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La geopolítica del petróleo y la guerra fundamentalista que nunca termina

Fuentes: Barómetro Internacional

El papel de los EE.UU. como desestabilizador del mundo árabe y del mundo islámico y como, a través del absurdo accionar del Departamento de Estado y el Departamento de Defensa de la superpotencia, el mundo se ve delante de un proceso unilateral (de hecho) a despecho de las instancias válidas de concertación mundial.

EE.UU.+ EIIL, otra guerra estúpida

A principios de septiembre, mientras la OTAN realizaba su encuentro anual, con el secretario de la alianza pasando el sombrero para conseguir las contribuciones de los países miembros, se mostraba una carrera de horror. Alimentados por los aliados de Estados Unidos en la región, Al Qaeda fuerza la frontera de Siria con Israel y al mismo tiempo anuncia la formación de su brazo en la India. En el Levante, se enfrenta el creador (Al Qaeda a través de su brazo el Frente Al Nusra) y la criatura creada (el EIIL). La superpotencia se mostraba «casi inerte» para no envolverse demasiado y crear un nuevo despertar sunita. Por fin, la gran cuestión es ¿Cómo es posible que una fuerza móvil, el EIIL sea financiada por un califato pirata que vive vendiendo petróleo? El crudo no es tan simple de transportar y todavía menos de realizar con él compensaciones bancarias. ¿Correcto?

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La presión de la opinión pública y el foco en Irak -al revés que en la Franja de Gaza- llevaron a la Casa Blanca a dejar la inercia y dar inicio a otra «guerra estúpida». Esta frase era la definición del senador demócrata por el Estado de Illinois, Barack Hussein Obama, al criticar la escalada de Bush Jr. en Irak. Ahora, su administración hunde las patas en el barro anti-EIIL sin hacer el menor esfuerzo para secar la fuente de recursos del proto-Califato. Estados Unidos va a jugar en el ojo del huracán nuevamente y suscitar la reacción de los aliados del Golfo, justamente las monarquías wahabitas aliadas de la superpotencia y abastecedoras de bienes y suministros a Al Qaeda y el EIIL.

La superpotencia mantiene el patrón, reproduciendo los mismos errores de la Guerra al Terror (GWOT). Estos serán ahora nuevamente repetidos en la (re) intervención en Siria e Irak. Cualquier conocedor del Mundo Árabe e Islámico debe preguntarse cómo es posible reproducir el mismo criterio dudoso de apoyar a un «yihadismo del bien» controlado por los sauditas, contra otro «yihadismo del mal», apoyado según la conveniencia por los mismos sauditas y otras monarquías y emiratos petroleros. Como la paz con Irán y la revalorización de los chiítas está fuera de consideración, la Casa Blanca se va a hundir todavía más en el pantano cavado por el Departamento de Defensa (DoD) al inicio del gobierno Bush Jr. y vergonzosamente continuado por Barack Obama.

La confusión aumenta. El gobierno Obama hace críticas diplomáticas al gobierno de Assad en Siria, y dice que quiere preparar una ofensiva contra el EIIL. Para ello cuenta con la oposición «moderada» del Ejército Libre de Siria (satélite de Turquía) cuyos fondos están menguando. Más fácil sería una tregua en Siria. Simplemente sin la triangulación con el eje de aliados Assad-Hezbollah-Irán y la presencia de chiítas en Irak, este combate no se dará. En lugar de cortar con la fuente de abastecimiento, John Kerry se pasea entre sheiks y adula al monarca saudita y su corte parásita.

El problema está justamente en los aliados de la superpotencia en la región. Y alguien puede explicar ¿Cómo se negocia un millón de dólares diarios en petróleo crudo (a través de oleoductos y refinerías controladas) partiendo de la producción de un Califato no reconocido internacionalmente?

La campaña aérea contra el EIIL

El bombardeo de los EE.UU. contra las posiciones del Estado Islámico en Siria comenzó el 23 de septiembre y no tiene miras de terminar. La superpotencia repite el mismo error de contar con sus aliados árabes, monarquías wahabitas que retroalimentan tanto al Califato como a su rival, la red de Al Qaeda, preferida de los emires. Un efecto colateral de esta ofensiva puede ser un giro en el rol de Turquía. La más fuerte y diversificada economía del mundo islámico daba sustento al Ejército Libre de Siria (ELS), pero está agotada de recursos. Con el flujo del nuevo contingente de refugiados (en torno a los 170.000 en sólo una semana) las condiciones turcas estarían todas enfocadas en la ayuda humanitaria, una vez que los esfuerzos de la ONU nunca son satisfactorios. Con esto, el plan de John Kerry apoyado por Jordania, Arabia Saudita, Qatar, Bahrein, Omán y Kuwait sería financiar al ELS, entrenándolo en territorio árabe y poder contar con esa fuerza semi-regular para combatir tanto al EIIL como a la coalición pro-Assad.

