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La crisis de refugiados olvida a los desplazadas de Etiopía

Fuentes: IPS

Cinchando de su pata renga, una mujer arrastra el cuerpo de una de las pocas ovejas que le quedan para alejarla del refugio familiar, hecho de palos y telas, en medio del monte seco y a pocos kilómetros de este pueblo del sudeste de Etiopía, cerca de la frontera con Somalia. «Cuando se mueran todas […]

Cinchando de su pata renga, una mujer arrastra el cuerpo de una de las pocas ovejas que le quedan para alejarla del refugio familiar, hecho de palos y telas, en medio del monte seco y a pocos kilómetros de este pueblo del sudeste de Etiopía, cerca de la frontera con Somalia.

«Cuando se mueran todas mis cabras, nos iremos a uno de los asentamientos cerca del pueblo», indicó la pastora somalí-etíope, quien sufre las consecuencias de la última sequía que aqueja al Cuerno de África.

«Nos salvamos en el anca de un piojo, pero ahora la falta de fondos es mayor para ambas partes»: Edward Brown.

En la región Somalí de Etiopía, donde la población es étnicamente somalí, pero de nacionalidad etíope, hay 264 sitios con 577.711 personas desplazadas, de acuerdo al censo realizado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) entre mayo y junio de este año.

«Para quienes perdieron todo, lo único que pueden hacer es dirigirse a uno de los albergues del gobierno en busca de alimentos y de agua», explicó Charlie Mason, al frente de Save the Children Etiopía hasta junio.

«No les queda mecanismos para hacer frente a esto», puntualizó.

Pero la dimensión del problema supera las capacidades del gobierno, pues muchos sitios denunciaron que no tienen alimentos, por lo que es muy necesaria la asistencia internacional. Pero esta a menudo se dirige a quienes cruzan la frontera.

«Los refugiados concentran la atención mundial y el problema no es nuevo, se trata de cómo se mire al asunto, en especial si hay un conflicto», arguyó Hamidu Jalleh, de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en la región.

«Las personas desplazadas por cuestiones climáticas dentro de sus países no llegaron a ese nivel», se lamentó.

Pero las personas desplazadas son solo una parte de las dificultades para quienes hacen frente a la sequía en la región Somalí de Etiopía, pues 2,5 millones de personas necesitarán asistencia alimentaria entre julio y diciembre de este año, según las agencias humanitarias, aunque se dice que ese número se revisará al alza pues podría haber llegado a 3,3 millones a mediados de agosto.

La situación empeora porque las agencias internacionales ya están exigidas por las crisis que se prolongan en todas partes, como en Yemen, Sudán y Nigeria.

«Debido a la escasez de fondos, solo pudimos llegar a un millón de las 1,7 millones necesitadas en la región Somalí en junio y julio», indicó Peter Smerdon, portavoz del Programa Mundial de Alimentos para África oriental.

Mujeres en el campamento de refugiados a las afueras de Dolo Odo dijeron que aunque los niños no reciben toda la comida que quisieran, estaban relativamente saludables. Crédito: James Jeffrey/IPS.

La sequía no sabe de fronteras, pero la legislación internacional separa a refugiados de desplazados internos.

Según la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, de 1951, el cruce de fronteras coloca a las personas bajo la protección internacional, mientras que las desplazadas internas siguen siendo responsabilidad de los gobiernos nacionales.

En el límite de Dolo Odo, la chapa ondulada de los techos brilla al sol en todo el campamento de refugiados, donde residen unos 40.000 somalíes.

Los refugiados se quejan de dolor de cabeza y de picazón en la piel por el sol, así como de una reducción en la cantidad de alimentos que reciben por mes.

Pero por lo menos tienen garantizada la ración de comida, además de agua y de servicios de salud y de educación, porque nada de eso reciben las personas desplazadas que están en la misma zona.

