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Diamantes sin mapas

Liberia, la ONU, sanciones, diamantes y el Proceso de Kimberly

Fuentes: Znet en español

Mr. Faulkner se había ganado el difícil respeto de todo el mundo en Liberia… se había gastado todo su dinero… luchando contra un presidente tras otro bajo la égida de la reforma. «Pero no» dijo el señor Nelson… «no nos gusta Faulkner». Tras unos instantes encontró suficiente energía para explicar, «es que él tiene una […]

Mr. Faulkner se había ganado el difícil respeto de todo el mundo en Liberia… se había gastado todo su dinero… luchando contra un presidente tras otro bajo la égida de la reforma. «Pero no» dijo el señor Nelson… «no nos gusta Faulkner». Tras unos instantes encontró suficiente energía para explicar, «es que él tiene una idea». «¿Qué idea?» pregunté, «Nadie lo sabe», dijo el señor Nelson, «pero no nos gusta».

– Graham Greene, Journey Without Maps.

Más allá de las depravaciones (sic) de la guerra y los refugiados, la larga y constante destrucción de la infraestructura gubernamental ha sumido a los liberianos en una insalubridad y desnutrición crónicas, así como en una educación precaria. Los ciudadanos luchan en el día a día y tienen poco tiempo o energía para intentar alguna forma de participación ciudadana con sentido en la vida política del país. La brutalidad con que se ha tratado cualquier oposición política durante décadas ha hecho que la mayoría de ciudadanos tengan miedo de participar en el proceso político.

– Liberia: El rol de la sociedad civil en la transición política

Introducción

Los diamantes han estado en el centro de la pesadilla de África Occidental durante más de una década. Han ayudado a financiar la ofensiva de catorce años que llevó a cabo el anterior presidente Charles Taylor en Liberia, así como sus aventuras militares en Sierra Leona, Guinea y Costa de Marfil. Han servido de motor para la horrible guerra que, durante diez largos años, ha llevado a cabo el Frente Unido Revolucionario (Revolutionary United Front, RUF) en Sierra Leona. En la década de los cincuenta Liberia se convirtió en una importante vía para los diamantes ilícitos procedentes de casi toda África, y para mediados de los noventa se había convertido en el país de procedencia de miles de millones de dólares en gemas robadas.

Junto con UNITA en Angola, Liberia fue virtualmente la inventora de los «diamantes sangrientos». Las guerras dentro y alrededor de Liberia y Angola fueron la razón de la creación del Proceso de Kimberley y su aceptación en todo el mundo como sistema de certificación para los diamantes en bruto. La conexión de los diamantes fue una de las razones más prominentes para la creación de paneles de expertos de Naciones Unidas en Angola, Sierra Leona y Liberia, con el fin de determinar cómo los embargos sobre armas impulsados por la ONU estaban siendo alterados. Los diamantes han sido un tópico en las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas durante casi una década. Fue precisamente a causa de las guerras financiadas por el tráfico de diamantes el que hubiera a finales de Marzo de 2004 más de veintiséis mil efectivos de tropas de paz de Naciones Unidas en Sierra Leona y Liberia, con un presupuesto combinado para el 2003 y 2004 de mil cien millones de dólares.

A día de hoy el problema de los diamantes en Liberia ha sido eclipsado por el negocio del mantenimiento de la paz, la transición política y la reconstrucción. La industria de los diamantes fue una ocurrencia de última hora en el último plan de desarrollo quinquenal que intentó implementar el gobierno de Taylor, ocupando un cuarto de página en un documento de ciento cuarenta y ocho. Y aún se le dio menor cobertura en el Informe de Necesidades de febrero de 2004 elaborado conjuntamente por la ONU y el Banco Mundial. En él, la palabra diamante aparece tan solo una vez, bajo el epígrafe de «Explotaciones forestales, industrias de extracción y gestión de recursos naturales». Y de una propuesta bienal con un presupuesto de cuatrocientos ochenta y ocho millones de dólares – cuya mayor parte estaba ya garantizada en forma de generosas donaciones – ni un solo dólar fue destinado al asunto de los diamantes. Aparentemente se asume que la creación de una nueva legislación diamantífera, en gran medida copiada de las leyes de otros países, y la edición de un brillante y nuevo certificado Kimberley, es todo lo que se requiere para rehabilitar la industria diamantífera de Liberia, permitiendo al país convertirse en un miembro del sistema que se diseñó para proteger al mundo no sólo de la idea de los «diamantes sangrientos», sino precisamente de países como Liberia.

Este artículo expone cómo mientras los diamantes representan una pequeña parte de la economía de posguerra liberiana, están fuertemente presentes en el esquema político del país y mantienen su enorme potencial de desestabilización nacional y regional. La reinserción de Liberia en el comercio mundial de diamantes debe ser gestionada con profesionalidad y con cautela. El Consejo de Seguridad de la ONU, el UNMIL, el Gobierno Nacional Transitorio de Liberia y el Proceso de Kimberley tienen mucha responsabilidad en la materia. Con precaución e inteligencia, los diamantes podrían convertirse en la fuente de ingresos legítimos para muchos miles de liberianos, y Liberia podría llegar a ser un miembro respetado del Proceso de Kimberley. No obstante, una aproximación superficial a esta materia podría configurar un escenario de futura desestabilización, y socavar las masivas inversiones en el mantenimiento de la paz y la reconstrucción; no solo en Liberia, sino en toda la región.

