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Burkina-Faso

La restauración de los traidores

Fuentes: Rebelión

Cuando solo faltaban tres semanas para que el 11 de octubre Burkina Faso, en sus 55 años de vida independiente, pudiera realizar elecciones más o menos limpias, un golpe palaciego ha dejado otra vez a los burkineses con las ganas de constituirse en una democracia. Otra vez, en el pequeño país africano se han impuesto […]

Cuando solo faltaban tres semanas para que el 11 de octubre Burkina Faso, en sus 55 años de vida independiente, pudiera realizar elecciones más o menos limpias, un golpe palaciego ha dejado otra vez a los burkineses con las ganas de constituirse en una democracia.

Otra vez, en el pequeño país africano se han impuesto los traidores. En la mañana del jueves 17, un grupo de oficiales de la Guardia Presidencial decidió echar para atrás todo lo planteado el 24 de octubre del año pasado, cuando a partir de las revueltas populares, el ejército prefirió terminar con el mandato de Blaise Campaóre, tras 27 años de dictadura.

Con los comicios del día 11, Burkina-Faso intentaba abandonar una historia de Golpes de Estado donde los dictadores remplazaban a los dictadores. Desde su declaración de la independencia en 1960, Burkina-Faso (ex Alto Volta) nunca ha conseguido alcanzar el status de país democrático.

El último golpe militar había sido dado en octubre de 1987 por Blaise Campaóre contra Thomas Sankara, un capitán de 38 años, quien junto a Campaóre y un grupo de oficiales habían tomado el poder en 1984, estableciendo un gobierno de rotundo tiente revolucionario.

Sankara, quien la historia recuerda como «El Che Guevara Africano», procuró romper para siempre con el destino de dependencia que los colonialistas franceses le habían asignado a su ex colonia.

Sankara, teniendo a Campaóre como su más íntimo colaborador, abrazó el panafricanismo, que propugnaba el entonces hombre fuerte de Libia, el coronel Muhammad Gadaffi. Y que desde 1972 venía llamando a la Unión y la Solidaridad de los pueblos africanos para exterminar el sino del imperialismo.

Sankara, como presidente de su país, propulsó incentivar la producción y el consumo. Sus osadas medidas de gobierno lo convirtieron rápidamente en el líder indiscutido de la joven Revolución. Sankara intentó cambiar de cuajo al país y empezó por el nombre de la vieja Alto Volta, como la llamaron los colonizadores, que pasó a llamarse significativamente Burkina-Faso, (el País de los Hombres Íntegros) una conjunción de dos de las lenguas del país: Burkina en lengua mooré significa «hombres íntegros» y Faso, en diula significa «patria».

Sankara pugnó por los derechos de la mujer y la defensa del medio ambiente. Consideraba la liberación de la mujer como una estrategia clave para el triunfo de la revolución.

A partir de sus intervenciones en el congreso de la Unión Africana, en Addis Abeba en julio de 1987, cuándo llamó a no reconocer las deudas que los países del continente tenían con sus colonizadores, Sankara comenzó a representar para las antiguas metrópolis (Paris, Londres y Lisboa) una figura molesta y peligrosa.

Su proyecto político de la Revolución Democrática Popular (Révolution démocratique et populaire, o RDP), quedó plasmado en el discurso del 2 de octubre de 1983, Discours d’Orientation Politique (DOP), ideado por su aliado Valèré Somé, también su ministro de educación y secretario general del partido comunista.

La joven revolución se negó a reconocer la deuda externa, decidió nacionalizar y detener la explotación de los recursos naturales; ordenó la siembra de diez millones de árboles para detener la desertificación y el avance del Sahel. Se propuso evitar todo tipo de ayuda exterior, para escapar de la influencia del FMI y el Banco Mundial, «el que te alimenta, te controla», era uno de sus máximas.

Centró sus políticas en la autosuficiencia alimentaria y una reforma agraria profunda para prevenir las cíclicas hambrunas de la región. En tres años llevó el rendimiento del trigo por hectárea de 1700 kilos a 3800.

