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La guerra del uranio en Níger

Fuentes: Le Monde Diplomatique

Traducido por Caty R.

El 15 de mayo de 2008, el Tribunal supremo de Níger rechazó la solicitud de libertad condicional de Moussa Kaka, corresponsal de Radio France Internationale. El periodista está encarcelado desde hace ocho meses debido a sus contactos con la rebelión tuareg. Ésta, efectivamente, en febrero de 2007 retomó las armas para reclamar un reparto más justo de las rentas del uranio. Ya han muerto unos 85 soldados en la región de Agadez, donde opera el grupo nuclear francés Areva.

«Si la única voz que se escucha es la de las armas, ésa es nuestra elección», ha declarado el Movimiento de los Nigerinos por la Justicia (MNJ) (1), formación de mayoría tuareg que, doce años después de los acuerdos del 24 de abril de 1995 entre el gobierno y una primera rebelión armada, reanudó la lucha contra el poder central. Se ha extendido hasta la zona del lago Chad, en el sureste de Níger. Los enfrentamientos empezaron en febrero de 2007 en la región de Agadez, en el centro del país. Compuesto esencialmente por antiguos rebeldes unidos en 2007, desertores del ejército regular y algunas autoridades locales elegidas democráticamente, el MNJ multiplica los ataques contra zonas militares y símbolos del Estado.

Además de la aplicación efectiva de los acuerdos de 1995 (que prevén especialmente la instauración de la descentralización), el MNJ reclama la transferencia del 50% de los ingresos mineros a las colectividades locales, la contratación prioritaria de las poblaciones autóctonas en este sector laboral, que se detenga el «mercadeo» de los permisos de explotación de materias primas y la suspensión de las actividades de investigación en las zonas de explotación ganadera.

La tensión subió en julio de 2007 cuando el MNJ tomó como rehén a un ejecutivo de la compañía «China Nuclear International Uranium Corporation» (Sino-Uranium). Entonces, el MNJ pidió a todos los países extranjeros que evacuaran a sus nacionales que se hallaran en Níger «por motivos de prospección o explotación de los recursos mineros».

Níger es el tercer exportador mundial de uranio. Su producción anual, evaluada en 3.300 toneladas, representa el 48% de sus ingresos de exportación. En 2003, después de veinte años de bajadas, los cursos del uranio reaparecen al alza: el crecimiento de la demanda mundial de electricidad y la lógica de reducción de las emisiones de gas invernadero auguran un hermoso futuro a la nuclearización civil (2). Con el horizonte de 2030, la Agencia internacional de la energía atómica (OIEA) prevé un aumento, como mínimo, del 20% de la potencia nuclear instalada en el mundo (el 83%, según las previsiones más optimistas). Según la World Nuclear Asociación (WNA), además de los treinta y cuatro reactores electronucleares que se están construyendo, están previstos otros noventa y tres, principalmente en China, India, Japón y Rusia. Las necesidades crecientes de combustible nuclear, así como la perspectiva del agotamiento de sus recursos denominados «secundarios» (especialmente el uranio militar reconvertido), reactivan la prospección y la extracción minera del uranio natural.

Rico en uranio, Níger también es uno de los países más pobres del mundo (está en el puesto número ciento setenta y cuatro sobre ciento setenta y siete en la escala del desarrollo humano) y regularmente tiene que enfrentarse a graves crisis alimentarias. Niamey presenta el renovado interés por el combustible nuclear como un activo sin precedentes en la «batalla del desarrollo económico y social» (3).

Para aumentar los ingresos mineros de Níger, el presidente Mamadou Tandja diversificó los socios. El uranio se explota por dos sociedades franconigerianas, de las que Areva NC (4) es accionista mayoritaria: Société des mines de l’Air (Somair) el 63,4%, y la Compagnie minière d’Akouta (Cominak) el 34%. El 26 de junio y el 25 de julio de 2007, el responsable de la seguridad del gigante francés de la energía, el coronel Gilles de Namur, y después el director local del grupo, Dominique Pin, fueron expulsados, acusados de apoyar al MNJ (5). No obstante, las relaciones entre París y Niamey se normalizaron en enero de 2008, cuando el gobierno nigerino confirmó los derechos de explotación de Areva sobre el gigantesco yacimiento de Imouraren, llamado a convertirse en una de las mayores minas de uranio del mundo. A cambio, el precio de compra pagado por Areva subió un 50%.

Pero aunque la presencia de Areva en Níger no se cuestiona, Niamey ya comercializa una parte de la producción directamente en el mercado (trescientas toneladas en 2007), y el monopolio francés de la extracción del uranio se ha acabado en Níger. En noviembre de 2007 Sino-Uranium, filial de la empresa pública China National Nuclear Corporation (CNNC), que explora desde 2006 la importante concesión de Tegguida, obtuvo el permiso de explotación del yacimiento de Azelik. Además, se asignaron algunos permisos de investigación a una veintena de sociedades «jóvenes» canadienses, australianas, sudafricanas, indias y británicas.