Repaso Histórico

Tras muchos años de devastadoras guerras – empezando por las incursiones armadas de los rebeldes la nochebuena de 1989 – Liberia parece estar finalmente en el camino de la paz y la estabilidad. Charles Taylor, quien inició la guerra y después dirigió el devastado país tras las elecciones amañadas de 1997, fue exiliado a Nigeria en agosto de 2003, con una orden de captura internacional pendiente sobre su cabeza. Esto ocurrió poco después de recibir una condena por crímenes de guerra por el Tribunal Especial de Sierra Leona respaldado por la ONU. Una gigantesca fuerza militar de la ONU de más de quince mil efectivos acaba de ser desplegada en el país; y el desarme de las milicias liberianas estimadas en cuarenta y cinco mil hombres, suspendido tras unas negociaciones fallidas en diciembre de 2003, se reanudó en abril de 2004. Estas son buenas razones para un cauteloso optimismo.

Sin embargo los retos son abrumadores, y requerirá muchos años de presencia y de apoyo internacional sostenidos para reconducir el país. Algunas estimaciones calculan en casi doscientos mil los liberianos muertos por la guerra, proporción mayor respecto a su población de tres millones que la de polacos muertos durante la Segunda Guerra Mundial. Otros cientos de miles de liberianos salieron del país, incluyendo un gran número de la ya escasa clase educada y profesional. Hasta cuatrocientos cincuenta mil liberianos eran aún refugiados en los países vecinos casi un año después del fin de las hostilidades. Prácticamente todos los ciudadanos han experimentado algún tipo de desplazamiento o traslado, y apenas hay liberianos que no conozcan a nadie que muriera en la guerra. La infraestructura del país, incluyendo los edificios públicos y otros equipamientos, está totalmente en ruinas.

Liberia, fundada en 1822 por esclavos liberados procedentes de EEUU, nunca ha tenido una existencia feliz. Hasta 1980 era dirigida por una corrupta y autoperpetuada élite Americo-Liberiana que redujo la población indígena a un estado de servilismo. Un sangriento golpe militar en 1980 terminó con la larga dominación de ésta élite. Liderada por el Sargento mayor Samuel Kanyon Doe, el golpe no nacía de ninguna movilización popular e indígena genuina. Amos Sawyer, el intelectual liberiano más conocido, ha reflejado que aunque los golpistas «eran todos de raíces indígenas, sólo unos pocos habían crecido en sus áreas comunales o habían sido educados en los valores indígenas». Como resultado, «muchos de ellos eran parte de la subcultura urbana desempleada, y reflejaban la suspicacia y oportunismo característicos de este grupo social… Dos impulsos parecían dominar la conducta [de los golpistas]. El primero era el impulso a gobernar de forma brutal y tiránica con una fácil tendencia al uso de las ametralladoras; el segundo era satisfacer las ambiciones personales a base de asaltos armados no sólo al tesoro público, sino a los propios ciudadanos.»

El régimen de Doe estaba imbuido de una brutalidad rayana en lo psicótico, asesinando a oponentes y llevando a cabo purgas étnicas. El país implosionó en una Guerra civil en 1989, después de que uno de los antiguos oficiales de Doe, Charles Ghankay Taylor – que había huido de Liberia tras ser acusado de robar novecientos mil dólares del estado – lanzara una ofensiva armada con el objetivo de derrocar a Doe. La insurrección en seguida se tornó en purgas étnicas, vandalismo y pillaje a gran escala, conduciendo a la creación de la primera economía de señores de la guerra del África Occidental y extendiendo la violencia a los países vecinos. El pillaje de los ricos recursos primarios de la región – primero madera y caucho y más tarde diamantes – se convirtió en el sostén de la insurrección de los señores de la guerra de Taylor. En enero de 2000, la Sociedad Canadiense Africana (Partnership Africa Canada, PAC) publicó un estudio donde hacía recaer la responsabilidad de la larga guerra de Sierra Leona en Taylor, quien fue mentor, sostén y director de la nihilista guerrilla del Frente Unido Revolucionario (RUF) durante diez años, y saqueó los recursos diamantíferos de Sierra Leona para sus propios fines personales y políticos. El informe destacó que Liberia se había convertido en «un mercado central de diamantes, armas, lavado de dinero, terror y otras formas de crimen organizado. Las astronómicas cifras de sus exportaciones de diamantes no guardan relación con su limitada base de recursos primarios.» Una posterior investigación de la ONU el mismo año amplificó los hallazgos de la PAC, y recomendó adecuadas sanciones a Liberia, incluyendo un veto a sus exportaciones de diamantes y madera, así como la prohibición de viajes internacionales a los agentes del gobierno de Liberia, incluyendo al presidente Taylor.