«No nos oponemos al apoyo a los refugiados, tienen que recibir ayuda porque tienen problemas mayores», reconoció Abiyu Alsow, de 70 años, en medio de los cobijos destartalados del asentamiento. «Pero nos frustra no recibir nada del gobierno ni de las organizaciones no gubernamentales», explicó.

La región Somalí de Etiopía concentra una gran proporción de los 1.056.738 registrados por la OIM en Etiopía.

La existencia de personas desplazadas se asocia con conflicto interno y desorden. Por ello el gobierno suele atender el problema con precaución, por lo que la gente cae en vacíos, en especial en Etiopía.

«Recién en el último año y medio pudimos comenzar a hablar de desplazados internos», reconoció el director de una agencia humanitaria de Etiopía, quien prefirió mantener el anonimato.

Pastores desplazados inspeccionan un camello muerto a las afueras de un asentamiento para personas desplazadas en la región de Gode. Crédito: James Jeffrey/IPS

«Pero el gobierno está cada vez más abierto a esa realidad, sabe que no puede ignorar el problema», apuntó.

En el ambiente de las operaciones humanitarias, se suele elogiar a Etiopía por su política de puertas abiertas a los refugiados, en marcado contraste con los países ricos de Occidente, concentrados en reducir la inmigración, lo que hace que este país africano albergue a más de 800.000 personas en esa situación.

Pero quedan dudas respecto a cómo gestiona la situación de los desplazados internos.

«Este país recibe miles de millones de dólares de asistencia y mucha ayuda bilateral, pero hay una enorme disparidad entre la asistencia a los refugiados y a los desplazados», indicó el director que pidió reserva de su identidad. «¿Cómo es posible?», preguntó.

Los campamentos para personas desplazadas en la norteña zona de Siti, en la región Somalí y que se propagaron durante las sequías de 2015 y 2016, siguen llenos.

«No hay respaldo económico para hacer frente a las vulnerabilidades subyacentes ni para ayudar a que la gente se recupere», indicó Mason.

Uno de los grandes obstáculos para ayudar a las personas desplazadas por la sequía es cómo los pastores no son los únicos que deben de hacer frente al agotamiento de los recursos.

En 2016, el gobierno de Etiopía destinó la suma sin precedentes de 700 millones de dólares, mientras la comunidad internacional completó los restantes 1.800 millones de dólares necesarios para asistir a 10 millones de etíopes afectados por la sequía derivada del fenómeno climático de El Niño.

«Nos salvamos en el anca de un piojo, pero ahora la falta de fondos es mayor para ambas partes», indicó Edward Brown, director de World Vision. «Grandes donantes toman decisiones difíciles porque tienen que hacer más con menos», apuntó.

Actualmente, el gobierno de Etiopía y sus socios humanitarios reunieron 553 millones de los 948 millones de dólares necesarios para ayudar a los 7,8 millones de etíopes afectados por la sequía en este país.

Las agencias humanitarias que hicieron frente a otras sequías en Etiopía alertaron de que se quedarían sin fondos en julio para seguir suministrando alimentos si no se sumaban donantes.

Al parecer, por ahora, se logró evitar una calamidad pues las autoridades etíopes anunciaron que las donaciones de último momento de Gran Bretaña, la Unión Europea y Estados Unidos les permiten contar con fondos suficientes hasta octubre para seguir despachando alimentos.

Pero eso está muy lejos de garantizar la viabilidad a largo plazo para las personas que tratan de vivir en las regiones del mundo a merced del sol.

«Como los donantes aseguraron los recursos, ahora podemos suministrar asistencia alimentaria de emergencia a más personas durante los próximos tres meses en la región Somalí», aseguró Smerdon.

«Si se anuncian necesidades adicionales, el PMA tratará de cubrir la mayor cantidad posible», añadió.

 

Fuente original: http://www.ipsnoticias.net/2017/09/la-crisis-de-refugiados-olvida-a-los-desplazadas-de-etiopia/

Traducido por Verónica Firme