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Los biocombustibles: ¿una nueva revolución para África?

Fuentes: Oozebap

Parece que África despierte de una pesadilla para poder empezar con otra. Tras la conquista multinacional, esponsorizada por el neocolonialismo, de nuestros recursos petroleros, llega una nueva oleada de empresas «verdes» a las fértiles tierras africanas. El presidente de Senegal, y promotor del biocombustible, Abdoulaye Wade, lo ha llamado «una nueva revolución en África». Pero […]

Parece que África despierte de una pesadilla para poder empezar con otra. Tras la conquista multinacional, esponsorizada por el neocolonialismo, de nuestros recursos petroleros, llega una nueva oleada de empresas «verdes» a las fértiles tierras africanas. El presidente de Senegal, y promotor del biocombustible, Abdoulaye Wade, lo ha llamado «una nueva revolución en África». Pero desgraciadamente el daño será mucho mayor que sus beneficios. Las primeras opiniones en el movimiento global del biocombustible didujaban un escenario donde todos salían ganando. La razón ofrecida por los países ricos era que se dejaría de depender de las fuentes tradicionales de combustible si se invertía en la energía renovable proveniente de plantas. Así, según esta teoría, aseguraríamos que el carbón contenido en combustibles fósiles permaneciera a buen recaudo bajo tierra, reduciendo además el impacto del cambio climático.

A esto debía añadirse el hecho de que estos cultivos absorben y almacenan dióxido de carbono y, por consiguiente, ayudan al equilibrio de concentraciones de gas en la atmósfera. En los países del Sur, se prometió que el biocombustible aumentaría, además de los beneficios medioambientales, los económicos, al vender las cosechas a estos mercados verdes. Las evidencias actuales, sin embargo, han cambiado todas estas hipótesis. Mediante la conversión de tierras a gran escala para cultivos destinados a generar energía, el aumento del precio de los alimentos y la tergiversación de los informes científicos, las acciones gubernamentales son cada vez más engañosas.

Un estudio reciente publicado por la Africa Biodiversity Network reúne pruebas de que en Tanzania, Uganda, Zambia y Benín la puesta en marcha de proyectos caóticos puede conducir a un desastre ecológico y humanitario a gran escala. Timothy Byakola, por ejemplo, denuncia que existe un plan (que ya se ha puesto en marcha) para convertir un tercio de la mayor reserva natural de Uganda, la selva de Mabira, en terrero cultivable donde se plantará caña de azúcar para la producción de etanol. Según Byakola, el presidente ugandés Yoweri Museveni ha apoyado explícitamente este controvertido proyecto, ignorando la oposición de las comunidades afectadas. Las consecuencias de la deforestación de 7.100 hectáreas de una de fuente clave de agua para el río Nilo y el lago Victoria, y la repercusión en la población que reside en Mabira y que depende de los recursos de esta tierra, son enormes.

Protestas en Uganda contra los planes del gobierno. El resto de países que se analiza en el informe presentan situaciones similares, donde grandes extensiones de tierra cultivable están siendo vendidas al mejor postor sin tener en cuenta las repercusiones, tanto para la población local como para la soberanía alimentaria. Además, ecologistas etíopes denuncia que existen planes para introducir la nueva planta «maravillosa», la jatropha, para usarla como biocombustible en las tierras fértiles. Además de una crítica cada vez más elevada sobre la utilización de plantas para combustible, este caso también es controvertido ya que la jatropha fue promovida precisamente porque es una planta que puede crecer en tierras secas y reducir el uso de tierra cultivable, tan necesitada por la población local.

El informe de la Africa Biodiversity Network también indica que existe una falta de compromiso en los países estudiados sobre el impacto potencial que tendrá en las comunidades rurales y en la seguridad alimenticia. En Sudáfrica, sin embargo, la estrategia preliminar para los biocombustibles ha topado con una variedad de opositores que temen que las comunidades rurales sean obligadas a ceder sus tierras a los productores industriales de aceite de colza, maíz y soja. El gobierno está actualmente revisando la estrategia. Como ocurre con el comercio de carbón, el asunto del biocombustible también conlleva cuestiones climáticas. En el 2004, el activista anticambio climático George Monbiot ya advertía de que la creciente demanda de biocombustibles desembocaría en una competición por los alimentos entre los coches y las personas. «La población irremediablemente tiene las de perder: los que pueden permitirse el lujo de tener un coche son, por definición, más ricos que los que se encuentran en peligro de morir de hambre». La razón por la que los gobiernos ricos están tan entusiasmados se debe a que no quieren preocupar a los conductores. Monbiot señala que los biocombustibles «aparentemente reducen la cantidad de carbón de nuestros coches, sin que sean necesarios nuevos impuestos. Es una ilusión apoyada por el hecho de que sólo las emisiones producidas en casa cuentan en nuestro total nacional». En Gran Bretaña, desde marzo del 2008, todas las gasolineras del país deberán asegurar que el 2,5% de la gasolina que vendan se deriva de las plantas. Si no se lleva a cabo la multa será de 15 libras por litro vendido. La cuota aumentará a un 5% en el 2010 y para el 2050 el gobierno espera que el 33% de la gasolina provenga de los cultivos. Los Estados Unidos tienen objetivos similares. En respuesta a esto, tanto Monbiot como la organización Friends of the Earth / Amigos de la Tierra hacen un llamamiento a los gobiernos a interrumpir su apoyo incondicional a los biocombustibles. En un comunicado de prensa reciente, esta organización argumenta que «debe dedicarse más atención a reducir la demanda energética y mejorar la eficacia de los vehículos, ya que eso costaría menos que subvencionar nuevos recursos inútiles como los biocombustibles». Desgraciadamente, esto resultará difícil de lograr con el ritmo de crecimiento del mercado actual.

Según la agencia estadounidense Clean Edge, el mercado global de los biocombustibles crecerá de los 20.500 millones de dólares en el 2006 a los 80.900 millones en el 2016. Informes recientes de la prensa sudafricana sugiere que los inversores en África ya han prometido millones de dólares para construir plantas de producción en el continente que producirán bioetanol y biodiesel de plantaciones como el azúcar, el maíz o la soja. Si en el Norte ya se empieza a hablar de la necesidad de imponer directrices que mitiguen los problemas que surgen de este tipo de combustible, el desafío para el continente africano es el de encontrar su propio camino para la sostenibilidad, en lugar de dejarse arrastrar por la actual ola de esquemas «verdes» perversamente concebidos.

*Trusha Reddy, trabaja en el Corruption and Governance Programme, del ISS, Cuidad del Cabo, Sudáfrica.

Africa Biodiversity Network: http://www.gaiafoundation.org/partners/african.php