Dos fases

Los liberianos distinguen dos fases en la guerra civil de Taylor. La primera la constituye la lucha que empezó en 1989 y terminó, tras más de una docena de acuerdos de paz fallidos, con las elecciones que llevaron a Taylor al poder en 1997. La segunda fase empezó en 2001, tras la aparición de Liberianos Unidos para la Reconciliación y la Democracia (Liberians United for Reconciliation and Democracy, LURD), que fue creada por remanentes de facciones irreductibles de opositores a Taylor. LURD fue apoyada activamente desde Guinea, quien durante el año 2000 había repelido incursiones armadas instigadas por Taylor en las regiones forestales del sudeste del país ricas en diamantes. En septiembre de 2002, el estallido de la violencia alcanzó Costa de Marfil tras un golpe fallido, y tres facciones rebeldes emergieron poco después. Dos de ellas, que operaban en las zonas del oeste del país que rodea a Liberia, estaban compuestas b ásicamente por antiguos miembros del RUF y de soldados liberianos. Como reacción, las autoridades de Costa de Marfil armaron y apoyaron una facción del LURD con el nombre de Movimiento por la Democracia y las Elecciones (Movement for Democracy and Elections, MODEL). Para julio de 2003, estas fuerzas rebeldes (LURD y MODEL) estaban asediando Monrovia. Con el país abocado de nuevo a una catástrofe humanitaria, la Comunidad Económica de los Países del África Occidental (ECOWAS) inició negociaciones en Accra, juntando a los líderes rebeldes y al presidente Taylor. En agosto de 2003 se firmó un «amplio acuerdo de paz», que mostraba su «grave preocupación… por la guerra civil… [que ha llevado] a la pérdida de innumerables vidas humanas, a la destrucción de nuestras infraestructuras y propiedades, y a desplazamientos masivos de nuestra población», anunciaba un cese inmediato de las hostilidades y ponía las bases de un gobierno interino de coalición que comprendía a LURD, MODEL, y algunos restos del gobierno de Taylor y de la sociedad civil. Taylor renunció al poder el 11 de Agosto de 2003 y se exilió a Nigeria. El Gobierno Nacional Transitorio de Liberia (NTGL) fue establecido bajo la presidencia del hombre de negocios Gyude Bryant, y una fuerza de paz de la ONU (la Misión en Liberia de las Naciones Unidas, UNMIL) empezó a desplegarse el 1 de octubre de 2003.

El gobierno Nacional transitorio de Liberia (NTGL)

En el papel, el NTGL aparece como una pasmosa coalición de antiguos enemigos. El ministro de defensa, Daniel Chea, tuvo el mismo cargo bajo Taylor; el ministro de economía del desarrollo, J. Laveli Supuwood, un abogado que estudió en la universidad de Detroit, es un antiguo protegido de Taylor, con quien rompió de forma llamativa para acabar convirtiéndose en su acérrimo enemigo y uniéndose al LURD. Los miembros de MODEL, técnicamente enemigos de ambos, se quedaron a su vez con importantes carteras ministeriales (como la de Exteriores). De hecho, existe poco rencor entre estos antiguos «enemigos». El único cisma real en el país se encuentra hoy día entre los líderes de estas facciones, quienes gozan de posiciones bien confortables en Monrovia, y sus empobrecidos y abandonados combatientes, desesperados por desarmarse a fin de cobrar las irrisorias sumas que otorga el UNMIL a cambio de las armas. En otras palabras, la guerra civil fue en gran medida una empresa mercenaria y oportunista que carecía de ideología y con poca base étnica.

Por lo demás, la política de Liberia apenas ha cambiado desde que el escritor inglés Graham Greene la visitara en los primeros años treinta y escribiera un libro de viajes describiendo una configuración bizantina que confunde más que explica. «La política en Liberia era como un juego trucado jugado con los dados amañados», escribió Greene. «Había una especie de ley no escrita en la que el presidente podía estar dos legislaturas y luego tenía que dejar entrar a otro hombre para que recogiera las migajas. Era una cuestión de control… los periódicos eran suyos; y aún más importante, él mismo imprimía y distribuía las papeletas electorales. Cuando King regresó en 1928 tenía una mayoría sobre su oponente… de seiscientos mil votantes, aunque el conjunto electoral total sumaban menos de quince mil». Cuando Greene se encontró con el presidente, «la África encantadora, vívida y tranquila desaparecía, y a uno le dejaban con el trato afable y la retórica… mucha retórica… ‘Una vez elegido, [dijo el presidente] y a cargo de la máquina… pues bien, ahora la función la dirijo yo.'»