Priorizó la educación con una campaña nacional de alfabetización y promovió la salud pública, la campaña de vacunación contra la meningitis, la fiebre amarilla y el sarampión alcanzando a casi tres millones de niños. Inició un plan de construcción de ferrocarriles y carreteras. Prohibió la mutilación genital femenina, los matrimonios forzados y la poligamia. Nombró a mujeres en altos cargos gubernamentales y estableció programas para impulsar a la mujer a trabajar fuera de sus casas y organizando planes de estudios exclusivos para las mujeres. Comprendió rápidamente la peligrosidad del SIDA e inició campañas de concientización y prevención, sabiendo que era una enfermedad que estaba llamada a asolar a los pueblos africanos tal como terminó sucediendo.

Profundo admirador de la revolución cubana, Sankara fundó Comités de Defensa de la Revolución (CDR) al estilo cubano. Conociendo la inestabilidad y lo permeable a las manipulaciones que podrían ser sus compañeros de armas, estableció un tipo de servicio militar obligatorio la SERNAPO (Service National et Populaire), una formas de milicias populares, para contrarrestar el poder del ejército.

Finalmente acabó con una institución feudal que otorgaba a los jefes tribales el derecho a establecer trabajo forzoso y el pago de tributos a sus vasallos.

Ordenó la venta de los Mercedes-Benz del gobierno e hizo que el Renault 5, el auto más barato en ese momento, se convirtiera en el transporte oficial de los ministros. Redujo los sueldos de todos los funcionarios públicos, prohibió el uso de chóferes y los viajes en primera clase de las comitivas oficiales.

Sankara, que había sido amablemente tolerado mientras se limitó a cambiar Burkina-Faso, un país demasiado pobre para depredar, sin petróleo, ni yacimientos que puedan atraer el interés de los grandes consorcios occidentales, pero al momento que Sankara comenzó a apoyar y alentar los movimientos revolucionarios de Costa de Marfil, Togo, Benín y Sierra Leona, París inició la estrategia de derrocamiento.

En 1985, Burkina-Faso organiza un censo general de la población, lo que despertó la reacciones del presidente Moussa Traoré de Mali, ya que hubo censistas en la disputada franja de Agacher, lo que devino en lo que se conoció como la Guerra de Navidad, que duró apenas cinco días y donde murieron unas cien personas.

La breve guerra fue el primer intento de Francia por acabar con la revolución de Sankara, a partir de entonces y pasando varias turbulencias, Francia logró dar con el hombre que traicionaría a Sankara y a la Revolución: Blaise Campaóre.

Campaóre fue el elegido del presidente francés, François Mitterrand, y el Departamento de Estado Norteamericano, él era el hombre ideal de la contrarrevolución, ya que fue desde el comienzo parte del riñón revolucionario y era de extrema confianza de Sankara, tanto que se negó a aceptar los informes que le anunciaban la traición.

Campaóre, entonces ministro de Estado de la Presidencia, organiza y ejecuta el Golpe de Estado y el asesinato del presidente junto a varios de sus ministros.

La tarde del jueves 15 de octubre de 1987, Sankara estaba reunido en el Consejo Nacional de la Revolución en la capital Uagadugú, un edificio céntrico cercano a los ministerios y la presidencia, cuando un grupo de comandos toma el lugar con la misión de asesinar a todos los presentes.

El grupo invasor rápidamente mata a la guardia de Sankara y avanza hacia la oficina donde se desarrollaba la reunión. Advertido por las ráfagas de metralla y los gritos, el presidente ordena a sus ministros: «tranquilos, vienen solo por mí».

Cuando los comandos irrumpen en la reunión, Sankara, desarmado y con las manos en alto, enfrenta a los invasores, que sin mediar palabra abren fuego contra el presidente y el resto de sus acompañantes, aproximadamente unos 14 funcionarios de la Revolución.

Los cuerpos fueron enterrados de inmediato en el cementerio de Dagnoen, un barrio al este de la capital.