Las concesiones menores (acordadas o en negociación) se extienden sobre unos noventa mil kilómetros cuadrados del borde occidental del macizo de l’Air (región de Agadez), territorio situado entre la frontera argelina y el acantilado de Tiguidit. No se realizó ninguna consulta en las poblaciones del norte (al menos trescientas mil personas, principalmente tuaregs) cuyas tierras ancestrales se concedieron a las compañías. Se conminó a los habitantes de la zona de Tegguidda Tessoum (oeste de Agadez) para que evacuaran la zona (alrededor de dos mil quinientos kilómetros cuadrados) concedida a Sino-Uranium. Niger Uranio Limited, que empezó la prospección en Ingal e Ighazer, prohibió a los ganaderos la utilización de pozos pastorales. En los alrededores de Imouraren, las actividades de prospección de Areva hacen que el ganado huya y convierten la ganadería en una actividad imposible.

Los empleos tradicionales de las poblaciones -explotación artesanal de sal, agricultura en los oasis y sobre todo la ganadería trashumante- así como el complejo equilibrio organizativo, están seriamente amenazados. La futura zona minera cubre las principales superficies de la ganadería nómada, con los ricos pastos del llano de Ighazer (6), lugar de la «cura salada» donde se citan anualmente decenas de miles de ganaderos, que permiten garantizar a los rebaños el aporte de minerales.

Residuos radiactivos almacenados al aire libre

Además, la puesta en producción de los nuevos sitios, prevista hacia 2010 (Azelik) y 2012 (Imouraren), hace que se redoblen los temores levantados por el primer examen de la situación radiológica y sanitaria de las dos ciudades mineras existentes, Arlit y Akokan. Este estudio se elaboró entre 2003 y 2005, a petición de la asociación local Aghir In Man, por la Comisión de investigación e información independiente sobre la radiactividad (Criirad) y la organización no gubernamental de juristas Sherpa (7).

Según el Criirad, el agua distribuida a la población (más de mil habitantes) presenta niveles de radiactividad que sobrepasan los topes de las normas internacionales de potabilidad. Los residuos radiactivos se almacenan al aire libre desde hace varios decenios. Las chatarras que resultan del trabajo de las máquinas se venden en los mercados, la población las recicla y las utiliza como materiales de construcción o para hacer utensilios de cocina. En mayo de 2007, el Criirad indicó a la dirección de Areva y al Centro nacional de radioprotección de Níger la presencia de residuos de la extracción en el ámbito público, así como niveles de radiación gamma hasta cien veces superiores a lo normal. En ausencia de un auténtico peritaje científico, los riesgos para la salud son difíciles de evaluar a largo plazo (8). Sin embargo, el Sherpa destaca la multiplicación de casos graves de enfermedades respiratorias y pulmonares, que se habrían ocultado sistemáticamente a los pacientes por los dos hospitales construidos y administrados por Somair y Cominak. Ambas sociedades mineras son el segundo patrono del país después del Estado y sus enormes necesidades de suministro benefician a un gran número de empresas. No obstante, operan esencialmente en el sur (Haoussas y Djermas), zonas más preparadas y mejor representadas en las esferas administrativas y políticas, que influyen en los puestos clave y se benefician de los principales contratos. La población local tuareg, poco escolarizada y que vive de manera tradicional, permanece al margen de la economía de las ciudades mineras.

Poco después del inicio de la explotación de la mina de Arlit, cuando la sequía diezmó más del 75% de su ganado (1973-1974), muchos tuaregs emprendieron el camino del exilio hacia las grandes ciudades y hacia Argelia y Libia. Cerca de veinte mil de ellos regresaron al país a finales de los años ochenta, estimulados por el discurso de «anticrispación» del coronel Ali Salbou, que ponía fin a trece años de «estado de excepción» del general Seyni Kountché. Níger atravesaba entonces una crisis económica y no se habilitaron los medios para absorber este regreso masivo. La ilusión de la flexibilidad del régimen se disipó rápidamente, ya que a un enfrentamiento entre tuaregs y fuerzas del orden en Tchin Tabaraden (mayo de 1990) le siguió una violenta represión (9). La ausencia de sanciones se añadió a las frustraciones acumuladas por los tuaregs, cuyo sentimiento de marginación se tradujo, en octubre de 1991, en el estallido de la primera rebelión. Sobre el papel, los acuerdos de paz de 1995 preveían, además de la reinserción de los antiguos rebeldes, medidas favorables al desarrollo del norte, así como la instauración de la descentralización previa, a la que seguiría una transferencia a las colectividades territoriales de rentas generadas por la explotación minera.