La principal diferencia hoy día es que «el director de la función» no es el afable presidente Bryant, sino Jacques Paul Klein, el representante especial del secretario general de Naciones Unidas y la cabeza política de UNMIL. El NTGL no tiene dinero, ni ejército, ni controla ningún territorio: es un arreglo simbólico para dar color local al proceso de transición propuesto en el acuerdo de Accra, que establece el procedimiento de desarme y la convocatoria de elecciones para octubre de 2005. Klein – y hasta cierto punto el embajador de EEUU John Blaney (país que representa el principal donante bilateral de Liberia) – dominan la escena política. La clase política liberiana está fragmentada y desorganizada, con al menos dieciséis aspirantes presidenciales esperando tomar parte en las próximas elecciones. La más importante de ellos es Ellen Johnson Sirleaf, una veterana política y activista social que encabeza el Partido de la Unidad. Jonson-Sirleaf es actualmente la cabeza de la Comisión de Reforma del Gobierno creada por el acuerdo de Accra. Con plena conciencia de esta fragmentación, Johnson Sirelaf y otros líderes políticos están trabajando para estrechar las coaliciones políticas de cara a las elecciones. Esto puede funcionar. Liberia tiene una sociedad civil vibrante, hay al menos veintinueve periódicos en el país, aunque todos ellos son pequeñas publicaciones de Monrovia con no más de quinientos ejemplares por número y regentadas y editadas por los mismos propietarios. También hay numerosas organizaciones de derechos humanos y de otros tipos. A pesar de, o quizás a causa de esta diversidad, Liberia podría emerger de la guerra civil con un gobierno más transparente y responsable que cualquiera de los anteriores.

Diamantes De Liberia

Los diamantes fueron descubiertos en Liberia justo antes de la Primera Guerra Mundial, pero los primeros equipos de prospección no fueron enviados hasta 1925 por el gigantesco Trust de Selección Africana Consolidada (Consolidated African Selection Trust, CAST), de capital británico. Pero éstos no informaron de ningún descubrimiento comercialmente relevante. En 1933 la Corporación Holanda (Holland Syndicate) informó de hallazgos diamantíferos en el área de Koenbong, cerca de la frontera con Sierra Leona. La Corporación Holanda se gastó cerca de cuarenta mil libras esterlinas en prospecciones, y en 1934 ofreció vender sus concesiones a CAST. Sin embargo en CAST se mostraban escépticos, y en su lugar ofrecieron trabajar las minas de diamantes conjuntamente y compartir los beneficios; con lo cual se firmó el acuerdo. Una compañía minera gubernamental operando en esas mismas fechas informó de un total de sólo trescientos sesenta y cinco dólares en exportaciones de diamantes durante 1936 y 1937. CAST dejó el país tras el fracaso de alcanzar un acuerdo con el gobierno de Liberia en cuestiones de minería. No fue hasta 1950 que los traficantes de diamantes empezaron a entrar en Liberia, sobretodo por los grandes descubrimientos en las vecinas Sierra Leona y Guinea. En 1957, más de un millón de quilates de diamantes fueron exportados oficialmente de Liberia, una gran proporción de estos sin duda traídos de contrabando desde Sierra Leona y Guinea. Después de que las autoridades de Sierra Leona instituyeran controles más rígidos en las actividades mineras diamantíferas durante los años sesenta y setenta, las exportaciones de diamantes liberianos fluctuaron; como media el país exportó solo pequeñas cantidades de diamantes, en gran parte de poco valor y con destino industrial. Para mediados de los años ochenta, los prospectores habían desistido de Liberia como productor de diamantes con viabilidad comercial.

La actividad minera de Liberia es enteramente artesanal. Las reservas de diamantes son de origen aluvial, aunque la compañía canadiense Mano River Resources, con una presencia de cinco años en Liberia, ha anunciado recientemente que existen depósitos de kimberlita en el oeste del país, cerca de la frontera con Sierra Leona. En mayo de 2004 la compañía anunció que había adquirido una licencia de exploración de la zona por parte del gobierno liberiano. El mes anterior, la compañía de Vancouver Diamond Fields Internacional Ltd. anunció que había obtenido «dos licencias de exploración en Liberia, una de las cuales es una prospección de diamantes y la otra de oro». El área de la concesión cubre aproximadamente unos dos mil kilómetros cuadrados en el condado de Nimba, en el noroeste de Liberia, zona de minería aluvial extensiva y artesanal, aunque Diamond Fields dice que la compañía se concentrará en «la exploración de kimberlita».

Una de las iniciativas mineras más controvertidas que haya tenido lugar en Liberia los últimos años ha sido la del afamado tele evangelista estadounidense Pat Robertson, Freedom Gold Ltd., y sus relaciones con Charles Taylor. La compañía firmó un «acuerdo de desarrollo minero» con el gobierno de Taylor en abril de 1999, bajo el cual la compañía debía darle un tres por ciento de los beneficios de la «prospección, extracción y exportación de minerales» (diamantes y oro) de Liberia en concepto de derechos de explotación. La legislatura liberiana rehusó ratificar el acuerdo, pero la explotación siguió a pesar de todo. Freedom Gold Ltd. inició un proyecto de minería en el sureste del país al año siguiente. Además se hizo evidente que los tratos de la compañía con Taylor incluían la propiedad del diez por ciento para el presidente excluyendo los derechos de explotación y las comisiones de alquiler. En apariencia, Robertson estaba tan satisfecho con el acuerdo que tras la condena a Taylor en 2003, cuando el presidente de EEUU G.W.Bush (a quien Robertson admira y apoya fervientemente) exigió la dimisión de Taylor, Robertson lo criticó acusándole de «derrocar a un presidente baptista cristiano [Taylor es descaradamente baptista] para dejar paso a los rebeldes musulmanes». Freedom Gold Ltd.sigue siendo una compañía registrada en Liberia.

