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En los dominios de Boko Haram (y III)

Los niños de las camisetas rotas

Fuentes: La Vanguardia

El zoo de Maiduguri es un lugar de respiro sucio. Los fines de semana, familias, grupos de amigos y parejas adolescentes compran por 50 nairas (doce céntimos de euro) un rato de emoción y paz entre jaulas de leones y fosos de elefantes. El zoológico ha tenido tiempos mejores. Durante los peores días de la […]

El zoo de Maiduguri es un lugar de respiro sucio. Los fines de semana, familias, grupos de amigos y parejas adolescentes compran por 50 nairas (doce céntimos de euro) un rato de emoción y paz entre jaulas de leones y fosos de elefantes. El zoológico ha tenido tiempos mejores. Durante los peores días de la guerra con los yihadistas de Boko Haram, el recinto estuvo semiabandonado y los cuidadores sacrificaron a otros animales para alimentar a los felinos y los cocodrilos. La jaula más sucia es la de los babuinos, nada más entrar. Uno de los monos ha aprendido a hacer una cabriola y no para de saltar sobre sí mismo entre montañas de botellas de plástico y basura.

Después de cada pirueta, alarga la pata entre los barrotes y la gente, divertida, le tira cosas. No tarda en agruparse una multitud frente a la jaula. Entre las piernas de los curiosos, se escurren tres niños vestidos con harapos y uno de ellos, animado por el jolgorio, se acerca e intenta tocar al animal. Un guardia le echa una bronca de impresión. «Son huérfanos y viven en la calle, en la entrada les dejan pasar para que se entretengan», comenta Bitar, un vecino asiduo al parque de animales. En las calles de Maiduguri hay cientos de niños de camisetas rotas como ellos. Según las autoridades, hay más de 52.000 huérfanos sólo en el estado de Borno, aunque admiten que la cifra real podrían ser perfectamente el doble. Nadie lo sabe. El conflicto descarnado entre el Gobierno nigeriano y Boko Haram, que ya ha dejado 35.000 muertos en siete años, ha provocado una ola de niños perdidos, que han quedado huérfanos o que durante su huida desesperada (los yihadistas suelen atacar las aldeas de madrugada) se separaron de sus familias y no les han vuelto a ver.

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