Mientras reclutan a los militares disidentes del régimen de la familia Assad, sauditas y «amigos» conmemoran la lluvia de misiles. Los blancos «colaterales» de los bombardeos, como zonas residenciales sin presencia de combatientes de ninguna facción, son la consecuencia directa de este ataque de los «wahabitas del bien» aliados de los EE.UU. Las bombas caen y el flujo de refugiados aumenta en la frontera entre Siria y Turquía. Se trata de la disputa por la hegemonía sunita en la región. La estrategia es compleja. Las monarquías petroleras forman alianza anti-EIIL y por debajo intentan fortalecer las posiciones de liderazgo del sunismo como retroalimentar a Al-Qaeda en esta lucha de concurrencias contra el proto-Califato. Si pudieran además tumbar al gobierno Assad y reducir las redes iraníes, todavía mejor. Como cómplice mínimo, los Estados Unidos concuerdan con todo, haciendo la Guerra al Terror a escala mundial y hundiéndose en el pantano de sauditas, hachemitas & Cía. en el mundo árabe.

Todo vale por petróleo todavía barato y para dar alimento a una máquina de guerra sin fin. Si no secaron las fuentes de las monarquías árabes, no secan tampoco el chorro colateral para el fundamentalismo.

Los EE.UU. arrastran además a sus dos aliados militares europeos, Inglaterra y Francia. En el Parlamento inglés, David Cameron, reforzado por el ex primer ministro Tony Blair pidió autorización para realizar el bombardeo contra posiciones del Califato, tanto en Siria como en Irak, además de reforzar la posición de aliados en la región. Vale recordar que Blair es el mismo que aceptó participar en la 2ª Guerra del Golfo, invadiendo Irak y generando el caos que hoy vemos. En una acción conjunta anti-EIIL Francia aumenta también su participación en el esfuerzo de guerra. Cabe resaltar que existen todavía vínculos de la elite cristiana libanesa con la matriz francesa que les dio un país acorde a su confesionalismo político. Ahora, la propuesta totalitaria del fundamentalismo del EIIL arrasa con la convivencia inter-religiosa, aún con aquella que cumple con unos pocos. El totalitarismo del EIIL ataca chiítas, sunitas no fundamentalistas, yazadíes, cristianos de distintos ritos y kurdos. En este sentido es importante combatir al Califato, pero no a través de los financiadores de esas mismas redes. Peor aún, sin hacer un gran esfuerzo de integración socio-cultural de las poblaciones árabes e islamizadas que viven dentro de la Comunidad Europea.

El problema vuelve al corazón de Occidente. A mediano plazo, tanto a Inglaterra como a Francia, países con millones de ciudadanos musulmanes, es posible que esta ofensiva les retorne en forma de acciones aisladas (tipo «lobo solitario») o coordinadas (como las ya ocurridas en Londres) que vengan a realizarse. Estas acciones de terror fundamentalista podrán ser del propio EIIL -con el retorno o nuevo reclutamiento de familiares de muhjaddines combatiendo en Levante o Mesopotamia- o de alguna organización afiliada a Al-Qaeda, en esta carrera competitiva por el yihadismo sunita.

La solución posible

La única salida está vetada por el Estado de Israel, además de por la posición contraria de las monarquías árabes. Esta sería una reaproximación con Irán y su fórmula de democracia teocrática, reconsiderando el status del chiísmo como una fuerza político-religiosa estabilizadora. En la Asamblea General de la ONU, el presidente iraní Hassan Rouhani dijo a la Casa Blanca que esta es la oportunidad histórica de reconciliación frente al enemigo común. Pero ¿Será que Israel va a permitir esta aproximación? Es muy dudoso.

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Fuente: http://barometrointernacional.bligoo.com.ve/bruno-lima-rocha-la-geopolitica-del-petroleo-y-la-guerra-fundamentalista-que-nunca-termina