Por más de un siglo, la industria diamantífera en todas partes se ha caracterizado por la especulación y los prematuros anuncios de éxito hechos por nuevas compañías. Los yacimientos diamantíferos más valiosos conocidos en Liberia se encuentran en las regiones occidentales y noroccidentales (Grand Cape Mount, Bbarpolu – antiguamente baja Lofa- y condados). De los veinte distritos mineros de Liberia, trece se sitúan en estas regiones. A pesar de los miles de millones de dólares en importaciones belgas de diamantes provenientes de Liberia durante los años noventa, las exportaciones diamantíferas oficiales del país nunca han sido altas. Las mejores estimaciones de la capacidad productiva raramente exceden los diez millones de dólares anuales, y esa cifra, de hecho, nunca se ha alcanzado. En comparación con otros países, los diamantes liberianos son de relativa baja calidad: un 40% calidad de gema, comparado con el 70% de Sierra Leona y el 80% en Guinea. Las exportaciones oficiales de Liberia durante 1999 sumaron un total de ocho mil quinientos quilates. El Ministerio de Tierras, Minas y Energía estima que esa cifra representaba tan sólo un diez o quince por ciento de lo que salió del país durante ese año, y el total aún habría sido bajo. En el año 2000, la producción de diamantes se incrementó a 22.112 quilates, representando un aumento del 162.1% sobre el año 1999. El primer cuatrimestre del 2001, las exportaciones de diamantes se volvieron a incrementar en un 78.5% sobre el correspondiente cuatrimestre de 2000. Pero éstas son aún cantidades nimias, insignificantes en comparación con Sierra Leona, quien según el estándar mundial tiene una pequeña industria diamantífera propia. Desde mayo de 2001, después de las sanciones de la ONU a los diamantes liberianos, oficialmente no ha habido exportaciones de diamantes procedentes de Liberia, y las estadísticas del Banco Central no muestran transacciones. Curiosamente, aunque oficialmente Liberia no exportaba diamantes, en 2002 existían tres compañías exportadoras: MARS Diamonds, la Empire Diamond Company, y Diandorra Minerals. Además había doce agencias reconocidas de diamantes y diez importantes corredores de diamantes operando en el país.

Según el «Decreto de Adopción de una Nueva Ley de Minerales y Minas», aprobado el tres de abril de 2000, para obtener una licencia minera en Liberia el solicitante debe dirigirse al Ministerio de Tierras, Minas y Energía y pagar una cuota de diez mil dólares para trabajar un complejo minero de cien kilómetros cuadrados. El solicitante también debe pagar un alquiler de la superficie de 6.776 dólares, unos impuestos del 35% y un impuesto por el empleo de trabajadores. La ley sobre minerales y minería en Liberia exige que cualquiera que quiera introducirse en la compra y venta de diamantes, ya sea para la reventa local como para la exportación, envíe una solicitud al susodicho ministerio para obtener una licencia. Sólo los liberianos están autorizados por ley a iniciar un negocio de compra y venta de diamantes en el mercado local. Pero los extranjeros y los liberianos que tengan capacidad de comprar diamantes para el mercado internacional pueden hacerlo una vez hayan cumplido los requisitos. Un comprador del mercado local debe pagar una cuota anual de 750 dólares; un exportador, 14.000 dólares, más el 3% del valor añadido en conceptos de derechos. Más aún, el individuo o compañía debe tener una cantidad no menor a 50.000 dólares en el banco a modo de garantía.

Estas cifras son importantes ya que muestran que aunque Liberia pudiera exportar todo su potencial anual diamantífero con un valor de diez millones de dólares – diez veces el volumen de los últimos años- los beneficios del gobierno seguirían siendo muy bajos. El gravamen del 3% a las exportaciones generaría unas ganancias de solo 200.000 dólares, y otras tasas podrían generar unos 200.000 dólares adicionales. Ello tiene implicaciones muy serias en la capacidad del país para establecer y pagar un sistema de certificación Kimberley homologado.

Antes de la Guerra el comercio diamantífero estaba dominado (en número de comerciantes) por miembros de la etnia Mandingo (Marakas), quienes disfrutaban de muchos derechos y también se responsabilizaban de la gran mayoría de los que estuvieran involucrados en la compraventa. Pero los comerciantes libaneses, con mejores facilidades financieras y mejores contactos, controlaban gran parte del comercio comprando gemas de mineros y Marakas y revendiéndolos a compradores internacionales, especialmente europeos. Una cantidad significativa de piedras se comerció de contrabando. Bajo el régimen de Taylor, el presidente de Liberia controlaba oficialmente el comercio diamantífero. La Ley Estratégica de Bienes otorgaba al presidente autoridad total para negociar y aprobar cualquier tratado o acuerdo en nombre del gobierno. El funcionario local de minas tenía que ser informado de todos los hallazgos de las operaciones mineras. El cargo de Inspector General de Minas era el más importante del país en el comercio. Todos los hallazgos debían recibir su aprobación directa o indirecta a través de funcionarios antes de que pudieran venderse. De manera adicional se obligaba a las minas a entregar cierto porcentaje de sus hallazgos, que en algunos casos eran confiscados por el inspector general, quien informaba directamente al presidente. Bajo este acuerdo, el ministro de tierras y minas jugaba solo un rol marginal en las exportaciones de diamantes.