Pocas horas después un comunicado oficial difundido por radio anuncia la dimisión del presidente Sankara y la disolución del Consejo Nacional de la Revolución, tras lo que se proclamó la creación del Frente Popular encabezado por el capitán Blaise Campaóre.  

Un petit arrière cours.

Desde aquel octubre de 1987, Blaise Campaóre gobernó Burkina Faso, con el completo acuerdo de Francia, y se convirtió en pilar fundamental para que el antiguo imperio pudiera volver a tener injerencia en el continente. A través de una superestructura política, económica y cultural llamada la Francáfrica.

Lo que le permite al Eliseo seguir controlando sus ex colonias con una mistura paternalista entre el pragmatismo y el neocolonialismo, basado en la corrupción de los dirigentes africanos. París así protege sus intereses políticos y económicos, convirtiendo a sus ex colonias en un pequeño patio trasero.

En Uagadugú, Francia tiene la base principal de las fuerzas especiales de lucha contra el terrorismo, conocida como operación Barkhane, (Duna movediza) lanzada en julio de 2014 para remplazar la operación Serval, armada para combatir las revueltas Tuareg de 2012 en el norte de Mali.

A pesar de la injerencia francesa en Burkina-Faso, no pudo sostener a su «Virrey» y en octubre pasado comenzó a desmoronarse. Las protestas populares impidieron que el dictador vuelva a ser «elegido» para un nuevo periodo de otros 5 años.

Las revueltas provocaron se incendiara la sede de la Asamblea Nacional.

Blaise Campaóre fue destituido y se exilió en Costa de Marfil, mientras la junta militar que se hizo cargo del gobierno llamaba a las elecciones para este octubre y nombró como presidente interino a Michel Kafando, que debía organizar el acto eleccionario.

Pero todo ha quedado en la nada, el nunca disuelto y siempre nefasto Regimiento de Seguridad Presidencial (RSP) que siguió leal a Campaóre, dio el golpe el último jueves deteniendo a Kafando y a varios funcionarios entre los que se incluye el general Issas Zida, primer ministro y verdadero hombre del país hasta el jueves último.

El poderoso general Gilbert Diendéré, mano derecha de Campaóre, y ex jefe de su servicio secreto, asumió la presidencia del Consejo Nacional para la Democracia, una organización creada ad hoc por los golpistas. Diendéré no solo está involucrado en el asesinato de Thomas Sankara, sino también en la muerte de Norbert Zongo, el director del diario The Independent en diciembre de 1998, y que fue uno de los más escandalosos que cometió la dictadura.  

La nueva junta de gobierno ha declarado que custodiará el proceso electoral pero no han puesto fecha para su realización. Según algunos analistas le asignan a Blaise Campaóre haber sido el gestor político del golpe, sin saberse cuál ha sido el papel del siempre decisivo del ejecutivo francés.

Mientras tanto los partidos políticos han llamado a la desobediencia civil. Varios conatos de manifestación ya han sido disueltos por el RSP, el mismo jueves 17 de septiembre, en los alrededor del barrio Ouaga2000, donde se asienta el palacio presidencial, los choques ya han dejado al menos seis muertos y sesenta heridos.

Burkina-Faso, con poco más de 18 millones de habitantes (con una población animista en un 65 %, un 25 % de musulmanes y el 10 % de cristianos) es uno de los países más pobres del mundo. Ocupa la séptima posición más baja en Índice de Desarrollo Humano. Sin salida al mar, rodeado por Nigeria, Ghana, Benín, Mali, Togo y Costa de Marfil.

No cuenta con yacimientos de petróleo, ni con posibilidades de grandes explotaciones mineras, por lo que la población subsiste de una modestísima industria y una agricultura que representa el 32% de su producto bruto interno y da trabajo al 92% de la población. Además de sus frecuentes sequías y la gran aridez del norte, se suman altos índices de SIDA.

Burkina-Faso acaba de convierte su destino en una nueva incógnita siempre más cerca del infierno que del paraíso.

 

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.