Doce años más tarde la descentralización aún no ha terminado y no ha llegado la transferencia del 15% de los ingresos mineros a los municipios concernidos, que se aprobó en 2006 y no ha tenido ningún efecto. Peor todavía, la concesión de los nuevos permisos mineros se está llevando a cabo sin prever ninguna medida compensatoria. «Los tuaregs no somos nada ante las preocupaciones económicas de los gobiernos», afirma Issouf Ag Maha, alcalde democrático del municipio de Tchirozérine exiliado en Francia «todo lo que queremos es que el poder nigerino y las sociedades mineras tengan en cuenta que vivimos en estas tierras».

En agosto de 2007, se promulgó un estado de «alerta» (una modalidad del estado de excepción) en la región de Agadez. Desde entonces las organizaciones de defensa de los derechos humanos denuncian arrestos y detenciones arbitrarias (más de cien), así como ejecuciones sumarias de civiles (cerca de setenta) perpetradas por el ejército nigerino (FAN) en represalia por los ataques del MNJ. Se señalan torturas, violaciones, saqueos y masacres de rebaños, en muchos casos la única fuente de ingresos de los habitantes de la región. En sus desplazamientos, el FAN también habría utilizado civiles como «escudos humanos», especialmente para protegerse de las minas. Estas exacciones originan desplazamientos masivos de población. «En Iferouane sólo queda el ejército, todos los habitantes huyeron», declara el responsable de una pequeña asociación que, como muchos otros, tuvo que abandonar sus actividades en la zona. El temor a las represalias y las minas en las carreteras dificultan cada vez más el suministro. Los precios estallan y la temporada turística, fuente de ingresos, no ha existido.

Los intentos de mediación de Libia, Burkina Faso y la Unión Africana no han dado resultado. El presidente Tandja se niega a negociar con los rebeldes, a quienes califica de «bandidos y narcotraficantes». La zona del conflicto está prohibida a los periodistas (10). Niamey clama su derecho a disponer libremente de sus recursos naturales e invita a los nigerinos a buscar el origen de la crisis en la importancia estratégica del país. A mediados de abril de 2008, la Asamblea Nacional exhortó al gobierno para «que tome todas las medidas para establecer un reglamento pacífico y duradero del conflicto», que constituye una «grave amenaza para la estabilidad de Níger». Una exigencia, de momento, sin consecuencias.

Notas:

(1) Comunicado del 29 de abril de 2008 del MNJ.

(2) Organisation de coopération et de développement économiques-Agence internationale de l’énergie, World Energy Outlook 2007. China and India Insights, 2007. Aunque la parte de nuclear en la producción mundial de electricidad debería seguir siendo estable (entre el 13% y el 16%), la potencia nuclear instalada se dedica a incrementar el valor absoluto.

(3) Moustapha Kadi, «Insécurité croissante au Nord Niger. A quand la paix?», Energie pour tous n°7, Niamey, 5 de septiembre de 2007.

(4) Compagnie générale des matières nucléaires (Cogema), antes de su integración en el polo nuclear del grupo Areva en 2001.

(5) Areva se convirtió en sospechosa tras la adhesión al MNJ de un capitán de las fuerzas nacionales de intervención y seguridad (julio de 2007), previamente contratado para garantizar la seguridad de las zonas de Areva, que recibió de la empresa cerca de 85.000 euros.

(7) Criirad, «Cuenta de resultados de Arlit (Níger), diciembre de 2003»; «Impacto de la explotación del uranio por las filiales de Cogema-Areva en Níger, 20 de abril de 2005»; «Presencia de materiales radiactivos en el ámbito público de Arlit y Akokan, 14 de mayo de 2007». Samira Daoud y Jean-Pierre Geta, «Cogema en Níger, Informe de la investigación sobre la situación de los trabajadores de Somair y Cominak», Sherpa, 25 de abril de 2005.

(8) En 2004, Areva encarga una auditoría medioambiental al Instituto de radioprotección y seguridad nuclear (IRSN). Sus conclusiones, según Criirad, se han subestimado. También se llevó a cabo una auditoría clínica previa petición de Areva (2005). Ninguno de estos estudios evalúa los riesgos sanitarios a largo plazo.

(9) Setenta muertes según el gobierno, aproximadamente seiscientas según las organizaciones internacionales y más de mil según los tuaregs. Mano Dayak, Michael Stiihrenberg y Jérôme Strazzulla: Touareg, la tragédie, Lattes, Paris, 1992.

(10) Moussa Kaka, corresponsal de Radio France.

Original en francés: http://www.temoust.org/spip.php?article5613

Anna Bednik es periodista de Le Monde Diplomatique.

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y la fuente.