Hoy día, el ministerio, al igual que otras instituciones gubernamentales, está seriamente degradado. Un gran número de sus empleados huyeron durante la guerra o fueron asesinados. El nuevo ministro, Jonathan Mason, es un geólogo con buen conocimiento de los temas mineros y de los retos a los que se enfrenta su ministerio simplemente con intentar renovar la burocracia. Piensa que desplegar una legislación y unos mecanismos de control efectivos y razonables, así como actividades diamantíferas compatibles con el Proceso de Kimberley, llevará de seis meses a un año tras el desarme.

Sanciones De La ONU

Un asunto de gran sensibilidad y preocupación para todos los liberianos, independientemente de su afiliación política, son las sanciones de la ONU impuestas en el país durante el cenit del poder de Taylor en 2001. Las sanciones, como se ha comentado, fueron recomendadas a finales del 2000 por un panel de expertos que investigaba los vínculos de Liberia con el RUF de Sierra Leona. El panel estableció que estos vínculos se basaban en negocios ilegales de diamantes y armas entre el presidente Taylor y el RUF, así como la explotación criminal de los recursos forestales de Liberia. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas impuso un embargo a las exportaciones de diamantes de Liberia, un veto a los viajes de los funcionarios liberianos y sus familias incluyendo a Taylor, y un veto a la importación de armas. Tras tres revisiones anuales, las sanciones han seguido en pie. Una cuarta revisión tuvo lugar Abril de 2004 con la llegada de un panel de siete técnicos de la ONU que estuvo dos semanas en el país.

La arruinada NTGL está deseando que les levanten las sanciones, aunque no tiene ningún control sobre los territorios en las que tienen vigencia, como las áreas mineras del condado Nimba. The Analyst, uno de los mejores periódicos de Liberia ha sido más ambivalente. A la vez que comentaba en una editorial «las condiciones en el país son tan rigurosas que ningún ciudadano está dispuesto a aguantar otro año más de unas sanciones que han hecho de todo menos conseguir el objetivo que se planteaba» (en referencia a la resignación forzada de Taylor), prefería «no esperar una situación en la cual las sanciones fueran perdiendo fuerza sin poner en su lugar las necesarias medidas de protección de los bosques y los recursos naturales de Liberia». Aunque «desesperados por ahora», el periódico concluía que los liberianos «aún ansían un futuro seguro».

La principal razón por la que un asunto aparentemente sin ambages sigue siendo tan sensible, especialmente en lo que se refiere a los diamantes, se explica por la larga historia de Liberia en el contrabando de diamantes robados en países vecinos, un fenómeno que acabó depredando al propio Taylor. También tiene que ver con la capacidad de Liberia de conquistar los requisitos mínimos del Esquema de Certificación del Proceso de Kimberley (KPCS), y si se le permitirá comerciar con sus diamantes en el mercado internacional junto a otros participantes.

El Consejo de Seguridad y el Proceso de Kimberley

En marzo de 2001, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas impuso un embargo a los diamantes exportados de Liberia, estableciendo que «todos los estados deberán tomar las medidas necesarias para prevenir la importación directa o indirecta de todos los diamantes en bruto de Liberia, independientemente de si éstos tuvieron su origen en dicho país». El embargo se extendió y se revisó de nuevo en 2003, momento en el que el Consejo de Seguridad añadió la prohibición de la exportación de madera de Liberia, extendió la prohibición a los diamantes procedentes de Liberia durante mayo de 2004, y llamó la atención al gobierno de Liberia para que «estabezca un certificado de origen efectivo para los diamantes en bruto que sea transparente, internacionalmente verificable y totalmente compatible con el Proceso de Kimberley.»

Con el advenimiento de un acuerdo de paz y el establecimiento de un gobierno transitorio en Liberia, en diciembre de 2003 el Consejo de Seguridad reiteró la prohibición a los diamantes liberianos e insistió en sus avisos al gobierno para que estableciera un certificado de origen «con visos a unirse al Proceso de Kimberley». La nueva resolución expresaba la buena disposición para terminar con la prohibición de los diamantes en el momento en que el comité que supervisaba los asuntos liberianos, «siguiendo el consejo de expertos, decida que Liberia ha establecido un régimen de certificación de origen efectivo, transparente e internacionalmente verificable para los diamantes en bruto». Se «animaba» al NTGL a tomar pasos en dirección a adherirse al Proceso de Kimberley cuanto antes.

Existen, no obstante, diversas dificultades que deben superarse si se quiere arreglar el problema de Liberia y los diamantes:

1. El Proceso de Kimberley no puede atender a una solicitud para convertirse en miembro procedente de un país que esté bajo un embargo de Naciones Unidas. Técnicamente, el embargo debe de ser levantado antes de que se pueda aceptar a un miembro del KPCS.

