La Asamblea General de la ONU votó la semana pasada, 25 de marzo, en favor de una resolución que reconoce la trata de africanos esclavizados como «el crimen más grave contra la humanidad» y exige reparaciones.
¿Y entonces? La resolución es simbólica, lo que significa que no se puede obligar a ningún país a pagar indemnizaciones. Pero sigue siendo una victoria histórica para un movimiento que abarca todos los continentes. La resolución la presentó Ghana, recibió un fuerte apoyo del Caribe y América Latina y se suma a las crecientes peticiones para que las naciones occidentales concedan reparaciones al Sur Global.
Ha tardado mucho en llegar: ha habido peticiones de reparaciones por la esclavitud desde hace más de un siglo, pero han cobrado recientemente un nuevo impulso a medida que las instituciones van examinando sus vínculos históricos con el comercio de esclavos. La Unión Africana ha declarado que el periodo 2026-2036 será su «década de las reparaciones».
En la ONU, la mayoría se ha pronunciado a favor: más de 120 países apoyaron la resolución de la semana pasada. Otros 52, entre ellos el Reino Unido, España y la mayor parte de Europa, se abstuvieron. Los Estados Unidos, Argentina e Israel votaron en contra.
Los Estados Unidos votaron en contra alegando que la esclavitud «no era ilegal según el derecho internacional» en el momento de su existencia. El Reino Unido, por su parte, afirmó que los países no deberían crear una «jerarquía de atrocidades históricas». Antonio Guterres, secretario general de la ONU, acogió con satisfacción la resolución, pero pidió medidas que fusesen «mucho más audaces» que las disculpas.
La infame trata
Entre los siglos XV y XIX, más de 12 millones de africanos esclavizados fueron trasladados desde África Occidental y Central a las Américas. Casi dos millones murieron durante el trayecto. Las investigaciones indican que este comercio ha tenido un durado impacto en el desarrollo económico de África.
Un informe de 2023 respaldado por la Universidad de las Indias Occidentales estimaba que las reparaciones podrían ascender a 80 billones de libras esterlinas. Estos cálculos tenían en cuenta factores como el trabajo no remunerado, el dolor y la angustia mentales, y la pérdida de libertad y los daños personales.
Tras abolir la esclavitud en la mayor parte del imperio británico en 1833, el Reino Unido hubo de pedir prestadas 20 millones de libras para indemnizar a los propietarios. El dinero no lo devolvieron los contribuyentes hasta 2015. Con posterioridad, un juez de la ONU estimó que el Reino Unido debía más de 18 billones de libras por su papel en el comercio de esclavos.
A modo de comparación, Alemania pagó más de 60.000 millones de libras a las víctimas judías del Holocausto y al Estado de Israel tras la aprobación del Acuerdo de Reparaciones de 1952. En 2003, Sudáfrica creó un fondo destinado a las víctimas de los crímenes del apartheid.
Los países del Caribe y de África Occidental llevan mucho tiempo a la vanguardia del movimiento global de reparaciones. Pero no siempre han estado de acuerdo. Abdoulaye Wade, entonces presidente de Senegal, afirmó en 2001 que la idea de las reparaciones económicas era «insultante».
En el Reino Unido, las opiniones están divididas dependiendo del origen étnico. Una reciente encuesta de YouGov reveló que el 48 % de los británicos blancos se «opone firmemente» al pago de reparaciones a los países afectados por el comercio transatlántico, mientras que el 51 % de los británicos negros afirmó que «apoya firmemente» las indemnizaciones.
Aunque los sucesivos gobiernos británicos se han resistido a la idea de las reparaciones, algunas instituciones han intentado voluntariamente rendir cuentas por las acciones del pasado. En 2019, la Universidad de Glasgow se comprometió a destinar 20 millones de libras a la creación de un centro de investigación sobre el Caribe.
Pero no todo es cuestión de dinero: un argumento habitual en contra de las reparaciones es que no está claro a quién iría a parar el dinero. En 2014, la Comunidad del Caribe publicó un plan de diez puntos que, en cambio, da prioridad a una disculpa formal y a programas educativos.
Es más… Es probable que abordar los agravios de la esclavitud tenga implicaciones geopolíticas. Rusia lleva mucho tiempo intentando fortalecer sus lazos con África y el Caribe poniendo de relieve los elementos racistas de la historia estadounidense y europea. La semana pasada, la embajada de Rusia en los Países Bajos señaló la votación de la ONU como prueba de su continuado «pensamiento colonial».
Seun Matiluko, periodista británico-nigeriana e investigadora académica (recientemente en la Facultad de Derecho de Harvard), es presentadora en la BBC del podcast Seun’s Talking Drum y ha sido finalista del British Journalism Award.
Texto original: The Observer, Daily Sensemaker, 1 de abril de 2026
Traducción: Lucas Antón


