«Greenland Yes, Western Sahara No? The EU’s self-determination test» es el título del artículo publicado por Western Sahara Resource Watch (WSRW) el 22 de enero de 2026.
El texto sitúa a la Unión Europea ante una contradicción evidente: mientras defiende el derecho de autodeterminación en escenarios como Groenlandia o Ucrania, hoy los embajadores de la UE se reúnen en Bruselas (COREPER) para fijar la posición europea ante Marruecos, en un momento clave para decidir si la UE respeta sus propios principios jurídicos en el Sáhara Occidental o vuelve a supeditarlos a intereses geopolíticos.
Mientras la Unión Europea se moviliza públicamente para respaldar el derecho del pueblo de Groenlandia a decidir libremente su futuro frente a presiones externas, en Bruselas se desarrolla de forma mucho más discreta otra prueba fundamental para la credibilidad europea en materia de autodeterminación. La reunión del COREPER, previa al próximo Consejo de Asociación UE–Marruecos, llega en un contexto marcado por los reiterados intentos de la UE de profundizar su cooperación comercial y pesquera con Rabat, pese a las claras limitaciones jurídicas establecidas por los tribunales europeos.
WSRW recuerda que el debate tiene lugar a pesar de una jurisprudencia consolidada del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que ha confirmado en repetidas ocasiones que ningún acuerdo entre la UE y Marruecos puede aplicarse legalmente al Sáhara Occidental sin el consentimiento del pueblo saharaui. Esta exigencia no es política ni circunstancial, sino una obligación jurídica derivada del estatus del territorio como territorio no autónomo pendiente de descolonización.
La organización subraya que tanto la Corte Internacional de Justicia como el propio TJUE han sido inequívocos: el Sáhara Occidental es un territorio distinto y separado de Marruecos, no existen vínculos de soberanía que anulen el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y el consentimiento de ese pueblo constituye un requisito previo para cualquier acuerdo que afecte a su tierra o a sus recursos naturales. Hasta la fecha, los tribunales de la UE han dictado diez sentencias reafirmando estos principios.
Pese a esta claridad jurídica, la Unión Europea continúa buscando fórmulas para mantener acuerdos comerciales y pesqueros con Marruecos que incluyan de facto el Sáhara Occidental. Para WSRW, esta actitud no solo expone a la UE a nuevos litigios y sentencias condenatorias, sino que debilita gravemente su credibilidad como actor que dice defender el derecho internacional y el orden jurídico multilateral.
En sus comunicaciones a los representantes permanentes de los Estados miembros, WSRW recuerda que las recientes expresiones de unidad europea en defensa de la autodeterminación —ya sea frente a amenazas de anexión en el Ártico o en la vecindad oriental— han subrayado con razón que este principio no es una opción política negociable, sino una norma fundamental del derecho internacional. Ese mismo principio, insiste la organización, se aplica sin ambigüedades al pueblo saharaui.
El texto advierte de que la incoherencia europea resulta cada vez más evidente. «La Unión Europea no puede defender de forma creíble la autodeterminación en Groenlandia o en Ucrania mientras la ignora en el norte de África», señala WSRW. La aplicación selectiva de los principios, en función de alianzas estratégicas o intereses coyunturales, erosiona la autoridad moral y jurídica de la UE en el escenario internacional.
WSRW alerta también de que Marruecos ha intensificado recientemente sus esfuerzos diplomáticos dentro de la UE para recabar apoyos a su llamado plan de autonomía para el Sáhara Occidental, especialmente tras el respaldo explícito del presidente estadounidense Donald Trump. Sin embargo, recuerda que se trata de una propuesta presentada hace casi dos décadas que nunca ha sido desarrollada ni presentada formalmente ante el Consejo de Seguridad de la ONU, pese a las reiteradas solicitudes de los enviados personales del secretario general.
En este contexto, la organización insta a la UE a no dejarse arrastrar por presiones vinculadas a la gestión migratoria, los acuerdos de readmisión o la cooperación estratégica con Rabat. «La fortaleza de la Unión Europea reside en la coherencia de sus principios», subraya WSRW, «en su capacidad para defender lo que es legal y justo, incluso cuando ello tiene un coste político».
La reunión de hoy en Bruselas no es, por tanto, un trámite técnico más. Es una prueba real de coherencia jurídica y política. La pregunta de fondo sigue siendo clara: si la autodeterminación es un principio irrenunciable en Groenlandia, ¿por qué no lo es también en el Sáhara Occidental?
La respuesta que dé la Unión Europea marcará no solo su relación con Marruecos, sino su credibilidad como defensora del derecho internacional y de los pueblos pendientes de descolonización.