2. El KPCS requiere que el potencial participante esté dispuesto y sea capaz de cumplir los estándares mínimos del sistema de regulación de diamantes en bruto. La capacidad de cumplir estos mínimos incluye la promulgación de una legislación y una regulación apropiadas así como la obtención de un certificado del Proceso de Kimberley con unas normas de seguridad pactadas.

Si bien Liberia puede ser capaz de producir un certificado y una legislación aceptables en un futuro próximo, la duda surge en si dicha regulación puede hacerse cumplir, y en si se puede pagar un sistema Kimberley.

El Comodín: Charles Taylor

En junio de 2003, mientras atendía a las negociaciones frustradas de ECOWAS en Accra, Charles Taylor fue acusado por el tribunal especial de Naciones Unidas para Sierra Leona por «tener la mayor responsabilidad» en crímenes de guerra cometidos en la larga guerra en ese país. Los diecisiete cargos incluyen asesinatos, esclavitud sexual, violaciones y el uso de tropas infantiles. Se dijo que Taylor había comerciado con armas con el RUF – que él mismo ayudó a crear – embolsándose los beneficios mientras fortalecía al grupo. Durante la promulgación de la acusación, el fiscal del tribunal David Crane dijo: «mi oficina recibió un mandato internacional por parte de Naciones Unidas de seguir las pistas con imparcialidad hasta donde lleven. Y llevan claramente a Taylor».

Sin embargo Taylor no fue entregado al tribunal. Un trato al que llegaron los líderes de África Occidental permitió a Taylor exiliarse a Nigeria. Una orden de arresto internacional contra él sigue en pie, y el Congreso de EEUU ha ofrecido una recompensa de dos millones de dólares a quien pueda entregar a Taylor al tribunal.

La idea de que se trate de evitar que Taylor comparezca ante el tribunal e es descabellada. El presidente nigeriano Olusegun Obansajo ha dicho que entregara Taylor a Liberia si se lo pide el gobierno de ese país. Pero el tema no es si Nigeria debería entregar a Taylor a Liberia, o si Nigeria necesita el permiso de Liberia para cumplir con sus obligaciones internacionales. El tema es si Nigeria, un miembro de Naciones Unidas, de la INTERPOL que ha publicado la orden internacional de busca y captura, y un miembro del comité directivo del tribunal especial para Sierra Leona, debería entregar a Taylor al tribunal que le ha acusado. El primero de mayo de 2004, los presidentes de Guinea y Costa de Marfil solicitaron a Nigeria que hiciera precisamente eso, como también han hecho Amnistía internacional, Human Rights Watch y otras muchas organizaciones de derechos humanos.

En uno de sus discursos finales como presidente de Liberia, Taylor dijo: «Con la ayuda de Dios, volveré». Aquellos que lo conocen bien tienen pocas dudas de que con tiempo y recursos, lo acabará intentando.

Conclusiones

Liberia está en una encrucijada. Más de una década de guerra brutal y sin sentido ha dejado al país en ruinas. La pobreza y el desespero se hallan por toda la sociedad; el sistema educativo está destruido. La Universidad de Liberia fue saqueada varias veces durante la guerra, y en el momento en que se escribe este artículo permanece cerrada por falta de fondos. No hay electricidad ni agua corriente. Muchos edificios de Monrovia, tanto privados como públicos, fueron saqueados o incinerados. Más allá de Monrovia las condiciones son infinitamente peores. La simple reconstrucción de lo que fue destruido durante la guerra requerirá una inversión enorme de dinero y medios técnicos, dos cosas de las que actualmente carece Liberia.

En esta situación, el tema de las sanciones de la ONU, impuestas por el resultado de las fechorías de un líder odiado, está a flor de piel. Hay buenas razones para que se levanten las sanciones en este momento. El gobierno de Charles Taylor, objetivo original de las sanciones, ya no está en el poder; hay en su lugar un gobierno nuevo y más aceptable que, aunque débil y falto de recursos, se mantiene gracias al apoyo de la comunidad internacional y de una de las fuerzas de mantenimiento de la paz más numerosas del mundo. Con o sin sanciones, el contrabando ilícito de diamantes ha continuado en Liberia (aunque a pequeña escala), y aumentará una vez el desarme se haya completado. Mientras las sanciones sigan en pie y mientras Liberia esté excluida del Proceso de Kimberley, sus diamantes simplemente serán metidos de contrabando en el sistema internacional. Y a pesar de que los diamantes nunca otorgarán beneficios significativos al gobierno, representan un medio de ingresos para miles de familias que trabajan o podrían trabajar por ellos. Además hay un aspecto de imagen. EL gobierno estaría sin duda encantado de que se levantaran las sanciones lo antes posible como una señal de su propia legitimidad.

