Recomiendo:
0

La tortura practicada por el Gobierno de Bush va a juicio

Fuentes: The Nation/La Jornada

Está ocurriendo algo notable en un tribunal de justicia en Miami. Los crueles métodos usados por los interrogadores estadunidenses desde el 11 de septiembre para «quebrar» a los prisioneros finalmente son juzgados. Esto no debería estar sucediendo. El plan de la administración Bush era juzgar a José Padilla porque presuntamente formaba parte de una red […]

Está ocurriendo algo notable en un tribunal de justicia en Miami. Los crueles métodos usados por los interrogadores estadunidenses desde el 11 de septiembre para «quebrar» a los prisioneros finalmente son juzgados. Esto no debería estar sucediendo. El plan de la administración Bush era juzgar a José Padilla porque presuntamente formaba parte de una red vinculada con terroristas internacionales. Pero los abogados de Padilla argumentan que no está en condiciones de ser juzgado porque el gobierno lo enloqueció.

Padilla, un ex pandillero nacido en Brooklyn, fue arrestado en mayo de 2002 en el aeropuerto O’Hare de Chicago y clasificado como «enemigo combatiente», y llevado a una prisión naval en Charleston, Carolina del Sur. Lo retuvieron en una celda de 2.7 por 2.1 metros, sin luz natural ni reloj ni calendario. Cada vez que Padilla dejaba la celda, le ponían grilletes, gruesos anteojos y audífonos. Estuvo en estas condiciones durante mil 307 días. Sólo se le permitía contacto con sus interrogadores, quienes perforaban la privación sensorial extrema con saturación sensorial, bombardeándolo con intensas luces y sonidos. Padilla dice que le inyectaron «suero de la verdad», sustancia que sus abogados creen que era LSD o PCP.

Según sus abogados y dos especialistas de salud mental que lo examinaron, quedó tan destrozado que carece de la capacidad para asistir en su propia defensa. Está convencido de que sus abogados son «parte de un programa de interrogación que continúa» y ve a quienes lo tienen cautivo como sus protectores. Para poder probar que «la prolongada tortura que sufrió lo dejó dañado», sus abogados le quieren decir al tribunal lo que pasó durante esos años en la cárcel naval. La fiscalía se opone enérgicamente y asegura que «Padilla es competente», que su tratamiento es irrelevante.

La jueza de distrito estadunidense Marcia Cooke no está de acuerdo: «No es como si Padilla hubiera estado viviendo en una caja. Estaba en un lugar. Le ocurrieron cosas en ese lugar», y ha ordenado que varios empleados de la prisión testifiquen en las audiencias sobre su estado mental, las cuales comenzaron ayer. Se les preguntó cómo es que un hombre que supuestamente estaba involucrado en elaborar complots antigubernamentales ahora actúa, según el personal de la cárcel naval, «como un mueble».

Es difícil exagerar la importancia de estas audiencias. Las técnicas usadas para «quebrar» a Padilla son el procedimiento operativo estándar en Guantánamo, desde que llegaron los primeros prisioneros hace cinco años. Portan anteojos negros y audífonos que no dejan pasar el sonido y son colocados en prolongado aislamiento, interrumpidos por luz estroboscópica y música heavy metal. Estas mismas prácticas fueron documentadas en docenas de casos de la CIA extraordinary rendition (1), así como en prisiones en Irak y Afganistán.

Muchos han sufrido los mismos síntomas que Padilla. Según James Yee, ex capellán militar musulmán en Guantánamo, hay una sección de la prisión llamada Delta Block, para detenidos que fueron reducidos a un estado de delirio. «Me respondían en una voz infantil, hablando pura tontería. Muchos de ellos entonaban canciones estilo infantil, repitiendo la canción una y otra vez». Todo Delta Block estaba bajo vigilancia suicida las 24 horas.

Human Rights Watch mostró instalaciones de detención administradas por los estadunidenses cerca de Kabul, conocidas como la «prisión de la oscuridad» -diminutas celdas en completa oscuridad, con extraños y estruendosos sonidos-. «Muchos enloquecieron», recordó un ex prisionero. «Escuchaba a gente golpear sus cabezas contra las paredes y las puertas.»

Estas técnicas estándar para quebrar la mente nunca se han enfrentado al escrutinio de un tribunal estadunidense porque los prisioneros en las cárceles son extranjeros y fueron despojados del derecho de habeas corpus, una denegación que, escandalosamente, acaba de ser ratificada por una corte federal de apelaciones en Washington DC. Sólo hay una razón por la cual el caso de Padilla es diferente: es ciudadano estadunidense. Originalmente la administración no pretendía enjuiciar a Padilla, pero cuando su estatus como enemigo combatiente fue cuestionada por sus defensores ante la Suprema Corte, la administración abruptamente cambió de curso, presentó cargos contra Padilla y lo transfirió a custodia civil. Eso hace que el caso Padilla sea único: es la única víctima del inframundo legal posterior al 11 de septiembre de 2001 que enfrenta un juicio estadunidense común.

Ahora que el estado mental de Padilla es el tema central del caso, los fiscales tienen un problema. La CIA y los militares saben, desde principios de los años 60, que una privación sensorial extrema y una saturación sensorial provocan una desintegración de la personalidad; de eso se trata. «La privación de estímulos induce a una regresión; al privar la mente del sujeto del contacto con el mundo exterior lo obliga a sumirse dentro de sí mismo. Al mismo tiempo, la calculada provisión de estímulo durante el interrogatorio tiende a hacer que un sujeto que sufre regresión vea al interrogador como una figura paterna». Eso proviene de Interrogatorio de contrainteligencia de Kubark, un desclasificado manual de la CIA para interrogar «fuentes renuentes», de 1963.

El manual se basaba en los hallazgos del tristemente célebre programa «MK Ultra» de la agencia, el cual, durante los años 50, canalizó cerca de 25 millones de dólares a científicos para investigar «inusuales técnicas de interrogación». Uno de los siquiatras que recibió fondos de la CIA fue el tristemente célebre Ewen Cameron, de la Universidad McGill, de Montreal. Cameron sometió a cientos de pacientes siquiátricos a grandes dosis de electroshock y de privación sensorial total y los drogó con LSD y PCP. En 1960, Cameron impartió un discurso en la base de la Fuerza Aérea Brooks, en el cual declaró que la privación sensorial «produce los principales síntomas de la esquizofrenia».

No hace falta ir tan atrás para probar que los militares estadunidenses sabían perfectamente bien que estaban enloqueciendo a Padilla. El manual de campo del ejército, que volvieron a publicar el año pasado, declara: «La privación sensorial puede resultar en una extrema ansiedad, alucinaciones, pensamientos bizarros, depresión y comportamiento antisocial», así como una «significativa angustia sicológica». Si estas técnicas enloquecieron a Padilla, eso significa que el gobierno estadunidense ha enloquecido intencionalmente a cientos, quizá miles, de prisioneros en el mundo. Lo que se está juzgando en Florida no es sólo el estado mental de un hombre. Es todo el sistema de tortura sicológica estadunidense.
Nota de la traductora
1) Término usado en la práctica de la CIA de secuestrar y encarcelar en secreto a extranjeros en cualquier parte del mundo.

Traducción de Tania Molina Ramírez