Rusia, China y Alemania), así como el resto del mundo, con los brazos cruzados ante la Operación Barbarrosa de la oligarquía financiera de GB y Estados Unidos.

Fuente: htttp://www.jornada.unam.mx/2010/07/28/index.php?section=opinion&article=016o1pol