No obstante hay poderosos argumentos para tomar una actitud cautelosa. Liberia tiene una larga tradición de comercio de gemas robadas a sus vecinos, y se necesita una vigilancia gubernamental e independiente apropiada para asegurar que no vuelva a suceder. También se necesita una estimación realista de la capacidad productiva del país. Ello ha sido complicado en el pasado a causa de datos amañados o inverificables por parte de las compañías extractoras y de funcionarios del gobierno. El anuncio gubernamental de un hallazgo gigante en Paynesville durante el año 2000 y la subsiguiente fiebre minera son un buen ejemplo.

Por debajo de todos estos problemas está la ausencia de los niveles más básicos de gobernabilidad del país. Muchas áreas mineras están aún ocupadas por una u otra facción rebelde. Mucho territorio del interior se lo reparten MODEL y LURD, aunque el despliegue de la UNMIL ha otorgado algo de credibilidad al gobierno de Liberia. Las Fuerzas Armadas de Liberia (AFL), autodestruidas tras el derrocamiento de Taylor y que esencialmente se componen de su guardia personal, se han reorganizado en bandas que aterrorizan Monrovia de forma ocasional. El NGTL carece de una fuerza defensiva, y la policía es una institución muy degradada y decrépita tanto en apariencia como en capacidades.

Recomendaciones

1. Mantener el embargo a los diamantes. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debería extenderlo a los diamantes procedentes de Liberia hasta que el país sea completamente capaz de implementar el sistema de certificación del Proceso de Kimberley. El NGTL debería apoyar esta posición a fin de demostrar su buena fe en el establecimiento de controles adecuados.

2. Respecto al Proceso de Kimberley: el Consejo General de Naciones Unidas debería solicitar al Proceso de Kimberley, a petición del gobierno de Liberia, que revisara cualquier sistema propuesto por este país una vez sea desarrollado, con vistas a hacer una recomendación para que Liberia participe en el KPCS y que finalmente se levanten las sanciones.

3. Costes: asumiendo que la ocupación por parte de los rebeldes de las áreas diamantíferas se acabe, los cincuenta años de contrabando de diamantes a través de Liberia sólo se podrán contrarrestar a través de un sistema regulador eficiente. Ello bien puede llegar a costar un millón de dólares por año. Las donaciones deben hacerse a corto y medio plazo a fin de cubrir el coste de cualquier sistema regulador nuevo. Si se deja a Liberia a su libre albedrío en esta materia, fracasará.

4. Camping [práctica fraudulenta consistente en mantener el precio de un bien al mínimo hasta que se acerca la fecha de expiración de venta en el mercado de valores; aquí referido a la estabilización o control del «techo» comercial de los diamantes, N.del T.]: gestionar un posible sistema de certificación del Proceso de Kimberley en Liberia será complejo. Una vuelta a la situación pasada de ausencia de normas, con las tentaciones que acompañan una dirección laxa y un bien de alto valor arriesga una nueva desestabilización en Liberia, sus vecinos y toda la economía diamantífera del África Occidental. Esto no debe ocurrir.

Una forma de alentar a la industria de diamantes de Liberia manteniéndola en los parámetros apropiados es limitar las exportaciones del país a sus propios recursos conocidos, tanto en el volumen como en el valor de los diamantes a exportar. Cuando haya controlado las áreas diamantíferas y haya creado una legislación y un certificado de origen válidos, el gobierno de Liberia deberá solicitar una nueva misión de revisión de KPCS para estudiar si puede cumplir con sus estándares (como se comenta en la segunda recomendación), así como establecer un máximo de volumen y valor en la exportación de diamantes. Este límite podría ser revisado siempre que se dé un cambio significativo en la capacidad minera del país. Sin tal acuerdo, Liberia podría bien ser de nuevo presa de aquellos que querrían usar su nombre y su territorio para blanquear el robo de diamantes en otros países.

5. Un papel para ECOWAS: como la seguridad, los diamantes se han convertido en un asunto regional en el África Occidental. Los problemas se extienden no solo a los países vecinos a Liberia como Guinea, Sierra Leona y Costa de Marfil, sino a otros países más lejanos como Burkina Faso y Gambia. Nigeria, que ha llevado el peso del mantenimiento de la paz en la región, tiene un gran rol que jugar en asegurarse que los recursos diamantíferos de la región se gestionan correctamente, por el beneficio de los habitantes de los países mineros. Si bien ECOWAS ha tenido un papel importante en la finalización de los conflictos armados, ha actuado más sobre los síntomas que sobre las causas. ECOWAS debería considerar la posibilidad de una mayor involucración en los motivos económicos del conflicto, con vistas a mejorar la gestión de los recursos naturales -como los diamantes – por toda la región.

6. Entrega de Charles Taylor a las autoridades: El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debería exigir al gobierno de Nigeria la entrega de Taylor al tribunal especial de Sierra Leona. La continua capacidad de Taylor para evadir la justicia, aparentemente con la aprobación tácita del propio Consejo de Seguridad, manda un mensaje negativo a los Sierra Leoneses, Liberianos y otros que han sufrido en sus manos. EL NGTL debería también requerir que Taylor fuese llevado ante la justicia.

Traducido por Ricard Boscar y revisado por Inma Villarreal

La versión con las notas a pie de página y los datos se puede obtener solicitándola al autor, [email protected].